Poema 380: La luna enciende la cebada

La luna enciende la cebada

La luna enciende la cebada

recién regada por la tormenta.

Tras la lluvia, huele a cereal espigado,

hay mucha feracidad en las plantas.

Algunos árboles del paseo están huecos

pero han brotado sus hojas de un verde intenso.

El viento hace ondular las espigas

y la luz del anochecer crea una atmósfera mágica.

Solo, en medio del campo, me pregunto por esta belleza

por la singularidad de este momento

en el que mis sentidos aprehenden cuanto abarcan;

también por la soledad y la despoblación,

al igual que días atrás en las Batuecas

me preguntaba por la vida en los eremitorios,

consciente de que el lunes

soportaría los ruidos y la contaminación urbana,

el gris opaco del asfalto en los ojos

impregnados de verde y trasparencia en ese instante.

Cada estación, añoro más la vida al aire libre

el riesgo y la soledad

frente a la seguridad socio-sanitaria de la ciudad;

la meditación y el éxtasis

frente a las prisas compulsivas y las adicciones tecnológicas.

Vuelvo envuelto en mi propia nube,

en el placer renovado de los sentidos,

de nuevo domesticado y cómodo

al mundo aséptico de horarios y sentidos limitados.

Poema 379: Destellos

Destellos

Destellos de felicidad, verdor, despreocupación,

de una vida intensa en la naturaleza,

pura ficción:

estás en un relato impresionista

en el que tú construyes con tu conciencia la historia,

limas y descartas, minimizas el mal tiempo

o las carencias y el aburrimiento.

También el dolor.

Sobrevaloras la soledad, pagado de ti mismo,

lleno de una salud que no durará mucho.

Sin embargo esos destellos tienen consecuencias,

han sembrado dudas teóricas y duendes silenciosos

hacen un trabajo constante de zapa ante la fealdad,

la prisa, las prescindibles acciones de cada día.

Vano caudal de luces y canto de pájaros,

asombro ante la belleza de la jara en flor,

fotografías de un intenso verdor primaveral,

un baño en aguas frías, puras, cristalinas,

diluidas por el tiempo voraz y veloz,

ese que vas a gastar rodeado de ruido,

de una nube tóxica invisible cuando estás en ella.

La conciencia tapa y adormece, ensalza y eleva

las necesarias acciones para la supervivencia

en un medio social hostil con apariencia protectora.

Solo los destellos del arte, de la poesía, de la música,

te mantienen erguido y con cierta esperanza futura.

Poema 378: Tremenda ficción

Tremenda ficción

Tremenda ficción contemporánea

esta vida nuestra,

cameos constantes de actores secundarios.

La productora gestiona las escenas

con férrea mano,

crea un clima general de desasosiego,

eleva al estrellato a vulgares políticos

y condena al silencio al filósofo erudito.

Hay un director muy aparente,

un equipo de guionistas experimentados,

detalles exquisitos muy cuidados:

moda, libros, complementos,

bárbaros que cometen atrocidades

al otro lado de la pantalla sagrada.

Voces que vuelven y siembran dudas,

la sensación de inminencia de lo inesperado,

la tensión épica de un silencio in crescendo,

todo trampantojo, espectáculo, ocultación.

Tremenda ficción que enrasa, iguala y desprestigia.

Poema 377: Monteverdi

Monteverdi

Anima el coro al insatisfecho Orfeo

en un descenso a los infiernos bellísimo:

el jolgorio inicial de desenfreno y juventud

ha pasado,

todos los instrumentos anuncian la fiesta

en una alegría medieval inconsciente

llena de ritmo y felicidad.

Puedo enfocar mis sentidos en la música

y en la fábula

pero me faltan todos los detalles sobre la pareja,

¿cómo era su amor?

¿reían en su vida cotidiana?

¿eran generosos en caricias y dispensas amorosas?

Sin duda es la falta de goce y disfrute de enamorado

lo que lleva a Orfeo al Averno,

le insufla energía, le inflama,

hace que desee a Eurídice de forma ciega e inconsciente.

La música es el camino y la salvación

en esos días aciagos en que todo se tuerce

en que no quieres escuchar palabras ni erudición:

permaneces quieto, camuflado, vulnerable

al viento, a las olas, a la cólera que nadie te enseñó,

mientras se abren las puertas del infierno

e inicias tu propia catábasis.

Poema 376: Antífona

Antífona

En la nebulosa Roseta se abre una vésica piscis

un origen del mundo, un vértigo,

el ojal por el que se cuela una antífona medieval

el canto de dos coros que se alternan.

Es un día de abril en el que las flores

se han encogido por el frío y Nora Jones

deja un poso extraño y triste en los ojos.

La música se eleva en volutas, se mezcla

con trinos de pájaros, vehículos nada silenciosos

y algunas palabras que captas en otro idioma.

Aquellos monjes, que escuchaste con devoción

ya octogenarios entonces,

hace años que habrán muerto;

apenas quedará vestigio de su memoria

y desaparecerán sus voces como la imagen

que nos está llegando a impulsos eléctricos

del cúmulo molecular.

La repetición produce tristeza en su monotonía

pero también paz interior,

ausencia de deseo y de dolor,

un estado apacible en el que recibes el todo

como una caricia que ya nadie te regala.

En esta espera monocorde puede que llegue un resurrexit

la alegría de quien se introduce por la espiral galáctica

y conoce por fin los secretos del interior del universo.

Poema 375: Viajar

Viajar

Existe un abismo entre lo que percibes,

lo que sientes, lo que otros te cuentan:

existe la belleza en el campo,

el trino de los pájaros,

la luz del atardecer o la creación artística.

Frente a esto hay ruido, contaminación,

comisionistas, políticos que gestionan a su favor,

una caterva de personajes inútiles,

capaces de entretener a los demás en minucias.

La vida no suele dar tregua: amor, desamor,

desconfianza, injusticia.

Hay incluso una vida virtual

en la que se replican los problemas de la vida real.

Viajas y observas, luz dorada, diversión,

cultura a borbotones, cierta ecología,

aprendes y transmites y fotografías

y ese poso enciende caminos interiores

te perturba y te conmociona y te aprieta,

sientes un deseo desbocado de abrirte a todo

antes de que la realidad finita y acotada

te obligue a asumir pequeños actos y grandes obligaciones.

Te abres a la idea de muchas lecturas imposibles:

tendrás que elegir, descartar, hacer prospecciones

mientras estás ilusionado por un cúmulo de posibilidades

y esa ilusión te propulsa y eleva

te vuelve pedante y te encierra en una burbuja

tan irreal como todo lo que existe.

El viaje te ha devuelto estímulos y análisis,

una sensación de infinitud en el vuelo

antes de que el laberinto de cada día te absorba

hasta dejarte incapacitado en el quehacer diario.

Poema 374: La torre


La torre
La torre no es solo una torre,
un vestigio, una ruina.
Es un símbolo, un recuerdo, una intención
una suma de piedras labradas, ensambladas,
es el concierto de las miradas de los caminantes,
el deseo de ascenso celeste
de observar, cuál pájaros planeando
el conjunto vasto de tu caminar.


Esas piedras forjaron los músculos
de quienes ya no están
hicieron crecer el deseo y la honra
fueron la promesa de una dicha
que duró un instante,
antes de iniciar un declive suave,
de felicidad o infelicidad merecido.


La torre ha quedado solitaria, iluminada
tal vez triste en sus campanadas
un vestigio atemporal, orgullo y prez
de los tiempos en los que los peregrinos
se buscaban a sí mismos.

Poema 373: Ruinas

Ruinas

Aquella cabaña de adobe que una vez te cautivó

es ahora una ruina,

dentro de poco será un vestigio abandonado

volverá a ser parte de la tierra.

El pozo quedará al descubierto en un rincón,

un residuo de la edad que castiga tu cara,

tus músculos, la velocidad del pensamiento.

Los tiempos de esplendor han pasado,

la fealdad invade los solares descuidados

al igual que los recuerdos.

Los árboles no son iguales, ni las personas

ni tampoco los animales.

Algunas casas mantienen aún la forma

con la que fueron construidas hace cien años.

Entretenido en estas ocupaciones estéticas,

llegan imágenes terribles de la guerra:

cadáveres, destrucción y chatarra,

como si aún ignorásemos que no era un videojuego.

La ruina moral de quien ve su vida comprometida

no atiende a nostalgias y abandonos.

Se detiene el tiempo y entonces surge una melodía

de pájaros que se requiebran y envanecen,

música para el oído tras un silencio atroz e inmarcesible.

El horror son solo imágenes televisadas

que apenas interferirán en tu vida diaria.

Poema 372: Los pájaros huyen del lúpulo

Los pájaros huyen del lúpulo

A mi amigo Paco, para quien el tiempo

transcurre apaciblemente

La música de la memoria permanece intacta

en la madre casi nonagenaria;

ahueca los labios para pronunciar palabras

deliciosas sobre las que cabalgan recuerdos:

Acolumbraban  la tierra o achisbaban con el fuelle,

argayábanse los praos o áquel estaba hecho un peizo.

Cuando pusieron las trepas y sulfataron

desaparecieron los trigaleros y las golondrinas.

Él se toca las manos las mueve, mientas escucha,

sus expresiones no han cambiado,

ni siquiera la luz de sus ojos tras las gafas.

Horas más tarde, el canto de los pájaros en el plantío

me hará recordar la placidez y la calma,

la risa alegre y las afirmaciones inconsistentes,

las pequeñas seguridades del camino conocido.

Ha vuelto el lúpulo a la vega pero la margaza

casi no se da aunque escojaron con otras plantas.

No recuerda, pero quizás los timbres de voz

o las palabras de la madre, o la casa viva y feliz

le protejan de la oscuridad progresiva.

Poema 371: Las bicicletas no pueden con los patines eléctricos

Las bicicletas no pueden con los patines eléctricos

Las bicicletas no pueden con los patines eléctricos,

el esfuerzo frente a la pasividad veloz,

quizás el almacenamiento o la prisa.

Así es la vida y así fue siempre, comodidad de muchos

frente a unos irreductibles románticos,

una especie humana que se hace masa

para invadir supermercados ante la mínima brisa,

estulticia de quienes eligen populistas

o escuchan relatos simplificados al máximo.

El bulto sustituye a los detalles y el grosor a la sutileza,

la fuerza tremenda de las alianzas en la miseria

pueden hacer tambalearse el sistema,

más frágil en apariencia que la robusta presencia

comercial que lo sustenta.

En estos días desapacibles de calima y viento,

en los que la luz grisácea iguala las calles,

la virtud pasa desapercibida entre el camuflaje

teórico y verbal de quien todo ignora:

la excelsa cultura, el esfuerzo y la palabra

como construcciones avanzadas de la humanidad.

Y sin embargo cada persona es inalcanzable

en la infinita secuencia de sus motivos y circunstancias,

termina por elegir lo más conveniente y sabio

en consonancia con la suma de sus instantes vitales.