Poema 775: Caminar

Caminar

Caen los kilómetros en este octubre cálido

como caen los días estériles,

más allá de una luna ínfima y descolgada

o de la risa breve de un chiste inteligente.

La política doméstica silencia genocidios,

evita debates sobre los límites algorítmicos,

ocupa espacios mentales del caminante

enfrentando ideas sobre la desigualdad social.

Caminar deprisa calienta los músculos,

acelera el flujo sanguíneo y la velocidad mental,

despeja dudas corrosivas o existencialistas

en el puro placer de la soledad observadora.

Competir por el número de pasos diarios

es un aliciente inesperado, un combustible sutil,

el cálculo abstruso de unos cien pasos por minuto,

la huella visual que dejas en otros caminantes.

Sin demasiado esfuerzo reaparecen imágenes mentales

de los días ya lejanos del confinamiento COVID,

escaleras arriba y abajo, paseos por habitaciones,

el control vecinal acusador ante cualquier evasión.

–Será al menos una contienda sana –,

recitan las conciencias amalgamadas al hogar

admiradas del fulgor adolescente del deambular.

Humor, risa, admiración mutua en las hipérboles

los juegos numéricos y los cálculos semanales

en un juego inocente de diversión amistosa

capaz de incentivar hábitos salutíferos e inocuos.

Poema 766: La belleza está por todas partes

La belleza está por todas partes

La belleza está por todas partes

y a veces duele cuando es inasible

o simplemente tu estado emocional

no te permite disfrutarla.

La luz, los caminos, el ocaso,

un vestido que ondea al viento,

la ropa tendida en la cuerda de un prado,

la conversación de la que surgen hilos,

el amarillo infinito de los campos de Castilla.

Otras veces es la velocidad vital

el impedimento básico, insoslayable,

la rareza de una tarde de lectura

o un paseo que no lleva a ningún lugar.

La revolución es coger una manzana de un árbol

como ya lo fue en la antigüedad bíblica,

salir del entrenamiento algorítmico un instante,

observar el vuelo alimenticio de un ave rapaz

o pedalear una mañana de otoño sin rumbo definido.

No es buena idea tratar de atraparla de golpe,

ni desdeñarla de forma autocompasiva

en una espiral oscura en la que nada es suficiente.

Tampoco es fiable acudir a las noticias deformantes,

o cebarse en las agendas públicas cacareadas

de intoxicación mediática notable.

El cariño con uno mismo es el camino

para acceder a la ciudadela de los pequeños placeres,

a la extracción de la parte proteica de la vida.

Poema 739: La Reina de las Telas

La Reina de las Telas

Noche creciente, luna creciente con estrella,

el poeta atraviesa la ciudad en bicicleta:

Delicias, Arco de Ladrillo, La Farola, La Rubia…

Se ha cruzado con raiders diversos en las sombras

mientras rememora la nave con pequeñas claraboyas.

Riesgo, vértigo, madeja felina, la Reina de las Telas,

ágil escaladora compositora de instantáneas

la habilidad escalada, elevada a una potencia artística.

Todo el antiguo taller está lleno de ilusión y talento,

cuerpos entrenados durante todo el año,

múltiples procedencias, ideas vitales y experiencias,

la Luz de las Delicias es un punto de encuentro intenso

en el que las emociones están siempre a flor de piel.

Suena la música y comienza la dramatización,

composiciones imposibles para cuerpos normativos,

escorzos, enredos, la fuerza contra la masa, cierta gravedad

y la salvación de la integridad personal en el compañerismo.

El taller es un refugio y una guía espiritual semanal:

allí cada cual brilla con elegancia y se encuentra a sí misma

abriendo al mundo, en esos minutos de acrobacias increíbles,

la enorme capacidad estética de su yo artístico.

El esfuerzo y las sonrisas son solidarios y colectivos,

maestría a base de disciplina, práctica y confianza fraterna,

un reinado de apariencia efímera mas elongable y absoluto.