Poema 775: Caminar

Caminar

Caen los kilómetros en este octubre cálido

como caen los días estériles,

más allá de una luna ínfima y descolgada

o de la risa breve de un chiste inteligente.

La política doméstica silencia genocidios,

evita debates sobre los límites algorítmicos,

ocupa espacios mentales del caminante

enfrentando ideas sobre la desigualdad social.

Caminar deprisa calienta los músculos,

acelera el flujo sanguíneo y la velocidad mental,

despeja dudas corrosivas o existencialistas

en el puro placer de la soledad observadora.

Competir por el número de pasos diarios

es un aliciente inesperado, un combustible sutil,

el cálculo abstruso de unos cien pasos por minuto,

la huella visual que dejas en otros caminantes.

Sin demasiado esfuerzo reaparecen imágenes mentales

de los días ya lejanos del confinamiento COVID,

escaleras arriba y abajo, paseos por habitaciones,

el control vecinal acusador ante cualquier evasión.

–Será al menos una contienda sana –,

recitan las conciencias amalgamadas al hogar

admiradas del fulgor adolescente del deambular.

Humor, risa, admiración mutua en las hipérboles

los juegos numéricos y los cálculos semanales

en un juego inocente de diversión amistosa

capaz de incentivar hábitos salutíferos e inocuos.