Poema 250: Cine

Cine

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En tiempos correosos de ideologías enfrentadas

el cine, la literatura, la música

pasan a ser objeto de controversia,

un campo de batalla lleno de prejuicios:

ideas frente a barbarie e ignorancia.

 

Hacer una película es complicadísimo,

una tarea coral llena de equipos, vaivenes, humanidad,

arte total para ser criticado sin verlo

o para abrir la puerta a una vida diferente

al menos durante el tiempo mágico de proyección.

 

Construir, concertar, transmitir sutilezas armónicas

nada pueden contra la destrucción, la infamia o el insulto,

o sí, lo pueden todo, perduran arduamente,

siembran semillas increíbles,

son abonadas por millones de neuronas resistentes.

 

Una época, una sensación, una transformación del espacio,

múltiples tomas, pruebas, luz, color, sonido,

las palabras enhiestas, la emoción de un instante,

vanguardia y productividad,

el cine es un termómetro social de humanidad.

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Poema 249: ¿Qué sostiene el día?

¿Qué sostiene el día?WhatsApp Image 2020-01-12 at 01.04.34

La niebla potente de estos días de enero,

Pingüinos, motos, velocidad y sonido

propagado en ondas ilusorias,

un estilo de vida más salvaje,

el recuerdo en segundo plano de los ancestros.

 

Algunos mantienen que es la belleza,

otros que la inercia vital teñida de cobardía,

pocos se animan a opinar sobre el compromiso

de un proyecto vital holístico determinado.

 

El día es un cúmulo enorme de pensamientos

y obligaciones adquiridas por mor del antes y después,

nada es simple, ni tan solo bello u oscuro:

la tarea más desagradable puede cruzarse

con la luz nítida del placer o el sonido concertado.

 

¿Existe quizás una corriente que nos transporta?

Esa sensación de cada día que te arrastra:

estoy muy ocupado” dices y de ahí no puedes salir,

esos compromisos convenidos con un ente superior

que imposibilitan tu alegría orgánica y natural.

 

Y tras todas las obligaciones de fondo,

existe, tal vez, una estructura tejida de afectos,

de odios, de disimulo o de comodidad hogareña,

un orden personal e intransferible,

el comodín que solo tú conoces y que te hace fuerte.

 

¿O tal vez tu cerebro crea un trampantojo vital,

difumina todas tus preguntas incómodas,

las desvía a regiones ignotas de tu entramado neuronal,

y potencia las minucias urgentes e innecesarias,

las satisfacciones a corto plazo tan ineludibles?

 

A veces es un poema o un verso suelto,

otras es el arte en cualquiera de sus manifestaciones,

un recuerdo o el pensamiento finalista de cualquier actividad,

un deporte o una esperanza, o una puesta de sol,

o la satisfacción de haber apretado un tornillo en la pared.

 

 

En algunas ocasiones es una esperanza irracional,

la portada de un libro que vas a empezar un día de estos,

el atisbo del sol en medio de la niebla pingüinera helada,

o la inyección inverosímil de sustancias naturales

capaces de aturdir tus dudas existenciales.

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Poema 248: Los ojos de las gaviotas

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La gaviota se desliza sobre esa corriente

invisible de aire,

no deja apenas vórtice en el dulce planear,

aporta elegancia y una silueta esbelta,

y sobre todo despierta del deseo de volar.

 

Contemplas tú también tu mundo desde el aire,

protegido por una distancia prudente;

tan solo puedes elegir la corriente

para trazar círculos de observación diferentes,

zona de confort, asegurada la belleza y la duda.

 

La brisa marina cargada de yodo es un opiáceo

irresistible y cegador,

en estos días de sol y calma la vida parece sencilla,

solo algunos agudos gritos indican peligro

o la excitación creciente de una posible reproducción.

 

Tus percepciones están llenas de colores difíciles

de definir con precisión,

el espectro visible humano parece ser muy restringido,

alcanza apenas los cuatrocientos nanómetros

de una precisa longitud de onda, como ella insinuó.

 

Los ojos de las gaviotas son una incógnita

que trato de aprender en Wikipedia:

gotas de aceite rojas y amarillas en sus receptores de color,

percepción del espectro ultravioleta para el cortejo,

detección de los campos magnéticos en sus desplazamientos.

 

La sinestesia te orienta en caso de duda,

advierte de un peligro o te señala afinidades electivas,

más allá del plumaje ultravioleta, elabora una divinidad

en el centro de tu cerebro evolucionado:

azul reflejo del cénit o verde esmeralda perfectamente pulido.

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Poema 247: Los límites de la niebla

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Los campos parecen verdes sembrados

desde la cremallera de la autovía,

pero es un trampantojo visual;

la bicicleta devuelve la realidad aumentada.

 

Un bidón de plástico en medio de un rastrojo

en pleno diciembre de tarde soleada

muestra la desidia agricultora de nuestro tiempo,

un festín para aves y roedores avispados.

 

El contorno de la niebla amenaza la tarde,

babas de buey, arena húmeda en el camino,

la ruta de los lavajos marcada por pezuñas de lobo,

mientras el sol curva y doblega nubes azuladas.

 

Una pared de adobes sin nada que sostener

recibe a la niebla que cae húmeda y opaca

como la sombra de una amante que te abandona,

el ocaso del ciclista anhelando el fuego del hogar.

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Poema 246: Misa de Navidad

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Todas las personas son grises en esta iglesia,

las lápidas del suelo rezuman humedad,

gabanes y abrigos oscuros visten a los comulgantes,

quizás yo también soy gris aunque me vea azul.

 

Evalúo los cuatro gruesos pilares de la estructura,

piedra, ladrillo, mampostería,

toda la escayola de la decoración, venida a menos

como las cabezas de los ancianos del último banco.

 

El sacerdote habla de la fuerza divina de cada humano,

quizás alguien le escuche su arenga;

dentro de veinte años yo seré el anciano gris

y puede que siga evaluando la arquitectura.

 

Me fijo en una virgen con niño, una moreneta,

donación del año cuarenta y dos cubierta de polvo,

indago en los hermanos donantes de la poyata,

quizás fue un expolio de guerra en otras tierras.

 

Hay una acumulación desordenada del santoral,

gentes que dejaron su minúscula huella,

huesos en el subsuelo de toda la nave central,

un presente de subsistencia que no sé cuanto durará.

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Poema 245: Lotería Nacional

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Llueven bolas de la Lotería Nacional,

a punto está de desbordarse el río:

sale en las noticias de portada

y eso le da empaque al río y a la ciudad.

 

La lluvia no es un accidente,

ni la riqueza espiritual que puedas adquirir

en el proceso de búsqueda de hilos

o de negación de la suerte monetaria.

 

La riqueza está en la energía y en la esperanza,

ambas adquiridas lentamente,

en un proceso de superposición paciente

de capas calizas de escaso aporte cultural.

 

Hojas volanderas arrebatadas por el viento

la fotografía imposible de la luz matinal,

aceleran el proceso eléctrico de toma de decisiones

de elevar la barbilla unos centímetros y despertar.

 

Cantan niñas emocionadas por el premio,

en una rutina que te devuelve al tiempo del laúd,

de la lumbre de paja familiar,

de cierta belleza y armonía infantil inolvidables.

 

La idea de aligerar tu vuelo despojándote de peso,

de quitarte asuntos listados de encima,

de un sol que hace brillar el invierno tras la lluvia,

te hace vulnerable hasta la extenuación.

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Poema 244: Vampiresas

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Las ruedas del BMW deportivo pesan más que yo;

dentro dos vampiresas afinan sus móviles,

ambas tienen los labios finos y afilados,

y el pelo melifluo y ondulado oculta sus orejas.

 

Se aprestan a salir del lujo confortable,

asaltarán al primer incauto que pillen

antes de hacer una ruta en círculos concéntricos

alrededor del centro comercial.

 

Están pálidas y delgadas, apenas sonríen,

durante la noche huyeron de sus cuerpos

en pos de orgasmos inhumanos

con individuos hemodonantes.

 

Poseen una belleza diurna decadente,

un magnetismo animal de uñas puntiagudas,

de labios rojos y rímel de pestañas enhiestas

y cuerpos esqueléticos candentes.

 

Su voz sintetizada hace ondular sus pechos

bajo camisas entalladas de rayas verticales;

se aferran a su agenda color burdeos,

y a un bolso en el que guardan todos sus secretos.

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Poema 243: Píldoras de felicidad

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No puedo levantar mucho la vista,

ni sacar la mirada poética a pasear,

las prisas y el agobio de la mala vida cotidiana

me adhieren al suelo sucio de la ciudad.

 

Cuando al fin puedo hacerlo veo pájaros,

urracas sobreviviendo a su extraña multiplicidad,

aves migratorias en la curva del río,

bandadas de palomas alimentándose en un sembrado.

 

Otras veces es la luna tras un inmueble

que se asoma en una noche de nubes y llovizna,

o las escasas hojas aleatorias de un plátano

que resisten al viento, la lluvia y las heladas.

 

Soy una combinación de imágenes procesadas

por mi estado mental, hormonas, noticias, autoestima,

la lectura predominante en esos días,

una suma ponderada de miles de asuntos minúsculos.

 

La alienación y los límites vitales soplan en contra,

no hay aún un cortavientos eficaz,

ni la técnica psicológica suficientemente potente

para enfrentarse al vacío existencial cotidiano.

 

¿Qué nos sostiene o sustenta cada día?

¿Qué mecanismos nos producen picos de alegría?

¿Cuándo podemos afirmar que somos un poco felices?

¿Qué corriente nos transporta hacia el bienestar?

 

La búsqueda matemática de todos los datos,

el descubrimiento de píldoras de vitalidad

más allá del azar o del ensayo y error actuales

será quizás uno de los mercados futuros de la humanidad.

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Poema 242: Vuelta a la vida

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Tras la medianoche, las figuras del Nacimiento se estiran,

los soldados romanos del castillo que giran sin parar

se acuclillan para desentumecer las rodillas,

todos tienen sed.

 

En la cueva, el buey y la mula se levantan

como si fueran recién nacidos, inseguros

agotados de tantas miradas humanas,

hace frío y necesitan su dosis diaria de grano y paja.

 

El niño no para de llorar, María abre su seno

para darle la teta al recién nacido,

José no sabe dónde mirar y turbado

se apresta a renovar la paja del pesebre.

 

El caganet puede al fin abandonar su postura

tan deshonrosa, se sube los pantalones con calma

y mira alrededor para ver si alguien le ha visto;

aliviado regresa al calor de la hoguera hogareña.

 

La panadera reparte sus deliciosos panecillos,

el herrero observa sus bíceps tras el golpeteo continuo,

las mujeres se reúnen en la taberna para empoderarse,

es el sino de los tiempos en este paisaje idílico.

 

La diseñadora del belén ha conseguido colocar

a dos mujeres soldado en la puerta de la fortaleza;

dudó también si sustituir al Mesías por una hermosa niña,

no vaciló sin embargo con las Reinas Magas de Oriente.

 

En la cara oculta del escenario, en las casas del fondo,

en los arrabales y detrás de las montañas,

hay escenas no aptas para menores:

bacanales, orgías y afters son solo ínfimos ejemplos.

 

Una pareja de romanos se afana en un contrafuerte,

dos mujeres okupas se comen a besos en una buhardilla,

hay una ceremonia de fertilidad en una gruta escondida,

la suma sacerdotisa entra en trance antes del acoplamiento.

 

Nada es lo que parece, la humanidad ocupa todo el espacio,

quizás nadie aprecia la actualización narrativa,

o la escena escondida al final de la calle,

todo está permitido en este escenario idealizado por ella.

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Poema 241: Recuerdos otoñales

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En la luz decreciente de la tarde

veo danzar el fuego;

un encapuchado perpetra su modus vivendi,

otro parece huir del frío castellano.

 

Protestas y manifestaciones históricas,

miedo y ofuscación,

la retórica política es desoladora,

no así los futuros cíclicos de esperanza.

 

Estoy rodeado de objetos cuyo significado

son la memoria de mi vida,

un búho francés, una piedra volcánica insular,

aquella caja hecha a mano en la Praga comunista.

 

Están los libros que leía con avidez en mi juventud,

trofeos, la máquina de escribir,

cuadernos escolares que apenas recuerdo,

un cajón que atesora minúsculos tesoros.

 

Este espacio, esta silla, esta mesa,

me anclan a un pasado de formación y dudas,

a la inocencia que quizás ya he perdido,

al tiempo de los graves estudios y el deporte.

 

Es mi otoño, las hojas de múltiples colores,

el viento frío y la condena del frío a borbotones,

con horas soleadas y heladas nocturnas,

el tiempo maduro de tanta belleza.

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