Poema 240: El escritor

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Hay imágenes estáticas

y otras que juguetean en mi pobre memoria,

la ciudad cambia con la lluvia,

desaparecen las referencias de juventud.

 

Todo el mundo parece tener prisa,

camina con violencia,

indiferente al resto de transeúntes

o a la hermosura del otoño.

 

En la exposición hay sobre todo mujeres jóvenes,

también hombres mayores, bien vestidos,

es un hito cultural el centenario de su muerte,

el reconocimiento al genio trabajado que no cesa.

 

Está el retrato de Sorolla y su casa frente al mar;

en una película iniciática juguetea con su perro,

hay textos manuscritos y primeras ediciones,

fotos de sus veladas literarias y algún amor.

 

La vida de escritura prolífica dibujada

modifica un tanto mi percepción galdosiana,

la descripción de Emilia en sus cartas amorosas,

toda la influencia de su obra en el presente.

 

Salgo de allí inundado de luz y de ansia lectora,

observo extasiado la sonrisa de la gente,

antes de pisar las mismas calles, ya distintas,

que acogieron aquella multitud en su despedida.

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Poema 239: Grietas

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Tras el impacto, el cristal deja líneas

que se diluyen en todas direcciones,

fugas emocionales, una araña ramificada,

la carrera por contemplar qué daño

llega más lejos.

 

Queda después el recuerdo

y esas heridas en la superficie pulida,

sentimientos a flor de piel,

una oquedad,

vacilaciones y dudas.

 

A veces la grieta te divide en dos,

obliga a redefinir tu territorio mental,

una huida hacia extremos incógnitos:

vuelves a ser tu antepasado explorador,

ya no sirve tu bagaje vital

ni el optimismo que hayas podido almacenar.

 

Un calor intenso puede fundir el vidrio

y restañar cicatrices,

o el impacto inesperado de un meteorito

te convierte en añicos y polvo vítreo,

esa es la exposición vital tan arriesgada.

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Poema 238: La invasión

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Entra frío a borbotones, como si una mancha

de alquitrán invadiera la estancia,

entran también los colores,

la húmeda atmósfera exterior

el ruido obsceno y discontinuo de los coches,

la belleza de las nubes-brujas que cabalgan veloces.

 

Entra un espacio en blanco en mi mente,

se rellena de recuerdos:

niños coloridos pisando y esparciendo

hojas secas en un parque,

una mirada al bies de ojos sonrientes,

la fotografía que tomé hace unos meses.

 

Ha llegado de repente la magia de noviembre,

el frío que sostiene las calefacciones,

las masas de hojas que no fui capaz de calcular,

un chapoteo infantil en cada charco,

el brillo del sol oblicuo en las ventanas rojas.

 

Me quedo solo un momento suspendido en el tiempo:

voraz leo un poema extenso,

escribo unas líneas sin ton ni son,

aprovecho para ver el último capítulo de la serie televisiva

que comencé a ver sin respiro dos días atrás.

 

Todo es color, extensión, viento, un haz de luz deconstruido,

la esperanza del azul en un intersticio cenital,

una suma de imágenes hermosas,

la embriaguez que aparece tras el dolor capital,

el dulce reposo extinguida toda ambición estética.

 

En un instante la luz ha cambiado,

he fotografiado el poniente por una hendidura en la nube,

se ha detenido el tráfico en una ráfaga de semáforo,

he creído escuchar el cántico espiritual de San Juan de la Cruz,

quizás ha aullado un perro en la Ronda de la Noche.

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Poema 237: Quietud

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Quietud. Luz opaca esta mañana.

Todos los Santos se ha vestido de gris cálido,

apenas algún amarillo  en las hojas,

capota térmica de manga corta.

 

En mi niñez había niebla y frío,

castañas y hogueras, desapacibilidad.

El húmedo penetrar del viento en los huesos.

Nada permanece.

 

Un gato campa a sus anchas por la orilla del río,

hay otro en una foto de desaparecidos,

la anciana de rostro arrugado los cuida,

forman parte del paisaje ribereño.

 

Mansamente flotan en el aire las hojas diminutas

del árbol mágico,

una urraca confiada se posa al pie de un olivo,

las flores del jardín se han mudado al cementerio.

 

Me gustaría leer un periódico en el parque,

saltarme toda la política y las noticias,

llegar a la cultura como un naufrago friki,

demorarme como la mañana en las palabras.

 

El día traerá otra belleza y un viaje,

sorpresas llenas de color y cierta aventura,

quizás con suerte el sonido del mar

pero nada comparable con esta quietud matinal.

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Poema 236: Carpe Diem

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Carpe Diem

 La noche ofrece múltiples sensaciones,

el aroma que ha dejado la lluvia,

el frío en el rostro,

una visión de nubes algodonosas flotando,

quietud pero no silencio.

 

Has decidido apurar el placer,

no postergar la lectura del último libro

ese que compraste con deleite,

mirar unas fotografías olvidadas,

sacar del cajón tu caleidoscopio hexagonal.

 

No sabes cuál será tu último gol,

ni si sentirás más la sensación de plenitud

al pedalear en bicicleta por un camino arenoso,

cuándo verás el mar por última vez

o qué figura dibujarán las nubes en el ocaso.

 

La noche ofrece todo su poder evocador,

la serenidad de tu presencia madura;

mañana habrá una niebla de singular hermosura,

o un cielo que recoge cualquier forma geométrica

imaginada o soñada en forma de color y nubes.

 

El tacto de una piel suave, o el beso de tus hijos,

la música que reconoces en las primeras diez notas,

la sucesión de palabras encadenadas

capaces de que tu sangre se acelere en las venas,

deben ser apurados sin ninguna dilación.

 

 

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Poema 235: El tren fantasma

El tren fantasmaIMG_20171208_160817

La estación abandonada está repleta de gente,

llega el tren con un chirrido espeluznante

hierro sobre hierro en las vías oxidadas.

 

Nadie sabe hasta donde puede llegar esta vía,

miradas inertes, rostros famélicos en blanco y negro,

observas la escena como si estuvieras en un cine.

 

Estás en otra realidad espacio-temporal,

en el banco una pareja parece conversar animadamente,

todo alrededor tiene un color saludable.

 

Oyes el murmullo caminante de pies agotados,

huele a humo y suena un pitido estridente,

rien ne va plus, todo el mundo ha sido estabulado.

 

La pareja se besa furtivamente en el banco,

comienzan a caminar alejándose de la estación,

no ven ni oyen al tren fantasma alejarse pesadamente.

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Poema 234: Arte y artistas

Arte y artistasIMG_20190818_161650

En el aire escasean ya las palabras

es otoño y pese al calor se nota el fresco

de la caída de la tarde.

 

Las palabras buscan arte y definen

con paciencia los recovecos y gustos no afines

evitan enredar o disolver el espejismo.

 

El arte convierte a los artistas en genios

los consagra y enaltece, los eleva a taumaturgos

ocultando la artesanía inicial y el aprendizaje.

 

Aprendices de formas y sutilezas

llenos de dudas de decisiones y de trabajo,

perseverantes o feroces en sus egos.

 

Trabajo afinado, reformado, mejorado

las dudas sobre la suerte o el azar

la capacidad medida por hordas de admiradores.

 

Azar en compañías y gustos, en llamaradas de amor

nichos y grietas por los que llegar al cielo

de todo lo que su genialidad ha intuido.

 

Cielo, producción etérea, post producción

ya libre de dudas, de miserias morales,

el viento a favor para la alta estima del mundo.

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Poema 233: En la burbuja

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Los tejados llenos de antenas reflejan

el agua de la llovizna.

 

Hay un cielo gris precioso repleto de gradaciones.

El aire es húmedo y afilado.

 

La mujer del cuadro salió esta mañana a pasear.

Hay avispas revoloteando sobre los helados.

He visto unas siluetas conocidas pasar fugaces.

 

No hay molinos que absorban el viento,

los árboles no aciertan a retener en sus ramas

las voces de la naturaleza.

 

El sonido horrísono de los coches

acalla el murmullo de voces jóvenes en la noche.

 

No recuerdo ya los libros que hojeé en la librería,

ni el poema que he leído hace un rato.

 

El ambiente es eléctrico como en un fin del mundo.

 

Un personaje del libro me ha saludado atentamente:

fumaba en pipa y llevaba la bragueta desabrochada.

 

Ella pasa cada mañana con el mismo vestido;

nos indica si vamos tarde o no al colegio.

 

La vida es una suma de pequeñas oscilaciones sensoriales.

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Poema 232: Cada día

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Cada día existe un tobogán en tu vida,

cada día te vuelves loco un rato,

alcanzas cimas vitales y te desesperas

por tu perra suerte que es la de siempre.

 

Naufragas en la imagen que recibes del espejo,

te emocionas cuando alguien te abraza,

dedicas medio día al mundo virtual,

acechas al tiempo para ver como estirarlo.

 

Cada día tienes un rato de lucidez:

miras la magnífica geometría de las nubes,

descubres una luz o un instante de silencio,

te emocionas con una canción antigua.

 

La coraza que te pones puede durar unas horas,

luego empieza a resquebrajarse,

te deja indefenso y vulnerable:

un solo recuerdo puede trastornarte.

 

Cada día llegas a dudar de todo,

a bosquejar el vórtice de tu vitalidad,

sopesas los hilos invisibles que te unen

a tu centro de gravedad permanente.

 

El juego de luces y espejos venecianos

te desampara o eleva, te derrota,

te hace fuerte y escéptico

para volver a sonreír a borbotones.

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Poema 231: Las grúas del amanecer

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Las grúas del amanecer, hieráticas y dignas

sostienen la estructura

recién planificada y ya antigua.

 

La edad dispara contra la memoria

convierte las sensaciones en ilusiones

el fresco matinal en recuerdo inexistente.

 

Las grúas del amanecer construyen

sobre el espacio quemado de tu recuerdo,

verdes o grises, lentas y seguras

muestran la cara visible de tu desconcierto.

 

El huerto ecológico lleno de banderas

contrasta con el ruido incesante de camiones,

tierra-evocación desplazada

en busca de las entrañas de la Tierra.

 

Las grúas siguen allí en el ocaso

reflejan los rayos perturbadores de la luna llena,

hacen crecer el edificio sobre las ruinas.

 

No importa la edad ni la época,

silencian el olvido y dotan de brillo y asepsia

un espacio manchado de tinieblas.

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