Poema 411: La vida es poesía

La vida es poesía

Los hechos son menos relevantes que las consecuencias.

Sin los frenos de la experiencia

llega el desastre,

la vida comunicada por grafos invisibles

amplifica o desconcierta:

no vivo en un cenobio como desearía a veces.

Y sin embargo

la vida es poesía.

El rostro sonriente entre la multitud de vehículos

en el atasco,

un verso suelto en medio de la crispación

tensa mis músculos faciales

perturba la rigidez de mis pensamientos

reinicia la búsqueda positiva de vías de escape.

La desinhibición alegre es irracional:

durante generaciones he debido concentrarme

en la subsistencia;

ahora soy un iluminado en reposo,

todas mis artes detenidas,

llega hasta mí el maleficio evangélico

de quien no aprovecha sus talentos.

Cada día terminan por filtrarse en las filas racionales

los mensajes pesimistas del fin del mundo,

el cuanto peor mejor,

la rigidez estricta del análisis lingüístico.

Y otra vez sin embargo

la vida es poesía.

Poema 379: Destellos

Destellos

Destellos de felicidad, verdor, despreocupación,

de una vida intensa en la naturaleza,

pura ficción:

estás en un relato impresionista

en el que tú construyes con tu conciencia la historia,

limas y descartas, minimizas el mal tiempo

o las carencias y el aburrimiento.

También el dolor.

Sobrevaloras la soledad, pagado de ti mismo,

lleno de una salud que no durará mucho.

Sin embargo esos destellos tienen consecuencias,

han sembrado dudas teóricas y duendes silenciosos

hacen un trabajo constante de zapa ante la fealdad,

la prisa, las prescindibles acciones de cada día.

Vano caudal de luces y canto de pájaros,

asombro ante la belleza de la jara en flor,

fotografías de un intenso verdor primaveral,

un baño en aguas frías, puras, cristalinas,

diluidas por el tiempo voraz y veloz,

ese que vas a gastar rodeado de ruido,

de una nube tóxica invisible cuando estás en ella.

La conciencia tapa y adormece, ensalza y eleva

las necesarias acciones para la supervivencia

en un medio social hostil con apariencia protectora.

Solo los destellos del arte, de la poesía, de la música,

te mantienen erguido y con cierta esperanza futura.

Poema 291: Premio Nobel

Premio Nobel

Prefiero el texto a la biografía,

un abrazo de un cuerpo desnudo a una imagen,

puede que los atardeceres, pero por pura costumbre,

al amanecer hace más frío

pero en las escasas ocasiones en que subo a la montaña,

el olor de la naturaleza al despertar,

el rocío y el aire renovado en el rostro

me acercan a los infrecuentes amaneceres de mi infancia

cuando iba a recolectar caracoles con mi padre.

Prefiero la versión original del poema

o el poema traducido por un poeta que lo hace suyo,

Trasntrömer no era él, era Mascaró evidentemente,

ahora no se quién será Louise Glück.

He escuchado una semblanza vital, académica

bajo la que se podían adivinar algunos versos,

una atmósfera de un saxo bajo

una rapsoda nada afectada, sencilla,

el elogio semipolítico de una escritora admirada

capaz de transmitir su emoción durante un viaje en coche.

Llega el ansia, en medio de tanta lectura: Vallejo, Reverte, Larkin,

de repente esta autora me distraerá

de la horrible traducción de Emily Dickinson,

de la sonoridad retórica de Lostalé.

Anhelo volver a la montaña en este puente del calendario,

sentir el frío amanecer, la luz elevándose reflejada

en el lejano pantano de Gabriel y Galán,

los colores ya amarillentos de la masa arbórea,

el placer que debió sentir cada pastor

al ascender con sus animales por la ladera

cada día de su vida, igual al anterior y tan diferente.

La poesía me renueva cada día, me proporciona el tono vital,

el deseo y la rutina, el rictus o la risa

musa indiferente, atenta a sus propios dolores intrínsecos,

un verso me redime y alienta o me despoja

de toda la protección acumulada durante décadas

cual tesoro adquirido para poder sobrevivir.

Y de repente ahí está la explosión mental,

la asociación de ideas que te conmueve y perturba,

que crea en ti un estado emocional parecido al nirvana

una luz suave y filtrada, pátina relativizadora,

alegría sutil de fondo, como una droga de bienestar

un encendido navideño de todos tus sentidos,

carnalidad y humanismo, la luz dorada de la poética.

Poema 269: El mundo después de estos días

El mundo después de estos díasIMG_6358

Lo que estaba muerto estará vivo y verde

cuando salgamos al campo,

algunas flores ya se habrán desbaratado,

ríos que se han desbordado

siluetas que ya no recordamos.

 

Las drogas que nos sustentan cada día,

oxígeno, engaños mentales con forma humana,

ángeles olvidados desde hace eones,

píldoras amorosas como gotas de lluvia,

ahora ya no son necesarias en el retiro.

 

Sumergirse en una historia, serie, película,

libro, narración oral o vínculo de Youtube,

un olvidar el presente y sus consecuencias,

no anticipar, ni sopesar, ni presuponer,

es la única forma de salir del círculo vicioso.

 

No habrá apoteosis, ni vivas, ni alegría desbordada,

seremos predicadores de Twitter,

o ínsulas táctiles en medio de una masa ingente

de personas desbordadas y egoístas,

antes de ser arrastrados por los ríos antiguos.

 

A lo sumo quedará un poema, el recuerdo

filtrado de las semanas confinados, las cervezas,

las partidas de ping-pong en la mesa de la cocina,

todas las borrascas que dejaron un mapa

en medio de tu cabeza inhabitable esos días.

 

El tiempo en el que te lamentarás

de solo haber leído tres libros extraños,

de haber publicado una docena de poemas,

cuando el tiempo muerto se abría en esplendor

solo para ti, gran falacia de egoísmo profético incumplido.

 

Comprimidos poéticos, música de la Filarmónica de Berlín,

algunos retazos entrevistos de ópera,

subir escaleras corriendo para obtener

las necesarias sustancias neuronales de alegría,

todos esos gestos condensados en un aplauso al atardecer,

han conseguido mantenerte con vida cada día.

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Poema 262: Desesperanza

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Cunde la desesperanza, el viento

ha cambiado de dirección

sigue el silencio

las acciones de los vecinos son más lentas

las rutinas del confinamiento se han asentado.

 

Los datos son agotadores en la cabeza del matemático

tendencias y análisis, curvas predictivas

nadie garantiza nada aún

por más que sepas el destino y el final lejano

de la restricción de movimientos.

 

Cada cual encuentra su lugar en sus tareas

el placer en cada pequeño acto diario

la poesía de amasar el pan autosuficiente

los rayos de sol buscados con ahínco en la ventana.

 

Hay menos llamadas, más interiorización del encierro

demasiados caminos por recorrer dentro de cada cual

mundos que manteníamos ocultos

o enterrados por la vorágine aleve de la vida.

 

La curva de la esperanza obedece ciega

a los canales de comunicación mediáticos

a las estrategias políticas diseñadas por psicólogos

a las luces que puedan aparecer lejanas en el túnel.

 

La crueldad poética del mes de abril

pondrá a prueba la resistencia cómoda del hogar

del que quizás no querremos salir en un tiempo

descubiertas las musas del bello reposar.

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Poema 251: En estos días lluviosos

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En estos días lluviosos ascendentes de enero,

cuando los músculos duelen y duele el alma

el poeta debe volverse sobre sí mismo

una y otra vez, girando y girando, observando

donde están las anclas, donde está el arte.

 

Un verso de Carta al Mundo de Dickinson,

un fragmento de la Bohème,

escuchar la vicisitudes de un escritor en su novela,

degustar con calma una película o una serie

me devuelve el ansia de vivir, de escribir.

 

Una silueta, el olor del pinar tras la lluvia,

el recuerdo de aquellos pájaros azules

que rompían la soledad expectante,

una fotografía de las nubes duplicadas en el Duero,

transportan y embelesan, elevan el espíritu.

 

Existe en el ambiente una saturación de mediocridad,

chistes o rebuznos, opiniones políticas,

la ocurrencia cotidiana elevada al arte de las masas

que evidencia el vacío de ideas y la confusión

de quien busca igualar a todos en la ignorancia.

 

 

Basta el trazo delicado de una silueta,

o la libertad expresiva y anárquica de una poeta

para devolver la seguridad y el anhelo lector,

la confianza constructiva en algunos humanos

silenciados por el griterío evidente y avasallador.

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Poema 228: Noche de agosto

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Las calles de moda en Amsterdam

rezuman fiestas privadas,

ventanas iluminadas sin cortinas

conciertos abarrotados en el canal.

 

En la puerta elevada de su casa

una pareja degusta un vino caro y frío,

charla en un idioma sonoro

prepara su noche íntima de sábado.

 

Todos ríen: la gracia de la juventud les alcanza,

el tiempo por delante es su tarjeta de crédito,

la agilidad de sus muslos torneados en la bici,

la altura tremenda de su generación.

 

Un tenor levanta centenares de aplausos,

desafía la seria laboriosidad semanal,

es admirado, elevado en ese instante por la masa,

se desvanecerá en horas, salvo en la memoria.

 

En una noche única de agosto se han conjurado

la luna, la música, la temperatura y el agua;

sobre el bosque de bicicletas aúlla la conciencia del poeta,

el deseo reconvertido en poema.

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Poema 224: Veo

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Veo madres fumando con sus hijos de la mano,

hombres con barrigas fruto de la gula,

la uña del pulgar destrozada del tendero chino,

una mujer rechoncha que pasea a un perro hermoso.

 

Veo el color dorado del sol en la piel de mi hija,

una pareja lectora que se come con los ojos

en un banco del parque,

vestidos ligeros en cuerpos sencillos.

 

Veo una urraca disfrutando del frescor matinal,

niños olvidados del tiempo en sus juegos de agua,

ancianos desdentados que sufren el calor,

veo resistencia y vacío, pero también belleza y esperanza.

 

Veo palabras y dudas, energía juvenil,

fotografías que envidio y otras que no reconozco,

veo la luz del ocaso demorándose en el ladrillo rojo,

y el abeto enhiesto que soporta la tarde con tedio.

 

Nada es ajeno a mi mirada, ansia pura

de captar el instante mágico de fealdad o hermosura,

de búsqueda innata de la imagen, poética,

del hilo que extrae la esencia de la vida.

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Poema 210: Cierro los ojos

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Cierro los ojos para ver las noticias,

muerte y destrucción,

un teléfono que suena al amanecer,

lágrimas humanas para conmover a la audiencia.

 

Cierro los ojos para ver al gato tuerto,

vagabundo entre las ocas de la ribera

del río Pisuerga,

no los abro ante la anciana que le da de comer.

 

Cierro los ojos ante los gritos

desesperados de hombres en una barcaza

neumática y desechable,

el terror de la soledad marina infinita.

 

Cierro los ojos ante la mujer drogada

que se tambalea entre las procesionarias,

verbalizando frases sobre su hija

en la nube sobre la que está flotando.

 

Cierro los ojos ante la sospecha infundada

del manejo mundano del dinero,

del acopio masivo de forma obscena

o de los abusos del fuerte ante el débil.

 

Cierro los ojos para no ver a la mendiga

que porta su bolsa de tesoros tambaleante,

el pelo ralo pegado al cráneo

su mirada perdida fija en el asfalto.

 

Cierro los ojos y veo la belleza poética

de cuanto no es poesía,

la luz del ocaso desde el cómodo sofá,

el escalofrío atroz ascendente en mi médula.

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Poema 178: Cincuenta

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El aprendiz de poeta se acerca a los cincuenta,

abre una hoja en blanco,

igual de escéptico que hace diez años

por unas cosas o por otras.

 

Durante unos meses ha dejado de mirar:

el árbol ya no es un árbol sagrado,

solo es verde, quizás pelado en su cénit,

el río es un río asolado de verano de color vulgar.

 

De todo hace ya muchos años:

del tiempo de las bicicletas o de una libertad

que no existía, que ahora fabrica en su mente

y evoca como si fuera real y tangible.

 

Ha dejado de leer poesía inteligente,

versos en los que atisbar soluciones vitales;

picotea aquí y allá en busca de ideas

escribe o imita, desafía el vacío con palabras.

 

Cuando mira atrás encuentra vivencias,

se justifica con miles de recuerdos y fotos,

centenares de páginas escritas,

el bagaje de una vida de altibajos.

 

Algunas vías no han sido aún exploradas,

muchos libros esperan a ser leídos,

cientos de películas que le gustaría ver

y otras que aún no han sido rodadas.

 

Los cincuenta es una edad meridiano:

se oscila en distintas latitudes manteniendo la longitud,

no hay excusas para lo que no se ha hecho,

ni justificaciones reales de los errores cometidos.

 

A veces el aprendiz de poeta se pasea satisfecho

de su pequeña obra o del vórtice vital que ha ocupado:

entonces, desearía desaparecer o renunciar,

mas la belleza vital le sirve de ancla y permanencia.

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