Poema 521: Noche de primavera urbana

Noche de primavera urbana

Circulo en bicicleta urbana

entre hordas de la especie humana,

–mis congéneres–, otrora agresivos,

nerviosos, celosos, supervivientes.

La convivencia se ha logrado al satisfacer

las necesidades básicas de alimento y techo.

Circulan los patines en la noche,

se distribuye comida a cambio de dinero,

hay diversión y tiempo libre.

Me cruzo con raiders en la penumbra

de una noche hermosa de primavera;

huele al campo que se filtra en la ciudad

y apenas nadie camina al filo de la medianoche.

¡Cuánta evolución ha sido necesaria para llegar aquí!

Los jardines están cuidados y los ciudadanos

continúan abducidos por sus dispositivos;

He salido pensativo del teatro:

el paso del tiempo y la repetición de los errores,

la nimiedad de nuestra presencia en la escalera

y los sacrificios de todos los que nos precedieron.

El sistema educativo aporta sus frutos

y modela una sociedad con un cierto equilibrio

sobre la que actúan fuerzas terribles:

codicia, orgullo, desprecio, jerarquía y rango.

La luz llega desde la insignificancia y la humildad,

desde el pedaleo en una noche cálida de primavera.

Poema 516: Los acontecimientos

Los acontecimientos

Se suceden eventos, celebraciones, efemérides,

la lucha de la memoria por sostener

unos recuerdos por encima del largo olvido.

Cuando se difuminan las imágenes y sensaciones

queda un poso difuso, etéreo, amalgamado,

de un gran peso específico en la vida,

un escudo magnético protector

capaz de generar auroras boreales bellísimas.

El lamento surge de la velocidad exponencial

de la acumulación de odiseas narrativas efímeras,

de la levedad con que habitas tu biografía.

La belleza es una gran enemiga,

satura tu retina, te hace henchir el pecho de gozo

y te desarma frente al pensamiento crítico:

un campo verde y feraz, los caprichos de las nubes

en una espléndida puesta de sol,

la sensación de potencia en las piernas al pedalear,

todas esas cumbres, cúspides, apoteosis,

alabean tu futuro recuerdo, introducen pesos

capaces de deformar la sencilla apariencia.

Un acontecimiento eclipsa a otro

en una sucesión ficticia y absurda, veloz,

que necesitaría de una absorción logarítmica

cargada del sosiego de un número áureo,

una convergencia necesaria en la escala humana.

Poema 514: El mundo a tus pies

El mundo a tus pies

En la desapacibilidad de comienzos de mayo

una salida en bicicleta con mi hijo es algo mágico,

el esplendor del campo, el esfuerzo,

un silencio de pedalear e impregnarse de los colores

de esta primavera que me evoca la del confinamiento.

Soy consciente de la maravilla del instante,

de la conexión sin palabras, de la dualidad establecida,

una transmisión inmaterial de ideas, de movimiento,

el placer de triscar montes y sembrados,

de vislumbrar una combinación inesperada de flores,

de ascender a lo alto de un monte, sin resuello.

Todas las obligaciones diáfanas han desaparecido,

la vista abarca campos ondulados, árboles de hojas tiernas,

algunos senderos apetecibles, ocres entre el verdor;

también una sensación efímera de volatilidad:

después de este instante vendrá otro también irrepetible,

habrá otras felicidades que apenas podré fijar un instante

devoradas por la velocidad imparable de los acontecimientos.

El mundo a tus pies permanecerá en la retina,

elongará el tiempo más allá de mi tiempo y fortaleza.

Poema 453: Una bomba de información

Una bomba de información

Una bomba de información, destellos

de inteligencia, de ética, de venganza,

el teatro de las emociones,

sexo, integridad, subordinación,

toda la ciencia al servicio de un objetivo:

ecuaciones, ideas, explosiones,

cierta integridad y la vida que pasa.

No se rompió nada y los agoreros

llenos de voces y sin complejo de ignorancia

siguen gritando al paso de las cabalgaduras.

Cierta toxicidad por acercamiento

acecha en cada una de las profesiones,

también el barrido de todas las emociones,

lo conveniente serio y la risa inconveniente,

la lujuria y la aparente pasividad desganada.

En estos días de julio resurge la luz,

pareciera que ciertos finales felices son posibles

en el espectro cinematográfico;

tiempo de música y películas y algunas lecturas,

el conocimiento y la pasión en la misma cesta,

la risa, la alegría contenida, el silencio

sobresalen entre la multitud caótica y democrática.

La euforia estadística se desató antes de tiempo,

lo justo para que la luz alumbrase la necedad,

el vacío informe del teatro de marionetas

en la que una suma de ventrílocuos

desacompasaron los movimientos del muñeco.

Los hitos de una vida se escriben al vuelo:

un surrealista solo de trompeta,

el vuelo en globo que siempre quisiste hacer

o el viaje a ninguna parte en bicicleta

en los albores del verano por tierras despobladas.

No hay nada nuevo en este rincón del universo.

Poema 451: Camino del Cid

Camino del Cid

En la memoria de la desmemoria,

olvidada la distancia entre Cantar y realidad,

más cercanos a Machado que a la Historia,

salimos a recorrer la ruta mítica.

Los caballos no son Babiecas, ni las espadas Tizonas,

y sin embargo hay cabalgaduras,

sillines rellenos de gel y alforjas,

el colorido de una tropa diversa,

democrática, exaltada y no desterrada.

Los nervios serán parecidos,

–la especie humana no cambia en un milenio–

las expectativas son diferentes,

algunas físicas y otras espirituales:

trascender el ruido mediático y urbano,

entrar en contacto con el polvo machadiano,

leer unas líneas del Cantar cada mañana,

prepararse como se preparan los mozos

en estos días de sanfermines.

La amistad con que se forjó la leyenda

continúa viva:

altruismo, comunidad, ayuda mutua,

la sensación de pertenencia a un grupo polimorfo,

sociograma con hilos conductores saludables,

a veces débiles y otras muy robustos.

La estepa castellana, tan despoblada como antaño

asusta entre el calor y el desabastecimiento,

genera incertidumbre y adrenalina.

Nos preparamos ya para esta aventura

caballeresco-literaria-deportiva,

armados de tecnología y barritas energéticas.

Días de gloria pedaleando por el pasado.

Poema 444: Los pinos míticos

Los pinos míticos

En medio del collado que protege el arroyo

de las embestidas furiosas del Duero

más allá de la Historia,

siluetean dos enormes pinos gemelos.

Inventé para ellos historias míticas,

ceremonias varias en tiempos inmemoriales,

anacronismos en el solsticio de verano.

La realidad es más hermosa que la ficción:

se enseñorean de un cultivo de cereal,

junto a una pradera de cañahejas y amapolas.

El sendero arranca incógnito

desde una pequeña cantera abandonada,

serpentea entre retamas y piornos,

ralentiza la bicicleta sobre cantos rodados,

para ascender al túmulo, ya loma o colina

observable desde cualquier punto del valle.

La sensación al estar allí es mágica:

me recupero del resuello ciclista,

fotografío las nubes azulinas de este día de junio,

respondo en mi smartphone, con paciencia,

a la miticidad alegórica de este lugar

recién establecida por mí.

Aspiro el fuerte olor de la cebada mojada

y sonrío para el selfie que acabo de realizar.

Toda la energía del lugar invade mi mente

y la puebla de espléndidos relatos fantásticos

aquellos con los que iluminaré, minutos después,

la tertulia generosa de mi amigo y sus hijos

compartiendo refresco y aceitunas.

Poema 397: Final del verano

Fin del verano

Los días se vuelven poderosos,

más allá del riesgo del vacío existencial,

hay vetas, filones, hilos marcados

llenos de brillo y promesas,

converges bajo una nube protectora

y de allí salen hipótesis, consejos, ideas.

Y de repente una lectura se vuelve procedente,

e imprescindible,

las conexiones gigabyticas se incrementan,

y ese juego de actividad mental

se convierte en trampantojo del silencio.

Has transitado por senderos ancestrales,

te has bañado en el mar Cantábrico,

has volado por la cuenca danubiana en bicicleta,

has conocido personas con cierta aura personal,

y vuelves a la sede dinámica y protectora.

Asientas cada día tus equilibrios personales,

improvisas, enfocas, sostienes,

un entramado de detalles preciosos,

de búsquedas incesantes, de aprendizaje,

cara vista u oculta, serenidad.

Nada te pertenece, ni el tiempo, ni los libros,

ni siquiera el dominio de ti mismo;

evalúas el límite entre la dicha y el vacío,

entre la soledad buscada y la ausencia de energía.

Un viento fresco o una luz en el ocaso,

toda la belleza fundida en un abrazo infantil,

en palabras con tenue pronunciación,

en ideas a corto plazo, incapaz de ver más allá.

Poema 383: Los pájaros muertos

Los pájaros muertos

El primero lo encontré al pie de la terraza lectora;

habían desaparecido la dueña y  la butaca,

todo el invierno aguantando el hielo

con la rebeca en las rodillas.

Será un mal augurio, un pájaro muerto.

Moriría por un golpe de calor

o por la gripe de los pájaros.

El segundo lo vi desde la bicicleta;

parecía un disparo,

el pecho abierto y la sangre coagulada.

Me invadió una pena extraña:

de surcar el cielo con planeo elegante

a yacer sin vida en el suelo gris.

Los siguientes que vi ya no tenían razón de ser,

demasiados, diseminados aquí y allá

en calles céntricas o en parques concurridos,

ajenos a la mirada de los transeúntes.

Pensé en la guerra lejana o en una epidemia,

en el equilibrio de las especies,

en insecticidas o herbicidas mortíferos.

Solo até cabos cuando la luz sepia de media mañana

se instaló como una losa sobre la ciudad.

Poema 366: Preparación del viaje

Preparación del viaje

No hay reglas, solo recuerdos:

he encontrado fotografías y resguardos,

un plano y un cuaderno de notas

ondulado por la humedad que debió soportar.

El plano general del recuerdo omite los detalles,

el cansancio tras pedalear una jornada bajo la lluvia,

la incertidumbre de dónde descansar,

todos los futuros posibles que entonces podía imaginar.

Recuerdo historias contadas en corro al atardecer

en una ciudad húngara junto a un lago,

el castillo derruido en el que estuvo prisionero un rey,

la angustia de la inundación que nos perseguía.

También la biblioteca medieval bien conservada

en un monasterio de resonancias literarias,

un atardecer atravesando viñedos y campanarios

y un castillo con literas al que nos costó ascender.

Han pasado veinticinco años y aquello ha sido mitificado

por el recuerdo y por las sucesivas narraciones,

por la incipiente lectura de otros viajeros;

ahora volvemos a revisitar una parte de aquella aventura.

El mundo ha cambiado y también nosotros,

hemos sido alcanzados y sucedidos

aunque cada cual jurará que en esencia es el mismo

que viajó en aquel verano del noventa y siete.

Planificamos cómodamente minimizando riesgos,

duplicamos el número de viajeros,

nos asomamos a una melancolía incómoda

para poder disfrutar de cada instante presente.

Y sin embargo la ilusión crece con los días,

con cada preparativo imaginado o real,

vistas las caras en la distancia, los ánimos,

las preguntas y los pequeños milagros de la voluntad.

Poema 279: Campo de julio

Campo de julio

El campo en julio es de una belleza inusitada,

los labradores se afanan

 en extraer todo el producto posible de la tierra:

hay pacas de paja, patatas a punto de florecer,

girasoles hermosos y amarillos,

un lavajo lleno por las últimas tormentas;

incluso el río Trabancos lleva algo de agua.

Desde la bicicleta se observa todo con detalle,

rastrojos, viñedos, pinares,

algunos centenos aún no cosechados,

nunca he visto tantas aves como este año,

en el camino apenas hollado no hay rastro del virus.

Algunas cosechadoras levantan nubes de polvo,

hay cultivos que no identifico,

plantaciones de almendros y otros frutales,

remolacha, maíz, garbanzos,

mecanización y riego, una cierta normalidad.

Las tormentas alteran el ritmo del trabajo,

nada que ver con otros tiempos:

ya no hay hoces ni levantarse a las cinco de la mañana,

no se trilla ni aventa la parva,

no hay bueyes ni mulas, ni cuadrillas de sol a sol.

Huele a manzanilla y a la paja recién cortada,

busco en la soledad de los caminos

no encontrarme con otros humanos;

miro al cielo y veo la revolución de las nubes,

al menos tanta belleza como la reproducida en el campo.