Poema 180: Vida natural

Vida naturalCaptura de pantalla 2018-08-08 a las 19.19.50

El agua corre, salta, brinca, sortea rocas

grita de júbilo ante su libertad

en un descenso vertiginoso

por gargantas de enormes piedras.

 

El sonido del agua es una bendición

para el oído estresado por el tráfico

o por una jauría de centenares de adolescentes

desbocados a la hora del recreo.

 

Grillos y cigarras compiten contra el silencio,

a veces una corriente de viento susurrante

se cuela por los cañones horadados

por el agua durante milenios.

 

Desnudo, tumbado en la roca,

mi cuerpo absorbe el calor del día,

el oído capta todos los matices del agua

y la vista se relaja en las hojas móviles del castaño.

 

Cada hora pasada en la naturaleza

es un regalo y un privilegio,

el recuerdo ancestral almacenado en los genes,

un gozo para todos los sentidos.

 

Las huellas de uno o varios lobos,

en la umbría de la Pista Heidi

descarga mi adrenalina y tensa mis músculos,

aguzo vista y oído mientras sigo caminando.

 

Hay moscas, arrancamoños, zarzas,

parásitos escondidos en los helechos

que flanquean el camino centenario

entre vallados de prados escalonados en terrazas.

 

La fuerza de tu espíritu se pone a prueba

con el calor sofocante, los pinchazos, el sudor,

las ortigas que inoculan su veneno en tu piel,

y los múltiples obstáculos que esconde cada senda.

 

Minimizas todos esos inconvenientes

o los sopesas con la luz cambiante e indescriptible,

la fragancia aromática de las riberas del río

o la sensación atávica de libertad.

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Poema 179: Desnudo

DesnudoIMG_20180730_110442

Sale el sol entre las crestas del Pinajarro,

camino aún medio dormido

entre el olor de las huertas que despiertan.

 

La piedra Rosetta está rodeada de turistas,

es un símbolo que nada dice al no iniciado,

como si poseyera un poder mágico al tocarla.

 

Asciendo por un paisaje que podría enumerar dormido,

albergue, piscifactoría, presa, casa de Marinejo,

casa de la luz, treinta y tres revueltas,

el canal siempre lleno de moscas y un paisaje inabarcable.

 

La cabeza de Ramsés Segundo, majestuosa

preside una sala llena de tesoros egipcios,

la multitud tiraría de las vendas de cada momia,

querría saber qué hay debajo, destruyendo el objeto

de tres milenios de antigüedad.

 

Los ojos avizores desentrañan riadas,

un nuevo puente de madera,

la vegetación recién segada junto al canal vacío;

asciendo el tramo final para encontrar la Chorrera

carismático salto de agua de quince metros de altura

tal y como corresponde a un año lluvioso.

 

El Moais de la isla de Pascua impone por su tamaño,

¿Cuál era el misterio que albergaba esa estatua?

¿Cuánto poder otorgaba a su constructor?

Las formas sencillas de la piedra conmueven a la masa.

 

Desnudo me baño en la charca helada de la montaña,

mi cuerpo ya no es joven en la encrucijada vital,

sopla una brisa cálida que asciende por el cañón,

seca la piel y la ropa;

sentado en la postura del loto, mi vista se maravilla.

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Poema 178: Cincuenta

Cincuenta IMG_0734

El aprendiz de poeta se acerca a los cincuenta,

abre una hoja en blanco,

igual de escéptico que hace diez años

por unas cosas o por otras.

 

Durante unos meses ha dejado de mirar:

el árbol ya no es un árbol sagrado,

solo es verde, quizás pelado en su cénit,

el río es un río asolado de verano de color vulgar.

 

De todo hace ya muchos años:

del tiempo de las bicicletas o de una libertad

que no existía, que ahora fabrica en su mente

y evoca como si fuera real y tangible.

 

Ha dejado de leer poesía inteligente,

versos en los que atisbar soluciones vitales;

picotea aquí y allá en busca de ideas

escribe o imita, desafía el vacío con palabras.

 

Cuando mira atrás encuentra vivencias,

se justifica con miles de recuerdos y fotos,

centenares de páginas escritas,

el bagaje de una vida de altibajos.

 

Algunas vías no han sido aún exploradas,

muchos libros esperan a ser leídos,

cientos de películas que le gustaría ver

y otras que aún no han sido rodadas.

 

Los cincuenta es una edad meridiano:

se oscila en distintas latitudes manteniendo la longitud,

no hay excusas para lo que no se ha hecho,

ni justificaciones reales de los errores cometidos.

 

A veces el aprendiz de poeta se pasea satisfecho

de su pequeña obra o del vórtice vital que ha ocupado:

entonces, desearía desaparecer o renunciar,

mas la belleza vital le sirve de ancla y permanencia.

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Poema 177: La Torre del Puerco

La Torre del Puerco IMG_20160725_220931.jpg
Todo el mundo conoce la Torre del Puerco,
algunos dioses copularon aquí;
la vista desde arriba es un infinito arenal
bañado por un Atlántico irritable.

Cuando los dioses eran jóvenes,
llegaban en bicicleta a bañarse
en las largas tardes de primavera
hasta que agotados brindaban un cigarrillo
al enorme y anaranjado sol poniente.

Se divisan manchas oscuras en el agua,
deben ser surferos esperando su ola,
si fueran inmigrantes, nadie iría a socorrerlos
interrumpiendo sus merecidas vacaciones.

La metafísica del veraneante crea nubes
de ideas y proyectos;
afortunadamente la brisa despeja el cielo
y las mentes vagan vacías chapoteando en la orilla.

Los cuerpos no son atléticos,
el bienestar destroza hábitos y costumbres,
algunos corren con la referencia de la torre,
los más miran a los niños afanados en sus castillos.IMG_20180717_130412

 

Poema 176: El cielo fractal

El cielo fractalCaptura de pantalla 2018-07-13 a las 21.54.45

El cielo tiene el porte de un fractal,

las nubes simulan el contorno del mar del Norte,

unos caballeros ancianos se juegan a las cartas

yacer con la mujer de Lot,

aún dulce.

 

Si una mujer hubiera escrito la historia,

habría una diosa justa,

no furibunda, llena de testosterona,

Lot no sería una estatua por su curiosidad natural,

atributo ya sempiterno de los hombres.

 

El puzle celeste bien podría montarse de otro modo,

sin dominación, ni uso, ni servidumbre por la guerra,

el lenguaje para designar la compleja estructura

sería más rico e inclusivo,

Mandelbrot de contornos afilados,

conceptos sutiles adaptados a la voz de la divinidad.

 

¿Qué dimensión alcanza el fractal celeste?

¿Cuántas brujas quemadas en la hoguera?

 

El trabajo de la igualdad a posteriori es casi infinito.

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Poema 175: El hilo poético

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 El hilo poético se ausenta en semanas de alegría

retorna cuando menos te lo esperas,

sangra por una costura de tus contradicciones,

sacrifica la mirada al rojo de las amapolas.

 

El trance lo conoces de oídas:

el cántico de treinta mil personas en el estadio,

la música giróvaga de ritmo endiablado,

un cóctel de alcohol en una discoteca.

 

Pero también la escucha solitaria del Cántico Espiritual

en una tarde lluviosa de primavera,

o la mirada del fotógrafo ante un ángulo imposible:

juego de luces y de sombras en equilibrio.

 

Toda soledad lleva a una introspección,

a la búsqueda de tu propia esencia,

de los nimios detalles que te distinguen

o te amalgaman candente al grupo común.

 

El hilo poético es tu voz oculta durante semanas,

es un giro verbal o una metáfora repentina,

es la percepción del cerebro desenfocado

por la belleza presente en cada partícula.

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Poema 174: En el parque

En el parqueIMG_20180603_203549

Al fin un instante de paz,

nadie en la mañana del domingo

se aventura por aquí.

 

Alegría política, cambios,

una cierta esperanza animada

en la forma y en el fondo.

 

En el asador de pollos

hay una cola enorme

y un montón de cadáveres.

 

La corrupción se ha cobrado su presa,

un mundo desorientado

en su gregarismo atávico.

 

Los árboles rezuman sombra

y fronda exuberante,

juego magnífico de luces.

 

Toda la prensa conjurada,

el imposible gobierno de los limpios:

un experimento y una ilusión.

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Poema 173: Primavera desperdiciada

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Estoy desperdiciando otra primavera,

este año es una de las buenas:

sol, agua, cunetas llenas de flores,

el impagable olor de las plantas

que evoca mi infancia en bicicleta.

 

El valle que he mitificado,

las jaras florecidas que alguien

me anunció este verano,

un embalse lleno,

la montaña que quiero escalar

antes de cumplir cincuenta.

 

Todo el día vago cansado,

lleno de ocupaciones informáticas,

ajeno a quienes eran mis amigos,

con apenas capacidad de una mirada

poética, ahora dependiente de la casualidad.

 

El cuerpo se acostumbra al asfalto,

a la contaminación cotidiana,

rutas urbanas de flores solo en vestidos,

miseria y ruido.

 

Estoy desperdiciando otra primavera

en el tiempo confortable de la madurez.

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Poema 172: Palabras en la pared

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Unas palabras en la pared, cuatro versos,

el poema en el poema,

el río y la pequeña muchedumbre

que se acerca a mirar o a leer,

sin devoción ninguna.

 

Palabras insignificantes, lectura;

el carrizo quebrado por la crecida

silabea en la corriente del Duero.

 

Un violín desgrana notas mozárabes,

de cantiga o de canción de ausencia.

 

La fuerza del deseo en la pared blanqueada,

autor y lector, apenas una sombra:

has visto el sexo del pato salvaje

y ahora desprecias la geometría de su avance.

 

¿Qué importa el ángulo, el color del agua

o el vórtice de su nado?

 

Una señora se acerca y susurra escéptica

el hermetismo de tu poema,

el abrupto final se prolonga en su mente

como un microrrelato abierto.

 

No asimilas todos los versos que son leídos,

voces magníficas, arte y oficio;

más tarde, en alguna fotografía, descifraras

los pequeños detalles poéticos.IMG_20180427_181843 (1)

 

 

 

 

 

Poema 171: Miedo y violencia

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Una violencia innata, natural y abusiva:

dos patos en la orilla del río

someten con sus picos a una hembra,

una escena sexual terrible

en un día negro para cualquier feminista.

 

La rueda pesada del patriarcado

apisona cuanto encuentra a su paso,

ignora e interpreta,

estira la ley como una goma elástica

hasta deformar su objeto último.

 

Una lluvia social, una marea imparable

ese es el auténtico cambio

aún no acaecido en los políticos

ni en las listas machistas de los partidos,

gritos, consignas y pancartas ya visibles.

 

He sentido asco y rabia,

miedo ya desterrado y actitudes ufanas

de fulanos envalentonados;

tibias reacciones legisladoras,

y poco a poco el ruido de la revolución.

 

Es un tiempo de revisión histórica y social,

de preguntas y búsqueda

de solidaridad y cohesión liberadora,

de protesta y fuerza y voces

en aras de un mundo igualitario.

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