Poema 111: El día Pi

   

 El día Piimg_20161117_183239

 

Infinitos decimales,

¿dónde cabe eso?

¿Qué engendro es este?


Acostumbrado a los irracionales,

al concepto de infinito,

no a imaginármelo

ni a profundizar

en la conexión con mis sentidos,

desangro gota a gota

una suma interminable.


Pi es la circunferencia,

es la forma redondeada,

la belleza de lo inabarcable,

el número trascendente

que imposibilita la cuadratura

del círculo con regla y compás.


Uno puede encontrar la secuencia

de su fecha de nacimiento,

o el número de su teléfono móvil

entre los decimales conocidos de Pi,

¿diez billones?


La campana de Gauss

encierra su raíz;

lo he experimentado

con agujas de Buffon

o métodos de Montecarlo,

mas no soy un experto en su cálculo.


Tengo anécdotas prístinas

y conozco los decimales suficientes

para los cálculos más simples,

he visto y comprendido la irracionalidad

y la trascendencia del número,

aprendo ahora que la letra

no fue consensuada hasta Leonard Euler.


Hoy es el día Pi,

fanáticos del mundo veneran

la fuente inabarcable de incógnitas

que este número genera:

¿son equiprobables los dígitos decimales?

Mañana habrá más conocimiento.

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Poema 110: La vida

             La vidaIMG_20170308_192936

La vida se acerca tras veinte años,

encuentra alegre al sedentario

y cansado al trotamundos.


La vida fluye en historias múltiples

e increíbles, en desarraigo,

en amores consumidos velozmente.


La vida avisa con una presencia,

con la ausencia que ya no visitarás,

huecos, recuerdos, anhelos.


La vida está en construcción permanente,

un vuelo de águila,

la mirada penetrante propia que todo conoce.


La vida es una cerveza al lado del río,

evaluar posibilidades imposibles

porque ya pasaron.


Tienes dieciocho años y pedaleas,

apenas eres menos inocente

que un espigado mocetón de catorce.


La vida viene a buscarte en el pasado,

te reclama lágrimas,

te hace más fuerte y sabio.

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Poema 109: Belleza

     Belleza

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Soy muy afortunado,

veo belleza por doquier,

incluso la que no quisiera ver

aquella que me incomoda:

la suciedad y el brillo

en los ojos de un niño refugiado,

el rostro exánime de un anciano,

una ondulación grasienta en un charco.


El liquen en los árboles

de un país de lluvia, junto a un río

me llena los ojos del verde intenso

que no captan las cámaras fotográficas.


El cielo lleno de nubes

con formas caprichosas,

la luz que juega con los colores,

el esplendor del ocaso, ahí está

toda la belleza vital.


Me siento débil corriendo hoy,

pienso que una ráfaga de viento

podría derribarme,

en esa vulnerabilidad hay hermosura,

una extrema sensibilidad alerta.


Bello es el inhóspito paisaje del invierno,

la flor rosada que apenas brota de un ciruelo,

el silencio inusual de los coches en la calle,

el baile de despedida de mi hija en la ventana

cuando empiezo a correr.

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Poema 108: Dicha poética

    Dicha poéticaimg_20170301_172850

Las flores de un almendro,

el viento frío de la mañana en el rostro

el sentimiento de poder acceder

a la belleza profunda de las cosas,

poder escribirlas, aprehenderlas,

provoca una sonrisa en mi rostro invernal.


Calambur, palabras que se ocultan,

dicha poética,

un comprender bajo las sábanas de un verso,

un sentir una caricia aún no dispensada,

una medicina preventiva,

un asumir riesgos en una avalancha

de besos todos ellos definitivos.


La lectura desgarradora o banal

la sorpresa explosiva de un giro

o una luz recóndita, escondida

en el centro mismo del poema,

elevan las expectativas vitales

eximen, sanan o exoneran al espíritu.

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Poema 107: Presente añorado

Presente añorado

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Añoro ya las zapatillas perfectamente alineadas

de mi hija a los pies de su cama,

el amanecer rosado entrevisto a través

de los árboles que flanquean el Duero,

las hermosas llamas ondulantes

en el bidón encendido de la fábrica de madera.


Cuando escribo un recuerdo ya no está,

el caballo de nubes fotografiado por casualidad

al entrar una tarde en el centro comercial,

el programa de viajes por la baja California

entrevisto en el televisor mientras trabajo,

la lectura humorística de un relato erótico.


El libro que abro con devoción fetichista,

la fresa que desvela todo su sabor en mi boca,

un olor de velas cuya luz anaranjada imagino,

añoro la lluvia en mi rostro de corredor inconexo,

el tiempo afable en el que no existe la prisa,

consciente del fulgor de cada instante.

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Poema 106: Amanece

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Amanece. Seca helada,

un planeta naranja en el oscuro azul.

Los figurantes se reúnen en torno al bidón encendido.

Disfraces, jubones, calzas, gorgueras,

un chándal tres tallas más grande.


Frotan las manos esperando su turno,

voz engolada y chulesca:

tenorios, mejías, ciuttis,

ineses, brígidas, doñanas,

el desafío de la imaginación en el torneo.


En cada ronda se enfrentan dos poetas,

todos los demás aplauden o silencian.

Los gorrillas sucumben ante los jubones,

batalla de gallos, duelo singular,

voz, aplomo, improvisación, elegancia.


La fuerza visual del atuendo

parece acompañar al verbo florido,

ripios, rimas, fuerza interpretativa,

más actores que poetas, más rufianes

de gesto amplificado y sonrisa burlesca.


En la ronda final, la palabra precisa

de una dama hermosa

desmonta verbo a verbo cada bravata:

con firmeza sostenida, elimina, altera,

desconcierta al petulante y lo humilla.


Vencedora por aclamación, sonríe

y su sonrisa colorea el entorno;

nadie ha grabado la batalla,

victoria efímera de autoafirmación,

un escalón de ascenso vital.

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Poema 105: Uno

     Uno img_20161223_124635

Uno es él y su sombra

y allí nadie le molesta,

urden infamias vagas,

temores sin fundamento,

la niebla acompaña al invierno,

nadie le rescata.


Uno es el tiempo indeciso,

la energía ausente,

el aire borrado de sus pulmones,

baratijas deconstruidas,

indefinible sensación

de ausencia y presencia leves.


Uno es el paisaje efímero,

la repetición angustiosa,

los días sin sal o con sal,

la lucidez de un instante

lenta caricia, ardor, molécula

de vida aleatoria e inútil.


Uno es el poema leído

con lentitud de voz en trance,

la foto rebosante de energía

de la poeta muerta,

la mirada perdida del transeúnte,

un jersey para el frío.


Uno es su vórtice en la mirada

ajena, es su peso incógnito

en otras percepciones,

el lapso de tiempo de su olvido,

la huella que dejó su risa,

las caricias de sus manos.

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Poema 104: El sol tiene frío

El sol tiene frío

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El sol tiene frío,

y algunos corazones.


El mar truena, blanca espuma,

ácaros en la arena,

imperceptibles, silentes…


Ansías permanecer aquí sentado

al sol matinal del año nuevo,

huir hacia el hedonismo

del poema que estás leyendo.


Todo te retiene, apenas el aire

llega a su destino,

hora, minutos, voces,

tu propia inquietud.


Estás en el mundo, conectado

a redes sociales,

eres una sucesión de fotos

divergente, playa solitaria.


Tanta luz solo para ti.


Se acaba el tiempo propio,

regresa o permanece

en tu soledad angustiosa.


Algo parecido a la felicidad.

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Poema 103: La noche

    La noche

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La noche. Humedad, babosas,

bichos incógnitos en la sombra,

la oveja dormida es una piedra,

una vaca rumia en la penumbra.

 

Ruge el mar en mi cono de sombra,

la costa resplandece,

miedo, barro, el camino conocido

desciende cauteloso hacia la playa.

 

El faro a ráfagas me ilumina el rostro,

espuma en la mar,

no hay parejas esta noche,

Erizo Sibarita en mis oídos.

 

Frío, la vista se complace,

tiemblan mis rodillas,

soledad, ecos de una novela,

belleza en la luz amarilla de la farola.

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Poema 102: Desconcierto

          Desconcierto

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Necesidad de guía, palabras, modelos,

en medio de datos o densidad vital,

de postureos y postverdades,

de ondas y chismes varios,

¿quién guía?, ¿qué luz?


Cada cual selecciona sus iconos,

sus personajes lumínicos,

desenfoca su mirada para verlos

en su contorno impecable

sin fijarse en detalles desmitificadores.


¿A quién admiramos?

Demasiada difamación, demasiada luz

estroboscópica para ojos compuestos,

omatídicos, fragmentación interesada

capaz de rescatar solo necedades.


El medio desenfoca más que el mensaje,

perturba, dibuja perfiles a su antojo,

a veces es conmutado por un santón,

gurú, predicador inefable de bolsa repleta,

una imagen evanescente de consumo.


Sólo el estudio y la inteligencia

que se esfuerza cada día,

sólo la suerte de un lazarillo honesto,

o una multiplicidad de fuentes diversas

señalan múltiples caminos exploratorios.

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