Poema 160: Apuntes naturales de cambio

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El cielo se ha aliado forzando dibujos

en esta mañana fría de marzo;

magnético atrapa las miradas,

siluetas hermosas, deseos prohibidos.

 

La forma del agua del río,

caprichosa y saltarina, turbia,

energía pura liberada y desbocada

emerge en la mente sin compuertas.

 

La masa de gente parece retraída,

aparece solo en los telediarios:

cúmulos de protestas democráticas,

personas dispersas en la vida diaria.

 

Ves pasar bajo la lluvia

veloces paraguas cargados de ego,

zapatos encerados llenos de prisa,

los deseos de cada cuál enfrentados.

 

Un rayo de sol frío anuncia la primavera,

esa que no existe ya en tu recuerdo

absorbido por el gris de la sequía pasada,

nota de color, nota desprendida del cuaderno.

 

La llama del bidón encendido

ralea antes de extinguirse,

ha sobrevivido un año más

a los tiempos modernos y la tecnología.

 

 

Bandadas de pájaros migratorios

desaparecen en el amanecer elongado,

aún persiste el misterio de las aves guía,

el desconocimiento de la gran belleza.IMG_8387

 

Poema 159: Idus de marzo

Idus de marzoIMG_20180309_202920

Llueve, hace viento,

nada te afecta ni distrae,

la lluvia externa complementa

tu inundación interior.

 

El parque está mojado,

huele a brotes de primavera,

a aire limpio y frío,

charcos enormes, quietud.

 

Dolor, impotencia,

un puñal afilado en las vísceras,

levantas la vista, ya nublada,

empiezas a confundir las sombras.

 

Mañana no estarás y pasado mañana

ya no serás recordado,

vagas luces,

animula, vagula, blandula…

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Poema 158: Nuevo dios

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Hay un nuevo dios que ve cuanto haces,

sabe dónde vas, lo que has comprado,

te sugiere respetuosamente tu conducta

como buen dios en sus inicios

aún sin la confianza de la masa.

 

Esa es la clave, eres observado,

nada se le escapa, cualquier consulta

dañará tu imagen, tu perfil social;

tu rastro se almacena en la memoria

del todopoderoso servidor.

 

Si compras o simplemente miras,

si lees tal o cuál periódico

tendrás un perfil dinámico de objeto

del deseo anunciador;

eres un número lleno de números,

un adorador del dios que te explota.

 

Ese dios computerizado conoce tu vida laboral,

sabe el dinero que has ganado en todos tu días,

los gastos y propiedades que posees,

los impuestos con que sostienes tu mundo.

 

El dios sabe lo que lees, lo que publicas,

conoce a tus amigos y ve tu cara más amable,

y también tu faz oculta,

la que se deduce de los datos que no muestras

o se infiere con imaginación.

 

El dios es quizás una diosa inteligente y formada,

ofrece señuelos y trampantojos,

moldea tu conciencia, te educa a su antojo,

establece tu patrón de deseo y consumo.

 

La diosa se rodea de sumos sacerdotes,

de diáconos, de calendarios propios y ritos,

te ha liberado de una esclavitud

para otorgarte la vía sin fin en la que habitas.

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Poema 157: Velocidad

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La velocidad impide disfrutar del viaje:

atisbo a ver la hoguera,

el cauce marrón del río,

mas ignoro la forma de las nubes

o la silueta de los pinos solitarios,

no veo a los mirlos picoteando el sembrado,

ni los dibujos de los charcos en los caminos.

 

La pelusa verde de los campos

se convierte en cereal sin apenas darme cuenta,

las tierras altas cambian de color,

la prisa desbarata el placer

de apreciar la intensidad de la luz.

 

No observo la suciedad en las laderas

del polígono industrial,

ni las naves abandonadas o la casa okupa,

tampoco los tocones aún naranjas

de los pinos cortados en la última poda.

 

He pasado al lado de los extraterrestres

de mono naranja con luces estroboscópicas,

adelanto a varios camiones cargados

de papel prensado, pesados y volátiles,

veo al grajo que come despojos destripados

levantar su vuelo al acercarme.

 

La velocidad se confunde con el blues de Norah Jones,

puedo sentir la tensión de mis manos

crispadas en el volante,

y el avance rápido de los minutos en el reloj,

la adrenalina para tomar decisiones rápidas

la levedad del desplazamiento fugaz.

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Poema 156: El árbol recibe

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El árbol recibe las gotas impetuosas de lluvia

cuál semen germinativo,

absorbe, filtra, succiona,

hace reventar la savia,

florece en una sonrisa de hojas,

ya risa de blancos dientes,

alegría bajo el arcoíris sinóptico;

se nutre de elementos químicos,

devenidos en palabras,

formulados en un ocurrente idioma,

sintaxis oculta a entendimientos no iniciados;

escamotea la basura exterior

o las múltiples noticias catastróficas,

para reverdecer en cada primavera

e hibernar en posición fetal

cuando el aliento se torna gélido

y aquellas palabras formuladas son ya ácidos

elocuentes, gritos de las Furias desatadas.

El árbol recibe las gotas de lluvia y llora

de alegría en un abrazo íntimo y consolador,

se despereza y sus brotes son tiernos susurros,

presagio ya de la fuerza renovada.

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Poema 155: Patriarcado

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Escucho opiniones banales o aprendidas,

nada nuevo, ninguna evolución,

el mismo chiste machista actualizado,

idéntico mantra justificativo.

 

Y sin embargo la idea está ahí,

al alcance de todos:

brujas, princesas, héroes, el poder,

la historia de la humanidad fraccionada.

 

Quizás el primer paso sea una inoculación,

la injusticia o la lógica aplastante,

la ventaja global de la solución feminista,

la potencia de la teoría de juegos.

 

Siempre ha sido así, o somos diferentes,

o es la evolución, es la naturaleza;

Abre los ojos, es una construcción social

interesada, incrustada en cada cerebro.

 

La resistencia es ignorante, sin argumentos;

consciente, observas que todo lo impregna,

convierte en fútil la emergente igualdad,

en sordina los gritos cada vez más expandidos.

 

La esperanza es educativa, una mecha

en apariencia prendida, una luz inteligente,

la juventud que rellena espacios oscuros,

los susurros pacíficos, voz ya exponencial.

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Poema 154: Algunas noches leía cuentos con mis hijos

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Algunas noches leía cuentos con mis hijos,

creaba un espacio de voces y magia,

marcaba las palabras o repetía tics que les gustaban,

a veces bostezaba y ellos se contagiaban.

 

Los besos reales se escapaban volando,

un dragón era salvado por una princesa de incógnito,

la ovejita rescataba al lobo de su soledad,

la bruja Margarita movía sus orejas con cada hechizo.

 

Eran tiempos felices que aún perduran,

días agotadores de pura supervivencia,

quizás podía desgranar un poema o un relato,

aislarme unos instantes del mundo de los niños.

 

A veces fotografiaba un anochecer

o una luna incipiente y hermosa en el frío invierno,

los muñones de los árboles recién podados,

las sombras y los reflejos siempre cambiantes del río.

 

La cebra Camila aprendía la lección de la vida,

el dragón Zog conseguía su medalla dorada,

el ratón pequeño conseguía burlar al Grúfalo

y el sucio señor García salía volando hacia el espacio exterior.

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Poema 153: Enero

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El humo de la chimenea del asador

distorsiona el color del césped

que al fin debe ser verde tras la lluvia.

 

El sonido de las motos en esta atmósfera gris

tiene algo de aterrador:

los sonidos de los caballos españoles en América.

 

Pesadas cazadoras de cuero, monos impermeables,

el valor de enfrentarse al frío, las hogueras

todas las incomodidades del invierno en moto.

 

Cabalgan o alinean sus motos en comunión espiritual,

símbolo de pertenencia, comunidad,

la fraternidad del frío y el motor de explosión.

 

Una cierta irrealidad de fin de semana,

vorágine de horas sin dormir, sudor, frío y alcohol,

la masa motociclista asume el poder de la muchedumbre.

 

Dioses admirados por su cabalgadura,

disfrazados de seguridad bajo sus cascos relucientes,

forman un espectáculo digno de aplauso y fotografía.

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Poema 152: En el litoral de las Cerrias

En el litoral de las CerriasIMG_20180101_121743

Cada piedra en el camino del acantilado

retumba en mi cabeza,

mi lengua pastosa

aún recuerda los excesos del fin de año.
Al llegar al mar

mis pulmones se ensanchan al fin.

Ha llovido más que el fin de año

y la playa nudista está totalmente desnuda.

 

Leo versos terribles en un libro rosa.

 

El sol cambia el color de las dunas.
Viento y olas,

el espectáculo de oleos de Turner en la bruma.
Una pareja,

ajena a mi presencia lectora,

se desnuda y se acerca vacilante

a las olas de la orilla.

Ese baño sella su amor por este año.

Enormes masas de agua les hacen retroceder,

mas han completado su inmersión.
Dice Helder:

“Espero que o amor enleve a minha melancolia.
E flores sazonadas estalem e apodreçan
Docemente no ar.”

La muralla de agua

con los picos nevados al fondo

atrae a los paseantes y ocasionales fotógrafos.
Permanezco leyendo para purificar el año nuevo.IMG_20171231_115430

Poema 151: Miradas intensas

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La mirada del poeta, al igual que la del fotógrafo,

es agotadora,

insiste en buscar detalles estéticos

en medio de un solar urbano,

encuadra y desenfoca, rescata el detalle,

eleva a arte el desconchado de una pared.

 

Cansada pero extremadamente placentera,

puedes pasarte la vida educando tu mirada,

cultivar el conocimiento y la luz,

atisbar un verso en el contraste o la continuidad.

 

Una gaviota posada en el letrero desfasado

de una ciudad que visitaste,

el musgo amarillo intenso en la corteza de un árbol,

la escorrentía oxidada sobre una pared

o una mezcla de colores que penetra en tu mente.

 

El poeta descansa a veces y la vida parece más gris,

encuentra motivación en la complicidad lectora,

o en una conversación sobre ideas, conceptos o intensidades,

intuye caminos, usa todos sus sentidos,

recrea, disfruta u olvida para poder seguir creando.IMG_7718