Poema 210: Cierro los ojos

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Cierro los ojos para ver las noticias,

muerte y destrucción,

un teléfono que suena al amanecer,

lágrimas humanas para conmover a la audiencia.

 

Cierro los ojos para ver al gato tuerto,

vagabundo entre las ocas de la ribera

del río Pisuerga,

no los abro ante la anciana que le da de comer.

 

Cierro los ojos ante los gritos

desesperados de hombres en una barcaza

neumática y desechable,

el terror de la soledad marina infinita.

 

Cierro los ojos ante la mujer drogada

que se tambalea entre las procesionarias,

verbalizando frases sobre su hija

en la nube sobre la que está flotando.

 

Cierro los ojos ante la sospecha infundada

del manejo mundano del dinero,

del acopio masivo de forma obscena

o de los abusos del fuerte ante el débil.

 

Cierro los ojos para no ver a la mendiga

que porta su bolsa de tesoros tambaleante,

el pelo ralo pegado al cráneo

su mirada perdida fija en el asfalto.

 

Cierro los ojos y veo la belleza poética

de cuanto no es poesía,

la luz del ocaso desde el cómodo sofá,

el escalofrío atroz ascendente en mi médula.

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Poema 209: Orugas

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Hoy soñé con procesionarias,

me desperté en el día Pi,

una espiral de orugas

convergía en un cúmulo de arena;

antes de enterrarse

dibujaban la letra griega.

 

En mi sueño, la rueda de la bicicleta

destripaba una procesión de lepidópteros;

la hembra guía, confundida, enrollaba

toda la comitiva para defenderse.

 

La abubilla escarbaba con su pico en la arena

extraía una crisálida crujiente

que digería sin dificultad.

Los decimales de Pi se metamorfoseaban

en pelos urticantes

flotaban en el ambiente y se fijaban en la piel

rosada de los imberbes agresores de larvas.

 

El sueño terminaba con un fundido en verde,

el color larvario de la fila india,

el del líquido irritante tras el aplastamiento,

una liberación natural de esperanza.

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Poema 208: La vida en las piernas

La vida en las piernasIMG_20190302_172910 (1)

Éxito, paseo largo en bicicleta,

campo verde aún ralo,

la vida en las piernas.

 

Éxtasis bajo una flor de almendro,

el lejano sonido de autopista

destierra el balido bucólico.

 

Nadie parece observarte

mas tu presencia es conocida,

el lugar exacto, el ladrido de los perros.

 

El río transcurre en un hilo de corriente,

el bosque de chopos ha sido talado,

allí hubo hace siglos un poblado.

 

Los perros pastores se encaran contigo,

una voz lejana los llama al orden

intercambias con el pastor leves sonidos.

 

Tras la subida difícil por el camino de arena,

atisbas la torre chata y defensiva,

las casas pegadas a la tierra ancestral.

 

El viento del ocaso empieza a refrescar,

calculas el ángulo solar al llegar al lavajo,

en unos minutos gozarás del fuego del hogar.

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Poema 207: La gran belleza

La gran bellezaIMG_20190224_140344

Tránsito despistado, sigues una iglesia

en un cuadro de Van Gogh,

o te fijas en las variaciones posibles

de la ley electoral,

o te documentas sobre las intenciones

de tal o cual poeta;

cuando puedes, elevas la mirada y sonríes,

te consideras afortunado por encontrar

la belleza en la vida cotidiana.

 

A veces retiras las gafas de tus ojos,

contemplas los objetos deformados,

el color que se confunde y se mezcla,

la vacuidad de cuanto te rodea;

desenfocas con tu cámara réflex

y consigues trascender el mundo lineal

de contornos definidos y precisión aparente.

 

No eres capaz de ir más allá,

eres consciente de tus límites, de tu capacidad

de insistencia en asuntos complejos,

de la voracidad con la que quieres acceder

a todo cuanto tu mente alcanza:

consumir antes que crear,

disfrutar antes que avanzar sufriendo.

 

En breves instantes de lucidez

escuchas la voz atemporal de un guía,

el cántico desesperado y auténtico,

la música que te produce vibraciones internas,

trance, éxtasis, ausencia mundana;

entonces navegas por el nirvana ilimitado

de tus conexiones neuronales más libres

y vuelves con una paz profunda e inútil

en la vorágine activa y sinusoidal de cada día.IMG_20190221_175526-EFFECTS-EFFECTS (1)

 

 

 

Poema 206: Astarté

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Salí con un poema recién leído de la biblioteca. No había entendido nada, pero me había hecho vagar por varios caminos mentales. El poema de Ashbery tenía la virtud de provocar y encender inquietud. Solo eso. Salí a la plaza mojada por la lluvia. Ya no estaban los playeros colgados del enorme pino. Grandes árboles y el ruido único de coches chapoteando en los charcos. Me quedé parado. Echaba algo en falta o sabía que algo estaba pasando. Se había detenido el tiempo. No lo encontré. Aspiré el aire fresco de la noche y comencé a caminar sonriendo. Era afortunado por estar allí y haber podido leer ese poema abstruso. Y por haber sentido el suspense en un instante. ¿Qué era un hastial? Al poco descubrí lo que acechaba y no había visto, porque estaba oculta entre las nubes que viajaban a una velocidad de vértigo: Astarté, la luna llena. Luna de Nieve, brillantísima y siniestra entre las nubes. La vi sobre la silueta de la antigua iglesia de San Agustín, ya archivo municipal. También sobre la colosal Academia de Caballería. Parecía seguirme. No pude fotografiarla hasta llegar a casa.

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Poema 205: Contradicciones

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Las palabras muestran u ocultan,

sugieren caminos,

usan su libertad en el cerebro de cada cual,

expanden o contraen,

son rigurosas o poéticas,

se acompañan de música o de silencio.

 

Deseas soledad y el mágico recitar

del Cántico Espiritual a la luz del ocaso,

mas a un tiempo necesitas el barullo

caótico de los niños.

 

Urdes una historia de tres páginas,

la revisas y la encumbras en tu imaginario,

deseas pertenecer a ese mundo ficticio

en el que introduces amigos, roces cotidianos,

al mismo tiempo que te anclas a la vida real.

 

I need you, I don’t need you,

canta Leonard Cohen ya desaparecido,

su voz te embriaga de gravedad,

más de cuarenta años después

esa letra se encuentra con tus nudos

los traspasa y te deja desnudo y confuso.

 

Las palabras prometen e insuflan

valor o desesperanza,

crean mundos y los derriban

provocan lágrimas o comunión sublime,

son llave y veneno,

prosodia mágica de ascenso místico,

nexo y engarce de planos disímiles necesarios.IMG_3416 (1)

 

 

Poema 204: Noctem

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Cae la tarde y llueve.

No es verdad que llueva,

puedo visualizar esa lluvia

pero hoy ha hecho una tarde espléndida

y el ocaso es lento y sereno,

desgrana naranjas sobre los tirantes del puente,

hiela el rostro de los ciclistas que regresan

de esos caminos de la tarde.

 

No llueve, no hay lágrimas,

las oculta el deseo y el verbo,

las luces de los coches restringidos

por la contaminación invisible,

hacen vibrar levemente los cristales.

 

Desde mi atalaya en penumbra

atisbo peatones de invierno,

aves sueltas en la curva del Pisuerga,

quietud de la ciudad que se dispone

a la fiesta del sábado noche.

 

Lloverá y los reflejos de los semáforos

en el asfalto producirán destellos,

encogidos los transeúntes caminaran erráticos,

las palabras llevarán el ritmo de la lluvia

y se escuchará el cántico de árboles

alimentándose del agua celeste.

 

La ciudad se abre a la noche,

enciende sus luces, se enniebla

se traviste de gasa y rocío

cierra a cal y canto sus calles

a la música atronadora de locales subterráneos.

 

No hay lluvia ni viento, ni las nubes caprichosas,

es la noche de los focos y el alcohol,

de cuerpos girando en busca de trance,

permuta de noche por día,

destellos de verdad y de dolor,

la soledad interior de quien se despoja de todo.

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Poema 203: Pasa en el campo de fútbol

Pasa en el campo de fútbol

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Pasa en el terreno de juego:

máxima concentración, fuerza juvenil,

el deseo de miles de niños hecho realidad,

precisión, juego bonito, ambición.

 

Hoy hace frío y el sudor se hiela,

hay una inteligencia posicional

y jugadas ensayadas hasta la perfección.

 

Hay una estética del pelo, de la barba,

de los tatuajes imposibles,

una muestra de riqueza imparable,

un modelo de heroicidad masculina.

 

Hay ansia de triunfo, días de gloria,

derrotas terribles de lágrimas

volanderas, aclamación y encumbramiento,

y el odio y el insulto de los tiranos.

 

La nada aguarda en la caída de los dioses,

la justicia revienta los entramados fiscales,

mortales de ignorancia altanera,

dioses del césped y del balón rodado.

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Poema 202: Homenaje

Homenaje

«¿Qué se llevan los muertos en el viaje?
¿Qué se abisma en sus ojos hacia dentro?
¿Hacia dónde cae o sube?»
José Manuel de la Huerga “La casa del poema”

IMG_20190201_105546Días, horas, minutos y segundos,

han pasado con vértigo de actividad,

con opiniones y voces,

protagonistas y ajenos al tiempo.

 

La palabra se hace casa y retorno

en las palabras inocentes de los alumnos,

voces inseguras, auténticas,

alejadas de cualquier impostación poética.

 

La casa del poema es mi tierra,

es tu tierra, el camino de tu infancia,

su voz recordada para sus familiares,

a cada cuál le llega un estímulo de emoción

en la sonoridad de un tiempo perdido.

 

Jóvenes y docentes, autoridades y amigos,

un cúmulo de seres vanidosos

o expectantes en la honra del difunto:

orden estudiado y trabajado,

discursos y alocuciones profundas,

un camino de palabras de serena armonía.

 

Ambiente cálido y de desasosiego contenido,

belleza y sencillez,

una ofrenda a los supervivientes,

símbolos y lentas frases pronunciadas

como ofrenda inmaculada,

quizás protección del viviente.

 

No todos caben por la ancha puerta,

el pudor bloquea más que los cuerpos,

el saludo y la sonrisa se elevan sobre lágrimas

ya serenas en la asunción de la ausencia infinita.

 

Expiación, purificación, catarsis,

decenas de humanos han creado una fraternidad

momentánea de ojos lacrimosos

y recuerdo ya mitificado o embalsamado

de quien perduran sus libros relucientes.

 

El acto es una comunión gloriosa de los presentes,

enaltecimiento y descarga de conciencias,

recuerdos y fijación en la memoria,

también ofrenda y respeto,

la sociedad unida en contra de la muerte.IMG_20190201_182058

 

Poema 201: Yo fui abril y mayo

Yo fui abril y mayoIMG_2921

Yo fui abril y mayo lleno de flores

del regocijo alborozado de un juego de palabras,

yo fui capitán de un cómic

y antihéroe del tebeo.

 

Yo jugaba a un futbolín minúsculo

y me disfrazaba en carnaval.

 

Yo fui noche y madrugada,

siempre desorientado y lleno de dudas,

fui niño siendo adulto,

fui un verano calmo e inquieto.

 

Tuve suerte y me faltó suerte,

aprendí golpeándome una y otra vez.

 

El final del verano está siendo

un continuo tobogán de vida:

alegría exponencial y fuga abismal,

escritura sostenida en poemas ambiguos,

un retrato pleno de soledad interior,

una solidez verbal pausada,

una paciencia elástica con punto de ruptura.

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