Poema 711: En el fútbol

En el fútbol

Hay una esperanza de trance

en los cánticos colectivos, en las expiaciones

en los rituales previos bajo el sol o la lluvia:

gritos a pleno pulmón

una simulación o metamorfosis de violencia.

Hombres corriendo, faenando, confrontando

su fuerza física, su habilidad corporal

la inteligencia postural y estratégica,

egos millonarios jaleados o vilipendiados.

Salmodias reconocidas por la masa asidua,

el retumbar del suelo de hormigón

pateado por miles de personas que botan al unísono,

conduce a alegría o desesperación figuradas,

estados de ánimo trasladables a la vida real.

Hay mujeres que imitan desahogos rancios

de machos jóvenes de energía desbordada,

agitan sus bufandas y emiten improperios

hacia la única autoridad respetada en el césped.

Llueve y las aficiones soportan con estoicismo

las imprecisiones de los contendientes:

comentarios banales, cuñados entendidos,

lugares vergonzosos de tan comunes.

La alegría colectiva de la victoria

crea una sugestión momentánea de euforia,

ocupa todo el espacio mental de los asistentes

antes de que el frío real designe nuevas necesidades.

El oasis mental del espectáculo balompédico

termina con la dispersión de la comuna anónima.

Poema 701: Naranja

Naranja

Amanece un día más, lluvioso

en esta estación de inundaciones y frío

de ríos teñidos por el color terroso

de un clarinete que escala notas

desde la gravedad más absoluta

hasta cimas mozartianas de alegría.

En un instante el semáforo naranja

decide el fin de la noche,

literario, poético, musical,

la bicicleta asediada por los coches,

el espejo-asfalto cual discoteca lumínica.

El semáforo es un efímero indicador

de la suerte con que arranca la jornada,

un consenso social raramente burlado,

el orden que permanece noche y día

incluso en los días vacíos del confinamiento.

La belleza captada en esa luz intermedia

aturdida por los motores de combustión,

prolongación y elongación del saludo

bajo el paraguas protector

de los dos caminantes fraternos

que se dirigen con paso apresurado al colegio.

El leiv-motiv del poema-luz inocuo

refulge entre la maraña de noticias nefastas

ofuscadoras del día de la radio.

Poema 698: Cuarenta días

Cuarenta días

Cuarenta días o más atribuidos a enero

ausencia de luz

lluvia viento sensación térmica

una cierta congoja de espíritu

y procrastinación conteniendo la respiración.

Cada día es un puzle de piezas variables

en el que vas colocando y desechando

pequeñas indicaciones vitales

asuntos más graves en las zonas oscuras.

Inopinadamente sale el sol nubes blancas

algodón sobre la dispersión de Rayleigh celeste

no se ha terminado el frío de las corrientes árticas

aunque hay más luz diurna.

Dormir seis ciclos de sueño completos de un tirón

antes de asomarte aún anestesiado

a todos los colores perceptibles

al bullicio de las tardes crecientes de optimismo.

Los cuerpos se desperezan y aligeran

las presiones más altas nos afianzan al terruño

una hoja que despunta o el incipiente renacer

de las pentámeras rosadas del almendro.

Bulle la sangre cual savia creadora

para expandir el cerebro en su singularidad

ideas prometedoras factibles renovadas

inician un vuelo de atisbos primaverales.

Los ciclos estacionales son aún discernibles

en la maraña de trampantojos artísticos

resultantes de las deformaciones del hielo.

Poema 696: ¿En qué momento el silbo del afilador desapareció de nuestras vidas?

¿En qué momento el silbo del afilador desapareció de nuestras vidas?

Mirar hacia delante

primavera en medio de lluvias eternas

otro dolor de cabeza

la felicidad oculta de las rutinas diarias

personas que me facilitan la vida

enfocar en aquello que toca

consciente de lo efímero de algunas imágenes

conteniendo el pesimismo futuro

en aras de la experiencia.

Se repiten los ciclos temporales

prendas de vestir árboles desnudos

los ríos desbordados cual Moldava polifónico

ese malestar físico que dura semanas.

Alguien a quien seguías en redes sociales

ha desaparecido del algoritmo familiar

el cerebro tan plástico lo compensa con nimiedades

viñetas catarsis una lectura inesperada

la música que se cuela por las costuras

Que me quiten

¿En qué momento el silbo del afilador

desapareció de nuestras vidas?

Poema 612: Flores

Flores

Vivo en un mundo veloz, lleno de eventos,

algunos programados,

la mayoría improvisados al subirme en trenes

que deceleran para que pueda incorporarme en marcha.

La belleza asoma tras las nubes

de una tristeza siempre atenta a ocupar los espacios vacíos.

¿Eres feliz?

Solo en algunos instantes soy consciente de esa felicidad.

Mi optimismo me hace saltar de flor en flor

sobre campos embarrados y fertilizados.

Flor poética, flor de conocimiento y aprendizaje,

flor de un cariño inesperado, flor risueña de grandes besos-pétalos.

Cuando yerras el salto caes y te embarras,

hasta que la lluvia te limpia y renueva.

En la caída definitiva pasas a formar parte del humus Interfloral.

Poema 587: Lluvia cantábrica

Lluvia cantábrica

Monotonía, liquen, torre fortaleza,

proyecto de visitar un museo,

danzan las anjanas en el cielo,

cielo gris, sin esperanza inmediata.

Los espíritus y la desesperanza

vuelan bajo, planean sobre la costa

llena de fractales y musgo,

agua que cae en cascadas bajo el abrigo,

lugar de vida prehistórica.

La humedad comba los libros y la madera,

oxida el hierro y carcome la voluntad,

también hace apreciar de manera infinita

los días soleados tan escasos.

La escritura se hace densa e insoportable,

también la lectura con la baja presión.

Cartarescu quizás no es una buena elección

de prosa para estos días opresivos.

Echo de menos la lumbre y su puchero,

los amaneceres dorados y los ocasos violáceos,

echo en falta la risa sin motivo,

los juegos de palabras ocurrentes,

la luz en mis ojos vivos, inquietos,

plenos de ansia de gozar cada instante.

Monotonía y volumen monocorde

en tejados gris pizarra de reflejo celeste.

Poema 559: Otoño de esperanza

Otoño de esperanza

Llueve, se ocultan las noticias cíclicas

sobre la sequía y los embalses,

siguen las guerras asimétricas,

agresiones planificadas, sembradoras de odio,

el trampantojo deportivo audiovisual,

algunos premios puntuales:

nobeles, editoriales, premios nacionales,

las elecciones bipolares de noviembre

en la cúspide del poder mundial,

las noticias siguen el curso esperado.

La lluvia trae consigo esperanza,

verdor en las cunetas, fulgor en los árboles,

la luna llena de octubre acechando.

Comienza la temporada de setas,

la siembra concienzuda del campo de Castilla,

y el colorido impagable de los árboles caducos.

El bidón llameante ilumina el amanecer

desde hace un par de semanas;

retornan los libros apocalípticos y distópicos,

se celebran descubrimientos científicos

y la maquinaria estacional gira sin fin.

Poema 508: Bajo la lluvia

Bajo la lluvia

Mi padre cumple ochenta y tres años.

Hemos corrido bajo la lluvia

precioso paisaje de primavera feraz

acercándonos a un cementerio en medio del campo.

Luz opaca, neblina y cortinas de agua fría.

La voracidad humana hace competir a los más fuertes,

esos semidioses que soportan los meteoros.

Tal vez esta tarde abrirán un libro de poemas al sol

o tomaran un café, locuaces,

mientras disfrutan de la euforia de la mañana.

Barro, sudor, lluvia,

¿cuántas veces más podremos correr así?

Tenemos el privilegio de la ropa seca,

de la ducha caliente al llegar al hogar.

Una cigüeña, punta de flecha, Archaeopterix,

ameriza en una charca enorme en un campo verde,

la colza da un toque exótico de color intenso,

todo es bello en buena compañía.

Poema 494: La hermética belleza

La hermética belleza

La hermética belleza es el estado de ánimo

al contemplar una flor,

el deseo de vivir en un lugar por el que transitas,

una silla vacía en una terraza con vistas,

poder mirar al mar o a la montaña

(paisajes siempre cambiantes, siempre hermosos).

Llueve en estos días de transición

aún el invierno resistiéndose,

el dios Marte campando a sus anchas por el mundo.

Ese ladrillo no me gusta y ahí habrá mosquitos,

las ventanas son estrechas y oscurece pronto,

el ruido de los automóviles en la autopista,

lejos de todo, lejos de todo.

Solo hay un banco no recién pintado;

ahí leo el poder colectivo de los sueños,

la función social en los clanes y tribus,

la belleza imaginada, soñada, compartida,

el proceloso proceso de abstracción

y la incansable búsqueda de lo sublime

plasmado esquemáticamente en un santuario.

Capturo la imagen de la flor, la edito levemente,

desaparecen los contornos,

deja de existir el mundo y solo quedan palabras

la voz que expresa ese sueño oscuro,

la mente inteligente que lo analiza y exprime,

esa tarde diáfana y cálida ya memorable.

Poema 492: Abrimos las nubes

Abrimos las nubes

Abrimos las nubes

en la mañana disfrazada de rock,

en el antro-centro del saber,

aún resonando Kant en los oídos adolescentes.

Hordas de coreógrafos, de cuerpo de baile,

atenta la mirada al cielo, risa y diversión,

redes sociales afilando sus colmillos,

y la letra acompasada al dinero para nada.

Llueve a mares y la lluvia es una forma de memoria.

Tres edades saltan al unísono en ritmos y letras

que solo ellos entienden.

El diluvio opaca las olimpiadas y el billar,

riega los claveles y churretea los rostros

enmarcados en tanto trabajo.

Las miradas se cruzan ya satisfechas:

recordaremos el carnaval pasado por la lluvia.