Poema 474: San Bourbaki

San Bourbaki

Último viernes de noviembre.

Hace ya tantos años que me cuesta contarlos,

juventud, fiesta, desmadre,

algunas ideas matemáticas de fondo,

ironía y la asunción de una cierta religiosidad

a imagen y semejanza de las ceremonias cristianas.

Nicolás fue un general de la guerra franco-prusiana,

un nombre cualquiera tras el que esconder

toda la recopilación matemática exhaustiva,

detalles y detalles, miles de páginas

en las que se exprime un colectivo secreto.

San Bourbaki es ahora un nombre de amistad,

la que nos une en torno a una mesa,

a unas canciones o unas rogativas que se actualizan

con cada nueva generación de matemáticos pucelanos.

El maestro de ceremonias, ataviado con una capa,

pronuncia, con voz impostada y potente cada rogativa;

deriva pro nobis– contesta la masa al unísono.

Los acólitos estudiantes actuales, ignoran el significado

profundo de muchos de los nombres mencionados:

Zaldo, la Pepa, el Pope, el teorema de Stokkes,

frases fuera de contexto y conceptos matemáticos complejos.

Y sin embargo los mantras se repiten año tras año,

tras las libaciones y las rogativas se quema al santo,

se entonan himnos y variantes infinitas de algunas canciones

y los locos matemáticos resucitan de nuevo.

Poema 473: Los días baldíos

Los días baldíos

Los días se suceden, enfriándose,

sin más novedad que un poema o un abrazo,

alejándome poco a poco de los bosques,

de las montañas y los ríos del fin de semana.

Cada día que paso sin leer al menos una hora

es un día baldío,

horas llenas del ajetreo laboral en la mañana,

caminar y observar atesorándolo todo, por la tarde.

Continúo fiel a mis referencias en el viaje:

una música que un oyente recomienda,

el bidón que los operarios encienden con el frío,

las aguas turbias y veloces del Duero,

unos chopos que se volvieron invisibles.

El hallazgo de un bolígrafo perdido,

el ¡eureka! del informático que encontró el error,

una ocurrencia que me hizo reír sin medida

en medio de una clase repleta de hormonas,

dibujan días de noviembre históricos,

momentos de convulsión violenta en Palestina,

una guerra pasada de moda en Ucrania,

la formación de un gobierno progresista en España.

Los periódicos gritan a varias columnas,

saltan de un asunto esencial a otro capital,

se rompe el país en medio de la prosperidad,

de la abundancia, del éxito del deporte colectivo.

Tengo más libros de los que puedo leer,

más películas y series de las que puedo visualizar,

más zapatos de los que puedo gastar,

menos tiempo del que puedo perder

vagando por las calles y los caminos sin rumbo.

Noviembre es un trampantojo virtual,

el mes efímero más hermoso del otoño,

los días y las horas de los graves estudios.

Poema 472: En lo alto del puerto

En lo alto del puerto

Cambian los paisajes con el agua

llueven hojas,

los colores son los que el sol nos muestra;

una campana

en medio de los piornos, en todo lo alto,

homenajea a quienes la pusieron,

montañeros, amantes

de una naturaleza ancestral,

inmunes al viento y la lluvia,

llenas las pieles de sudor y esfuerzo,

magros y resecos.

Tumbado sobre la piedra abierta

soy un punto en la montaña

que observa el valle infinito abierto al poniente,

frío seco e intenso,

las ideas detenidas en su bucle estéril,

solo ante una inmensa mole de granito.

Brilla levemente el embalse a lo lejos;

diríase un complejo fractal geométrico,

el diseño racional de una mente pragmática.

Ascienden, mapa en mano, dos jóvenes inexpertos,

imprudentes ante el ocaso de la luz,

cegados por el deseo y la aventura.

Caerá la noche sobre ellos

orgullosos de su energía y sus frontales,

si tienen suerte hallarán un camino romántico.

Desciendo de la piedra, altar, puesto de observación,

lugar mitificable y fotogénico,

salgo al encuentro de mi hijo que avanza

confiado en la senda que le lleva hasta mí.

Volvemos, austeros en los comentarios,

hacia la belleza del descenso en la hora dorada,

paisajes que discurren entre el mate del roble

y el ocre esplendor de los castaños.

Mañana recorreremos el valle por sendas antiguas,

números en medio de otros caminantes

que cuentan sus vicisitudes en voz proyectada.

Somos herederos de otras sagas nómadas,

agraciados con la luz de la montaña

protegidos del frío y de la oscuridad,

señores de la palabra que describe la belleza

capaces de crear un universo en una piedra.

Poema 471: Don Juan Tenorio

Don Juan Tenorio

Don Juan es un lugar común desde Mozart a Zorrilla,

música cantada y dicción rimada,

la banalidad del mal literaria,

una actividad cíclica en el día de las ánimas.

En esta ciudad aparece sin falta

cuando el otoño, de noviembre se disfraza,

viento fresco, desapacible lluvia,

otros años persistente bruma.

Zorrilla aquí reina a sus anchas:

teatro, paseo, plaza, estadio, estatua,

incluso una casa natal recreada.

El zoom cinematográfico enfoca la escena,

carnaval, la cabeza afeitada,

el jolgorio de una ciudad licenciosa

llenas las calles de espadas y campanas.

Don Juan ejerce su violencia exaltada,

un actor intenso de buen porte y fachada,

enfrenta, exaspera, apuesta y gana;

enamora y besa y a veces dispara.

Nada puede el honor, ni la amistad trabada,

nada la familia ni la sangre amada

ante la violencia y la maldad desatada.

Doña Inés carece de entidad y de armas,

protegida y engañada:

–¡Qué pava!–, dice mi vecina cercana.

No hay feminismo en Zorrilla, solo violencia arcana.

La obra ha sido levemente actualizada:

una guitarra, un coro de risa alborozada,

una voz, un filtro, una pantalla,

el intenso drama con piadosa compaña.

Me maravillo de la emoción suscitada

en la excelsa escena final ansiada:

Inés petrificada llena de fuerza y gracia

domina al averno con su palabra.

Poema 470: Restos de poemas

Restos de poemas

Ya no amanece durante el viaje,

la lluvia se ha instalado en lo cotidiano,

esa sensación de fugacidad permanece:

cada evento se anuncia y llega y se olvida

a imagen y semejanza del noticiario

elaborado según intereses económicos

que solemos pasar por alto.

Los balances de los bancos son escandalosos:

cincuenta millones diarios,

contrapuntados por vagabundos en los cajeros

mientras se discuten migajas en horarios laborales.

La mancha que cada uno deja, –Philip Roth dixit–,

es proporcional a su deshumanización:

cadáveres, guerras, xenofobia, ignorancia,

las plagas bíblicas actualizadas.

El aprendizaje es una luz, una lucha, una oposición,

cada cual lo comprende con intensidad diferente,

belleza, angustia, la agonía de los días, la edad,

esa felicidad que duró un verano inconsciente.

Se multiplican las protestas y han perdido el relato,

pero el pueblo elegido por su dios ataca,

se venga y la vergüenza política es tal

que hay que ocultarla con miles de muertos.

Llega el otoño con la lluvia, colorean los árboles,

viento, agua en los ríos, la comodidad del hogar

para los afortunados primermundistas.

Siempre hay dudas, resquicios e incomodidades,

esas que se silencian en nuestra imagen externa,

la lucha diaria por renovarnos, por soportarnos.

En la mirada está la clave del relato,

también en los silencios y los benditos recuerdos,

en el papel estelar o miserable que cada uno se otorga.

La psicología acabará por revelar los mejores hábitos.

Poema 469: Cosmología Cíclica Conforme (CCC)

Cosmología cíclica conforme (CCC)

El factor de conversión de la importancia propia

nos lleva a la insignificancia:

secuencia numerable de espacio-tiempos abiertos,

la multiplicidad del Cosmos.

Cada idea, cada mente, cada comunidad

son minúsculas bajo las ecuaciones de la relatividad;

un poema es un trozo de papel que se recicla,

una vida laboral es una deformación en el tiempo

que se desvanece paulatinamente.

Los ciclos cósmicos hinduistas carentes de ecuaciones

se acercaron a la complejidad de Penrose,

crearon el lenguaje y la ilusión del presente,

una forma de pensamiento no banal

capaz de relativizar la capacidad individual.

Las matemáticas muestran indicios cíclicos

en la observación de la radiación de fondo,

aún las pruebas son débiles indicios estadísticos,

el Big-Bang sería final y principio de universos enlazados.

El conocimiento de la superficie de la esfera

oculta un interior fisicomatemático de alto voltaje,

mucho más allá de la observación y la linealidad.

Solo una mirada poética o religiosa

habría adivinado ese eterno retorno de la materia,

el juego oscuro de energía y masa condensada.

Cada acto personal, es soslayable,

un juego romántico en medio de lo absoluto juanramoniano.

Observar y categorizar,

aplicar la lógica, las matemáticas y el caos,

ir siempre más allá,

nos hace elevarnos levemente desde el apego a la tierra,

nos endiosa cual minúscules seres efímeros,

vidas humildes, actos nimios y, sin embargo,

llenos de toda la belleza que podemos atesorar.

Poema 467: En las mañanas felices

En las mañanas felices

En las mañanas felices garabateo unas palabras

en un cuaderno de tapas negras

mientras me asomo a la ventana

para ver a mis hijos andar hacia el instituto.

Parecen días que se suceden sin fin,

terminarán como terminó la guardería y el colegio,

y la consciencia de otro tiempo caerá de golpe.

No todo es felicidad ni calma:

cada día hay centenas de luchas, domésticas, ideológicas,

algunas físicas y otras mentales,

búsquedas y estrategias, decisiones rápidas,

marejadas de fondo y lunas que asoman o se esconden.

Tras esas palabras a menudo repetitivas y vacías

leo uno o varios poemas;

esas lecturas abren ventanas mentales,

a veces me traen de vuelta a la escritura

o a notas que me servirán más adelante.

Es nuestro tiempo de padres en una alta meseta,

en la que a veces hay tormentas mezcladas con abrazos,

restricciones y normas que cuesta cumplir.

Se mezclan los libros por leer con la adolescencia,

reafirmación de personalidades incipientes,

imitaciones y modelos, palabras y una forma de contar

y de interpretar el mundo.

A veces una perturbación en el trampantojo

hace la realidad aún más hermosa en su estabilidad:

Bansky sigue pintando bajo la lona, anónimo y genial,

ajeno a las vicisitudes y los accidentes.

Caminan inmersos en sus problemas

esos que a veces rozan los de los adultos y siempre son otros.

Salir de sus pensamientos y esbozar una sonrisa es aún sencillo,

igual que los abrazos y las risas en familia.

Las rutinas de cada día ensanchan mi mundo,

incluso cuando recorto o minimizo mis tareas laborales.

La mañana se pierde ya en prisas,

en el tráfico de la ruta elegida

entre Sinfonía de la Mañana y Música a la Carta.

Permanece la imagen de los adolescentes caminando.

Poema 466: Una luz grisácea, el mar, el cielo, el Centro Botín

Una luz grisácea, el mar, el cielo, el Centro Botín

El perfil del mar y las montañas es difuso,

más allá, el cielo.

En las salas de exposición penetra la luz,

estará el cuadro de El Greco lejos de su tierra de nacimiento,

habrá experimentos artísticos perturbadores

visitantes cosmopolitas que no suben a la fragata

por el mismo precio.

Me he sentado en un punto de anclaje,

ahora es un punto de meditación;

imité a una hermosa mujer vestida de negro,

medias negras, falda negra, corpiño negro:

miraba hacia el mar con nostalgia

tal y como ahora lo miro yo.

Parece una nave del futuro el Centro Botín;

sobrevivirá largos años a su fundador,

la ciudad hecha camino y diseño,

ideas y extrañísimo arte, pensamiento, música.

Canta un aborigen Le Méthèque de Moustaki

armado con una guitarra,

la tarde está calma en esta parte del mundo,

lejos de los bombardeos, del horror intencionado

repelido, vengado, vuelto a vengar hasta la extenuación.

Los maestros del ojo por ojo en su salsa,

todos inmigrantes, emigrantes, invasores, colonos,

quienes se creen superiores en fanatismo,

la luz neblinosa que confunde a verdugos con víctimas,

los fuegos de artificio que pueden eliminarte.

La magia del instante voraz ha pasado;

he seguido a distancia a la dama de negro

hasta una librería que es una pura maravilla.

Allí me esperaban tres libros y la sensación atemporal

de no querer marcharme,

de estar horas y horas hojeando poemas y solapas.

Los libros devoraron la presencia de la dama.

Poema 465: Desastre

Desastre

En el avispero del mundo han entrado los fanáticos

han removido los panales conscientemente,

la delicada exagonalidad hecha trizas,

se han regodeado un instante en la miel

en la adrenalina de la venganza aquí y allá

antes de ser víctimas de la devastación generada.

Sesudos analistas acuden desde otras guerras

olvidan amnistías y días patrios de colonización

–salvo los muy ignorantes, toscos, mentecatos–

para ofrecer sus servicios de opinión,

sus acusaciones a diestro y siniestro

llenas de razonamientos y fundamentación de parte.

En el avispero del mundo confluyen intereses varios:

religión, economía, territorialidad, ideologías varias;

la superioridad moral de cada facción no termina nunca.

Hay algunas guerras estacionales,

juegos de poder inconscientes, marionetas de hilos invisibles;

esta es una partida de ajedrez en cuatro dimensiones,

llena de vías de escape y sorpresas, de gambitos y enroques,

una deshumanización casi intolerable en esa época

de cámaras, móviles, drones, horror cinematográfico,

en la que cada avance pacífico es contrapesado por la barbarie.

El avispero del mundo se expande sin solución,

células dormidas, históricas cuentas pendientes,

dejar tuerto a alguien mientras tu ceguera se realiza,

el tablero geopolítico cita a la testosterona bárbara,

sin apenas voces cuerdas que llamen al calmo diálogo.

El avispero se convertirá en un sumidero,

un vórtice en el que se trituran todas las ideas humanísticas,

capaz de devorar los frágiles acuerdos de posguerra,

la igualdad incipiente y cualquier movimiento migratorio.

El tiempo de paz y de esperanza aún no ha llegado,

tampoco el de los frenos y sistemas de amortiguación:

sigue siendo banal matar y morir, salvo que sea uno mismo.