Poema 470: Restos de poemas

Restos de poemas

Ya no amanece durante el viaje,

la lluvia se ha instalado en lo cotidiano,

esa sensación de fugacidad permanece:

cada evento se anuncia y llega y se olvida

a imagen y semejanza del noticiario

elaborado según intereses económicos

que solemos pasar por alto.

Los balances de los bancos son escandalosos:

cincuenta millones diarios,

contrapuntados por vagabundos en los cajeros

mientras se discuten migajas en horarios laborales.

La mancha que cada uno deja, –Philip Roth dixit–,

es proporcional a su deshumanización:

cadáveres, guerras, xenofobia, ignorancia,

las plagas bíblicas actualizadas.

El aprendizaje es una luz, una lucha, una oposición,

cada cual lo comprende con intensidad diferente,

belleza, angustia, la agonía de los días, la edad,

esa felicidad que duró un verano inconsciente.

Se multiplican las protestas y han perdido el relato,

pero el pueblo elegido por su dios ataca,

se venga y la vergüenza política es tal

que hay que ocultarla con miles de muertos.

Llega el otoño con la lluvia, colorean los árboles,

viento, agua en los ríos, la comodidad del hogar

para los afortunados primermundistas.

Siempre hay dudas, resquicios e incomodidades,

esas que se silencian en nuestra imagen externa,

la lucha diaria por renovarnos, por soportarnos.

En la mirada está la clave del relato,

también en los silencios y los benditos recuerdos,

en el papel estelar o miserable que cada uno se otorga.

La psicología acabará por revelar los mejores hábitos.

Poema 465: Desastre

Desastre

En el avispero del mundo han entrado los fanáticos

han removido los panales conscientemente,

la delicada exagonalidad hecha trizas,

se han regodeado un instante en la miel

en la adrenalina de la venganza aquí y allá

antes de ser víctimas de la devastación generada.

Sesudos analistas acuden desde otras guerras

olvidan amnistías y días patrios de colonización

–salvo los muy ignorantes, toscos, mentecatos–

para ofrecer sus servicios de opinión,

sus acusaciones a diestro y siniestro

llenas de razonamientos y fundamentación de parte.

En el avispero del mundo confluyen intereses varios:

religión, economía, territorialidad, ideologías varias;

la superioridad moral de cada facción no termina nunca.

Hay algunas guerras estacionales,

juegos de poder inconscientes, marionetas de hilos invisibles;

esta es una partida de ajedrez en cuatro dimensiones,

llena de vías de escape y sorpresas, de gambitos y enroques,

una deshumanización casi intolerable en esa época

de cámaras, móviles, drones, horror cinematográfico,

en la que cada avance pacífico es contrapesado por la barbarie.

El avispero del mundo se expande sin solución,

células dormidas, históricas cuentas pendientes,

dejar tuerto a alguien mientras tu ceguera se realiza,

el tablero geopolítico cita a la testosterona bárbara,

sin apenas voces cuerdas que llamen al calmo diálogo.

El avispero se convertirá en un sumidero,

un vórtice en el que se trituran todas las ideas humanísticas,

capaz de devorar los frágiles acuerdos de posguerra,

la igualdad incipiente y cualquier movimiento migratorio.

El tiempo de paz y de esperanza aún no ha llegado,

tampoco el de los frenos y sistemas de amortiguación:

sigue siendo banal matar y morir, salvo que sea uno mismo.

Poema 448: Rebelión

Rebelión

No parece la misma materia,

ni la misma vida.

Corre otra sangre más atrevida,

agresiva, palabras que destilan odio,

amenaza a una cámara que podría matarlo.

Cuando disparas, puedes ser alcanzado,

y sin embargo no me creo nada,

pequeños vídeos caseros, información sesgada,

minúsculas perlas controladas

que se abren y esparcen su esencia

como si fuera un videojuego o una simulación.

La vida de los soldados hiperequipados

es solo un trasunto de película,

una construcción mental.

La poesía alcanza suavemente las cabezas,

cual pluma que se balancea

en un descenso gravitatorio inesperado.

Drones, y amigos y enemigos cambiantes:

nadie está a salvo,

los supervivientes son producto del azar.

La selección natural elimina a los agresivos

o los enreda y dispersa.

Tras las explosiones lejanas en apariencia,

se inicia la música, una canción

cuya letra se adaptará al lugar y la circunstancia.

El campo de batalla es una pantalla

y la desinformación apenas interesa a nadie,

conscientes de que nada nos llega gratuitamente.

Elijo nadar en la piscina y cocinar unos muslos de pollo,

a la espera de ver quien filtra las mejores noticias,

las más terribles o las más increíbles.

El periodista-guionista se afana en acceder

al núcleo límbico del pensamiento medio del espectador.

Guerras de pacotilla,

luces que son hogueras de San Juan.

Poema 429: La Guerra

La guerra

La mañana de escarcha y helada

se ve perturbada por los misiles radiofónicos,

ondas de la judicatura y la política,

humanos enfebrecidos en su razón supremacista,

ruido y bombas sobre las ruinas

pacientemente reconstruidas y veladas

sin contraataque posible:

destruid sin piedad que llegaremos nosotros,

todo lo reconstruiremos

por un módico precio, unas ayudas

y la ganancia de tu trabajo peón.

Divide a las hordas femeninas,

se ha hecho toda la vida, que no se unan,

tenemos a algunas de nuestra parte,

gritan sotovoce los gurús tóxicos embriagados

de los gritos guturales grupales masculinos,

clubes y sociedades,

cofradías y consejos de administración.

Devastación, liquidación de la disidencia,

los más brutos y torpes en primera línea,

incapaces de jugar a la ocultación del plan,

marionetas irracionales con armas bárbaras,

al gran guerrero avant garde

no se le puede pedir además discreción e inteligencia.

Disparan las francotiradoras, guerrilleras incansables,

a veces se disparan entre facciones afines,

no está bien considerada la tibieza, es la guerra,

hiere la palabra cuando hiende en el sistema:

pequeños drones tratan de encapsular ideas,

argumentos, voces de asalto.

Las batallas se libran en podcasts y en pasquines,

en manifestaciones duramente reprimidas

por las hordas mediáticas,

ojalá que venza la inteligencia equitativa,

la luz del pensamiento y la concordia igualitaria.

Poema 420: Balance y final

Balance y final

Y la guerra es un bulbo,

exportable, lozano, un oscuro tubérculo

que arraiga en cualquier lodo.

                                    Aurora Luque en “Un número finito de veranos

Empezó el año con el mar

y unas temperaturas nunca esperadas.

Después fue El Viaje,

prepararlo, rememorar veinticinco años atrás,

planos, lugares, el Danubio.

Aún no había viaje, pero ya estaba viajando.

Entre tanto hubo música, conciertos, variaciones,

un pianista arrebatado,

una visita importante que se plasmó en el poema

sobre los pájaros que huyen del lúpulo.

Corrimos entre los pinos y la amistad una vez más.

Los castillos del Loira nos invitaron a soltar mascarillas,

a enmudecer ante el lujo y la magnificencia.

Despertaba la primavera y con ella la guerra,

el horror tan cerca, la incongruencia,

el beneficio de pocos y el desastre de todos.

En mayo descubrí los Zumacales, la magia

de un enterramiento prehistórico, el lugar sagrado,

la naturaleza en el valle de las Batuecas,

los pequeños eremitorios diseminados por la montaña.

Toda la naturaleza se llenó de amapolas y calor;

leí Como guardar ceniza en el pecho,

un festín literario lleno de feminismo y resistencia.

El Rey León en el que actuaba mi hija

creció lleno de baile y color.

Safo en Mérida entre el calor asfixiante

me llegó como un relato lleno de deseo y amor.

Hubo lesiones, fiebre, permanencia,

y sin pausa aparecieron las bicicletas rojas y amarillas,

la consciencia del viaje multitudinario,

días felices en los que todo salía mejor de lo planeado.

Permanecí en agosto mirando cielos, ruinas romanas,

ríos en los que apagar el calor inconmensurable,

un teatro y otra vez el mar nudista entre brezos violetas.

Hubo muertes mediáticas y cambios en el paisaje,

de nuevo la Amistad del corredor poema atemporal,

conversaciones sobre futuros inciertos, música india,

una campana y llegó, luctuosa, La herida matemática.

Noviembre fue un mes de belleza extrema en el Otoño Mágico,

lleno de acontecimientos, de ruido político, de poesía vital y setas.

Se termina el año con arte, con cielos, con fútbol,

lecturas, documentales que son una maravilla de hitos culturales.

Todo se sostiene por hilos invisibles, emoción poética,

formas que son miradas por ojos enfocados y atentos,

las sorpresas de cada día y la esperanza optimista

de fuerza incalculable, inmerecida y deslumbrante.

Poema 386: Noticias

Noticias

Apago la radio incapaz de asumir la negatividad,

los desastres, la perversión humana.

Parecen noticias colocada en las ondas

para penetrar en mi estado de ánimo.

¿Ignoran que enviar armas a Ucrania

es añadir combustible en un incendio?

Precios, inflación, pobreza energética,

se cuelan conceptos contrapuestos a la visión directa:

coches sofisticados en la carretera, terrazas llenas,

espectáculos caros para los que no hay entradas.

Por otra parte, tasas de paro terribles,

pésimas condiciones laborales, alumnos sin desayunar,

miles de inmigrantes que pierden la vida cada año

en el desesperado intento de acceso a una vida digna.

Algo falla en un sistema con esta enorme brecha:

los gobernantes más lúcidos tratan de parchear boquetes,

de apagar incendios,

pero no dan abasto en un mundo lleno de pirómanos,

locutores incendiarios, presentadores autómatas,

plumas agradecidas y puertas giratorias.

Apago la radio y me refugio en una ópera transgresora,

o en una poeta que remueve conciencias, excita y amplifica

imágenes, injusticias, desigualdades.

El fabuloso hito científico de lograr vacunas para el Covid

se empaña cada día y se minimiza o se ignora.

No quiero a nadie introduciendo odio en mi cabeza.

Poema 373: Ruinas

Ruinas

Aquella cabaña de adobe que una vez te cautivó

es ahora una ruina,

dentro de poco será un vestigio abandonado

volverá a ser parte de la tierra.

El pozo quedará al descubierto en un rincón,

un residuo de la edad que castiga tu cara,

tus músculos, la velocidad del pensamiento.

Los tiempos de esplendor han pasado,

la fealdad invade los solares descuidados

al igual que los recuerdos.

Los árboles no son iguales, ni las personas

ni tampoco los animales.

Algunas casas mantienen aún la forma

con la que fueron construidas hace cien años.

Entretenido en estas ocupaciones estéticas,

llegan imágenes terribles de la guerra:

cadáveres, destrucción y chatarra,

como si aún ignorásemos que no era un videojuego.

La ruina moral de quien ve su vida comprometida

no atiende a nostalgias y abandonos.

Se detiene el tiempo y entonces surge una melodía

de pájaros que se requiebran y envanecen,

música para el oído tras un silencio atroz e inmarcesible.

El horror son solo imágenes televisadas

que apenas interferirán en tu vida diaria.

Poema 370: La calima

La calima

No veo todo lo que debiera de ver,

hoy la metáfora es el polvo sahariano

pero ocultas están las ondas, los silbos

en frecuencias inaudibles para mi edad,

algunas sombras en horarios imposibles,

o el trino de los pájaros en árboles desnudos

silenciados por el ruido de los coches.

No escucho las bombas de racimo,

ni los gritos indignados e impotentes

de los ucranios sitiados, peones de un tablero

en el que sienten que alguien les mueve

o les expulsa de la partida sin permiso.

El frío se cuela por la ventana abierta

como símbolo de una debilidad energética

vulnerando la estructura mental de seguridad

construida con paciencia, ilusamente,

por varias generaciones democráticas.

Un espectroscopio sería lo más apropiado,

o la lucidez suficiente para entender

el perverso y aséptico juego de esa partida

en la que nadie gana, observado todo

desde el punto de vista, a ras de suelo,

de quienes son movidos por autómatas impasibles.

La calima marrón que todo cubre

muestra la fragilidad superficial de un mundo

más inseguro y limitado de lo imaginado.

Poema 368: Amanecen los gallos

Amanecen los gallos

Amanecen los gallos, y las sombras

se van desvaneciendo en la montaña.

Hace frío y no se oyen aviones ni artillería,

quizás ha sido solo el sueño de la noche

o una película en la que los tanques avanzaban.

Tiembla la tierra por obra de Marte,

los puentes y caminos deberán ser reconstruidos,

las familias con hijos jóvenes no cicatrizarán.

Los olivos recién podados

absorben toda la energía de la tierra,

sangre, excrementos, abonos comprimidos;

sus hojas perennes son inmunes a los gritos,

al pasado, al futuro.

Arrastran sus maletas en la frontera

sin ánimo ni esperanza,

ajenos a los análisis concienzudos de los políticos,

enajenadas sus mentes, sobrepasadas

por hierros retorcidos y silbos constantes.

El agua cantarina transcurre entre las piedras

fría y trasparente;

alguien saciará allí su sed y aliviará el dolor

de sus botas desgastadas por las flores.

El bullicio del comercio sigue su curso

ignorante de la injusticia, del horror y de la guerra.