Poema 478: Bruma y desaparición

Bruma y desaparición

La niebla lo envuelve todo

convierte los haces de luz en cónicas imágenes

deja el paisaje tan desolado como las conciencias.

Los sonidos se amplifican,

hay un cierto aire de ficción, de espadas

de absurdos figurativos e imaginados.

Las ciudades del Tenorio resurgen en invierno,

se elevan, se desdibujan y se ensanchan

son urbes de cómic, imaginadas y borradas,

lugares que existieron durante unos instantes

-Saga/fuga de J.B.-, conciencia colectiva,

edificios distorsionados y emboscadas posibles.

Resuenan potentes los zapatos contra el pavimento,

noches elongadas desde el temprano crepúsculo

hasta un amanecer doloroso igual de oscuro.

Ciudad gótica en estos días prenavideños,

formas embozadas y ruidos multiplicados,

nadie acecha, pero todo se esconde

y de repente han pasado cuarenta años.

Cuarenta años antes hubo otra ciudad,

otras callejas y otras tascas,

otros elegantes transeúntes con capa y sombrero.

Hoy la niebla es un anacronismo medieval

en la que las conciencias ordenadas se extravían,

y el fuego de los hogares, ya inexistente

es recordado en las múltiples pantallas personales.

Poema 477: La verdad

La verdad

“La verdad puede ser esquiva, compleja, diversa”

                                    Mario Vargas Llosa en El País

Dudo si existen tantas verdades como personas,

o hay categorías personales que aglutinan verdades.

Tiendo a considerar que mi verdad es consistente

con dudas, con versiones posibles, con meandros.

La inteligencia artificial nos hará dudar de cada noticia

de cada acontecimiento histórico,

al igual que dudábamos ya de los periódicos,

de los medios de desinformación a sueldo de ideologías.

Como sociedad estamos muy trabajados en ser engañados

en difundir ese engaño en redes sociales,

en validar las técnicas más groseras sin aplicar el mínimo filtro,

ni siquiera el menos común de los sentidos.

Puede acontecer que esa falta de posibilidad de verificación

nos lleve a igualar el peso de cualquier verdad,

la burda manipulación con la sofisticación más erudita,

el trazo tosco con el trampantojo hecho arte.

La imagen en la que un aparato negro con forma de prisma

asentado sobre un trípode,

parecía asesinar palestinos en masa en una fosa común,

no se me va de la cabeza:

el horror con que se maltrata a otros humanos,

considerándolos animales o cosificándolos, es indescriptible

y no es novedad en la historia de la humanidad.

Sal ahí fuera y busca la verdad y exprésala y defiéndela,

–parece querer decir Mario Vargas Llosa en su última Piedra de Toque–

yo tuve la mía y la defendí contra la línea editorial del periódico.

No hay una sola verdad, pero sí existe la lógica y las matemáticas.

Y la memoria.

Poema 476: Grabando cantos de ranas

Grabando cantos de ranas

La mañana comenzó en Alcalá 31

aunque ya había desayunado unos churros

y me había acercado a los leones del congreso.

Tenía prisa por ver los cuadros de Monet,

pero me quedé en las ranas.

La repetición, el color y los cuadros dentro del cuadro,

una voz lejana en tierra de ríos vio saltar las ranas

y se apropió del lienzo.

Imaginé el vestíbulo de un gran banco antes de las pinturas,

ejecutivos trajeados en las escaleras laterales,

murmullos de compraventa, el gris de cada día,

tan alejados de la obra de arte.

Ahora, de forma hipnótica, mi vista se iba a las ranas,

al enorme formato en el que la perspectiva se pierde.

Solo para mí.

Podía deambular entre los batracios, alejarme o acercarme,

entender las formas rectangulares como televisores,

visualizar un grafo y sus conexiones.

El teléfono me hizo volver a la realidad del cielo madrileño

en la festividad de la Inmaculada Concepción.

Poema 475: Madrid recuperada

Madrid ciudad recuperada

Todo es aprovechado en aras del esparcimiento,

espacios, edificios, palacios,

el acabado perfecto.

Un poeta vende libros en el centro comercial,

gran lector, erudito, conversador,

un talento reubicado en un espacio semicultural.

Mucha gente escribe y persevera,

pocos trascienden, influyen, permanecen.

La fuerza poética reconvertida de una librería

atestada de libros magníficos,

una pequeña esquina frente al templo.

Pensé que entre la multitud solo hallaría hastío,

el agotador movimiento humano en el que nadie mira,

alienación turística, cansancio, falta de entusiasmo,

recorrer lugares y espacios como quien holla una playa virgen,

un transcurrir consumiendo, uno a uno, los acontecimientos.

Y sin embargo hallé diversidad y cultura,

manifiestos signos de humanidad individual y colectiva:

un anciano que acude a su panadería para ajustar un cinturón,

un banco reconvertido en sala de exposiciones,

un alegato fotográfico para salvar la Amazonia.

Dos visitas han colmado mis expectativas urbanas,

subjetividad, relato, memoria selectiva,

una ciudad múltiple y diversa llena de espejos humanos.

Poema 474: San Bourbaki

San Bourbaki

Último viernes de noviembre.

Hace ya tantos años que me cuesta contarlos,

juventud, fiesta, desmadre,

algunas ideas matemáticas de fondo,

ironía y la asunción de una cierta religiosidad

a imagen y semejanza de las ceremonias cristianas.

Nicolás fue un general de la guerra franco-prusiana,

un nombre cualquiera tras el que esconder

toda la recopilación matemática exhaustiva,

detalles y detalles, miles de páginas

en las que se exprime un colectivo secreto.

San Bourbaki es ahora un nombre de amistad,

la que nos une en torno a una mesa,

a unas canciones o unas rogativas que se actualizan

con cada nueva generación de matemáticos pucelanos.

El maestro de ceremonias, ataviado con una capa,

pronuncia, con voz impostada y potente cada rogativa;

deriva pro nobis– contesta la masa al unísono.

Los acólitos estudiantes actuales, ignoran el significado

profundo de muchos de los nombres mencionados:

Zaldo, la Pepa, el Pope, el teorema de Stokkes,

frases fuera de contexto y conceptos matemáticos complejos.

Y sin embargo los mantras se repiten año tras año,

tras las libaciones y las rogativas se quema al santo,

se entonan himnos y variantes infinitas de algunas canciones

y los locos matemáticos resucitan de nuevo.

Poema 473: Los días baldíos

Los días baldíos

Los días se suceden, enfriándose,

sin más novedad que un poema o un abrazo,

alejándome poco a poco de los bosques,

de las montañas y los ríos del fin de semana.

Cada día que paso sin leer al menos una hora

es un día baldío,

horas llenas del ajetreo laboral en la mañana,

caminar y observar atesorándolo todo, por la tarde.

Continúo fiel a mis referencias en el viaje:

una música que un oyente recomienda,

el bidón que los operarios encienden con el frío,

las aguas turbias y veloces del Duero,

unos chopos que se volvieron invisibles.

El hallazgo de un bolígrafo perdido,

el ¡eureka! del informático que encontró el error,

una ocurrencia que me hizo reír sin medida

en medio de una clase repleta de hormonas,

dibujan días de noviembre históricos,

momentos de convulsión violenta en Palestina,

una guerra pasada de moda en Ucrania,

la formación de un gobierno progresista en España.

Los periódicos gritan a varias columnas,

saltan de un asunto esencial a otro capital,

se rompe el país en medio de la prosperidad,

de la abundancia, del éxito del deporte colectivo.

Tengo más libros de los que puedo leer,

más películas y series de las que puedo visualizar,

más zapatos de los que puedo gastar,

menos tiempo del que puedo perder

vagando por las calles y los caminos sin rumbo.

Noviembre es un trampantojo virtual,

el mes efímero más hermoso del otoño,

los días y las horas de los graves estudios.

Poema 472: En lo alto del puerto

En lo alto del puerto

Cambian los paisajes con el agua

llueven hojas,

los colores son los que el sol nos muestra;

una campana

en medio de los piornos, en todo lo alto,

homenajea a quienes la pusieron,

montañeros, amantes

de una naturaleza ancestral,

inmunes al viento y la lluvia,

llenas las pieles de sudor y esfuerzo,

magros y resecos.

Tumbado sobre la piedra abierta

soy un punto en la montaña

que observa el valle infinito abierto al poniente,

frío seco e intenso,

las ideas detenidas en su bucle estéril,

solo ante una inmensa mole de granito.

Brilla levemente el embalse a lo lejos;

diríase un complejo fractal geométrico,

el diseño racional de una mente pragmática.

Ascienden, mapa en mano, dos jóvenes inexpertos,

imprudentes ante el ocaso de la luz,

cegados por el deseo y la aventura.

Caerá la noche sobre ellos

orgullosos de su energía y sus frontales,

si tienen suerte hallarán un camino romántico.

Desciendo de la piedra, altar, puesto de observación,

lugar mitificable y fotogénico,

salgo al encuentro de mi hijo que avanza

confiado en la senda que le lleva hasta mí.

Volvemos, austeros en los comentarios,

hacia la belleza del descenso en la hora dorada,

paisajes que discurren entre el mate del roble

y el ocre esplendor de los castaños.

Mañana recorreremos el valle por sendas antiguas,

números en medio de otros caminantes

que cuentan sus vicisitudes en voz proyectada.

Somos herederos de otras sagas nómadas,

agraciados con la luz de la montaña

protegidos del frío y de la oscuridad,

señores de la palabra que describe la belleza

capaces de crear un universo en una piedra.

Poema 471: Don Juan Tenorio

Don Juan Tenorio

Don Juan es un lugar común desde Mozart a Zorrilla,

música cantada y dicción rimada,

la banalidad del mal literaria,

una actividad cíclica en el día de las ánimas.

En esta ciudad aparece sin falta

cuando el otoño, de noviembre se disfraza,

viento fresco, desapacible lluvia,

otros años persistente bruma.

Zorrilla aquí reina a sus anchas:

teatro, paseo, plaza, estadio, estatua,

incluso una casa natal recreada.

El zoom cinematográfico enfoca la escena,

carnaval, la cabeza afeitada,

el jolgorio de una ciudad licenciosa

llenas las calles de espadas y campanas.

Don Juan ejerce su violencia exaltada,

un actor intenso de buen porte y fachada,

enfrenta, exaspera, apuesta y gana;

enamora y besa y a veces dispara.

Nada puede el honor, ni la amistad trabada,

nada la familia ni la sangre amada

ante la violencia y la maldad desatada.

Doña Inés carece de entidad y de armas,

protegida y engañada:

–¡Qué pava!–, dice mi vecina cercana.

No hay feminismo en Zorrilla, solo violencia arcana.

La obra ha sido levemente actualizada:

una guitarra, un coro de risa alborozada,

una voz, un filtro, una pantalla,

el intenso drama con piadosa compaña.

Me maravillo de la emoción suscitada

en la excelsa escena final ansiada:

Inés petrificada llena de fuerza y gracia

domina al averno con su palabra.

Poema 470: Restos de poemas

Restos de poemas

Ya no amanece durante el viaje,

la lluvia se ha instalado en lo cotidiano,

esa sensación de fugacidad permanece:

cada evento se anuncia y llega y se olvida

a imagen y semejanza del noticiario

elaborado según intereses económicos

que solemos pasar por alto.

Los balances de los bancos son escandalosos:

cincuenta millones diarios,

contrapuntados por vagabundos en los cajeros

mientras se discuten migajas en horarios laborales.

La mancha que cada uno deja, –Philip Roth dixit–,

es proporcional a su deshumanización:

cadáveres, guerras, xenofobia, ignorancia,

las plagas bíblicas actualizadas.

El aprendizaje es una luz, una lucha, una oposición,

cada cual lo comprende con intensidad diferente,

belleza, angustia, la agonía de los días, la edad,

esa felicidad que duró un verano inconsciente.

Se multiplican las protestas y han perdido el relato,

pero el pueblo elegido por su dios ataca,

se venga y la vergüenza política es tal

que hay que ocultarla con miles de muertos.

Llega el otoño con la lluvia, colorean los árboles,

viento, agua en los ríos, la comodidad del hogar

para los afortunados primermundistas.

Siempre hay dudas, resquicios e incomodidades,

esas que se silencian en nuestra imagen externa,

la lucha diaria por renovarnos, por soportarnos.

En la mirada está la clave del relato,

también en los silencios y los benditos recuerdos,

en el papel estelar o miserable que cada uno se otorga.

La psicología acabará por revelar los mejores hábitos.

Poema 469: Cosmología Cíclica Conforme (CCC)

Cosmología cíclica conforme (CCC)

El factor de conversión de la importancia propia

nos lleva a la insignificancia:

secuencia numerable de espacio-tiempos abiertos,

la multiplicidad del Cosmos.

Cada idea, cada mente, cada comunidad

son minúsculas bajo las ecuaciones de la relatividad;

un poema es un trozo de papel que se recicla,

una vida laboral es una deformación en el tiempo

que se desvanece paulatinamente.

Los ciclos cósmicos hinduistas carentes de ecuaciones

se acercaron a la complejidad de Penrose,

crearon el lenguaje y la ilusión del presente,

una forma de pensamiento no banal

capaz de relativizar la capacidad individual.

Las matemáticas muestran indicios cíclicos

en la observación de la radiación de fondo,

aún las pruebas son débiles indicios estadísticos,

el Big-Bang sería final y principio de universos enlazados.

El conocimiento de la superficie de la esfera

oculta un interior fisicomatemático de alto voltaje,

mucho más allá de la observación y la linealidad.

Solo una mirada poética o religiosa

habría adivinado ese eterno retorno de la materia,

el juego oscuro de energía y masa condensada.

Cada acto personal, es soslayable,

un juego romántico en medio de lo absoluto juanramoniano.

Observar y categorizar,

aplicar la lógica, las matemáticas y el caos,

ir siempre más allá,

nos hace elevarnos levemente desde el apego a la tierra,

nos endiosa cual minúscules seres efímeros,

vidas humildes, actos nimios y, sin embargo,

llenos de toda la belleza que podemos atesorar.