Poema 695: Volver a pedalear

Volver a pedalear

La bicicleta se me resiste al principio

frío

inseguridad de quitarte un guante en marcha

cara orejas ojos viento

llegas al sendero calzándolo

allí refugio belleza verde pinos

suma concentración

me detengo para hacer una foto a la sierpe

luz del ocaso entre las ramas.

¿Cuánto queda?

Sudor bajo la ropa

esfuerzo

llego al río torbellinos simas corriente

fulgor del caudal

instantáneas intensas una sonrisa fotogénica

se oculta el sol doloroso tras los chopos desnudos.

¡Cuánta belleza!

Vuelvo acelerando los carriles

me persigue el fuego voluptuoso del astro

ligero a favor del regreso

frío intenso se cierne la noche.

Alegría del transitar rústico y urbano

del cuerpo desperezado y vivo

del retorno del placer ciclista.

Poema 690: Geometría helada

Geometría helada

Geometría del hielo cencellada

cortado el paisaje talud carretera

ahí incide el frío extremo

parpadea en el salpicadero el signo negativo

plantas inútiles como tantas vidas

se embellecen en tensiones mínimas

-flota el hielo en el agua- dijo el hijo

la densidad siempre la densidad

el mar de placas solares triste en la niebla

Debussy el fauno mínimos destellos

mi padre como excusa para el vino

estrellas fractales invisibles sé que estáis ahí

curvas de Von Koch

pájaros ahuecados orondos pesan en el cable

ya catenaria eléctrica densa

se cuela en los huesos esa humedad subrepticia

otros fríos imaginarios de antaño

chuzos y sabañones dijo mi padre

el lavajo helado dejaba sin abrevar a las bestias

y todos los damnificados del invierno

ninguna geometría es como parece

ni como fue.

Poema 682: No hay piedad en el frío

No hay piedad en el frío

No hay piedad en el frío,

ni en el hambre,

las heladas clásicas pueden remover

algunas conciencias oxidadas

también el despilfarro de los días navideños

o la náusea de un consumismo insaciable

atenuador de mdernas ansiedades y angustias.

La prensa incide un día con intensidad

para dormir las noticias al día siguiente,

centrándose en costumbres y distorsiones,

en interesados asuntos políticos

y en los caminos tortuosos que llevan al poder.

El colorido de las lonas y tendales sobre las ruinas

disocia la compasión e insinúa una cierta felicidad

en el arracimamiento humano y el socorro mutuo,

la dicha de las personas que se buscan y encuentran

la cierta igualdad de quien apenas posee esperanza.

El modelo televisado se reproduce en la mínima célula

del populismo cruel,

de la diferencia hostil por nacimiento.

Yo expulsé, yo limpié, yo conservé la idiosincrasia,

dirán los héroes abrillantados y explotadores

con sus fundas de piel animal y sus pertrechos asiáticos;

nosotros somos los ungidos por la divina providencia

elegidos y sublimados, verdaderos espíritus humanos

dueños del solar patrio y guardianes de la bandera.

El frío extremo y la precariedad

nos conectan con los valles de la Historia.

Poema 604: Iceland

Iceland

Ventisca de nieve, dolor de frío en la piel,

conduzco un coche que aún no es mío,

automatismo de supervivencia: lo que hay que hacer.

La ciudad nevada duerme,

códigos numéricos facilitan la impersonalización,

luz blanca y calor interior.

Caballos islandeses inmunes al frío,

agreste es la palabra elegida.

Granjas reconvertidas en alojamientos turísticos

vertebran el territorio

y mantienen algunos animales domésticos.

Sagas, epopeyas, un jinete que atraviesa Gullfoss

para unir dos familias de pastores míticas:

se vieron desde ambas orillas de la catarata

y la falla natural nada pudo contra el deseo sexual.

Los pingüinos inexistentes

rivalizan en ocultación con las auroras boreales

entre cielos cubiertos y costas azotadas por el viento.

La ventisca de nieve es efímera y periódica,

también el viento que abre puertas y desata locura.

Los cazadores de reflejos magnéticos

recorrieron decenas de kilómetros en busca de estrellas;

les sonrió la suerte cósmica, verde, improbable y magnífica.

Fue a causa de la perseverancia y la tenacidad.

La aventura es opuesta a la tecnología,

libera sustancias mentales impagables

pese a los inconvenientes físicos.

Sueño con una nieve en polvo volandera

que se desprende de las ruedas de invierno

y aterriza aleatoriamente en el centro auditivo.

Los días de magnificencia natural terminan,

vuelve la rutina laboral y placentera

de máxima exigencia mental.

Poema 603: En medio del caos

En medio del caos

Dice mi hija:

–Un viaje así no lo organiza cualquiera–

Todo era más difícil antes de la era tecnológica,

también más simple e incierto.

Veo cientos de imágenes en las pantallas

verdes pastos, glaciares, arenas negras,

volcanes amenazantes, geiseres,

un atisbo verde difuminado de aurora boreal.

El contraste anunciado de intenso frío

y el calor humeante de las aguas termales.

Paisajes inhóspitos desiertos de humanos,

la luz escasa del invierno aún vigente,

y el vigor de una naturaleza nórdica

que hizo a los vikingos fuertes y agrestes.

Dicen las estadísticas que son gentes amables,

sin apenas población reclusa,

proclives a la igualdad de género,

un pueblo abierto y orgulloso de su naturaleza.

Veo mapas, alojamientos, distancias,

puedo sentir esa sensación térmica en el rostro,

el frío intenso y el viento que llega desde el mar

como una fuerza envolvente inevitable.

El caos está en la mente del viajero

que imagina todas las posibles adversidades,

también todas las maravillas visuales y estéticas.

Comienza la aventura de transitar por la vorágine.

Poema 590: Frío impostado

Frío impostado

La tercera o cuarta noticia del día es el frío,

frío castellano, seco, intenso, intrínseco,

aprovechado secularmente para curar embutidos,

para cocinar el puchero en la lumbre.

Las agencias de noticias priman la esperanza,

la noticia que nunca llega:

la tregua parcial de los bombardeos sionistas

en el avispero del mundo.

El frío hace abrir nuevos albergues a orillas del Nervión,

estira las vidas miserables de los sintecho,

una buena noticia entre decenas de rencillas políticas,

discursos miserables, papanatas de la demagogia.

El frío mediático es más intenso que el real,

propicia ropa térmica, capas y capas de textil

y un apalancarse en el sofá, bien calefactado.

La escarcha en los tejados

tiene el mismo color que la luna diurna,

la escasa intensidad de un saludo de ascensor.

Se congela la ropa tendida en el canal

ávida del sol de la mañana,

colocada ahí solo para el disfrute del corredor.

Dice el periódico que mueren las plagas y renacen los virus,

alojándose en sus huéspedes de forma aleatoria.

La cuesta de enero ha llegado como llega siempre.

Poema 508: Bajo la lluvia

Bajo la lluvia

Mi padre cumple ochenta y tres años.

Hemos corrido bajo la lluvia

precioso paisaje de primavera feraz

acercándonos a un cementerio en medio del campo.

Luz opaca, neblina y cortinas de agua fría.

La voracidad humana hace competir a los más fuertes,

esos semidioses que soportan los meteoros.

Tal vez esta tarde abrirán un libro de poemas al sol

o tomaran un café, locuaces,

mientras disfrutan de la euforia de la mañana.

Barro, sudor, lluvia,

¿cuántas veces más podremos correr así?

Tenemos el privilegio de la ropa seca,

de la ducha caliente al llegar al hogar.

Una cigüeña, punta de flecha, Archaeopterix,

ameriza en una charca enorme en un campo verde,

la colza da un toque exótico de color intenso,

todo es bello en buena compañía.

Poema 472: En lo alto del puerto

En lo alto del puerto

Cambian los paisajes con el agua

llueven hojas,

los colores son los que el sol nos muestra;

una campana

en medio de los piornos, en todo lo alto,

homenajea a quienes la pusieron,

montañeros, amantes

de una naturaleza ancestral,

inmunes al viento y la lluvia,

llenas las pieles de sudor y esfuerzo,

magros y resecos.

Tumbado sobre la piedra abierta

soy un punto en la montaña

que observa el valle infinito abierto al poniente,

frío seco e intenso,

las ideas detenidas en su bucle estéril,

solo ante una inmensa mole de granito.

Brilla levemente el embalse a lo lejos;

diríase un complejo fractal geométrico,

el diseño racional de una mente pragmática.

Ascienden, mapa en mano, dos jóvenes inexpertos,

imprudentes ante el ocaso de la luz,

cegados por el deseo y la aventura.

Caerá la noche sobre ellos

orgullosos de su energía y sus frontales,

si tienen suerte hallarán un camino romántico.

Desciendo de la piedra, altar, puesto de observación,

lugar mitificable y fotogénico,

salgo al encuentro de mi hijo que avanza

confiado en la senda que le lleva hasta mí.

Volvemos, austeros en los comentarios,

hacia la belleza del descenso en la hora dorada,

paisajes que discurren entre el mate del roble

y el ocre esplendor de los castaños.

Mañana recorreremos el valle por sendas antiguas,

números en medio de otros caminantes

que cuentan sus vicisitudes en voz proyectada.

Somos herederos de otras sagas nómadas,

agraciados con la luz de la montaña

protegidos del frío y de la oscuridad,

señores de la palabra que describe la belleza

capaces de crear un universo en una piedra.

Poema 424: Crepúsculo

Crepúsculo

Es la hora mágica de asomarse a la ventana

y decir: el mundo es pura luz

la hermosura del crepúsculo, el dolor

anaranjado o rosáceo del frío,

el día que se resiste a dejar paso a la penumbra

en la que aflora el poder oculto,

todos los trapicheos vergonzosos,

la fealdad que no se puede mostrar en el día.

Las siluetas y los dibujos del cielo

para quien pueda asomarse, son como un mar,

un momento evanescente de lucidez,

un oasis en la monotonía del azul anticiclónico,

la mente en blanco y el frío dentro de los huesos.

Algún antepasado prehistórico debió de adorar

esa luz menguante, ese aturdimiento bello

el silencio con el que cae a plomo la cortina helada,

momento de refugio y fuego, de tareas interiores,

de narrar historias o invocar a los espíritus.

La soledad traspasa el alma y la encumbra,

petrifica al observador entre fusco y lusco,

le llena los pulmones de anhelos

muestra el final de un ciclo y le urge a irse

a postergar esa contemplación tan igual y distinta,

la prisa, la urgencia por vivir otras luces, otros dolores.

Ninguna puesta de sol es idéntica a otra,

una nube, un color, cualquier perturbación,

incluso el estado de ánimo y la predisposición:

el ánimo se ablanda o endurece

surgen palabras o recuerdos o personas,

y el olvido se fusiona en negro con el obturador

antes de que se prolongue el oeste en minutos

inconmensurables, de medición variable y ninguna.

Nadie aguanta la contemplación virginal,

ni el aullido de un perro en lontananza,

ni el rumor de las sombras que acechan;

el cuerpo pide su retirada a la caverna caliente

cómoda, llena de sonidos familiares,

de una protección construida y meditada.

Ya no hay fotografía posible, solo el camino oscuro

la presencia y el ánimo para soportar la soledad

y los pasos en tinieblas, cegado por el fulgor

de la escena más hermosa y hierática del día.

Poema 406: El tiempo de la noche

El tiempo de la noche

La noche se extiende por las horas de la tarde

no es el frío, ni la lluvia:

en el pueblo nadie ocupa las calles desiertas.

Cinco caminantes con un libro bajo el brazo,

palabras, emociones condensadas,

pequeño teatro personal e íntimo:

algunas conexiones suficientes

para sostener vidas y sonrisas.

Desde mi butaca, una vez superado el sueño,

observo dos altillos decrépitos,

ventanucos mágicos en desuso.

Una vez más quiero asomarme a ellos,

repararlos, tomar posesión una vida entera,

calcular los difíciles ángulos diédricos con el tejado,

como aquella vez en la que construí una maqueta.

Allí hubo una vida que el tiempo de la noche ocultó,

rostros que escudriñaban el peligro,

quizás fusiles de otra época.

El tiempo de la noche invita al recogimiento,

al calor de unas sopas de ajo,

a las luces cálidas, anaranjadas de baja intensidad,

a sumergirse en voces susurrantes y acogedoras.

La poesía es un deseo al alcance de la mano,

nadie ha previsto el frío:

surge como un recuerdo cíclico

la promesa del lecho hasta el amanecer.