Poema 406: El tiempo de la noche

El tiempo de la noche

La noche se extiende por las horas de la tarde

no es el frío, ni la lluvia:

en el pueblo nadie ocupa las calles desiertas.

Cinco caminantes con un libro bajo el brazo,

palabras, emociones condensadas,

pequeño teatro personal e íntimo:

algunas conexiones suficientes

para sostener vidas y sonrisas.

Desde mi butaca, una vez superado el sueño,

observo dos altillos decrépitos,

ventanucos mágicos en desuso.

Una vez más quiero asomarme a ellos,

repararlos, tomar posesión una vida entera,

calcular los difíciles ángulos diédricos con el tejado,

como aquella vez en la que construí una maqueta.

Allí hubo una vida que el tiempo de la noche ocultó,

rostros que escudriñaban el peligro,

quizás fusiles de otra época.

El tiempo de la noche invita al recogimiento,

al calor de unas sopas de ajo,

a las luces cálidas, anaranjadas de baja intensidad,

a sumergirse en voces susurrantes y acogedoras.

La poesía es un deseo al alcance de la mano,

nadie ha previsto el frío:

surge como un recuerdo cíclico

la promesa del lecho hasta el amanecer.

Poema 357: El árbol al lado de la iglesia

El árbol al lado de la iglesia

El árbol al lado de la iglesia tiene más años

que la persona más longeva del pueblo:

mi bisabuelo dijo que cuando él nació ya existía.

Hay más árboles así en el camino a la ermita;

quizás alguna bala o cuchillo se alojó en su tronco

en días remotos que ya nadie recuerda.

Las injusticias se han silenciado y olvidado,

también el frío, el hambre y el miedo.

Alguien que camina muere de frío

y ese hecho ahora parece ciencia ficción

mas existió y lo narran sus descendientes.

En la casa del ermitaño habitaba una mujer;

se obvian todas las circunstancias

como en los telediarios de cada día.

Sobre los lugares que habitas hubo sangre derramada,

espíritus silentes o juguetones,

un soplo de viento desordena las ramas

o acompaña el vuelo gregario de una bandada de palomas.

Consulto un almanaque de mil novecientos quince,

está impoluto, sin anotaciones,

el santoral expandido al lado derecho.

Navidad cayó en sábado como este año.

Casi todos los asuntos se diluyen en el tiempo,

mueren sin ser narrados o fijados

son los árboles testigos mudos de la ignominia

y también del heroísmo anónimo.

La tarea del escritor es rellenar los huecos

adivinar las pulsiones terribles de la mente humana.

Poema 351: Sospecha

Sospecha

Una mujer hermosa en el mirador del río

cabecea negando algo en su interior

aunque bien pudiera estar hablando por teléfono.

Duda, mira la corriente. No me ve,

atento y sospechando de sus intenciones.

Hace mucho frío en la ciudad y la escarcha

cubre el césped que rodea este magnífico entorno.

El hombre en el que apenas había reparado

ya no está.

Los patos nadan ajenos a los humanos,

dejan tras de sí otra estela de agua.

El ruido de los coches amortigua cualquier sonido.

Poema 302: Funeral

Funeral

La muerte me conectó de nuevo con mi infancia,

con mi adolescencia,

con mis raíces.

El cielo parecía transmitir el desgarro y el frío

que la pérdida dejaba en los presentes.

Nubes deformes, colores de una agonía solar

sobre campos recién sembrados frente al cementerio.

El viaje a mis orígenes me regaló un disco:

Carestini el castrati,

la voz de Jaroussky, pura técnica vocal y bondad.

Mientras conducía por serpenteantes carreteras

evocaba otros viajes en soledad hacia la muerte,

la belleza del contraste con la tristeza,

los meses húmedos de campos baldíos y desiertos.

Fui consciente del regalo que deja en los vivos un funeral:

aprehender cada hierba, cada color, cada sonido,

la consciencia de lo efímero que será todo eso;

y al mismo tiempo, un homenaje al difunto,

el recuerdo amplificado y la desolación y el vórtice

que deja en sus seres más queridos.

La sustancia del funeral es la compañía,

fuerza de unción de voluntades, presencias silentes

capaces de unirse en atmósfera protectora.

Después esa energía se canalizará como consuelo.

Poema 301: Ola de frío

Ola de frío

El Papá Noel hinchable de la puerta del chino

se inclina con el viento del norte

llegan aires de nieve, la primera borrasca del invierno,

una pátina gélida que cubre las calles desiertas

por la pandemia y el toque de queda.

Centros comerciales cerrados, bares cerrados,

los mismos imbéciles desafiando las normas;

los más listos, los que tienen derecho a todo

a cambio de nada

llevan la mascarilla a modo de disfraz.

Llevo una vida modélica en las redes sociales,

blanca, atractiva, bella,

basada en dotar de continuidad a instantes hermosos,

a no pensar demasiado ni ser extremista:

hoy he fotografiado el ocaso, ayer el frío matinal.

Puedo sostener ideas e intuiciones,

transmitir una opinión creada por fuentes matemáticas,

entender que el frío en estas fechas y latitudes

siempre existió

pero ahora sorprende por su salto en el registro térmico.

Me equivoco y apuesto y me sigo equivocando,

soberbio, tiendo a pensar que son errores corregibles

en el largo plazo,

fallas de un sistema de pensamiento elevado pero no perfecto,

la razón de la sinrazón de una vida gélida de estudio.

El Papá Noel hinchable del chino, al que desprecio,

me da una lección de humildad:

soporta el frío, la pandemia, a los imbéciles que beben Monster

mucho mejor que yo,

renegado por la correlación entre costumbre y contagio.

Poema 238: La invasión

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Entra frío a borbotones, como si una mancha

de alquitrán invadiera la estancia,

entran también los colores,

la húmeda atmósfera exterior

el ruido obsceno y discontinuo de los coches,

la belleza de las nubes-brujas que cabalgan veloces.

 

Entra un espacio en blanco en mi mente,

se rellena de recuerdos:

niños coloridos pisando y esparciendo

hojas secas en un parque,

una mirada al bies de ojos sonrientes,

la fotografía que tomé hace unos meses.

 

Ha llegado de repente la magia de noviembre,

el frío que sostiene las calefacciones,

las masas de hojas que no fui capaz de calcular,

un chapoteo infantil en cada charco,

el brillo del sol oblicuo en las ventanas rojas.

 

Me quedo solo un momento suspendido en el tiempo:

voraz leo un poema extenso,

escribo unas líneas sin ton ni son,

aprovecho para ver el último capítulo de la serie televisiva

que comencé a ver sin respiro dos días atrás.

 

Todo es color, extensión, viento, un haz de luz deconstruido,

la esperanza del azul en un intersticio cenital,

una suma de imágenes hermosas,

la embriaguez que aparece tras el dolor capital,

el dulce reposo extinguida toda ambición estética.

 

En un instante la luz ha cambiado,

he fotografiado el poniente por una hendidura en la nube,

se ha detenido el tráfico en una ráfaga de semáforo,

he creído escuchar el cántico espiritual de San Juan de la Cruz,

quizás ha aullado un perro en la Ronda de la Noche.

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Poema 149: Vacaciones

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Las bandadas de palomas recorren el sembrado,

se alborotan al mínimo movimiento,

simulan una coreografía estudiada,

un ritmo imprevisible y estético.

 

Desaseado y familiar, vivo entre fantasmas,

amortizado mi tiempo, tan inseguro

como cuando era adolescente,

ha pasado un periodo que ya no reconozco.

 

Camino con fuerza lleno de contradicciones:

disfruto del ejercicio físico

pero quiero llegar ya, detenerme,

cuál parábola vital de deseos contrapuestos.

 

Los niños son un espectáculo hermoso y agotador,

energía en movimiento, luz y ruido

aletean incansables en cualquier entorno,

son alegría y cansancio y sostén.

 

Liquen de un amarillo intenso, yemas

a pesar del frío agudo, naturaleza y espectáculo

en las nubes y en los incipientes sembrados,

o en la niebla y los espectros del pasado.IMG_7839

Poema 140: Parque de sombras

Parque de sombras IMG_7389

Parque de sombras, frío

luz tenue anaranjada,

el viento azota las hojas;

ella cruza veloz con paso firme,

observas encogido en tu pelliza

la belleza de la escena nocturna.

 

Soledad, contraste

con el verano aún presente,

bancos llenos de gente y murmullos,

oración humana,

seguridad colectiva y liviandad.

 

Escena cinematográfica, pandillera,

la necedad importada de América,

una cámara enfoca la brasa de un cigarrillo,

música que estremece y predispone,

vaho, humo exhalado, qué importa.

 

Dice el guion que el líder decide,

pueden salir zombis

o un guerrero experto en artes marciales;

aquí nada sucede,

su caminar humaniza el parque,

integra las sombras y destierra el miedo.

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Poema 108: Dicha poética

    Dicha poéticaimg_20170301_172850

Las flores de un almendro,

el viento frío de la mañana en el rostro

el sentimiento de poder acceder

a la belleza profunda de las cosas,

poder escribirlas, aprehenderlas,

provoca una sonrisa en mi rostro invernal.


Calambur, palabras que se ocultan,

dicha poética,

un comprender bajo las sábanas de un verso,

un sentir una caricia aún no dispensada,

una medicina preventiva,

un asumir riesgos en una avalancha

de besos todos ellos definitivos.


La lectura desgarradora o banal

la sorpresa explosiva de un giro

o una luz recóndita, escondida

en el centro mismo del poema,

elevan las expectativas vitales

eximen, sanan o exoneran al espíritu.

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Poema 104: El sol tiene frío

El sol tiene frío

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El sol tiene frío,

y algunos corazones.


El mar truena, blanca espuma,

ácaros en la arena,

imperceptibles, silentes…


Ansías permanecer aquí sentado

al sol matinal del año nuevo,

huir hacia el hedonismo

del poema que estás leyendo.


Todo te retiene, apenas el aire

llega a su destino,

hora, minutos, voces,

tu propia inquietud.


Estás en el mundo, conectado

a redes sociales,

eres una sucesión de fotos

divergente, playa solitaria.


Tanta luz solo para ti.


Se acaba el tiempo propio,

regresa o permanece

en tu soledad angustiosa.


Algo parecido a la felicidad.

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