Poema 644: Las olas compartidas

Las olas compartidas

Las playas asturianas tienen nombres míticos,

Playa del Silencio, La Caladoria, La Concha de Artedo,

igualan al arrojado y al tímido,

los convierten en guiñapos arrastrados por el mar.

En medio del fragor sonoro del oleaje

aparece un rostro reconocible y amigo,

la confianza de poder atacar juntos los terribles embates,

el disfrute tras cada revolcón marino.

En esos instantes en el agua no existe antes ni después,

el olor de la sal y el yodo, la alerta continua,

la posición del resto de bañistas o de algún surfero

centran toda tu atención.

Nadar y tenderse boca arriba tras atravesar la ola,

sonreír al grupo que te rodea,

verdeazul-sonoro-táctil-salado,

ya nada importa salvo la cumbre momentánea

y enseguida, saber que ese instante es irrepetible.

Compartir las olas activa sentimientos de pertenencia

establece pequeños vínculos anímicos

seguramente etéreos o sumativos en el largo plazo impredecible.

Los días míticos se suceden cual motas puntillistas,

comunican las crestas de las olas compartidas

con otros momentos estelares veraniegos pasados

creando un subconjunto de amistad de alto valor emocional.

Poema 643: Acantilados de la costa Astur

Acantilados de la costa Astur

Sopla un nordeste descomunal

sobre la inmensa pradera de la Regalina,

verde por doquier, risas y ocurrencias amicales,

ansia viva de la alegría de espíritus afines y festivos.

El clima y el paisaje configuran el ánimo ciclista:

incluso tras la avería mecánica todo es alborozo,

fotografías desde distintos ángulos, poses,

juegos de palabras y repeticiones jugosas.

La belleza serena excede la belleza real

pero no la esconde ni minimiza,

tampoco exorciza el resto de pensamientos,

ni las cargas habituales de la vida cotidiana.

El esfuerzo del pedaleo en subidas constantes

se compensa con iguales bajadas,

con olores a heno recién segado o a eucaliptos invasores.

Los cortados sobre la costa empequeñecen al individuo,

lo transportan a mundos ignotos en los que sobrevivir

es el único espectáculo permitido,

nos protege la colectividad sumativa de ideas y destrezas,

el pequeño trance de la pertenencia organizada

a grupos cohesionados con diversas estrategias.

La belleza obnubila y concentra el pensamiento

en píldoras poéticas, como el chupito de cielo

observable en la noche estrellada cenital

a través del tragaluz descubierto del coche impronunciable.

El camino continúa con nuevas aventuras.

Poema 638: Contactos

Contactos

La vida pasa a la velocidad de la amistad,

de los contactos presentes o pasados:

los indicadores de la levedad son invisibles

salvo para el ojo reflexivo de la consciencia.

¿En qué momento se bifurcaron los caminos?

¿Cuánta intimidad depositaste en otra alma?

El cerebro rellena los huecos vitales cortilargos,

traza líneas rectas en los olvidos,

cataloga las ausencias como insignificantes

o dota de gravidez y envergadura

aquella unión mística coincidente en la risa,

en la profundidad introspectiva del diálogo,

mitificando todos los aspectos incógnitos

en busca de un equilibrio imposible en la presencia.

El ritmo de tu vida deja atrás en las aceras

a viandantes tan queridos o admirados o locos como tú

que quisieron demorarse en otras artes,

o cuyas elecciones bifurcaron la comunión de un instante.

Hay presencias impuestas que acceden a un núcleo

de forma temporal o perpetua,

eventualidades, circunstancias, suma de intereses

pero también alianzas óptimas o espurias.

El observador cenital, divinidad o privilegio,

observará una coreografía infiel y evolutiva,

saltos cuánticos, apegos feroces y desengaños,

un lapso veloz de puntos bidimensionales

cuyos dibujos sobre el tapiz terrestre

definen la variedad multiforme de la vida.

Poema 626: Amistades físicas

Amistades físicas

Corríamos por el Pinar de Antequera

afianzando la edad desde hacía lustros,

también una amistad del corredor

intercambiando estados físicos y anímicos.

No paran de hablar esas mujeres caminantes–,

dijo el más alto de nosotros;

Van sembrando palabras por el pinar–,

le respondí en un arranque lírico.

Qué metáfora más bonita–, me espetó.

Algún día crecerán– le dije, –y no será tan hermoso–.

En estas, llegó otro poeta en bicicleta

y se detuvo, conversador y amistoso.

Las damas emprendieron el camino de vuelta

comentando asuntos procesales.

A diferencia de nosotros, la más alta iba en cabeza.

Terminamos el ritual dominguero

recolectando unos espárragos trigueros,

hablando de probabilidades y apuestas

y de los arqueólogos poetas o vigilantes jurados.

La liturgia amistosa por hoy había terminado.

Poema 619: La panera de la tía Fernanda

La panera de la tía Fernanda

Los rostros han sufrido trabajos y desgracias,

nadie está indemne, pero hacen bromas,

algunos cuentan chascarrillos novedosos

mientras en el horno de Pereruela hierve el pote.

Nos conocemos desde la infancia,

esa que rememoran unos y otros entre ruinas,

cárcavas, tirachinas, juegos de toda índole,

casas abiertas, familias, genealogía,

ubicación precisa en el espacio-tiempo.

Existe un espacio común y un personaje aglutinante,

trabajo, planificación-improvisación y recursos,

mucha cooperación y la voluntad continuada

de permanecer ajenos al tiempo.

El lugar, antigua panera de la tía Fernanda,

es un habitáculo singular y mágico,

conservado y mejorado,

lleno de recuerdos y novedades.

El éxito es el acudir presuroso desde los extremos,

la cordial acogida de quien aparece con discontinuidad,

la risa franca, generosa, hospitalaria y descomunal.

Los lazos que unen a unos y a otros son enrevesados,

diversos, a veces difusos, pero siempre vitalicios y definitivos:

parentesco, amistad, deporte, afinidad electiva,

la integración amalgamada de comer juntos

cada cual con sus costumbres ancestrales y caprichosas.

El oasis permanece en la memoria esencial colectiva

bajo la apariencia de la despoblación y la ruina,

el empeño de los puntos cumbre de felicidad activa.

Poema 583: Perfect Days

Perfect Days

Aurora, crepúsculo, cúpula, luna llena

accidentes geográficos diversos,

conjuros en la sucesión imparable

de ritmos olvidados, memorables.

Un poema sobre calles desiertas,

avanza diciembre, luces, comercio, regalos,

el puente que se abre para los caminantes,

peregrinos, visitantes con ojos nuevos.

Lago, laguna, fochas comunes al sol

de un invierno ancestral congelado,

caminar anónimo por sendas artificiales,

máscaras y baile, pertenencia,

cervezas en lugares de una cierta nostalgia.

Cuerpos que se funden estrechamente,

raiders obcecados en la noche

cruzan la ciudad fantasmal, onírica y sepia.

Un sueño reparador, un poeta minimalista,

expectativas de elección múltiple,

árboles helados, esculturas en madera muerta,

la isla inaccesible.

Suena Lou Reed susurrante y antológico,

nada es perfecto mientras dura.

Poema 528: Fin de curso

Fin de Curso

Tras la vorágine de las evaluaciones

aparece de repente un día con un cambio de ritmo,

horarios y rostros conocidos se alejan en la bruma

del dolce far niente.

Las voces de cada día se apagan,

algunas, no volverás a escucharlas;

también se apagan los paisajes llenos de pinos,

el barullo juvenil regulado por la música,

la afabilidad de algunos compañeros.

Las despedidas son heterogéneas:

a la francesa, con suma discreción,

emocionadas e intensas, no exentas de lágrimas,

fugaces o eternas.

Mucho trabajo conjunto, horas, problemas,

esa pequeña amistad del día a día

desaparecen en una neblina tragicómica

tras la que emerge el vacío vacacional

que no tarda en llenarse de aventuras.

Cada curso mide el paso del tiempo,

un descuento de experiencias, de fraternidades,

una cúspide de agotamiento,

el merecido descanso también cíclico e intenso.

En el río de la vida, nada volverá a ser idéntico,

quizás nada cambiará en la asunción personal

de nuevas ideas, personas, momentos,

y sin embargo ese instante último

 perseverará en el recuerdo,

en los episodios únicos de cada vida.

Poema 526: Bruce

Bruce

Varias horas antes del concierto

en los alrededores del Metropolitano

el ambiente era de fiesta en los bares:

cervezas y camisetas de la gira de Bruce

coexistían con animadas conversaciones

y la euforia expectante de los auténticos fans.

Un azar de ínfima probabilidad

nos hizo coincidir en la pista con viejos rockeros,

antiguos amigos, rostros conocidos,

un ápice más de la felicidad colectiva inminente.

El espectáculo de luz, pantallas y sonido

ha evolucionado mucho desde el dieciséis:

menos volumen distorsionado, más nitidez,

la comprensión de que al éxtasis colectivo

se llega por la sencillez de conceptos y música,

con un ídolo inmaculado, ya mito, ya humano.

Deambulé perdido entre la masa en movimiento,

observé el trance surgido del baile y de la música,

el creciente ritmo estudiado de los himnos,

la incorporación lenta de individuos a la comunión.

No accedí a la elevación mística,

quizás por falta de ritmo, o por ignorancia suma

de letras, sonidos, leyendas del sumo sacerdote;

sí percibí la dicha integral en la atmósfera,

la belleza de la luz, del templo, del baile,

el cúmulo de ritos de la modernidad compartida.

Poema 525: En el fútbol

En el fútbol

El futbito es un ejercicio de amistad,

de fraternidad, de un compañerismo sin daño,

la rutina de un martes al que llegas agotado

y te embadurnas de una crema muscular

cuyo olor te retrotrae a otros vestuarios de juventud.

Casi siempre se repiten las secuencias:

optimismo colectivo en los saludos,

calentamiento impaciente y poco útil,

deambular por el campo más andando que corriendo,

celebrar cada pase elegante o cada gol

con el ánimo de aquellos que militan en tu equipo.

Envejecemos y la fauna de jugadores es cambiante,

y sin embargo soñamos con una continuidad inexistente.

El dolor al enfriarse los músculos es mítico,

como lo es la ducha posterior o los comentarios

ante unas cañas y unas tapas que a veces se prolongan.

Recuerdo aún la vuelta tras el confinamiento,

la sensación de ver solo a hombres en esta actividad,

un arcaísmo en medio de una arquitectura social

tendente a la igualdad y la integración de los sexos.

El hito semanal que supone darle al balón,

conseguir una buena jugada

en medio de la oposición de tus congéneres,

es una pequeña alegría que sirve de estímulo alimenticio.

Cada martes pienso que no habrá más fútbol

y disfruto como el condenado de su última voluntad,

con el escepticismo de toda una vida jugando.

Poema 457: Rayo fulminante

Rayo fulminante

                        Para Miguel Ángel

que siempre ayudaba a todo el mundo.

Llegó, –tensa espera–, fulminante,

cuando el ascenso parecía esperanza

creando un desorden temprano,

un vórtice en todo cuanto ocupaba.

Suma de excesivos recuerdos, cariño,

fórmulas de cortesía y palabras profundas

que atañen al lado pragmático de la vida.

Casa faro y luz en la esquina emblemática,

guía y consejero, gran hacedor, solucionador,

infatigable vecino, pariente y amigo.

Temperamento y voces extemporáneas,

nervio puro, eslabón y memoria,

defensa del menos común de los sentidos.

Indefensos y embriagados por su ausencia

velamos humildemente familia y obra,

un tiempo difícil y repleto de boquetes.

El rayo fulminante cayó inesperado,

convirtió en luto la celebración,

interrumpió la senda, ya apacible,

de contemplar los frutos de su amor.