Poema 755: Hipnotizado por el cielo

Hipnotizado por el cielo

Las expectativas de la tarde eran anodinas:

una exposición de labores artesanas

con miles de horas de dedicación amante,

juegos juveniles de competición ansiosa,

y quizás un paseo al atardecer

hollando los caminos ancestrales del pueblo.

Revoloteaban las bicicletas como abejas

inquietas, concéntricas y dispares

provocando la envidia del pedaleo en el ocaso.

Integrado en el grupo ciclista anónimo

fui reconociendo y saludando a amigos,

hijos ciclistas llenos de ilusión infantil,

siguiendo el itinerario de los organizadores.

El sol decreciente escondido tras un ovni nuboso

comenzó a romper la densidad vaporosa

en un naranja apasionado y apocalíptico.

Ya no eran rayos heliocéntricos,

sino manos meteoríticas que trataban de agarrarlo,

una garra hipersónica viajera desde el espacio profundo,

un desastre sideral solo visible por los ciclistas.

Hipnotizado, abandoné el grupo heterogéneo

para imaginar las dimensiones de la ceguera cósmica,

como si Saramago hubiera tomado cartas en el asunto.

Poema 643: Acantilados de la costa Astur

Acantilados de la costa Astur

Sopla un nordeste descomunal

sobre la inmensa pradera de la Regalina,

verde por doquier, risas y ocurrencias amicales,

ansia viva de la alegría de espíritus afines y festivos.

El clima y el paisaje configuran el ánimo ciclista:

incluso tras la avería mecánica todo es alborozo,

fotografías desde distintos ángulos, poses,

juegos de palabras y repeticiones jugosas.

La belleza serena excede la belleza real

pero no la esconde ni minimiza,

tampoco exorciza el resto de pensamientos,

ni las cargas habituales de la vida cotidiana.

El esfuerzo del pedaleo en subidas constantes

se compensa con iguales bajadas,

con olores a heno recién segado o a eucaliptos invasores.

Los cortados sobre la costa empequeñecen al individuo,

lo transportan a mundos ignotos en los que sobrevivir

es el único espectáculo permitido,

nos protege la colectividad sumativa de ideas y destrezas,

el pequeño trance de la pertenencia organizada

a grupos cohesionados con diversas estrategias.

La belleza obnubila y concentra el pensamiento

en píldoras poéticas, como el chupito de cielo

observable en la noche estrellada cenital

a través del tragaluz descubierto del coche impronunciable.

El camino continúa con nuevas aventuras.

Poema 496: Ruta inaugural

Ruta inaugural

Refulge el amanecer a mi espalda

camino del occidente:

jirones de niebla siguen la senda del Pisuerga

en una mañana de gran hermosura.

Las bicicletas están esperando junto al templo;

pugna el sol con la bruma en los primeros kilómetros,

hay corriente en el cauce fluvial del Trabancos,

gran arenera desde hace medio siglo al menos.

Maravillados por el agua cantarina en su correr

asistimos atónitos al vuelco del ciclista guía

en el trance de atravesar el curso fluvial:

emerge cual Neptuno dominador de las aguas.

El barro y el sol nos acompañarán ya

hasta completar la ruta circular tan preparada,

habrá un buey que se cruce en el camino,

y un pastor de ovejas churras que precede a su jumento.

Las risas y la confraternidad se prolongan

hasta bien entrada la tarde:

comida opípara y paseo ermitaño,

conversaciones amenas en la hora del ocaso.