Poema 627: Dirección Orquestal

Dirección orquestal

La expectativa nórdica no era excesiva

y sin embargo todo se fue animando:

la soleada tarde de primavera en bici,

mi ubicación en el auditorio,

el adelantamiento a la esforzada violinista

que ascendía con su bicicleta plegable.

La directora dirigía con todo el cuerpo,

armoniosa, baile suave de las manos,

elegancia y gestos de profunda concentración:

en su cara anticipaba el desgarro, el dolor,

o la alegría desbordante del oboe solista.

Hubo un pianista virtuoso de gran fama,

una compositora rescatada del olvido

que me transportó al amanecer en el lago,

preludio ambos de la gran sinfonía danesa.

Los violines avivaban la orquesta o la sosegaban,

la directora se movía como una espiga ondeante

o como toda la colina cerealista a un tiempo.

Los fagots acompañaban siempre a la trompa

que contestaba a la desmesura de las cuerdas;

la madera amortiguaba el metal.

–Muy difícil, muy difícil, partitura llena de acotaciones–,

me había dicho días antes un primer violín.

La directora dominaba y modulaba,

moldeaba a la centena de artistas cual escultora,

les insuflaba vida y continuidad.

El final apasionante no daba tregua al espectador

embelesado y atrapado por el virtuosismo ejecutivo:

un éxito agotador, un goce, una fascinación de los sentidos.

Poema 626: Amistades físicas

Amistades físicas

Corríamos por el Pinar de Antequera

afianzando la edad desde hacía lustros,

también una amistad del corredor

intercambiando estados físicos y anímicos.

No paran de hablar esas mujeres caminantes–,

dijo el más alto de nosotros;

Van sembrando palabras por el pinar–,

le respondí en un arranque lírico.

Qué metáfora más bonita–, me espetó.

Algún día crecerán– le dije, –y no será tan hermoso–.

En estas, llegó otro poeta en bicicleta

y se detuvo, conversador y amistoso.

Las damas emprendieron el camino de vuelta

comentando asuntos procesales.

A diferencia de nosotros, la más alta iba en cabeza.

Terminamos el ritual dominguero

recolectando unos espárragos trigueros,

hablando de probabilidades y apuestas

y de los arqueólogos poetas o vigilantes jurados.

La liturgia amistosa por hoy había terminado.

Poema 625: La belleza de los caminos en primavera

La belleza de los caminos en primavera

Conozco la belleza de los caminos en primavera,

el olor inalcanzable de algunas plantas al despertar,

el colorido en las cunetas donde no llega el herbicida.

Desearía pasar por allí una y otra vez, eternamente.

El ciclista atesora todo eso entre el sudor y el esfuerzo,

siente una vitalidad desbordante,

piensa en su privilegio viajero de esfuerzo improductivo,

en urbanitas que nunca podrán disfrutar de esas ondulaciones

de los valles cerealísticos acompasados por el viento.

El pedalear sin rumbo otorga una falsa sensación de libertad,

una capacidad espejística de elección,

una añoranza de un pasado lejano anti tecnológico.

Al llegar al valle en el que transcurre un riachuelo

por el que serpentea una senda casi invisible

me detengo a escuchar el sonido de los grillos omnipresentes,

aquí no hay guerra, ni injusticia, ni vocingleros del mal,

ni la competitividad humana a veces tan sutil.

Pienso que estar aquí una vez más,

sería un motivo categórico de querer seguir viviendo;

después, consciente de mi egoísmo, pienso en personas

en el hueco relacional que ocupo,

quiero mostrarles la belleza de un día anónimo y soleado

en mitad de ninguna parte.

Aquí, escuchando el zumbido de los insectos polinizadores,

dejo la mente en blanco y me integro con la tierra

en la que un día desapareceré sin apenas dejar rastro.

Poema 624: Murmullos

Murmullos

Sorteo la lluvia en vuelo rodante

sobre calles abandonadas,

apoyo eléctrico inestable e inevitable.

La cita abre un hueco en el espacio-tiempo,

murmullos,

conversación de inteligencia simulada,

conceptos y redes neuronales,

pesos y aleatoriedad

en medio de íntimas anécdotas.

Concatenación azarosa e improductiva

de pensamientos tecnológicos,

la lluvia tan predecible

o el problema resuelto al eliminar los sesgos.

El murciélago con el viento de cara

pedalea evitando las grandes avenidas,

se retrae en su guarida

reposo de ideas, de lecturas antiguas

busca voces divergentes

sestea y tira del hilo finísimo de una provocación.

Los murmullos sobre el intelecto

se han acoplado en una onda formidable:

velocidad de pensamiento, sustancias,

la consciencia del relleno orientado del raciocinio.

Los ojos tan brillantes tenían prisa

habían apurado la intensidad de la tarde

dejando tras de sí un deseo de continuidad

de más palabras, de nuevas ideas armonizadas.

Poema 623: Escribir sin ton ni son

Escribir sin ton ni son

Escribir sin ton ni son, palabras,

simples palabras encadenadas o sueltas

con o sin preposiciones, usura

un precio de tiempo y de ciertas malas posturas

vértigos.

Existe la belleza exterior y el traveling

nominar todo aquello que emociona o excita

o lo que aprisiona y desgasta,

cualquier flujo de conciencia en cualquier momento,

pulir,

dotar de estructura un pensamiento deslavazado.

La suma concentración del instante

será beneficiosa para mis sinapsis y salud mental,

aunque olvide deprisa el propósito y dude

–horas o minutos después–

cuál era el leiv motiv de aquello que escribí.

Leer es más cómodo, pero menos gratificante,

involucra probablemente más áreas cerebrales

desencadena procesos más vastos y etéreos.

El tiempo solitario es un tesoro que asumo con egoísmo

tecla a tecla, maravilla de la técnica

de la práctica escritora de mis dedos.

Antes he hecho una ruta en bici,

he tomado fotografías de extraños encuadres

de las que a veces emerge un poema

o he caminado sin rumbo fijo solo reflexionando.

El estado de ánimo vuelve místico o ridículo

aquello descrito o sugerido o insinuado

el leve roce del lenguaje en la conciencia

de un lector desprevenido o masoquista.

La descarga poética es un alivio y una satisfacción,

me exonera de cualquier contrato social

de sentirme un excluido por indolente y abúlico.

El deber de concentrar en píldoras de gran esfuerzo

todas las vivencias miserables

algunos pensamientos accidentales, lucidez aleatoria,

dudosa elegancia

es un exoesqueleto suficiente y en ocasiones soberbio.

La vida vivida a sorbos es escrita a borbotones

imaginada y pincelada de forma impresionista.

Poema 622: El brillo de la juventud

El brillo de la juventud

Cansadas las alas terrestres

se ocultan como se oculta el pensamiento,

el brillo

el acceso profundo a la Sabiduría.

Sobrevuelo puentes y monumentos,

sin la luz prometida

solo palabras políticas absurdas,

sigo la estela de la Belleza.

Veloces

en días de primavera exuberante,

un ángel caído lleno de experiencia.

Gerontocracia azul

largas piernas moldeadas en el gym,

aún persiste el recuerdo del ascenso

los días veloces.

Difuso acontecer cronológico

–nunca existió la Historia–

hermosura ilusionada

trampantojo del agotamiento.

Los fotogramas dicen más que los libros,

congelan el instante

desvirtúan el tiempo,

el ensueño malabar de permanencia.

Alguien grita a tu lado, corre contigo

rejuveneces

no estás solo en el Universo.

Poema 621: Lujuria lunar en una terraza primaveral

Lujuria lunar en una terraza primaveral

A silver Lucifer
serves
cocaine in cornucopia
             Mina Loy, Baedeker Lunar

Nunca estuve en una fiesta como esa,

imagino un palacio veneciano con vistas al Gran Canal,

la luz decreciente de un día de abril

y una luna aún sin completar ya nítida y aún opaca.

Atractivos camareros pasan fugaces

dejando un halo de belleza y deseo en el ambiente,

una promesa de electricidad al llegar la noche.

Fluyen palabras especiales en rostros enmascarados

fuente de concupiscencia, gestos sensuales,

la personalidad condensada en la voz y el movimiento.

Un destello de combinación inteligente de vocablos,

una sabiduría en la escucha activa,

el aura personal disimulado y estimulado por el atuendo.

Joyas, ojos que sintonizan la misma longitud de onda,

el roce místico de un dedo en un antebrazo

antesala de la comunión lunar.

El palacio es un laberinto de túneles, escaleras,

estancias en cuyos interiores barrocos

serán hollados infinidad de cráteres dérmicos.

La fiesta es la antesala de un despertar poético:

retazos de recuerdos a velocidad sináptica,

la faz oscura de la luna, Mare Tranquillitatis,

y una luz intensa antes del eclipse.

Poema 620: En la feria del libro antiguo

En la feria del libro antiguo

En el reflejo del contenedor de libros

pude ver una sombra de libros que era yo,

eran los volúmenes que atesoro y acaricio,

aquellas lecturas únicas, ya míticas,

los no-leídos que me esperan dulcemente

en un reposo inútil que decolora sus lomos

y nos avejenta como si el tiempo fuese un viento

castigador de almas y portadas.

Una visión de ex–libris estampados con esmero

confronta la lectura obsesiva

con el coleccionismo caótico y pecuniario.

Reconozco libros y procedencias,

portadas que estuvieron de moda, ya olvidadas,

la lectura única de una única persona

o los restos virginales de una edición nada exitosa.

Leo y memorizo, busco y rara vez encuentro

poetas de vanguardia, mujeres escritoras,

el raro ejemplar de una autora mercurial y apoteósica.

Mi yo desintegrado en mínimas porciones futuras

supone una intensa cura de humildad,

el reconocimiento de la insignificancia de tantos egos,

de lo efímero del placer lector y compilador compulsivo.

Bukowski acude desde el más allá  

con un pequeño ejemplar diletante y desvaído,

extraña edición, sorpresa, la alucinación postrera

de un genio desmedido y anti ejemplarizante.

Elevo el perfil de mi sombra en el tiempo que me queda,

esos minutos gloriosos en los que deambulé

entre póstumas alegrías y futuros incógnitos.

Poema 619: La panera de la tía Fernanda

La panera de la tía Fernanda

Los rostros han sufrido trabajos y desgracias,

nadie está indemne, pero hacen bromas,

algunos cuentan chascarrillos novedosos

mientras en el horno de Pereruela hierve el pote.

Nos conocemos desde la infancia,

esa que rememoran unos y otros entre ruinas,

cárcavas, tirachinas, juegos de toda índole,

casas abiertas, familias, genealogía,

ubicación precisa en el espacio-tiempo.

Existe un espacio común y un personaje aglutinante,

trabajo, planificación-improvisación y recursos,

mucha cooperación y la voluntad continuada

de permanecer ajenos al tiempo.

El lugar, antigua panera de la tía Fernanda,

es un habitáculo singular y mágico,

conservado y mejorado,

lleno de recuerdos y novedades.

El éxito es el acudir presuroso desde los extremos,

la cordial acogida de quien aparece con discontinuidad,

la risa franca, generosa, hospitalaria y descomunal.

Los lazos que unen a unos y a otros son enrevesados,

diversos, a veces difusos, pero siempre vitalicios y definitivos:

parentesco, amistad, deporte, afinidad electiva,

la integración amalgamada de comer juntos

cada cual con sus costumbres ancestrales y caprichosas.

El oasis permanece en la memoria esencial colectiva

bajo la apariencia de la despoblación y la ruina,

el empeño de los puntos cumbre de felicidad activa.

Poema 618: Espectáculo

Espectáculo

El espectáculo turístico de filas de encapuchados

se repite cada año tras la primera luna llena de primavera,

la teatralidad del juego adopta un aire solemne:

obediencia y orden, disciplinas propias y ajenas,

espíritu gregario de la masa que desfila

y enseñoramiento de figurones que van y vienen.

Los capirotes entroncan con una inquisición extinta,

difuminan la individualidad en la masa,

marchan al son de cornetas y tambores.

La religiosidad de cada cofrade se integra en la congregación,

un intento ascético de llegar a un trance rítmico

al difuminar la conciencia individual en el conjunto.

El patrimonio iconográfico fue una inversión exitosa

proyectada en un futuro de siglos:

tallas impecables, colores, una escenografía trágica,

toda la crueldad humana enfocada en un mártir.

Varias proclamas, saetas, cánticos dispares

acompañan a los penitentes en su deambular,

discursos vanos, carentes de contenido real

párrafos virtuosos que una IA lograría en segundos,

alejados de la realidad mundanal sangrienta.

El conjunto escénico mueve la economía turística,

cientos de cámaras apuntan a cada virgen,

cada instante diferencial diurno o nocturno,

cada novedad intercalada para alimentar la llama

en un juego relumbrante de intensa exhibición.