Poema 600: Las Hijas de Felipe

Las Hijas de Felipe

Murmullos, expectación inteligente en la capilla

en la que los duques de Lerma orantes

–bronce dorado al fuego por Pomepeo Leoni–,

aguardan con ansia a las Hijas de Felipe.

Ana y Carmen, jóvenes maduras, comparecen

cual divas comunicadoras del Barroco,

sobrias frente el exceso escultórico elegido:

Luisa Roldán, imaginera sólida y eminente

en una época de discriminación femenina.

La erudición trabajada y las voces tan hermosas

penetran con intensidad en los oyentes:

dicción pura, elegancia en los tics fandom,

humor sutil ampliamente agradecido.

Los avatares vitales de la Roldana van calando

como una lluvia fina en la conciencia:

once partos, ascenso artístico hasta la corte,

el intento de elevación al papado con su nazareno.

El lenguaje de los gestos no se aprecia en los podcasts,

sí las magníficas inflexiones de voces inconfundibles,

tampoco la puesta en escena en la magnífica capilla,

ni la profesionalidad adquirida en el salseo barroco.

Hablan e hipnotizan a los presentes durante una hora

tan solo parcelada por las cortinillas musicales de Caliza.

La mañana desemboca en la visita escultórica a Luisa Roldán

expuesta por el Museo Nacional de Escultura en Pucela.

Poema 599: ¿Cuánto tiempo puedo pasar mirando la luna?

¿Cuánto tiempo puedo pasar mirando la luna?

El amanecer se ha disfrazado de luna llena

en el punto cardinal opuesto a la aurora.

Hipnotizado por el tamaño y el color

acodado en la ventana privilegiada

contemplo ese instante de hermosura efímera.

Aún consciente de la fugacidad de la escena

no tengo paciencia para la consumación.

Es el sino de los tiempos, apresuramiento,

prisa, fugacidad, ausencia de recogimiento.

La velocidad de la bicicleta no parece suficiente,

tampoco ese audio escuchado a velocidad normal,

el tiempo no se multiplica por subdividirlo en mónadas,

tampoco el disfrute profundo de la vida.

Ciertamente el encuadre de la escena callejera

es repentino: lugar, luz, circunstancia, presencia,

después el caos y la vulgaridad persistente

abierta en canal un instante para tu ansiosa mirada.

Leo cada día una suma intensa de titulares periodísticos,

la nada vacía y matemáticamente discreta

de unos fuegos artificiales remotos y ajenos

que se cuelan en las mentes desprevenidas

crean emociones básicas, arcaicas e insanas

en aras de la huida hacia adelante consumista.

¿Cuánto tiempo puedo dedicar a la luna?

¿Y cuánto tiempo a la lectura y a la cultura?

Poema 598: El mundo avanza

El mundo avanza

El mundo sonoro matinal está corrompido,

noticias para falsear el mundo,

tonterías múltiples de influyentes personalidades

la marca ascendida a la imbecilidad.

Y sin embargo corren de fondo los avances,

científicos, éticos, tecnológicos,

con una continuidad que los disimula y enmascara.

La fuerza social está escondida y protegida

por todas las boutades y ocurrencias,

por los espabilados de las ondas y las palabras.

Bajo la dermis social, el dinero de todos genera avance,

bienestar, esperanza de vida, lujo y comodidad

disimulado por la rebelión de los despojados

de sus históricos privilegios consanguíneos

o directamente arraigos patriarcales.

¡Autogestión! claman algunos, ¡Abuchea al estado,

coloca a todos los políticos en la misma cloaca!

El crecimiento y el conocimiento son exponenciales,

también la estupidez y los gritos de los incapaces,

los vagos y los intrigantes, a sueldo de explotadores.

La apisonadora de la inteligencia enfoca aquí y allá,

parchea o repara, desenmascara y viraliza,

en un mundo aún inconsciente de su fuerza global.

Cada adquisición ancestral es revisada

bajo parámetros de ciencia, de lógica, de igualdad,

y ahí reside la esperanza, la luz y la energía,

en un gráfico sierra que siempre termina elevándose.

Poema 597: Finis vitae sed non amoris

Finis vitae sed non amoris

En un abrupto descenso de la niebla,

en medio de películas premiadas o no

que reflexionan en torno a la muerte,

se anticipa una muerte cercana.

–No mires atrás–, dirá el diablillo bíblico.

Aún doblan las campanas de forma atroz,

elevan la solemnidad y la pompa,

acercan los ritos ancestrales a la incomprensión

de la desaparición irreversible de la experiencia,

del aprendizaje de toda una vida.

El bagaje físico durará un instante,

el polvo seco, la niebla húmeda, el viento sonoro,

borrarán cada una de las huellas.

La comunicación poética es una ilusión,

una posibilidad de fe que dura un instante.

Se adapta el rito a los tiempos:

en los márgenes del poblamiento exterior

surge un templo laico de modernidad

en el que velar a los difuntos de forma aséptica

guardando la esencia del contacto humano.

Solo importa el presente continuo,

lo que la piel y las inidentificables ondas mentales

transmiten de forma vívida y amorosa,

un impagable consuelo en medio del dolor.

El abandono y la aceptación resignada

elevan la humanidad amorosa y afectiva

hasta lugares insospechados de mística seglar.

Poema 596: Shostakóvich me hace sonreír

Shostakóvich me hace sonreír

Shostakóvich me hace sonreír,

ilumina esos poemas decimonónicos,

experimentales y evocadores que canta la soprano.

Estoy leyendo unos poemas maravilla

en la espera y el calentamiento musical,

la conjunción perfecta en soledad absoluta.

Un hombre paseando un libro,

un lugar aislado desde el que compadecerme.

El movimiento de las cuerdas es frenético,

el mar de arcos balanceándose en armonía,

también la concentración del percusionista

anticipando el golpe único del gong.

La mujer de la viola muestra sus alas tatuadas

que simulan moverse al compás de sus músculos.

¡Cómo pensar que Rimbaud sería cantado

con tamaña magnificencia!

Recordé la sinfonía Leningrado meses atrás

en presencia de la guerrera diez,

misma sonrisa eufórica, exaltada, encendida.

Hoy leo unos versos en un francés sonoro

llenos de jardines, de centauras seráficas,

de bacantes de los arrabales,

un festín endiablado y sonoro

con el que Britten esculpió nota a nota sus canciones.

En el concierto todo es ya exceso, desafuero,

incontinencia sonora capaz de elevar el ánimo

las alas acercándose al sol antes de quemarse.

Poema 595: Ascensos y descensos

Ascensos y descensos

La suma de incomodidades diarias

no está exenta de momentos brillantes.

El niño de apariencia frágil y pocos amigos

se ha convertido en un adolescente fuerte,

con gran personalidad, integrado en el mundo.

Desfilan ante mí –cuando todo se me olvida

imágenes cíclicas de abrazos, despedidas y reencuentros.

Inundaciones, soluciones a problemas diversos,

sobrevivir, por encima de todos los demás asuntos,

encajar, lesionarme, expandirme y correr,

ascender a un volcán o al pico Pinajarro,

esa suerte que me acompaña como un aura,

el miedo que se oculta tras una sonrisa

y el delicado equilibrio del agotamiento.

Y casi siempre la anécdota o el momento estelar,

esos que la apisonadora del tiempo va aplanando,

pero que superpuestos son ya cumbre y apogeo.

Cientos de poemas, casi nunca banales para mí,

me muestran esos cielos de auroras y ocasos,

el esfuerzo y el tesón, el enfoque en cada asunto,

la búsqueda de soluciones óptimas

y la minimización de los desastres inesperados.

Se pasa la vida y se pasan algunas oportunidades

de otros modus vivendi, otras cosmogonías,

una vida menos pública o el riesgo del éxito o fracaso.

El Universo expande tu mota de polvo cósmica

durante un instante infinito hasta desparecer.

Poema 594: Rutinas de la mañana

Rutinas de la mañana

Despedir a mis hijos camino del instituto

desde la ventana panorámica

es el acto más importante de cada mañana.

En ese observar unos minutos la calle

atisbo el caminar indolente de dos bancarios

en busca de su primer café,

la masa imponente del río Pisuerga

cargado por las lluvias y la nieve del norte,

otros escolares bajo el peso de sus mochilas,

la procesión de automóviles ruidosos en el semáforo.

Hay días en que aún la luna no se ocultado,

otros en los que llueve o hace un viento gélido;

hay días que invitan a no salir demasiado de casa

y otros en los que la luz se expande e incita a la exploración.

Los minutos siguientes en los que leer un poema,

escribir en pocas líneas las sensaciones matinales,

organizar los asuntos pendientes del día a día,

recoger la cocina y acaso cocinar algo sencillo,

constituyen una base de la felicidad cotidiana

que solo la enfermedad o el malestar perturban.

Algún día terminará esta sucesión indefinida de presentes,

las rutinas serán otras, las expectativas también.

Ahora buscaré entre las fotos azarosas o premeditadas

alguna con la que publicar esta especie de poema

en el blog que se acerca a las seiscientas entradas.

Después el trabajo me absorberá por completo

y ya la vorágine docente-administrativa

engullirá cualquier forma de pensamiento baladí.

Poema 593: Gatos tomando el sol

Gatos tomando el sol

Perviven aún entre nosotros vestigios

de casas molineras, tejados abandonados,

pueblos dentro de la ciudad

antiguo extrarradio hoy solares cotizados.

Los gatos se reúnen sobre la viga del caballete,

alcanzan a atisbar el sol tras días húmedos,

se secan contemplando la hora mágica.

El encuadre permite aislarlos, enfocarlos:

gatos henchidos tomando el sol,

ajenos a las vicisitudes nimias de quienes vocean

en ondas o en redes o en conversaciones pareadas.

Hace meses explotó cerca una vivienda,

todos los gatos anduvieron días alborotados,

hubo desaparecidos, felinos volanderos,

el efímero transitar por entre gigantes,

ora violentos, ora protectores aleatorios.

La sinfonía del tejado va a comenzar:

cantan los niños el lenguaje minino

dirigidos por Rossini desde el más allá.

Poema 592: Bufones del mundo

Bufones del mundo

Los bufones del mundo han emergido,

siempre han estado ahí,

a veces avergonzados por su propia ignorancia,

otras, sujetos por la masa convencional.

Cíclicamente salen del círculo

hostigan e instigan,

asaltan todo el cuadrante de la estupidez

–según Cipolla–.

Machos exploradores de su adrenalina,

sin atender a las consecuencias previsibles,

simplificadores de toda idea elaborada.

Sin complejos transitan entre seguidores ridículos,

aquellos más manipulables

desfavorecidos por la inteligencia y el esfuerzo,

merodeadores del sistema en busca de fallas.

Su infame síntesis suele destruirlo todo:

para renacer de sus cenizas cual ave Fénix

te dirán los más avezados ideólogos,

una huida hacia delante nefasta y lúgubre,

purificadora, dirán ellos.

Lustros de inteligencia histórica y experiencia

han permitido sofrenar la pomposidad necia,

contener democráticamente las ocurrencias,

los delirios y el expansionismo de los privilegiados.

Sin embargo, el riesgo existe y aumenta:

eventual reacción en cadena según las circunstancias,

cúmulo de insatisfacciones globales,

inadmisión de resultados adversos.

El mundo está jugando con el fuego destructor.

Poema 591: El club de los vecinos muertos

El club de los vecinos muertos

La vida a veces dura una novela,

o menos.

Nos toleramos, nos queremos, nos acariciamos,

ese reconocimiento crea un hueco,

un espacio vital en el que leemos, razonamos,

nos reímos todo lo que podemos, ¡a veces tan poco!

La cultura o los proyectos, o las maquinaciones,

cada cual posee un motor más o menos contaminante.

El club de los vecinos muertos aumenta cada año:

reflexiono sobre mis recuerdos de ellos,

su voz, el impacto de su presencia, algunas frases,

la bondad o no de sus presupuestos.

–En este banco conversamos–, –el tiempo pasó volando–,

–siempre sonreía mientras hablábamos–,

–me lo crucé muchas veces, pero nunca intimamos–.

Un día desaparecieron y no lo supe hasta semanas después,

o meses, sin apenas circunstancias explicativas.

El club se extinguirá conmigo, como idea, como poema,

no la realidad de la muerte, no los huecos,

ni los espacios mentales o el rastro de las voces

grabadas en un subconsciente que tratamos de ignorar.

Mis descendientes no sabrán apenas nada de mí,

menos de lo que conocieron esos desaparecidos

a los que tangencialmente saludé o reconocí

en el paisaje diario, en la cordialidad vecinal.

Nada les importa ya, nada les concierne,

llega la insignificancia tras la apoteosis del sol poniente.