Poema 691: ¿Quienes somos nosotros?

¿Quiénes somos nosotros?

¿Quiénes somos nosotros?

¿Cuánta violencia invisible?

¿Qué luz nos guía?

Somos el todo durante un tiempo,

somos deseo y miedo, y complacencia,

la mirada de los otros

y la supervivencia emocional.

Solo alcanzamos los bordes en el peligro

en la excepcionalidad inesperada.

Ese todo temporal ocupa un espacio inmenso,

también desborda y suprime,

se endiosa e hincha el plumaje de aire estéril.

A veces estalla.

Somos secreto y avaricia,

encogidos por el frío que entra por las ventanas,

acogidos por el calor transitorio de la belleza.

Llega entonces una cura de sueño

y te despiertas locuaz e inteligente.

Durante instantes asciendes a un Olimpo,

impostor interino, sonríes y bailas.

La cúspide no durará más allá de un soplo

en la suma de aquiescencias del mundo.

Tu violencia no existe en tu zona consciente

mas acecha paciente la falla

en el camino evolutivo de protagonismo victorioso.

Somos complejos y básicos, inexplicables,

puntos críticos sin polaridad definida.

Poema 686: El engaño

El engaño

Amanece el año con secuestros

bravuconadas, amenazas,

latrocinio combustible impúdico.

El peso mental de la impunidad

en las mentes sobreinformadas

crea nubes tóxicas de irrelevancia

e inmovilidad personal.

Una pequeña luz en un extremo,

palabras volátiles y cuerdas

realpolitik de aparente continuidad

espectros y víctimas colaterales

y la dignidad negociada hasta la náusea.

El matón azuza a sus huestes

replicadas y amplificadas en redes

en una estrategia de desgaste y miedo.

El engaño oculta la destrucción,

una centena banal de asesinados,

campos de refugiados y paz pospuesta.

El dinero trata de infiltrarse en todo

transmutando riqueza en dominación

mientras aturdidos aceptamos

la invasión amplificada de nuestro intelecto.

En la esquina izquierda arde

el fuego olímpico en las mentes optimistas.

Poema 442: En el campo

En el campo

Acudo bajo la llovizna tan excepcional de mayo

a un lugar sagrado en la antigüedad,

territorio de reposo de difuntos,

túmulo observable desde todo el valle.

El lugar me llena de paz y alegría;

aspiro el aroma de las espigas húmedas,

el viento cargado de agua,

la visión magnífica de entre verde y amarillo

que contrasta con el azul metálico –y oscuro–

de un cielo amenazante.

Descanso un instante del ajetreo del día,

del mes, del año.

Imagino a un cazador milenios atrás

hierático, olfateando el viento,

su lanza en ristre, joven y atlético,

atento a cualquier variación del campo visual.

Camino de vuelta por una senda inexistente

horadada por conejos y alimañas;

tras recorrer unos cientos de metros

observo una silueta animal en lo alto del cerro.

Estremecido y alerta corro campo a través,

atajo por entre las espigas

mirando de reojo con cautela.

Mi adrenalina se ha disparado al intuir un cánido,

a buen seguro más asustado que yo.

Llego lleno de barro, pies húmedos y sudando,

al camino conocido, lugar teórico de salvación,

satisfecho y resollando, lleno de vida.

Poema 327: La tierra de los muertos

La tierra de los muertos

La tierra de los muertos es muy fértil,

allí procrean todo tipo de criaturas,

crecen verduras y hortalizas

al socaire del riego sanguinario.

Quien piensa en la muerte cada día

encontrará al final su recompensa,

ella dejó escrito en su suicidio

la fija presencia de lo oscuro.

En días melancólicos imaginas

cada metro cuadrado de una guerra,

murallas enfebrecidas por los gritos,

el sacrificio de la piel, piedra a piedra.

Allí donde los arietes fracasaron

yace una semilla nutritiva,

allí genio, maldad y adrenalina

tuvieron su jornada vespertina.

En aquellas tapias murieron olvidados

recitando sus versos a la aurora

dejando cadáveres con plomo y saña

hoy pastos de hermosura renovada.

Ningún lugar es tan sagrado

como el suelo que hollaron tus ancestros

miedo, amor, luz de ojos agotada,

todos sus recuerdos olvidados.

Poema 226: La vida

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La vida se distribuye en etapas y miedos,

en ciclos de duración diversa y paranoias,

en tics y afinidades mentales,

y se diluye en nostalgia y memoria.

 

Puedes imaginarte un día caminando

por la orilla de una playa azotada por el viento,

experimentar la levedad de tu figura

ante los embates de la galerna.

 

O sentir la fuerza muscular mientras pedaleas

sobre un camino de arena y piedras

que desemboca en el famoso puente de hierro

todo tu cuerpo en tensión vibrátil.

 

Y quizás un día amaneces cansado

y te preguntas por el sentido de tu vida

por quién te necesita o espera algo de ti,

por el hueco mínimo que dejarías en tu ausencia.

 

Entonces, algunos mecanismos cerebrales

pueden soltar sustancias en tropel,

una mezcla milagrosa que regula tu pensamiento,

que conecta con la maravilla vital de tu existencia.

 

El acceso a tu repositorio de imágenes hermosas

atrae sobre ti múltiples vínculos,

un juego competitivo de prioridades,

una suma de cariño y supervivencia esenciales.

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Poema 171: Miedo y violencia

Miedo y violenciaIMG_20180308_133022

Una violencia innata, natural y abusiva:

dos patos en la orilla del río

someten con sus picos a una hembra,

una escena sexual terrible

en un día negro para cualquier feminista.

 

La rueda pesada del patriarcado

apisona cuanto encuentra a su paso,

ignora e interpreta,

estira la ley como una goma elástica

hasta deformar su objeto último.

 

Una lluvia social, una marea imparable

ese es el auténtico cambio

aún no acaecido en los políticos

ni en las listas machistas de los partidos,

gritos, consignas y pancartas ya visibles.

 

He sentido asco y rabia,

miedo ya desterrado y actitudes ufanas

de fulanos envalentonados;

tibias reacciones legisladoras,

y poco a poco el ruido de la revolución.

 

Es un tiempo de revisión histórica y social,

de preguntas y búsqueda

de solidaridad y cohesión liberadora,

de protesta y fuerza y voces

en aras de un mundo igualitario.

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Poema 140: Parque de sombras

Parque de sombras IMG_7389

Parque de sombras, frío

luz tenue anaranjada,

el viento azota las hojas;

ella cruza veloz con paso firme,

observas encogido en tu pelliza

la belleza de la escena nocturna.

 

Soledad, contraste

con el verano aún presente,

bancos llenos de gente y murmullos,

oración humana,

seguridad colectiva y liviandad.

 

Escena cinematográfica, pandillera,

la necedad importada de América,

una cámara enfoca la brasa de un cigarrillo,

música que estremece y predispone,

vaho, humo exhalado, qué importa.

 

Dice el guion que el líder decide,

pueden salir zombis

o un guerrero experto en artes marciales;

aquí nada sucede,

su caminar humaniza el parque,

integra las sombras y destierra el miedo.

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Poema 115: Descenso

Descenso

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Durante el descenso, los robles

tienen formas grotescas, siluetas

terroríficas, decenas de brazos desnudos

que tratan de abrazarte.

 

Representan la oscuridad

frente a la luz poderosa del sol

que refulge abajo, en el valle del Ambroz,

en un pantano de ramas brillantes.

 

El embalse de Gabriel y Galán

es un fractal luminoso,

aparece en cada curva a la izquierda,

aparenta una vastedad infinita.

 

El roble terrible, rima en asonancia

con los canchales dejados por la nieve

en la cima verdosa de la montaña,

es el gigante vanidoso de los cuentos infantiles.

 

Varias sierpes después, la carretera

muestra los brotes incipientes en los castaños,

la primavera pujante, la savia

emergente sobre la rigurosidad montana.

 

La luz se filtra entre las ramas,

deslumbra al conductor, le desorienta,

es un ácido lisérgico actuando sobre su mente,

una lámpara poliédrica de discoteca.

 

La llegada a las huertas y las fuentes

serena el ánimo, devuelve la confianza,

lejos los terraplenes y la vista del fin del mundo,

los demonios petrificados de la cima.

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Poema 103: La noche

    La noche

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La noche. Humedad, babosas,

bichos incógnitos en la sombra,

la oveja dormida es una piedra,

una vaca rumia en la penumbra.

 

Ruge el mar en mi cono de sombra,

la costa resplandece,

miedo, barro, el camino conocido

desciende cauteloso hacia la playa.

 

El faro a ráfagas me ilumina el rostro,

espuma en la mar,

no hay parejas esta noche,

Erizo Sibarita en mis oídos.

 

Frío, la vista se complace,

tiemblan mis rodillas,

soledad, ecos de una novela,

belleza en la luz amarilla de la farola.

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Poema 75: Terror

 

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                         Terror

En los silencios donde nadie duerme,

allá donde los lamentos nadie escucha,

en el lugar en que las barcas pasean

barqueros entoldados de ritmo lento

e infinito, hay gritos ahogados

solo aptos para hipoacúsicos inertes.

 

En medio del sueño, un coro de gritos,

puertas indistinguibles, estética de manicomio,

luz estroboscópica, aullidos, un ritmo

conocido presente en tu cerebro,

heredado de tus ancestros paleolíticos.

 

Una voz susurra en la madrugada,

ignoras su procedencia, radio automática,

la voz penetra en tu duermevela

exige su presencia en tu cerebro,

dispara alarmas que creías olvidadas.

 

Y de repente, ya nada suena,

tu cuerpo ha perdido su peso,

ingrávido sientes inmovilidad completa

en tus extremidades; un color

pugna por apoderarse de todos los demás.

 

Una imagen, una.

Va nublándose, se desenfoca,

pierdes la señal.

Fuera de ti.

 

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