Poema 752: La mañana del caminante

La mañana del caminante

Indescriptible el olor en la mañana del caminante,

riachuelos, albahaca, verdes prados,

el Romañazo donde pastan las vacas,

la senda estrecha del Otoño Mágico.

–Se quemó el pinar–, dijo Beni,

–el fuego es un espectáculo, para mal–.

Domina la calima en las alturas,

oculta levemente el negro tizne del fuego,

y sin embargo en el valle crecen zarzamoras,

corretea el agua cristalina y pían los pájaros.

Varios robles interiores sombrean las ruinas

de una posada o estación de abastecimiento

en la antigua línea del ferrocarril ya vía verde.

El premio del caminante es un baño primigenio,

en el agua helada que se remansa un instante

para luego seguir cantarina su curso en cascadas.

En el descenso se aprecian las ruinas de chozos,

refugios centenarios que conservan el dintel

invadidos por vegetación salvaje e hiriente.

Las sendas discurren entre vallados seculares

y prados llenos de olivos bien cargados

antes de cruzar el mítico puente de la fuente chiquita.

La civilización transaccionará un café con porras

como final apoteósico de la mañana del caminante.

Poema 546: Invisibles

Invisibles

Hay quien escucha la palabra cooperación

y gira la cabeza alejándose

hacia las zonas más confortables de su espíritu:

ojos que no ven…

Y sin embargo cada cual puede aportar-modificar

su estilo satinado de vida,

bajar las expectativas, minorar el consumo,

otras políticas, otro uso del mismo dinero.

Hay ventanas que se abren inopinadamente:

una exposición muy personal de experiencias

en un salón perdido de un pueblo lejano;

una conversación al hilo de un viaje no turístico,

un documental comprometido, un libro o varios,

una fotografía de un basurero en Managua

o la más aséptica de unos granos de café en la plantación.

Dengue o Malaria, susto o muerte,

incesto, estupro, abusos viles con consentimiento social,

una frontera imposible entre resorts y ropa residual

volandera en un paisaje haitiano desolador.

Los niños serán adultos imitadores de su injusta infancia,

círculo vicioso, prolongada explotación

de blancos occidentales infelices con sus posesiones.

Llorar es un desahogo instantáneo,

concienciarse, formarse, cooperar,

expandir la salud y la dignidad

debería ser un consenso insoslayable universal.