Poema 752: La mañana del caminante

La mañana del caminante

Indescriptible el olor en la mañana del caminante,

riachuelos, albahaca, verdes prados,

el Romañazo donde pastan las vacas,

la senda estrecha del Otoño Mágico.

–Se quemó el pinar–, dijo Beni,

–el fuego es un espectáculo, para mal–.

Domina la calima en las alturas,

oculta levemente el negro tizne del fuego,

y sin embargo en el valle crecen zarzamoras,

corretea el agua cristalina y pían los pájaros.

Varios robles interiores sombrean las ruinas

de una posada o estación de abastecimiento

en la antigua línea del ferrocarril ya vía verde.

El premio del caminante es un baño primigenio,

en el agua helada que se remansa un instante

para luego seguir cantarina su curso en cascadas.

En el descenso se aprecian las ruinas de chozos,

refugios centenarios que conservan el dintel

invadidos por vegetación salvaje e hiriente.

Las sendas discurren entre vallados seculares

y prados llenos de olivos bien cargados

antes de cruzar el mítico puente de la fuente chiquita.

La civilización transaccionará un café con porras

como final apoteósico de la mañana del caminante.

Poema 328: Hervás

Hervás

El forastero pero asiduo visitante comprueba
el deterioro creciente de la casa de Marinejo,

la grava que allana el camino a la chorrera,

las mariposas juguetonas en el sendero olvidado,

las fuentes cantarinas que presuponen lluvias invernales.

Hay una soledad en los caños al caer la tarde,

y una brisa en la terraza que mueve las páginas del libro,

calma y quietud bajo los plátanos peatonales,

solo el ruido de mesas al ser apiladas en un bar.

La fuente chiquita acumula turistas 

que después irán a ver los miles de cactus;

llega el olor a roble de las montañas,

la luz amarilla de las farolas en el barrio judío.

El tiempo ha borrado una pescadería,

una tienda de instrumentos musicales,

algunos mesones de vida efímera,

la pujanza del cine en noches de verano.

El camino a la Chorrera es una romería,

un peregrinar turístico activo y delicado,

como la pista Heidi  o el caño de la ermita,

como la vía verde que lleva hasta Béjar.

La vida aquí es la del caminante en la mañana

que imagina un huerto ordenado,

la del lector gourmet el resto del día 

paseante al anochecer disfrutando del fresco.