Poema 599: ¿Cuánto tiempo puedo pasar mirando la luna?

¿Cuánto tiempo puedo pasar mirando la luna?

El amanecer se ha disfrazado de luna llena

en el punto cardinal opuesto a la aurora.

Hipnotizado por el tamaño y el color

acodado en la ventana privilegiada

contemplo ese instante de hermosura efímera.

Aún consciente de la fugacidad de la escena

no tengo paciencia para la consumación.

Es el sino de los tiempos, apresuramiento,

prisa, fugacidad, ausencia de recogimiento.

La velocidad de la bicicleta no parece suficiente,

tampoco ese audio escuchado a velocidad normal,

el tiempo no se multiplica por subdividirlo en mónadas,

tampoco el disfrute profundo de la vida.

Ciertamente el encuadre de la escena callejera

es repentino: lugar, luz, circunstancia, presencia,

después el caos y la vulgaridad persistente

abierta en canal un instante para tu ansiosa mirada.

Leo cada día una suma intensa de titulares periodísticos,

la nada vacía y matemáticamente discreta

de unos fuegos artificiales remotos y ajenos

que se cuelan en las mentes desprevenidas

crean emociones básicas, arcaicas e insanas

en aras de la huida hacia adelante consumista.

¿Cuánto tiempo puedo dedicar a la luna?

¿Y cuánto tiempo a la lectura y a la cultura?

Poema 578: La ciudad, sin ritmo

La ciudad, sin ritmo

Atravieso parques y jardines

bajo la bruma gris de otras latitudes,

diríase un día anodino, festivo, otoñal

y en efecto lo es.

La bicicleta eléctrica funciona sin esfuerzo,

aún recuerdo la doble caída bajo la lluvia

y el cuerpo reacciona imponiendo precaución.

Boquean los árboles sus últimos adornos foliares,

transitan las gentes alienadas por la escasa luz,

caminantes inseguros y grises, agotados

por los embates vitales y las noticias infames.

La belleza está ahí, presente y estática,

hilos de conocimiento y verdad, lecturas, imágenes,

anclajes múltiples que elevan la humanidad,

convierten cada día en un oasis de luz y aprendizaje.

La felicidad basada en el comercio, las luces brillantes,

el movimiento permanente,

está hoy de vacaciones muy a su pesar.

Canturreo una canción (o varias) de Batiatto,

la barbilla alta, la mirada poética, la sonrisa puesta

a modo de sostén y equilibrio

tras el enorme descanso nocturno.

Poema 568: Las tardes memorables

Las tardes memorables

Fueron tres tardes de noviembre

no consecutivas.

Los pinos míticos y esos ocasos dolorosos

cual tallas de la Pasión castellana.

Ejercicio, lugares muy diferentes.

Rehabilitación emocional, física, integral,

belleza, bienestar físico.

El sol de la tarde, oblicuo y filtrado

tiene un aliciente vitamínico,

ilumina el caduco arbolado de ríos y canales.

El vértigo desaparece tras el hallazgo

de un níscalo casi oculto.

Se escuchan solo sonidos naturales,

el crujido de mis pasos sobre una rama,

y súbitamente, iluminado como en una postal,

un corzo distraído pastando.

Hace una temperatura inusual en noviembre,

pedaleo buscando la luz poniente,

atento a las ondulaciones del camino,

sumido en en profundas reflexiones

mas acunado por la belleza de la tarde.

Poema 530: Costa Lavajos

Costa Lavajos

La puesta de sol sobre el lavajo

tiene algo de mágico y ancestral,

el agua escasa en esta tierra de cereal

que antes fue viñedo y subsistencia,

la luz infinita que se demora en naranjas,

magentas, índigos, añiles, cobaltos…

Ha llovido en la tarde calurosa,

los futuros girasoles lo agradecen,

también las patatas, maíces, viñedos,

cuanto verde permanece en la campiña.

Huele al cereal aún no recolectado;

voy hollando con la bicicleta caminos

aún vírgenes tras la tormenta.

Las aves rapaces andan revueltas en un rastrojo,

planean, descienden en picado,

atrapan algún roedor que rebaña los últimos granos.

No hay mar, no hay sal ni yodo,

ni la brisa nocturna que equilibra el bochorno del día.

Hay planicie, cereal en sazón, un infinito mirar

hacia la curvatura excelsa de la Tierra,

el sonido del viento que mece las espigas,

la calma del lugar y la circunstancia.

Poema 524: Contrastes antropológicos

Contrastes antropológicos

Al caer la tarde el cereal exhala su perfume,

colma el espacio de un aroma de infancia

que invade la ciudad rodeada de campos de labor.

Salir en bicicleta al declinar el sol

es un embeleso de los sentidos,

el color, el aroma, la luz, el sonido calmo

de las espigas mecidas por el viento.

Allá donde la ciudad penetra en los cultivos

en los márgenes del asfalto invasivo,

desalmados, inútiles e ignorantes

sueltan sus miasmas con nocturnidad:

escombros, plásticos, residuos insoportables

para la vista educada en la sostenibilidad.

Todo el trabajo de décadas de educación

de la búsqueda ilimitada del bien común

se destruye en poco tiempo egoístamente,

en una regresión cívica, estética y pragmática.

Me invade una súbita cólera, enojo, abatimiento,

la fealdad del mundo en toda su amplitud,

el desprecio de los avances colectivos.

El optimismo antropológico cultivado

se enfrenta a la irracionalidad ignorante

de quienes desprecian el futuro colectivo.

Solo las amapolas atenúan la frustración

hiriente de un cierto pensamiento ilustrado.

Poema 521: Noche de primavera urbana

Noche de primavera urbana

Circulo en bicicleta urbana

entre hordas de la especie humana,

–mis congéneres–, otrora agresivos,

nerviosos, celosos, supervivientes.

La convivencia se ha logrado al satisfacer

las necesidades básicas de alimento y techo.

Circulan los patines en la noche,

se distribuye comida a cambio de dinero,

hay diversión y tiempo libre.

Me cruzo con raiders en la penumbra

de una noche hermosa de primavera;

huele al campo que se filtra en la ciudad

y apenas nadie camina al filo de la medianoche.

¡Cuánta evolución ha sido necesaria para llegar aquí!

Los jardines están cuidados y los ciudadanos

continúan abducidos por sus dispositivos;

He salido pensativo del teatro:

el paso del tiempo y la repetición de los errores,

la nimiedad de nuestra presencia en la escalera

y los sacrificios de todos los que nos precedieron.

El sistema educativo aporta sus frutos

y modela una sociedad con un cierto equilibrio

sobre la que actúan fuerzas terribles:

codicia, orgullo, desprecio, jerarquía y rango.

La luz llega desde la insignificancia y la humildad,

desde el pedaleo en una noche cálida de primavera.

Poema 516: Los acontecimientos

Los acontecimientos

Se suceden eventos, celebraciones, efemérides,

la lucha de la memoria por sostener

unos recuerdos por encima del largo olvido.

Cuando se difuminan las imágenes y sensaciones

queda un poso difuso, etéreo, amalgamado,

de un gran peso específico en la vida,

un escudo magnético protector

capaz de generar auroras boreales bellísimas.

El lamento surge de la velocidad exponencial

de la acumulación de odiseas narrativas efímeras,

de la levedad con que habitas tu biografía.

La belleza es una gran enemiga,

satura tu retina, te hace henchir el pecho de gozo

y te desarma frente al pensamiento crítico:

un campo verde y feraz, los caprichos de las nubes

en una espléndida puesta de sol,

la sensación de potencia en las piernas al pedalear,

todas esas cumbres, cúspides, apoteosis,

alabean tu futuro recuerdo, introducen pesos

capaces de deformar la sencilla apariencia.

Un acontecimiento eclipsa a otro

en una sucesión ficticia y absurda, veloz,

que necesitaría de una absorción logarítmica

cargada del sosiego de un número áureo,

una convergencia necesaria en la escala humana.

Poema 514: El mundo a tus pies

El mundo a tus pies

En la desapacibilidad de comienzos de mayo

una salida en bicicleta con mi hijo es algo mágico,

el esplendor del campo, el esfuerzo,

un silencio de pedalear e impregnarse de los colores

de esta primavera que me evoca la del confinamiento.

Soy consciente de la maravilla del instante,

de la conexión sin palabras, de la dualidad establecida,

una transmisión inmaterial de ideas, de movimiento,

el placer de triscar montes y sembrados,

de vislumbrar una combinación inesperada de flores,

de ascender a lo alto de un monte, sin resuello.

Todas las obligaciones diáfanas han desaparecido,

la vista abarca campos ondulados, árboles de hojas tiernas,

algunos senderos apetecibles, ocres entre el verdor;

también una sensación efímera de volatilidad:

después de este instante vendrá otro también irrepetible,

habrá otras felicidades que apenas podré fijar un instante

devoradas por la velocidad imparable de los acontecimientos.

El mundo a tus pies permanecerá en la retina,

elongará el tiempo más allá de mi tiempo y fortaleza.

Poema 453: Una bomba de información

Una bomba de información

Una bomba de información, destellos

de inteligencia, de ética, de venganza,

el teatro de las emociones,

sexo, integridad, subordinación,

toda la ciencia al servicio de un objetivo:

ecuaciones, ideas, explosiones,

cierta integridad y la vida que pasa.

No se rompió nada y los agoreros

llenos de voces y sin complejo de ignorancia

siguen gritando al paso de las cabalgaduras.

Cierta toxicidad por acercamiento

acecha en cada una de las profesiones,

también el barrido de todas las emociones,

lo conveniente serio y la risa inconveniente,

la lujuria y la aparente pasividad desganada.

En estos días de julio resurge la luz,

pareciera que ciertos finales felices son posibles

en el espectro cinematográfico;

tiempo de música y películas y algunas lecturas,

el conocimiento y la pasión en la misma cesta,

la risa, la alegría contenida, el silencio

sobresalen entre la multitud caótica y democrática.

La euforia estadística se desató antes de tiempo,

lo justo para que la luz alumbrase la necedad,

el vacío informe del teatro de marionetas

en la que una suma de ventrílocuos

desacompasaron los movimientos del muñeco.

Los hitos de una vida se escriben al vuelo:

un surrealista solo de trompeta,

el vuelo en globo que siempre quisiste hacer

o el viaje a ninguna parte en bicicleta

en los albores del verano por tierras despobladas.

No hay nada nuevo en este rincón del universo.

Poema 451: Camino del Cid

Camino del Cid

En la memoria de la desmemoria,

olvidada la distancia entre Cantar y realidad,

más cercanos a Machado que a la Historia,

salimos a recorrer la ruta mítica.

Los caballos no son Babiecas, ni las espadas Tizonas,

y sin embargo hay cabalgaduras,

sillines rellenos de gel y alforjas,

el colorido de una tropa diversa,

democrática, exaltada y no desterrada.

Los nervios serán parecidos,

–la especie humana no cambia en un milenio–

las expectativas son diferentes,

algunas físicas y otras espirituales:

trascender el ruido mediático y urbano,

entrar en contacto con el polvo machadiano,

leer unas líneas del Cantar cada mañana,

prepararse como se preparan los mozos

en estos días de sanfermines.

La amistad con que se forjó la leyenda

continúa viva:

altruismo, comunidad, ayuda mutua,

la sensación de pertenencia a un grupo polimorfo,

sociograma con hilos conductores saludables,

a veces débiles y otras muy robustos.

La estepa castellana, tan despoblada como antaño

asusta entre el calor y el desabastecimiento,

genera incertidumbre y adrenalina.

Nos preparamos ya para esta aventura

caballeresco-literaria-deportiva,

armados de tecnología y barritas energéticas.

Días de gloria pedaleando por el pasado.