Poema 683: Antropología de madurez

Antropología de madurez

Descubro pequeños gestos de insumisión

como consecuencia de gestos ancestrales;

festividades veraniegas

como contrapunto rebelde a la cooperación

y sometimiento leve a las órdenes de un jefe.

Leer hace reflexionar, también la escucha activa

la consciencia de la invasión en la vida ajena

o la incoherencia necesaria en la vitalidad,

en el deseo o en las perspectivas de otro futuro:

inversiones inseguras y tal vez aleatorias,

extremos teóricamente innecesarios

y sin embargo capaces de mantener iluminada

la esfera subconsciente, los circuitos afectivos,

esos hilos de apariencia superflua que todo conectan.

El excedente de tiempo lento cual cocción a la lumbre

eleva el nivel de ideas y pensamientos,

excede las rutas cotidianas de sencillas rutinas mentales

arriesga e ilumina, ordena y aconseja,

permite una visión cenital del entorno reducido

en el que está el espacio-tiempo en el que te mueves

y todo lo que en él entra, sale y se afana,

salvo tú mismo, que te debates entre necesidad y contingencia.

La creatividad humana deja manchas de colores potenciales

en cada individuo, en cada colectividad,

contrapone y define, aísla y condiciona, genera identidad

al tiempo que comparte, relaciona e integra saberes

con resultado opuesto a la idiosincrasia intuitiva inicial.

El conocimiento no exime de la tristeza vital.

Poema 609: Vuelta a casa

Vuelta a casa

Llegó como un lucero en medio de la lluvia

encendiendo los charcos con su sonrisa

dividida entre la alegría del reencuentro

y la pérdida de una amistad profunda.

Se adaptó a la nieve y a las circunstancias,

liberó un torrente de verbalidad atrapada

en días de intensidad memorable.

Su fuerza narrativa fue desgranando hechos,

sentimientos, análisis de causas y consecuencias,

un viaje soñado, planificado, esperado,

la velocidad con que se sucede la realidad.

Su presencia llenó de risa y de burbujas la casa,

quería ser escuchada en cada detalle:

mi hija desafiaba al sueño y al agotamiento

alternando entre la alegría y el desconsuelo adolescente.

La fuerza radical de decisiones volanderas

se acoplaba con el amparo de la escucha materna:

ojos repletos de ilusión vital, ávidos de experiencias,

precavidos ante la volubilidad de sus semejantes.

Dormirá múltiples horas seguidas en su cama,

asentará sus sensaciones y reinventará significados,

modelará su memoria y su consciencia,

fortalecerá su paso firme en la protección devota

de su centro de gravedad adolescente.

Su presencia completa de nuevo este hogar.

Poema 553: Teatro de fans

Teatro de fans

Varios minutos antes de la actuación

rebosa la platea,

grupos animados de espectadores añosos

departen bajo las luces infinitas

y un decorado de baúles e instrumentos.

El actor, guapo, joven, voz potente,

se reencarna al instante en compositor,

cantante, líder atormentado,

frases extraídas de canciones, un cuaderno,

una historia incógnita y musical.

Aparece sigilosamente la banda,

honrando su nombre, ya marca y distinción.

Música fantástica en vivo, potente,

amplificada, electrónica,

un teatro de fans completo y entregado.

La triste historia de un poeta cantante,

líder tempranamente alcoholizado

y consumidor de sustancias destructivas.

Búsqueda y hallazgo

de una o varias canciones emblemáticas,

padres e hijos, esperanza y desilusión final.

Atalaya espléndida y fervor popular,

canto coral de una audiencia entregada,

instantes ascéticos de comunión teatral,

de intenso disfrute vital tras la tristeza.

Poema 458: La línea del tiempo

La línea del tiempo

La línea del tiempo es singular,

me lleva y me trae, entre olvidos

ocupaciones y preocupaciones varias,

mi infancia y adolescencia parecen estar

a un tiro de piedra del recuerdo,

recuperables siempre,

así como las personas queridas que murieron.

La inercia se encarga del resto:

estoy y participo y disfruto el instante,

sin fijar los momentos, llenos de fotografías

e incluso de algún poema también inercial.

El móvil me absorbe el cuarenta por cien de todo,

pegado a mí participa en debates, recuerdos,

menciones, imágenes, citas y referencias.

Ocupamos el mismo espacio que ocupábamos:

¿Durante cuánto tiempo?

¿Qué reminiscencias leves quedarán tras de mí?

La calle y la noche son ahora de otros jóvenes,

también la alegría desbocada sin horizonte,

el desconocimiento de la fugacidad,

la huida hacia adelante renovada por generaciones.

El tiempo jibarizado en una exposición aleatoria,

recortes de hitos y recuerdos macabros,

la forma de sostener una comunidad inconexa.

En mi recuerdo se producen pliegues extraños,

atajos a momentos vitales estelares

insignificantes en el cómputo global comunitario.

Las líneas siguen un relato simplificado,

más allá de la losa de tristeza que duró un instante

una emoción y unas palabras íntimas y profundas,

la conexión y el llamamiento comunitario

a un pensamiento conjunto de misticismo y elevación.

El tiempo es un espacio topológico que puedo deformar

una goma maleable, deformable, plegable,

pero finita e irrompible, y finalmente inexorable.

Poema 430: Penuria poética

Penuria poética

Por alguna razón que no comprendo

estoy enganchado a un libro

que no me convence ni eleva,

poemas de los que no extraigo

si no la levedad lectora vertiginosa,

algunos giros sorpresivos indignos,

la elongación triste de mi rostro en el espejo.

Lo combino con otro extravagante,

casi pornográfico,

en el que se adivina prostitución pasada,

la lujuria en su esplendor juvenil

una y otra vez, como un martillo que repica,

inagotable,

que recuerda las manchas de la edad en las manos,

el fin próximo de los días amorosos.

Melancolía de los textos jugosos,

abiertos, expansivos,

esos que producen luz e impulsan, impúdicos

la velocidad escritora y la lentitud lectora.

Bajo esta cúpula marciana llena de presagios,

de temperaturas ascendentes,

de ausencia de lluvia, de una guerra que no cesa,

contemplo los párpados caídos de un verso

que no remonta,

desahogos poéticos personales

alejados de la belleza, de la sorpresa aprendiz

de quien moldea, hiende, altera o distorsiona.

Me sorprendo a mí mismo en mi disgusto,

sin poder cambiar el aura lectora,

alejado del optimismo levitante propio,

de esa búsqueda incesante del lado hermoso.

Poema 417: El arte

El arte

El arte está más allá de los sentimientos.

A veces son un motor de inspiración.

Otras veces el desencadenante es la inconsciencia,

la temeridad sin freno ni censura.

El miedo es una sentencia cierta.

Los días grises permanecen como una condena mental.

Duelen y atenazan.

Te encadenan a rutinas inesquivables.

La inteligencia puede convertir la nube en dragón,

el respirar aún, en una micro oportunidad única.

Hormigas en las calles siguen a sus teléfonos móviles,

hipnotizadas por la luz.

Por las noticias insignificantes amplificadas.

Cualquier movimiento más allá de la rutina es arte.

Produce placer.

Te eleva un instante cual trampantojo de hermosura.

Somos conscientes del camino de luz.

Y por él transitamos sin esperanza.

La sabiduría consiste en saber que la oportunidad llega.

En soportar el trabajo duro de cada día.

Aparecerá la risa o el encuadre inesperado,

esa luz en el cielo más compleja que toda creación humana.

Una historia que supera a la tuya en tristeza.

O la emoción de un verso en medio de las tinieblas.

Poema 416: Cielos de invierno

Cielos de invierno

Estos cielos fríos de diciembre son muy hermosos.

Pasamos de puntillas al lado de la felicidad y la belleza.

No conseguimos fijarlas ni un instante. Llegará ese momento en el recuerdo.

Allí estarán tus seres queridos, algunas palabras –que como jirones–

se enganchan en tu memoria; una sonrisa beatífica que repetiste.

Los cielos superpuestos de tantas fotografías, el día en que Messi

ganó el mundial en invierno.

El poema leído al amanecer me desasosiega:

olores de cada estación, fotografías, nostalgia de otros inviernos.

Soy un gran coleccionista de imágenes icónicas,

de un laúd muy antiguo, desafinado, azafranado a la luz de la chimenea,

aquella escalera con la que salíamos a buscar a los pajes reales…

La luz del sol desnuda los árboles y la escarcha matinal blanquea los tejados.

La melancolía me agarrota el pensamiento, detiene mis dedos.

El árbol navideño está repleto de viajes, mercadillos, bazares.

Los ritos son repetidos cada año para atenuar el dolor,

el rostro que deja entrever una tristeza sin fondo en el espejo.

Poema 348: Algunos hombres solitarios

Algunos hombres solitarios

Algunos hombres solitarios, de una cierta edad

calvos o ralos,

caminan con la mirada perdida.

No sonríen nunca en público.

A saber en qué piensan.

Pareciera que soportan la vida

a la espera de que termine.

Ninguna ilusión, ninguna esperanza.

Algunos días me siento así.

Arrugo repetidas veces la cara para alejar el rictus,

desprenderme de esa máscara natural.

Otros días siento alegría verdadera y energía vital.

El jilguero resurge cantando tras la tiranía del cuervo.

Tiendo a pensar que son daños colaterales pandémicos

o el recorrer circuitos urbanos estáticos

en los que cada paso se parece al anterior,

el ruido de los coches oculta el silencio,

y el otoño solo asoma fugaz en algunos rincones.

Cada día deseo más reintegrarme en la naturaleza.

Poema 68: En lo alto del centro comercial

En lo alto del centro comercialIMG_20160305_184456

En lo alto del centro comercial

huele a comida rápida.

Atisbo el vuelo de una cigüeña

a través de los ventanales.

Asoma el sol entre nubes,

una pareja de ancianos en un banco,

contempla el cielo cambiante,

se detiene el tiempo, no el ruido.

Yo no estoy contento, nadie lo parece,

mi visión subjetiva del mundo,

decolora objetos y personas,

los envuelve en una pátina grisacea.

Ni objetos, ni la belleza de un cielo

plagado de nubes zoomorfas,

nada me aleja del color invernal,

quizás solo la lectura de un poema.

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Poema 65: Frágil

                 

                          FrágilIMG_20160229_192447 (1)

En un instante deja de respirar.

Apenas una levedad en el aire

frío de febrero, un mínimo vórtice

desvanecido, magia y dolor.

 

El tránsito es difícil de imaginar,

en tu serenidad vas sintiendo

el peso progresivo y singular

en el pecho, del dolor de la ausencia.

 

Miles de recuerdos acuden

sin ser convocados a tu duelo,

horadan tu resistencia, te remueven,

perturban toda tu naturaleza.

 

Frágil sustancia, voracidad temporal,

la nada o el vacío, fría corriente

de aire, holgura personal,

cicatriz y terremoto en la hermosa luz.

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