Poema 742: Con algo te habrás quedado

Con algo te habrás quedado

“Con algo te habrás quedado…”

Richar, nieto de Ausencia

Bajo los arcos de una iglesia defensiva

construida en múltiples fases, parcheada

con piedras areniscas y rojizas.

Amanecía con resaca de fiesta y botellón

en el pueblo perdido de Castilla:

cereales ya fundidos por el plomo solar,

lavajos cuarteados, oasis finitos,

una avutarda macho por lo solitario del vuelo,

el frescor del maizal interminable.

Golpetean los saltamontes entre las piernas ciclistas

en imágenes que puedo recordar de mi infancia,

olor a siega a cordones de paja recientes

en la llanura inconmensurable.

La línea del ferrocarril es una costura impermeable,

vueltas y vueltas a caminos sin salida,

y un objetivo inconcluso por la premura y el calor.

Los contrafuertes de la iglesia son lugares

Ángel González dixit–, propicios para el amor.

La exploración concluye con el avistamiento de la torre

en un horizonte despejado y uniforme,

la vuelta al hogar de los ancestros, el acogimiento

y una suma de imágenes: zorros, cigüeñas, rapaces,

antes de las recompensas dominicales.

Poema 518: Delhy viaja por el mundo

Delhy viaja por el mundo

Tras una exposición de Delhy Tejero en Valladolid

Me encontré inesperadamente con ella

en el museo Patio Herreriano:

maravilla, color, amplitud, conmoción.

Un guía experto detallaba pinceladas,

ideas, generosidad biográfica,

una mujer espléndida en su unicidad:

atravesó corrientes pictóricas, experimentó,

viajó, sorteó la guerra, se impregnó de cuanto observaba

desdibujó los horrores difuminados,

transitó entre el surrealismo y el cubismo,

llegó a la isla de Capri para dibujar las sirenas odiseicas.

La luz y el color estaban en sus viajes,

en los tipos marroquíes, en las callejas y el barro

de un paisaje que no ha cambiado tanto.

Delhy elegante y libre fue una flor de Castilla

una artista sublime en un tiempo incómodo,

inmortal viajera que habitó en los detalles.