Poema 237: Quietud

QuietudIMG_20191101_113042

Quietud. Luz opaca esta mañana.

Todos los Santos se ha vestido de gris cálido,

apenas algún amarillo  en las hojas,

capota térmica de manga corta.

 

En mi niñez había niebla y frío,

castañas y hogueras, desapacibilidad.

El húmedo penetrar del viento en los huesos.

Nada permanece.

 

Un gato campa a sus anchas por la orilla del río,

hay otro en una foto de desaparecidos,

la anciana de rostro arrugado los cuida,

forman parte del paisaje ribereño.

 

Mansamente flotan en el aire las hojas diminutas

del árbol mágico,

una urraca confiada se posa al pie de un olivo,

las flores del jardín se han mudado al cementerio.

 

Me gustaría leer un periódico en el parque,

saltarme toda la política y las noticias,

llegar a la cultura como un naufrago friki,

demorarme como la mañana en las palabras.

 

El día traerá otra belleza y un viaje,

sorpresas llenas de color y cierta aventura,

quizás con suerte el sonido del mar

pero nada comparable con esta quietud matinal.

IMG_20191101_110357

 

 

Poema 236: Carpe Diem

IMG_20191018_173119

Carpe Diem

 La noche ofrece múltiples sensaciones,

el aroma que ha dejado la lluvia,

el frío en el rostro,

una visión de nubes algodonosas flotando,

quietud pero no silencio.

 

Has decidido apurar el placer,

no postergar la lectura del último libro

ese que compraste con deleite,

mirar unas fotografías olvidadas,

sacar del cajón tu caleidoscopio hexagonal.

 

No sabes cuál será tu último gol,

ni si sentirás más la sensación de plenitud

al pedalear en bicicleta por un camino arenoso,

cuándo verás el mar por última vez

o qué figura dibujarán las nubes en el ocaso.

 

La noche ofrece todo su poder evocador,

la serenidad de tu presencia madura;

mañana habrá una niebla de singular hermosura,

o un cielo que recoge cualquier forma geométrica

imaginada o soñada en forma de color y nubes.

 

El tacto de una piel suave, o el beso de tus hijos,

la música que reconoces en las primeras diez notas,

la sucesión de palabras encadenadas

capaces de que tu sangre se acelere en las venas,

deben ser apurados sin ninguna dilación.

 

 

IMG_20191018_172639

 

 

Poema 226: La vida

La vidaIMG_20190801_195514

La vida se distribuye en etapas y miedos,

en ciclos de duración diversa y paranoias,

en tics y afinidades mentales,

y se diluye en nostalgia y memoria.

 

Puedes imaginarte un día caminando

por la orilla de una playa azotada por el viento,

experimentar la levedad de tu figura

ante los embates de la galerna.

 

O sentir la fuerza muscular mientras pedaleas

sobre un camino de arena y piedras

que desemboca en el famoso puente de hierro

todo tu cuerpo en tensión vibrátil.

 

Y quizás un día amaneces cansado

y te preguntas por el sentido de tu vida

por quién te necesita o espera algo de ti,

por el hueco mínimo que dejarías en tu ausencia.

 

Entonces, algunos mecanismos cerebrales

pueden soltar sustancias en tropel,

una mezcla milagrosa que regula tu pensamiento,

que conecta con la maravilla vital de tu existencia.

 

El acceso a tu repositorio de imágenes hermosas

atrae sobre ti múltiples vínculos,

un juego competitivo de prioridades,

una suma de cariño y supervivencia esenciales.

IMG_5696

 

 

 

 

Poema 207: La gran belleza

La gran bellezaIMG_20190224_140344

Tránsito despistado, sigues una iglesia

en un cuadro de Van Gogh,

o te fijas en las variaciones posibles

de la ley electoral,

o te documentas sobre las intenciones

de tal o cual poeta;

cuando puedes, elevas la mirada y sonríes,

te consideras afortunado por encontrar

la belleza en la vida cotidiana.

 

A veces retiras las gafas de tus ojos,

contemplas los objetos deformados,

el color que se confunde y se mezcla,

la vacuidad de cuanto te rodea;

desenfocas con tu cámara réflex

y consigues trascender el mundo lineal

de contornos definidos y precisión aparente.

 

No eres capaz de ir más allá,

eres consciente de tus límites, de tu capacidad

de insistencia en asuntos complejos,

de la voracidad con la que quieres acceder

a todo cuanto tu mente alcanza:

consumir antes que crear,

disfrutar antes que avanzar sufriendo.

 

En breves instantes de lucidez

escuchas la voz atemporal de un guía,

el cántico desesperado y auténtico,

la música que te produce vibraciones internas,

trance, éxtasis, ausencia mundana;

entonces navegas por el nirvana ilimitado

de tus conexiones neuronales más libres

y vuelves con una paz profunda e inútil

en la vorágine activa y sinusoidal de cada día.IMG_20190221_175526-EFFECTS-EFFECTS (1)

 

 

 

Poema 198: Calles y piedra

Calles y piedraIMG_2897

Calles y piedra y el aliento de la niebla

persigue conciencias y ánimas,

despierta sueños y vuelos de aves migratorias,

el milano de cola de tijera

al acecho del surco oxigenado del arado

cae en picado atajando a su presa.

 

Un impresionante paisaje de montañas

superpuestas en el poniente,

muestra tu nimiedad personal,

penetra como el fulgor del frío en tus huesos,

azulea tu aura de turista observador.

 

Palabras en desuso vivas en las macetas,

el pueblo solitario en la hora del ocaso,

calles tuertas, un castillo silueteado;

allí resuenan tus pasos fantasmales

en la calzada romana y el puente.

 

El aura familiar envuelve y protege,

el museo se muestra en escenografías

disimuladas durante decenios en cada calle,

en cada rincón, cada fuente, cada esquina,

un trampantojo sin fisuras aparentes.

 

La belleza es la hora del ocaso

o la ausencia de transeúntes y pobladores,

quizás la pertenencia al clan que campa

a sus aires sobre las piedras milenarias,

o el aire limpio que penetra en los pulmones.

 

Paz y armonía, momento irrepetible,

la conjunción de detalles y algarabía infantil,

una foto aquí y otra allá, el cuidado de la luz

más apreciada que nunca

glorifican el día y lo encumbran a mito y leyenda.

IMG_2902

 

 

Poema 197: Permanencia

PermanenciaIMG_2692

Las vacas siguen el en mismo lugar

al lado del mar,

hay sol y pastos verdes,

se escucha la masa marina en movimiento.

 

Apenas hay cambios en la belleza

del paisaje,

te imaginas corriendo sobre el acantilado,

con toda la luz del mar en tus ojos.

 

La barba de varios días te envejece

más que tus distracciones u olvidos,

te recuerda tu mortalidad evidente,

los años percutiendo estos senderos marinos.

 

Huele a hierba y a humedad

en el reino de caracoles y babosas,

no hay motores en esta parte del mundo

que perturben el sosiego de Nochebuena.

 

La arena amarilla es un misterio en este paisaje,

hay regalos intensos para tus ojos

tras cada curva del sendero,

sosiego e ilusión de permanencia aún un poco más.

IMG_2713

 

 

 

 

 

Poema 196: Escritura automática

Escritura automáticaIMG_2440

La escritura automática no acude cada día,

ni la idea, ni la belleza observada,

ni la imaginada o provocada por imágenes

mentales sugerentes o posibles.

 

La mente tiene una producción previsible

de ideas finitas:

se agotan los temas y la mirada atenta;

aparece la duda y el silencio.

 

Hay días en que un texto nada te dice,

no sugiere ni amplifica,

no te perturba o inmoviliza,

ni mueve, ni esparce, ni desordena.

 

¿Cuántas veces has escrito sobre las aguas

de color chocolate del Duero

tras las lluvias del norte?

 

¿Cuántos árboles han tenido que perder sus hojas

para poder hablar de sus muñones,

o sobre el desamparo de su traslucidez?

 

Y, sin embargo, ahíto de imágenes,

cansado del deambular diario,

cuando menos lo esperas surge de la humedad

la fotografía de un musgo intenso,

la formación en escuadra de aves de paso,

o esa montaña nevada que se acerca a tu ojo.

 

Ahí está la belleza de no hilar nada,

de no estar precavido ni preparado,

el poder automático de evocar

sin orden ni concierto cuanto te venga en gana,

la lucha del improvisador en días difíciles.

IMG_4296

 

 

 

Poema 194: El fuego

El fuegoIMG_2252 (1)

El fuego bello que en la mañana

ilumina mi rostro, transmuta

la orientación del pensamiento.

Llega la llama tras el verde incógnito

los charcos sobre la arcilla,

la maravilla de producción infinita.

 

El fuego me produce sosiego,

anticipa el curso escondido del Duero,

el desvío ya inevitable hacia las Maricas.

Deshago el camino, el físico

para instalarme en un mundo de ideas,

voz, imagen o relato.

 

El fuego es la alegría y el júbilo,

es calor en medio de la niebla o la helada,

una llama maderera,

también es ya la Tenoria de mi relato,

un día corriendo bajo la niebla,

es noviembre y la luz violácea de la mañana.

 

Cuando muera, el fuego seguirá tal vez,

unas manos ateridas lo alimentarán;

será la señal de vida y humanidad

en un mundo aséptico de futuro.

IMG_2278

 

 

 

 

Poema 187: Documentos

DocumentosIMG_20180801_170931

Los documentos absorben toda la energía,

permutan el orden natural de preferencias,

antes o después ya no servirán para nada.

 

El bidón encendido es la señal de la niebla

del frío matinal en la ribera del Duero,

es la llama que enciende mi sonrisa en otoño.

 

El espectáculo de las hojas decolorándose,

o un crepúsculo de resonancias africanas

son documentos que perdurarán algo más.

 

Todo lo importante es relativo,

salvo los instantes de felicidad de cada día,

ahí está el motor y la serenidad y la gracia.

 

Poeta, cámara de fotos, degustador visual,

olfativo, táctil,

dueño de un imaginario atrofiado por la realidad.

 

Los documentos absorben tiempo y materia,

silencian el canto de los pájaros,

convierten cada día en un rectángulo gris.

IMG_20181022_170448

 

Poema 186: El sendero que baja al río

IMG_20181018_133124

El sendero que baja al río

 

La luz no es de otoño, ahí estás

enfrascado en extractos y pantallas,

los saltamontes indican el camino hoy sin hollar,

los arrancamoños se adhieren a tu chaqueta nueva

y tu mente se transporta al espectáculo de los patos.

 

Todo está aún verde, pero el declive ha comenzado.

 

Tras la presa corre el agua entre carrizos de la ribera,

hay una continuidad en la coloración: agua, camino, cielo,

 

Te sorprenden matices que no esperas en estas fechas.

 

Tu cabeza está llena del trabajo que acabas de abandonar,

pero el murmullo del río acalla el rumor mental,

aún tienes una amplia predisposición para la belleza,

para el sonido de la naturaleza.

 

Has descubierto un sendero y quieres mostrarlo;

es un lugar mágico de alejamiento

al lado de coches, ordenadores, timbres, griterío.

Volverás a la orilla del Duero en busca de paz.

IMG_20181018_133347