Poema 607: Recuerdos del viaje

Recuerdos del viaje

El viaje se difumina en los detalles,

se agrandan algunas sensaciones

y se pierden sucesiones de momentos

ideas, emociones y preocupaciones.

Pasan los días e Islandia es cada vez más verde

en el concepto, en la idea preconcebida,

en las auroras tan fotogénicas en la noche.

La iglesia de Vik es cada vez más roja

y Gullfoss helada es cada vez más blanca.

La casa del lago se ha convertido en idílica

aún sin café y sin apenas víveres,

desayunando el último sobre de jamón,

caminando por sendas ocultas por la nieve.

No conocí la moneda local, ni apenas islandeses,

vimos muchos más caballos que personas

y decenas de japoneses en cada cascada.

Tuve muy poco tiempo de escritura,

imposible afianzar las impresiones

del frío extremo, de la fuerza de la naturaleza.

El resultado es una amalgama de belleza,

de descubrir un lugar mítico en pocos días,

de haber disfrutado intensamente de cada instante.

Poema 606: ¿Qué te ha gustado más de Islandia?

¿Qué te ha gustado más de Islandia?

Según se alejan los círculos de amistad

me preguntan tópicos: –¿hacía mucho frío?

–¿la gente allí qué come? –

Y yo recuerdo ventiscas de nieve,

Un paisaje todo blanco que antes fue castaño,

torrenteras de agua por doquier,

el blanco azulado o verdoso de una lengua glaciar,

iglesias rurales mínimas rodeadas de tumbas,

pequeñas cruces en el suelo de tierra,

franjas de playa de arena negra volcánica,

y el asombro emocionante de las auroras boreales.

También recuerdo el precio desorbitado de las cosas,

la sorpresa de un faro meridional

bajo el que deberían de pivotar cientos de pingüinos

que no vimos.

Un amanecer junto a un lago, un paseo hollando la nieve,

y siempre la añoranza del estilo plácido de vida

que atesoras en tu hogar.

–¿Qué te ha gustado más de Islandia? –, te dirán,

y responderás con calma que las múltiples sensaciones,

la austeridad y grandiosidad del espacio,

la sencillez tecnológica para el autoturista.

La amistad íntima no pregunta, escucha activamente,

intuye las sensaciones y las ilusiones,

contribuye a expandir el viaje una vez terminado,

a identificar recuerdos y a etiquetar todos los detalles.

Poema 605: Iglesia de Vik

Iglesia de Vik

Esencia simple de líneas rectas,

emblemático lugar a media altura,

observable desde el mar y la montaña

blanco y rojo primarios,

alrededor la nada nívea y el frío norteño.

Contrasta la plataforma con los pastos desiertos,

el flujo incesante de fotógrafos,

la lluvia o la nieve en ventiscas directas

parecen rebotar en su campo magnético.

La iglesia es un icono arquitectónico,

atrapa la mirada a la salida del único supermercado

en muchos kilómetros a la redonda.

Diríase un edificio de un dibujo animado,

quizás una iglesia en los Alpes de Heidi.

Hay una magia probablemente ancestral en el lugar,

la sensación de belleza de proporciones,

el modelo con el que se erigirían decenas de templos.

Impresiona la austeridad, el enclave perfecto,

la luz, el sonido del viento y del Atlántico Norte.

El rojo vivo de la cubierta y la torre atrapa la mirada

cual tela de araña pacientemente tejida

para atrapar al incauto turista y colonizar su mente.

El icono visual trasciende su significado místico

y lo eleva al altar turístico de la devoción viajera.

Poema 604: Iceland

Iceland

Ventisca de nieve, dolor de frío en la piel,

conduzco un coche que aún no es mío,

automatismo de supervivencia: lo que hay que hacer.

La ciudad nevada duerme,

códigos numéricos facilitan la impersonalización,

luz blanca y calor interior.

Caballos islandeses inmunes al frío,

agreste es la palabra elegida.

Granjas reconvertidas en alojamientos turísticos

vertebran el territorio

y mantienen algunos animales domésticos.

Sagas, epopeyas, un jinete que atraviesa Gullfoss

para unir dos familias de pastores míticas:

se vieron desde ambas orillas de la catarata

y la falla natural nada pudo contra el deseo sexual.

Los pingüinos inexistentes

rivalizan en ocultación con las auroras boreales

entre cielos cubiertos y costas azotadas por el viento.

La ventisca de nieve es efímera y periódica,

también el viento que abre puertas y desata locura.

Los cazadores de reflejos magnéticos

recorrieron decenas de kilómetros en busca de estrellas;

les sonrió la suerte cósmica, verde, improbable y magnífica.

Fue a causa de la perseverancia y la tenacidad.

La aventura es opuesta a la tecnología,

libera sustancias mentales impagables

pese a los inconvenientes físicos.

Sueño con una nieve en polvo volandera

que se desprende de las ruedas de invierno

y aterriza aleatoriamente en el centro auditivo.

Los días de magnificencia natural terminan,

vuelve la rutina laboral y placentera

de máxima exigencia mental.

Poema 603: En medio del caos

En medio del caos

Dice mi hija:

–Un viaje así no lo organiza cualquiera–

Todo era más difícil antes de la era tecnológica,

también más simple e incierto.

Veo cientos de imágenes en las pantallas

verdes pastos, glaciares, arenas negras,

volcanes amenazantes, geiseres,

un atisbo verde difuminado de aurora boreal.

El contraste anunciado de intenso frío

y el calor humeante de las aguas termales.

Paisajes inhóspitos desiertos de humanos,

la luz escasa del invierno aún vigente,

y el vigor de una naturaleza nórdica

que hizo a los vikingos fuertes y agrestes.

Dicen las estadísticas que son gentes amables,

sin apenas población reclusa,

proclives a la igualdad de género,

un pueblo abierto y orgulloso de su naturaleza.

Veo mapas, alojamientos, distancias,

puedo sentir esa sensación térmica en el rostro,

el frío intenso y el viento que llega desde el mar

como una fuerza envolvente inevitable.

El caos está en la mente del viajero

que imagina todas las posibles adversidades,

también todas las maravillas visuales y estéticas.

Comienza la aventura de transitar por la vorágine.

Poema 602: La cúpula

La cúpula

La llamaron geoda antes de existir,

diseñada con creatividad política,

un engarce de figuras geométricas

aceradas y ensambladas con arte.

La sacudieron vientos e inclemencias,

políticas y meteorológicas:

un nombre infausto para la plaza,

una columna central innecesaria

que aún podría ser retirada.

Se filtran a través de ella ocasos,

plenilunios, nubes rosadas por el sol,

el reflejo magnífico en el agua en derredor.

Pían los pájaros revueltos en el crepúsculo,

revolotean decenas de murciélagos

devoradores de masas insectívoras.

Imagino con gran expectación

el crujir fundamental de la estructura

si fuere retirado el sostén central:

algarabía y aplausos o la ruina amalgamada

del diseñador o del gran soterrador.

Un monumento geométrico emblemático

de gran belleza matemática,

de resonancia lapidaria oculta

por un torbellino de conceptos eruditos.

Poema 601: Judith

Judith

Judith conduce un Audi rojo tras decapitar a Holofernes.

Algunas la miran con envidia, otras más cabales la admiran.

Hay hombres que sienten el dolor de la castración masculina.

Caravaggio y Artemisia habrían pintado la secuela conductora,

elegante, llena de la gracia que ahora llamaríamos dopamínica.

Las precuelas serían imágenes seductoras, alta costura,

finos tacones de aguja, el brillo en los ojos del acero emasculador.

Las periodistas la fotografían en la alfombra roja,

sonríe ante cada ataque en redes sociales,

escribe poesía a la que no acceden mentecatos.

Judith se protege con su sonrisa de labios escarlata

de cuantos bufones de cartón piedra la acechan.

Pronuncia unas palabras cabales en aras de la justicia social,

del feminismo que avanzando sigue siendo tan necesario.

Judith colecciona amantes en el Belvedere,

ha adquirido la categoría de nube, etérea y siempre visible,

se reencarna de tiempo en tiempo en el cine, en la pintura,

en poemas descarnados o vengadores.

Vivirá eternamente en el arte, en el imaginario colectivo,

modelo y musa y también heroína activa y domeñadora de imbéciles.

Poema 600: Las Hijas de Felipe

Las Hijas de Felipe

Murmullos, expectación inteligente en la capilla

en la que los duques de Lerma orantes

–bronce dorado al fuego por Pomepeo Leoni–,

aguardan con ansia a las Hijas de Felipe.

Ana y Carmen, jóvenes maduras, comparecen

cual divas comunicadoras del Barroco,

sobrias frente el exceso escultórico elegido:

Luisa Roldán, imaginera sólida y eminente

en una época de discriminación femenina.

La erudición trabajada y las voces tan hermosas

penetran con intensidad en los oyentes:

dicción pura, elegancia en los tics fandom,

humor sutil ampliamente agradecido.

Los avatares vitales de la Roldana van calando

como una lluvia fina en la conciencia:

once partos, ascenso artístico hasta la corte,

el intento de elevación al papado con su nazareno.

El lenguaje de los gestos no se aprecia en los podcasts,

sí las magníficas inflexiones de voces inconfundibles,

tampoco la puesta en escena en la magnífica capilla,

ni la profesionalidad adquirida en el salseo barroco.

Hablan e hipnotizan a los presentes durante una hora

tan solo parcelada por las cortinillas musicales de Caliza.

La mañana desemboca en la visita escultórica a Luisa Roldán

expuesta por el Museo Nacional de Escultura en Pucela.

Poema 599: ¿Cuánto tiempo puedo pasar mirando la luna?

¿Cuánto tiempo puedo pasar mirando la luna?

El amanecer se ha disfrazado de luna llena

en el punto cardinal opuesto a la aurora.

Hipnotizado por el tamaño y el color

acodado en la ventana privilegiada

contemplo ese instante de hermosura efímera.

Aún consciente de la fugacidad de la escena

no tengo paciencia para la consumación.

Es el sino de los tiempos, apresuramiento,

prisa, fugacidad, ausencia de recogimiento.

La velocidad de la bicicleta no parece suficiente,

tampoco ese audio escuchado a velocidad normal,

el tiempo no se multiplica por subdividirlo en mónadas,

tampoco el disfrute profundo de la vida.

Ciertamente el encuadre de la escena callejera

es repentino: lugar, luz, circunstancia, presencia,

después el caos y la vulgaridad persistente

abierta en canal un instante para tu ansiosa mirada.

Leo cada día una suma intensa de titulares periodísticos,

la nada vacía y matemáticamente discreta

de unos fuegos artificiales remotos y ajenos

que se cuelan en las mentes desprevenidas

crean emociones básicas, arcaicas e insanas

en aras de la huida hacia adelante consumista.

¿Cuánto tiempo puedo dedicar a la luna?

¿Y cuánto tiempo a la lectura y a la cultura?

Poema 598: El mundo avanza

El mundo avanza

El mundo sonoro matinal está corrompido,

noticias para falsear el mundo,

tonterías múltiples de influyentes personalidades

la marca ascendida a la imbecilidad.

Y sin embargo corren de fondo los avances,

científicos, éticos, tecnológicos,

con una continuidad que los disimula y enmascara.

La fuerza social está escondida y protegida

por todas las boutades y ocurrencias,

por los espabilados de las ondas y las palabras.

Bajo la dermis social, el dinero de todos genera avance,

bienestar, esperanza de vida, lujo y comodidad

disimulado por la rebelión de los despojados

de sus históricos privilegios consanguíneos

o directamente arraigos patriarcales.

¡Autogestión! claman algunos, ¡Abuchea al estado,

coloca a todos los políticos en la misma cloaca!

El crecimiento y el conocimiento son exponenciales,

también la estupidez y los gritos de los incapaces,

los vagos y los intrigantes, a sueldo de explotadores.

La apisonadora de la inteligencia enfoca aquí y allá,

parchea o repara, desenmascara y viraliza,

en un mundo aún inconsciente de su fuerza global.

Cada adquisición ancestral es revisada

bajo parámetros de ciencia, de lógica, de igualdad,

y ahí reside la esperanza, la luz y la energía,

en un gráfico sierra que siempre termina elevándose.