Poema 69: Fotógrafas

FotógrafasIMG_20160306_230236

Admirado por fotografías

de las que no puedo apartar

la mirada, veo ángulos, desenfoco

y obtengo formas, ideas, siluetas,

la seguridad de que hay algo oculto,

en el escorzo tan conseguido,

o en el color emergente

de un fondo en blanco y negro.

¿Cuánto pensamiento, encuadre,

cuánta experiencia, cuánta innovación?

Descubro a Lee Miller en un poema

de Luis Alberto de Cuenca; indago

en su vida difícil, llena de aventuras,

histórica, narradora del horror, terrible

adolescencia exorcizada mucho más tarde

por su propio arte innovador.

En un magazine Sarah Tansy me inquieta,

muestra una mujer delgada, desnuda,

unas manos le cortan el pelo,

sentada sobre un cajón de manzanas;

conserva sus botas de piel color crema.

Una y otra vez admiro las botas en esa foto.

LeTansy está en la web, fotografías

extrañas, centenares en instagram,

el arte de un perfil recién inaugurado.

Berenice Abbot, apareció en los últimos días

del pasado año: guardo Nueva York

en construcción y los campos magnéticos

con limaduras de hierro, un polo, dos polos,

la mirada de mi hijo, incrédulo, vuelve

una y otra vez sobre las imágenes

en la pared de la sala de exposiciones.

Ella inventó las cámaras y los procedimientos.

lee miller

Poema 68: En lo alto del centro comercial

En lo alto del centro comercialIMG_20160305_184456

En lo alto del centro comercial

huele a comida rápida.

Atisbo el vuelo de una cigüeña

a través de los ventanales.

Asoma el sol entre nubes,

una pareja de ancianos en un banco,

contempla el cielo cambiante,

se detiene el tiempo, no el ruido.

Yo no estoy contento, nadie lo parece,

mi visión subjetiva del mundo,

decolora objetos y personas,

los envuelve en una pátina grisacea.

Ni objetos, ni la belleza de un cielo

plagado de nubes zoomorfas,

nada me aleja del color invernal,

quizás solo la lectura de un poema.

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Poema 67: Nadie sonríe

Nadie sonríeIMG_20160302_193523

Mira por tu ventana,

existe la vida, alguien

arrastra los pies,

el tipo de la pipa viste bien,

una madre joven carga con sus hijos,

nadie sonríe.

Un tipo deforme cruza el pasadizo,

la cabeza alta, erguido,

mucha gente le mira al pasar,

él lo sabe y le alimenta.

Escuchas un poema de un youtuber,

con más de cinco mil reproducciones,

desamor un punto cínico,

sensibilidad a flor de piel.

Varios adolescentes caminan en grupo,

obsesionados con sus teléfonos móviles,

sus rostros inexpresivos son prisioneros

de la última foto que alguien se hizo en su baño.

Nadie parece escapar de la tecnología,

de las calles atestadas de vehículos,

de la orgía de ruidos chirriantes,

ni de la prisa social inconsecuente.

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Poema 66: Ondular

          OndularIMG_20160302_123849

En el reverso de la tarde ya no sopla

el viento, no atardece, no avanza

si no en el ondulante modular

de una falda corta, desafiante,

horas y horas de luz y sol radiante

para los lastimeros herederos del invierno.

 

En la furia contenida durante horas

despliegas toda la pasión, la ensalzas,

volteas tus propios pensamientos

para elevarte por encima de tus expectativas

carnales, de tu conocimiento escaso

de tu propia lucidez, ya ocaso o continuo ondular.

 

Asideros de la razón, monstruos

de vida disoluta, la calle, el lugar

en el que se desarrolla el espíritu

enfermo y el tedioso y el anquilosado

transcurrir de jubilaciones decrépitas.

 

Allí donde todo sucede oscila el tiempo,

se deforman las siluetas a la manera

de ciertos cuadros de El Greco,

el mismo dolor solar en la hora del ocaso,

luces y tinieblas entremezcladas.

 

La paleta de la vida, el color del tedio,

ejercicio de moda, correr y correr,

coloridos atletas repletos de grasa,

fumadores empedernidos, suicidas

que aún vuelven la cabeza ante un ritmo.

 

Duele en los ojos el secreto de la belleza

oculta meses y meses, cuidada,

embadurnada de cremas hidratantes,

el caminar sinuoso de unas caderas

capaces de hacer levitar todas las miradas.

 

La piel prohibida, la creencia en sí mismo,

autosuficiencia que no es tal, necesitada

de admiración, de giros imposibles

de cabezas ante el taconeo tan peinado

de un pelo ondulante y sedoso en primavera.

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Poema 65: Frágil

                 

                          FrágilIMG_20160229_192447 (1)

En un instante deja de respirar.

Apenas una levedad en el aire

frío de febrero, un mínimo vórtice

desvanecido, magia y dolor.

 

El tránsito es difícil de imaginar,

en tu serenidad vas sintiendo

el peso progresivo y singular

en el pecho, del dolor de la ausencia.

 

Miles de recuerdos acuden

sin ser convocados a tu duelo,

horadan tu resistencia, te remueven,

perturban toda tu naturaleza.

 

Frágil sustancia, voracidad temporal,

la nada o el vacío, fría corriente

de aire, holgura personal,

cicatriz y terremoto en la hermosa luz.

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Poema 64: Cuando nada sucede

       Cuando nada sucedeIMG_20160226_082747
Cuando nada sucede, la crecida del río,
cuando nada sucede, un relato quijotesco,
cuando nada sucede, se asoma el vacío.

Cuando nada sucede, dos niños me abrazan,
cuando nada sucede, encuentro un poema,
cuando nada sucede, me convierto en lombríz.

Cuando nada sucede, la insignificancia,
cuando nada sucede, me miro al espejo,
cuando nada sucede, sopeso mi edad.

Cuando nada sucede, los buitres acechan,
cuando nada sucede, pierdo el valor,
cuando nada sucede, no hay hoja en el árbol.

Cuando nada sucede, repliego mis alas,
cuando nada sucede, confío en el tres,
cuando nada sucede, todo está sucediendo.

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Poema 63: Días grises de invierno

Días grises del invierno     FB_IMG_1456224423824

El árbol mágico no tiene nidos,

contiene en su interior una farola;

su silueta en la niebla muestra

varias ramas amputadas,

es gris como todo bajo el espeso manto

de la diosa pucelana.

 

Un gato se ovilla al lado del río;

una pareja de joviales ancianos

desmigaja y esparce cuscurros de pan

ante la atenta mirada de las palomas

carroñeras y las inteligente urracas.

 

Las comadres más enteradas,

se aprestan a cargar con los problemas

ajenos, oralidad que ya no se frena,

el poder social de organismos desocupados,

una salida gris a la  cotidianeidad.

 

El quiosquero feo ya no me saluda:

no compro allí el periódico, no escucho

sus comentarios misóginos, su pesimismo

flota en el aire cargado de juguetes

de escaparate desvaídos por el sol.

 

La fachada del ángulo inverosímil

se ha agrietado; varios coches aparcan

inmisericordes sobre el césped

reseco por la helada y las roderas,

los municipales silban mirando al sol

impotente, embobados por el rítmico

taconeo de una madre joven.

 

Hay días en que la mirada poética

se regenera en la feladad mecánica,

verbaliza flujos catárticos de miseria,

se apresta al contraste de la luz,

del ciclo hormonal que redime e inspira.

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Poema 62: La Gran Odalisca

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    La Gran Odalisca

La piel luminosa, el escorzo obligado

para que los ojos incitantes te alcancen,

voluptuosidad, la caricia de las plumas:

antes, has visto dibujada a la modelo,

la postura natural, el cuerpo estilizado,

un estudio abierto a la imaginación

poderosa del artista. Después,

crecen las proporciones, invaden el cuadro,

ya es ficción absoluta. Y mito.

Observas embelesado la perfección

resultante, sopesas los pensamientos

inexistentes, el deseo, el placer soñado.

Entonces la magia de tu mente

la dota de movimiento, la insufla vida,

los ojos se mueven discreta y lentamente

en sus cuencas, las formas cobran volumen,

al fin las plumas tienen su uso

y los almohadones se deforman por el peso,

la piel es un imán sedoso, los músculos

se tensan y destensan, parece sonreír:

eres un cautivo espectador más,

subyugado por su belleza y erotismo.

odalisca dibujo

Poema 61: El invierno del poeta

El invierno del poetaIMG_20160119_180227
Las redes sociales, obstaculizan
el mirar delicado del poeta,
en una tarde fría de niebla y colores grises.
Un tuit, una foto del trabajo en grupo
para conmemorar el día de la paz,
el espejismo de cientos de amigos
sociales, pequeñas píldoras de conocimiento,
ideas que almacenas en el magín
para proyectos futuros,
y sin embargo puedes sentir el aroma
de la superficialidad, la liviandad y el olvido.
Basta sin embargo la lectura de un poema
sintético, un laberinto de curiosidad,
citas de un pasado elegante,
para que se despierten los sentidos:
observas y recuerdas el muñón de unos árboles,
los colores que ya describiste,
un orador que inventaste sobre una marquesina,
la magia precaria de una pareja enamorada,
identificas algunos de tus versos
extraídos en una noche de graves estudios
por alguno de tus seguidores sociales;
sientes entonces un calor amigo,
elevas tu mirada a los cielos dolorosos
del invierno, buscas dentro de ti el milagro
de un comienzo para un poema, una idea,
una imagen, el círculo que cierre el día
con la precisión de unos versos, la sonrisa
satisfecha de un creador ante su obra,
el ansia contenida ante un comentario
o una interpretación inédita. Quizás
un reflejo de inteligencia en unos ojos hermosos.

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