Poema 537: Pirinexus

Pirinexus

El camino de ronda sobre la iglesia 

muestra el territorio fronterizo y defensivo,

en un lugar de la historia codiciado y cambiante.

El camino del exilio hace ochenta y cinco años

convierte estos parajes montañosos 

en míticas rutas de salvación.

El camino ciclista circular atraviesa la frontera 

a más de mil quinientos metros de altitud,

serpentea hasta Prats de Molló,

lugar inexpugnable de entrada a los Pirineos.

Coinciden todas las rutas mentales en planos paralelos,

en vidas diferentes, el metaverso del espacio compartido.

Los ciclistas han colmado sus retinas de verdes pastos,

de perfiles montañosos en planos superpuestos,

de un agradable sol de julio.

Descenderán siguiendo el curso de ríos pirenaicos,

llegarán al mar en una mañana calurosa de julio,

cerca de las excavaciones veraniegas de Ampurias.

Antes se habrán alojado en una casa de apariencia provenzal,

se habrán bañado en una cala preciosa y masificada,

y, agotados, planificarán la ruta del día siguiente.

Poema 536: Sendas volcánicas

Sendas volcánicas

Dentro del cráter surge la duda:

¿qué harías si esto empezara a temblar?

Dice la lógica, que lleva veinte mil años en reposo,

que cientos de miles de personas han pisado allí,

pero el atávico miedo a la erupción volcánica

permanece en algún lugar recóndito de mi cerebro.

Las imágenes que puedo recrear son ficción

o realidad a través de un objetivo:

soy el dueño absoluto del desastre,

del color rojo vivo de la lengua de lava imparable.

En los tubos volcánicos impera la música New Age,

el sonido del viento mezclado con agudas notas de violín

y los graves lamentos del contrabajo.

Me acerco al trance, a la geometría de la lava,

estafilitos, chimeneas, el azar del discurrir hacia el mar,

unas condiciones no aptas para la vida.

Los caminos humanos se abren entre los basaltos,

dividen la tierra baldía, conducen al epicentro

localizado con círculos triláteros;

allí uno se empequeñece y observa las formas descomunales,

la elevación del interior de la corteza terrestre,

el juego de presiones y temperatura que conduce

a la renovación estructural de las condiciones iniciales.

Poema 535: Aprovechamiento

Aprovechamiento

En el interior del cráter, abierto al Malpaís

los labriegos cultivaban la tierra fértil

rodeada de rocas volcánicas baldías.

En el centro geométrico del volcán

trazaron un círculo para compartir la era.

Los sectores de corona circular

eran arados por mulos y sembrados de cereal.

La mecanización del campo

derrotó este aprovechamiento del oasis.

Hoy los caminantes acumulan un cono de piedras,

dejan su pequeña impronta-reconocimiento

a quienes sobrevivieron allí casi tres siglos.

Poema 534: Casa de Pilar y José

Casa de Pilar y José

Tal y como imaginaba el lugar era fascinante,

vistas sobre la costa y calma, mucha calma.

La censura del Evangelio Según Jesucristo los trajo aquí

a la isla diferente:

Pilar buscó esta casa y la adaptaron para ellos

antes de que llegara el Nobel y el enorme reconocimiento.

La vivienda es ahora un museo, una memoria, un santuario,

una incitación a la imaginación de cómo vivieron

estos escritores eruditos y sus allegados:

sencillez, arte y muchos libros ordenados.

Ella modeló al escritor y vertió al castellano sus novelas,

le regaló tiempo para que pudiera escribir,

detallar, imaginar, sobrevivir.

Creó una biblioteca que es envidia y modelo,

un rincón de mujeres ordenadas alfabéticamente

para que sus libros no convivan con quienes las desdeñaron.

Vivienda blanca con carpintería verde,

jardín de membrillos, algarrobos y olivos,

recuerdos rocosos de su paso por el mundo,

cerámicas alentejanas, retratos, relojes y caballos,

todo un universo de seguridad en la fértil vejez literaria.

Poema 533: La promesa de los volcanes

La promesa de los volcanes

La promesa de los volcanes

es una esperanza y una sonrisa matinal,

alejarse de la ruta-paseo marítimo de clubes,

de locales con música y diversión decadente

tras la comida rápida precocinada.

Allá donde estuvo Raquel Welch bañándose,

secuestrada por un archaeopterix volador,

hoy florece un excepcional parque protegido,

un orgullo centenario de lavas y coladas.

El volcán de la Corona ofrece una referencia mítica,

aprovechada su falda para cultivos vinícolas

en medio de semicilindros protectores del viento.

La piedra del volcán es la base de la cultura,

el desarrollo de la inteligencia colectiva

durante generaciones de supervivientes.

El Charco de los Clicos, tan verde,

es una reminiscencia de algas y de azufre,

un contraste con el negro volcánico y el azul marítimo.

El paseo por Timanfaya promete paisajes lunares,

la visión aún virgen para el ojo del visitante,

una experiencia mística y sensual cerca del trance.

Poema 532: Volcánica

Volcánica

El disco opaco lucha con la calima,

aparece tras unas palmeras en la playa negra,

se eleva suavemente cual Atlántico golpeando

sobre los restos volcánicos insulares.

Deportistas de todo aspecto y condición

trotan o marchan sobre el paseo marítimo;

huele a café y a tostadas en los chiringuitos,

se desperezan algunos yoguis saludando al sol,

es aún la hora mágica de los madrugadores.

Al suroeste, siguiendo la línea de la costa,

las montañas volcánicas se vuelven doradas,

todo el paisaje africano tiene algo de irreal.

Me he sentado en la arena negrísima frente al mar,

unas gaviotas planean sin esfuerzo aparente,

se introducen en la espuma de las olas,

picotean aquí y allá en busca de alimento matinal.

Mis reflexiones son contradictorias,

absorben la línea costera, el lugar y el instante,

se llenan de júbilo por la belleza y la calma

añoran una juventud que se me escapa.

Poema 531: Tierra de Lavanda

Tierra de Lavanda

Violetas, campos violetas,

luz que pareciera provenzal

en surcos plenos de espigas olorosas,

tierra de campos góticos,

altiplano testigo entre valles fluviales,

el Sequillo, el Bajoz,

concentración de cultivo floral,

ilusión poblacional en medio de la nada.

Los cielos se alían en encendidos ocasos

decenas de estetas fotografían los campos

en contraluces agradecidos,

mientras degustan una cerveza artesana.

Todo surge del alambique: esencias, mieles,

lúpulos, jabones y perfumes.

Durante unas semanas al año,

hay color en los campos, turismo y esperanza.

Poema 530: Costa Lavajos

Costa Lavajos

La puesta de sol sobre el lavajo

tiene algo de mágico y ancestral,

el agua escasa en esta tierra de cereal

que antes fue viñedo y subsistencia,

la luz infinita que se demora en naranjas,

magentas, índigos, añiles, cobaltos…

Ha llovido en la tarde calurosa,

los futuros girasoles lo agradecen,

también las patatas, maíces, viñedos,

cuanto verde permanece en la campiña.

Huele al cereal aún no recolectado;

voy hollando con la bicicleta caminos

aún vírgenes tras la tormenta.

Las aves rapaces andan revueltas en un rastrojo,

planean, descienden en picado,

atrapan algún roedor que rebaña los últimos granos.

No hay mar, no hay sal ni yodo,

ni la brisa nocturna que equilibra el bochorno del día.

Hay planicie, cereal en sazón, un infinito mirar

hacia la curvatura excelsa de la Tierra,

el sonido del viento que mece las espigas,

la calma del lugar y la circunstancia.

Poema 529: Días de calma

Días de calma

Mis hijos están disfrutando de vacaciones

lejos de sus padres,

un pequeño vacío y mucha comodidad

en estos días de gran carga laboral.

A veces me alejo de la mirada poética

otros días enfoco en ciertos problemas matemáticos,

una novela leída en sus tres cuartas partes,

el asunto de un libro melancólico sobre el trance

o los patrones musicales de Arvo Pärt.

La vida es también estos momentos no estelares,

los intersticios entre eventos planificados

de gran resonancia mental y alto prestigio,

el paseo en bicicleta bajo el calor que ignoro.

Cuando nada pasa, al fin llega a mi mente

la óptima solución que oscilaba incierta,

el anhelo oculto, los recuerdos más rutilantes

de este año veinticuatro que hemos mediado.

Sentarme en un banco a leer o conversar

es un placer que se fija en la memoria,

el sólido afianzar de los momentos despreocupados,

la mitificación de los días en calma.

Poema 528: Fin de curso

Fin de Curso

Tras la vorágine de las evaluaciones

aparece de repente un día con un cambio de ritmo,

horarios y rostros conocidos se alejan en la bruma

del dolce far niente.

Las voces de cada día se apagan,

algunas, no volverás a escucharlas;

también se apagan los paisajes llenos de pinos,

el barullo juvenil regulado por la música,

la afabilidad de algunos compañeros.

Las despedidas son heterogéneas:

a la francesa, con suma discreción,

emocionadas e intensas, no exentas de lágrimas,

fugaces o eternas.

Mucho trabajo conjunto, horas, problemas,

esa pequeña amistad del día a día

desaparecen en una neblina tragicómica

tras la que emerge el vacío vacacional

que no tarda en llenarse de aventuras.

Cada curso mide el paso del tiempo,

un descuento de experiencias, de fraternidades,

una cúspide de agotamiento,

el merecido descanso también cíclico e intenso.

En el río de la vida, nada volverá a ser idéntico,

quizás nada cambiará en la asunción personal

de nuevas ideas, personas, momentos,

y sin embargo ese instante último

 perseverará en el recuerdo,

en los episodios únicos de cada vida.