Poema 580: La huella no obedece

La huella no obedece

He perdido la consciencia de los sucesos

de la pura velocidad vital de los tiempos:

la virtualidad me lleva a más,

a rozar si acaso cierta perfección,

abundar aquí y allá en los placeres:

cine, lecturas múltiples en múltiples capas,

superficialidad, sueños desiguales.

Abro mi ordenador,

–la huella no obedece–

elijo una de las variadas posibilidades,

un instante de escritura automática,

una profunda opinión sobre lo que me desconcierta,

o la tendencia del momento.

Leo una crítica devastadora de Cien Años de Soledad

adaptada a la plataforma de las plataformas;

al escritor, –hedonista holístico–,

eso le lleva a la lectura estocástica del nobel,

una vez más, una aleatoriedad en un libro aleatorio.

 A mí me lleva a ver la serie, a retazos, a mi manera;

aprecio la música, el arte, los encuadres, la actuación.

He conseguido alejar esta obra de la narrada.

Aquí está el deseo, la magia, las apariciones

y de cuando en cuando el texto en off

capaz de erizar el vello de los antebrazos.

Macondo y sus chozas originales, el hielo

y todos los Buendía dispuestos a ofrecer belleza,

con independencia del imaginario de cada cual.

El mundo veloz en la huella de tu dedo anular.

Poema 579: Gabriele Münter

Gabriele Münter

Representé el mundo tal como me parecía en su esencia,

tal como se apoderaba de mí.

                                                                                                  Gabriele Münter

Aprendió a pintar de sus ideas.

Se rebeló contra las limitaciones impuestas

a las mujeres en su época.

Antes había fotografiado incidentalmente América,

viajó y adquirió una cierta idea de libertad.

Desaprendió imitando a su sobrina

para renacer en el expresionismo.

Se entrelazó con su maestro ruso,

ya igual, ya confidente, ya amante.

Fundaron juntos una idea del arte.

En las épocas difíciles de la guerra,

Kandinsky desenlazó los nudos,

los creativos, los vitales, los sentimentales.

Ella llegó al color, lo suavizó en el desengaño,

se exilió y volvió al epicentro nazi.

Sobrevivió ensimismada a dos contiendas mundiales,

pintando, creando, innovando.

Encontró el paisaje en el que quería vivir

y, fuera de las corrientes nacionalistas, lo pintó,

–yo también quisiera vivir en esos paisajes–.

Se pintó a sí misma y a sus amigos en una barca,

hizo múltiples retratos de gran profundidad psicológica,

copió su propia obra con la casa amarilla florecida,

simbolizó la independencia femenina,

y hoy me ha conmovido hasta las lágrimas

la hermosura y el resurgir de su pintura.

Poema 578: La ciudad, sin ritmo

La ciudad, sin ritmo

Atravieso parques y jardines

bajo la bruma gris de otras latitudes,

diríase un día anodino, festivo, otoñal

y en efecto lo es.

La bicicleta eléctrica funciona sin esfuerzo,

aún recuerdo la doble caída bajo la lluvia

y el cuerpo reacciona imponiendo precaución.

Boquean los árboles sus últimos adornos foliares,

transitan las gentes alienadas por la escasa luz,

caminantes inseguros y grises, agotados

por los embates vitales y las noticias infames.

La belleza está ahí, presente y estática,

hilos de conocimiento y verdad, lecturas, imágenes,

anclajes múltiples que elevan la humanidad,

convierten cada día en un oasis de luz y aprendizaje.

La felicidad basada en el comercio, las luces brillantes,

el movimiento permanente,

está hoy de vacaciones muy a su pesar.

Canturreo una canción (o varias) de Batiatto,

la barbilla alta, la mirada poética, la sonrisa puesta

a modo de sostén y equilibrio

tras el enorme descanso nocturno.

Poema 577: Retazos lectores

Retazos lectores

Leo a sorbos, como quien degusta un Martini,

un poema aquí, un capítulo ligero o un relato,

el artículo intenso de una contraportada

o aquel que nada dice ni sugiere.

Llevar un libro siempre me asegura belleza,

la posibilidad de un instante de paz

poder encontrar un lugar lector en un parque,

una evasión en toda regla del mundo.

Probablemente saldrá una idea o un cúmulo de ellas,

una forma de viaje interior, ya universo,

un orden semejante al del sueño reparador.

Un libro es una compañía silenciosa y prudente,

la atracción de la soledad, una promesa

de intimidad intensa, intrínseca y discreta.

Ese retazo lector es un imán de otras lecturas,

de ideas que aún no has reordenado

y cual campo magnético

se erizan en posición de combate.

Paseas con un libro tarareando Ma Solitude,

hasta que hallas un banco público

para tu colección de lugares propicios a la lectura.

El día tiene ese otro esplendor.

Poema 576: La Edad

La edad

Hay un tiempo en que el tiempo se detiene,

hay días del año en que todo se repite,

rostros conocidos simulan continuidad,

obvias arrugas, calvicies o canas,

lo afectuoso esconde con eficacia las miserias,

los duelos y los quebrantos.

El desfase de autopercepción funciona,

y en el juego de naipes puedes triunfar,

acostarte ese día satisfecho tras un gin-tonic,

y un cúmulo de conversaciones no siempre banales.

Revisarás al día siguiente las fotografías,

las palabras y las noticias de los hijos,

echarás de menos a quienes ya no cumplirán

los ritos iniciáticos de las matemáticas.

Se ha pasado la vida en un suspiro entre Bourbakis,

docencia, viajes y algunos poemas interesantes.

A solas, en el silencio aún vibrante de la noche

meditarás acerca de la propia insignificancia:

has transitado calles vacías y máscaras remotas,

necesitas un nuevo filtro de miope belleza

capaz de cubrir la órbita elíptica completa.

Satisfecho, comienzas a tejer una senda

de placeres, emociones, lecturas fascinantes,

la existencia local que desenfoca el plano cenital.

Poema 575: La niebla es un estado mental

La niebla es un estado mental

La niebla es un estado mental

presupone el mes de noviembre,

un déficit de luz que encapsula

el entorno y el contorno percibidos,

quietud sonora húmeda y eléctrica

dispersión de luminarias en la bóveda

personal, ampliamente labrada.

Llega con retraso en su endemismo

en el Vallis Oletum,

perturba o emociona a los nativos,

proyecta un frío relente óseo,

establece una cierta identidad pucelana.

Conducir bajo la música de Malher,

–quizás la Canción de la Tierra con barítono–,

inyecta el paisaje difuso en el pensamiento,

difumina la banalidad periférica

en aras de una construcción intrínseca fuerte.

La imaginación viaja en el tiempo

hacia el machismo donjuanesco de espadas,

capas, bravuconerías hueras,

la banalidad rimada de la existencia viril,

un mundo ya indeseado por mi mirada,

cénit de la desigualdad entre mujeres y hombres,

esencia del arcaísmo patriarcal.

El otoño se ha vestido de noviembre

en recuerdos trenzados con jirones de niebla.

Poema 574: Seguimos igual

Seguimos igual

Preocupados por minucias cotidianas,

sorbiendo la belleza de las imágenes

cual moribundo que inhala oxígeno

incapaces de conciliar deseo y realidad.

¡Sujétame culpa ajena!

Se sortean las semanas con una lectura

o un cúmulo de música e imágenes

impermeables a la felicidad de cada hora

eternos figurantes en el infierno dantesco.

Las palabras, las emociones, la perspectiva

que enfoca en el hecho equivocado

para después nivelar los relatos del pasado.

Solo la inevitabilidad de la muerte

otorga un valor absoluto a las vivencias,

cuatro mil días de escritura nocturna

y una soledad que pesa con el mes húmedo.

Si te reconcilias contigo mismo tendrás la paz

dice el sabio, canta el poeta,

mas los murmullos y las voces mentecatas

provocan espejismos tras las lluvias,

desordenan la lógica esperanza de los tiempos.

–Homo homini lupus–, a través de los siglos,

de nada sirve la abnegación individual

frente a la asociación facinerosa.

La luz disminuye y solo queda purgar

el aventamiento de la inmundicia voceada.

Poema 573: Blues de la mañana de un sábado de noviembre

Blues de la mañana de un sábado de noviembre

Inesperadamente cuando me levanto es tarde,

ni el placer del desayuno calmadamente,

ni el desahogo de un poema leído o escrito.

Ha caído un chaparrón de otoño, lucen las hojas,

decadencia en esa belleza efímera.

Solo mis manos enfermas se despellejan sin solución:

he limpiado el baño y aspirado toda la casa,

el polvo se acumula y vuelve a salir enseguida,

tengo el regusto amargo de una serie maravilla,

el peso en la conciencia de siglos de dominación masculina.

La tristeza de baja intensidad se acumula

en las capas superficiales de los muebles,

–son como el polvo en el camino, no son nada

(un hombre solo una mujer)–

clamaba hace un rato en la música del coche

Paco Ibáñez, cuando volvía de comprar un pan magnífico.

Hay una efervescencia imposible, sueños, caminar

en los bosques húmedos, compostándose,

en la vega estrecha de un río de montaña.

Amarga lucidez, otoño de luz y de levedad,

ansia aprehendedora sin ningún objetivo.

Saldré a correr.

Poema 572: Masculinidad

Masculinidad

Uno planta una sombra

como quien planta un hombre,

injerta una masculinidad nueva

sin extinguir la fuerza y la energía.

Sin saber muy bien en qué momento

hay una savia nueva en su sangre

que convive y mezcla con la antigua.

Consciente de todos los privilegios,

de su historial hegemónico y libre,

reestructura sus recuerdos.

Hay un tiempo sin frutos,

la savia fluye y se acumula, peregrinación,

el tiempo de las graves lecturas, podcasts,

levedad en su autopercepción.

Renace un día inconsciente de su alegría,

sabrosos frutos, hermosura, resplandor,

consciente aún de su herencia maligna.

Poema 571: Hotel Mercurio

Hotel Mercurio

“Cuando vayáis de vacaciones a Mercurio

buscad un hotel en el meridiano 90”

                         Esteban Esteban, “Una extraña puesta de sol”             

Hubo momentos estelares,

universos posibles y experimentos,

el asunto de la longevidad en las zonas azules,

palabras mágicas que evocaban juventud.

Ecuaciones, reacciones, puestas de sol,

–alguien lanzaba objetos fosforescentes–,

erudición, ciencia, divulgación

para llenar unas jornadas magníficas.

Cuando menos lo esperaba apareció un hiperboloide,

antes, una ecuación fractal que anunciaba el caos,

cálculos sobre el origen del Universo actual,

el sol bailando desde la superficie de Mercurio.

Me perdí el carbono catorce porque estaba corriendo,

pero llegué a tiempo de mis mates electorales.

Divulgar por placer, la diversión de la pedagogía,

extraños con ideas que se reúnen desinteresadamente,

la diversión del lugar, la circunstancia y el conocimiento.