Poema 394: Teatro en Cáparra

Teatro en Cáparra

El sendero está iluminado por cirios en el suelo,

vibran las ruinas bajo la luz del fuego,

intimidad en la sierpe de espectadores,

un río humano que surge del polvo

y camina con expectación hacia el arco tetrápilo.

La magia del teatro convoca risas y aplausos,

incluso la luna llena hoy no ha querido perderse

el alimento del humor teatralizado;

eso la hace ascender e iluminarse cada minuto.

Sobre el histórico sitio romano excavado,

uno se predispone a cualquier enredo, engaño,

diálogo con voz fuerte y autoridad en la dicción:

Plauto ha sido adaptado a una modernidad arcaica.

Los aplausos son el agradecimiento por la risa,

ese don tan escaso y volátil,

el esfuerzo de las actrices y actores disfrazados

por adaptar gestos, palabras, movimiento y acción.

El acoso de los patricios hacia las esclavas

provocan la risa fácil del espectador

sustentada en el travestismo y la banalidad,

en los equívocos sexuales y la belleza,

y en la gracia ebria del esclavo Olimpión.

Aparto la vista unos instantes del escenario

y allí aparecen, alumbradas por el generoso satélite

vestigios de lo que fue un próspero cruce de caminos,

una ciudad ensamblada en una colina al pie del río Ambroz.

Poema 380: La luna enciende la cebada

La luna enciende la cebada

La luna enciende la cebada

recién regada por la tormenta.

Tras la lluvia, huele a cereal espigado,

hay mucha feracidad en las plantas.

Algunos árboles del paseo están huecos

pero han brotado sus hojas de un verde intenso.

El viento hace ondular las espigas

y la luz del anochecer crea una atmósfera mágica.

Solo, en medio del campo, me pregunto por esta belleza

por la singularidad de este momento

en el que mis sentidos aprehenden cuanto abarcan;

también por la soledad y la despoblación,

al igual que días atrás en las Batuecas

me preguntaba por la vida en los eremitorios,

consciente de que el lunes

soportaría los ruidos y la contaminación urbana,

el gris opaco del asfalto en los ojos

impregnados de verde y trasparencia en ese instante.

Cada estación, añoro más la vida al aire libre

el riesgo y la soledad

frente a la seguridad socio-sanitaria de la ciudad;

la meditación y el éxtasis

frente a las prisas compulsivas y las adicciones tecnológicas.

Vuelvo envuelto en mi propia nube,

en el placer renovado de los sentidos,

de nuevo domesticado y cómodo

al mundo aséptico de horarios y sentidos limitados.

Poema 252: Dispositivos

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El móvil oculta la poesía que está a la altura de tus ojos,

desbarata la concentración de tu mirada,

la vuelve rastrera y opaca,

solo capaz de ser aumentada y pixelada.

 

De repente lo ves todo nítido,

recuerdas la luna de anoche, lúbrica y erótica,

las motos que resonaban en la niebla hace unas semanas,

la bandada de pájaros migratorios en la curva del Pisuerga.

 

El vecino se apresura a deshacerse de su cigarro,

como si escondiera una infidelidad,

el más chulo de la clase desapareció absorbido

por el cruel humo del que tanto fardaba.

 

Has dejado de fijarte en los árboles esqueléticos,

en los muñones visibles tras la poda,

en el sufrimiento de las cortezas retorcidas por el hielo,

en el aparente holocausto dejado por el invierno.

 

Más de cien veces al día consultas tu dispositivo,

prolongas tu mano, te conectas a un mundo virtual

alejado de la pincelada maestra del arte que te rodea,

cada estímulo es un hilo que te une al mundo.

 

Necesitas pausa y concentración, meditación,

escritura reposada y arduas tareas físicas para olvidar,

soledad y multitud, consciencia metafísica

del tiempo en el que vives y sueñas y disfrutas.

 

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Poema 243: Píldoras de felicidad

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No puedo levantar mucho la vista,

ni sacar la mirada poética a pasear,

las prisas y el agobio de la mala vida cotidiana

me adhieren al suelo sucio de la ciudad.

 

Cuando al fin puedo hacerlo veo pájaros,

urracas sobreviviendo a su extraña multiplicidad,

aves migratorias en la curva del río,

bandadas de palomas alimentándose en un sembrado.

 

Otras veces es la luna tras un inmueble

que se asoma en una noche de nubes y llovizna,

o las escasas hojas aleatorias de un plátano

que resisten al viento, la lluvia y las heladas.

 

Soy una combinación de imágenes procesadas

por mi estado mental, hormonas, noticias, autoestima,

la lectura predominante en esos días,

una suma ponderada de miles de asuntos minúsculos.

 

La alienación y los límites vitales soplan en contra,

no hay aún un cortavientos eficaz,

ni la técnica psicológica suficientemente potente

para enfrentarse al vacío existencial cotidiano.

 

¿Qué nos sostiene o sustenta cada día?

¿Qué mecanismos nos producen picos de alegría?

¿Cuándo podemos afirmar que somos un poco felices?

¿Qué corriente nos transporta hacia el bienestar?

 

La búsqueda matemática de todos los datos,

el descubrimiento de píldoras de vitalidad

más allá del azar o del ensayo y error actuales

será quizás uno de los mercados futuros de la humanidad.

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Poema 206: Astarté

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Salí con un poema recién leído de la biblioteca. No había entendido nada, pero me había hecho vagar por varios caminos mentales. El poema de Ashbery tenía la virtud de provocar y encender inquietud. Solo eso. Salí a la plaza mojada por la lluvia. Ya no estaban los playeros colgados del enorme pino. Grandes árboles y el ruido único de coches chapoteando en los charcos. Me quedé parado. Echaba algo en falta o sabía que algo estaba pasando. Se había detenido el tiempo. No lo encontré. Aspiré el aire fresco de la noche y comencé a caminar sonriendo. Era afortunado por estar allí y haber podido leer ese poema abstruso. Y por haber sentido el suspense en un instante. ¿Qué era un hastial? Al poco descubrí lo que acechaba y no había visto, porque estaba oculta entre las nubes que viajaban a una velocidad de vértigo: Astarté, la luna llena. Luna de Nieve, brillantísima y siniestra entre las nubes. La vi sobre la silueta de la antigua iglesia de San Agustín, ya archivo municipal. También sobre la colosal Academia de Caballería. Parecía seguirme. No pude fotografiarla hasta llegar a casa.

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Poema 185: Déjà vu

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No has visto nada, solo eres un aroma de luz

en un desierto calcáreo.

 

El blanco de tu vida amenaza los ojos

de otros viandantes.

 

Caminas con el paso fuerte del que posee salud,

solo renqueas en la intimidad de la noche.

 

Una luna aún espeluznante, amarilla profunda

hacedora de sombras, es cómplice del viento.

 

Sopla sobre el decorado, mas tú sostienes inmóvil

la pose de la artista desnuda en su kimono.

 

Las velas no proporcionan ya sombras dinámicas,

penumbra y goce.

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Poema 182: Ausencias mentales

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En los actos y no en las palabras,

en la búsqueda y quizás también en el despiste,

en los días anodinos y en los momentos inspirados,

en las largas esperas y en el ajetreo embobado

de las tareas rutinarias:

ahí está tu forma de ser innata,

la chispa que alumbra tus andanzas.

 

Te puedes quedar embobado mirando la luna,

la nube rojiza que oculta el sol antes del ocaso,

la suspensión en el viento de una rapaz,

el sonido de las olas sobre las rocas desgastadas.

 

No reaccionas o no eres capaz de ir más allá

de la simpleza enormemente bella de la naturaleza.

 

Caminas sin rumbo, dudas, consultas tu base de datos mental,

eres un ausente en esa acera fea y recóndita,

nadie te alcanza con su mirada inquisitiva,

no hay poder que te devuelva la cordura.

 

No eres ya tú, eres tu sombra o tu carcasa.

 

Ninguna vida te hará sonreír como lo hiciste en esta,

ningún mago te desvelará sus trucos,

ningún niño se parará a tu lado y te mirará para cruzar la calle.

 

El reflejo de un salto inesperado,

pasar la noche a la sombra de la luna llena,

recibir el relente del amanecer

embobado en los brazos amigos, muerto de sueño.

Esa luna y ese sol del amanecer no son tuyos ya,

Has compartido la propiedad con miles de millones

de semejantes tan distintos, tan llenos de su propia vida.

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Poema 163: Primera luna

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La primera luna de primavera todo preside,

henchida, desde el cenit celeste.

 

Hay un corazón hortera enorme

pintado en blanco en la pared,

bien podría ser un culo.

 

Hormiguean cientos de personas

agolpadas en torno a una virgen,

cada cual busca su salida y su razón

con toda la prisa del mundo.

 

El aire cálido despierta olores y deseo,

la espuma de las cervezas

es un reclamo en cada terraza.

 

Vestidos de flores se alternan con ropa oscura,

ancianos abrigados sienten frío interno,

murmullos aún quedos, precavidos,

demasiado atentos a las previsiones del tiempo.

 

La luna provoca una extraña lucidez nocturna,

preside y embelesa,

llena de fervor y de palabras,

modifica la conducta humana en rituales atávicos,

pasa inadvertida en medio de los rascacielos.

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Poema 148: Nada parece ser realmente así

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Nada parece ser realmente así,

la imagen idílica de unas personas con sus perros

en un parque al atardecer:

casi es Navidad y conversan animados

mientras los perros saltan los setos,

corretean y hacen sus necesidades.

 

Unos pájaros migratorios vuelan en uve,

los niños los señalan, admirados de la disciplina de la bandada.

 

El pez, que desde hace dos años nada en la pecera

parece haber envejecido:

ya no hace cabriolas y burbujas

y a veces reposa en el fondo esperando la luz.

 

El hielo y la niebla invisibilizan a los palomos,

no así a sus excrementos que cubren el suelo.

 

La luna creciente, acostada, es apenas un hilillo;

suspendida del techo de una habitación infantil

transmite calma y serenidad bajo el frío del solsticio.

 

Cada cual ignora los termómetros urbanos hasta que es asaltado

por recuerdos de infancia sin calefacción,

memoria colectiva de cientos de miles de años

al raso o en una caverna al calor del rescoldo de una hoguera:

el hombre con el cartón de vino en el banco del parque.IMG_6646

Poema 117: En la corriente

En la corriente

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Busco sin prisa colocarme en la corriente,

la protección social, vital y de pensamiento,

el camino que debes seguir:

todo el mundo te sabe allí, nadie se inquieta.

 

Nada esperes, subsúmete, vegetal

de hoja amplia capaz de captar la brisa de la mañana;

en la velocidad se diluye tu ánimo oscuro,

toda tu atención pendiente de pequeñas oscilaciones.

 

Aquiescencia, el camino sencillo para no fluctuar,

asientes, corroboras, te rebelas en intrascendencias,

desgastas tu cuerpo y tu mente por el rozamiento,

cómodo, te diriges al abismo que siempre percibes lejano.

 

Un brillo de luna, una iridiscencia,

un cambio de temperatura, el embobamiento

de una sonrisa paralela que te atrapa y enceguece,

o la corriente central preeminente, te colman.

 

Solo aprecias la corriente desde otra corriente,

la que te llevará, tal vez, si consigues salir de la tuya,

todas confluyentes, algunas menos atestadas,

más lentas o de agua más cálida.

 

Diagonales o espirales o toda la geometría

que eres capaz de imaginar, todas derivan y convergen,

se concentran y te absorben cuando tu energía

disminuye y entonces de nada sirve tu experiencia.

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