Poema 690: Geometría helada

Geometría helada

Geometría del hielo cencellada

cortado el paisaje talud carretera

ahí incide el frío extremo

parpadea en el salpicadero el signo negativo

plantas inútiles como tantas vidas

se embellecen en tensiones mínimas

-flota el hielo en el agua- dijo el hijo

la densidad siempre la densidad

el mar de placas solares triste en la niebla

Debussy el fauno mínimos destellos

mi padre como excusa para el vino

estrellas fractales invisibles sé que estáis ahí

curvas de Von Koch

pájaros ahuecados orondos pesan en el cable

ya catenaria eléctrica densa

se cuela en los huesos esa humedad subrepticia

otros fríos imaginarios de antaño

chuzos y sabañones dijo mi padre

el lavajo helado dejaba sin abrevar a las bestias

y todos los damnificados del invierno

ninguna geometría es como parece

ni como fue.

Poema 602: La cúpula

La cúpula

La llamaron geoda antes de existir,

diseñada con creatividad política,

un engarce de figuras geométricas

aceradas y ensambladas con arte.

La sacudieron vientos e inclemencias,

políticas y meteorológicas:

un nombre infausto para la plaza,

una columna central innecesaria

que aún podría ser retirada.

Se filtran a través de ella ocasos,

plenilunios, nubes rosadas por el sol,

el reflejo magnífico en el agua en derredor.

Pían los pájaros revueltos en el crepúsculo,

revolotean decenas de murciélagos

devoradores de masas insectívoras.

Imagino con gran expectación

el crujir fundamental de la estructura

si fuere retirado el sostén central:

algarabía y aplausos o la ruina amalgamada

del diseñador o del gran soterrador.

Un monumento geométrico emblemático

de gran belleza matemática,

de resonancia lapidaria oculta

por un torbellino de conceptos eruditos.

Poema 540: Al fondo, antes de las montañas

Al fondo, antes de las montañas

El embalse del fondo parece infinito.

Quisiera estar allí y aquí al mismo tiempo

Ascender, tal como veo a las águilas,

en espiral hasta alcanzar la corriente y planear

contemplar el contorno,

buscar un fractal que lo aproxime,

fijar en la memoria de águila-humana

la forma geométrica exacta de la mega represa.

Brilla como un espejo con el sol poniente,

refleja naranjas y el verde del valle de regadío,

también devuelve el perfil montañoso

que la bruma convierte en masas superpuestas,

un decorado de fondo de ópera austro-germánica.

Un gran nogal oculta un tercio del valle,

serenidad, masas arbóreas,

rapaces sosteniendo su vuelo,

el movimiento rectilíneo y en apariencia uniforme

de los vehículos-hormiga por una autovía invisible.

El dios caótico que dibujó los perfiles montañosos

se olvidó de diseñar un valle homogéneo;

el viento sobre la noguera y unas pequeñas nubes blancas

dotan de vida a la escenografía natural.

Una mirada atenta con prismáticos

permite dilucidar que los penachos blancos móviles

son aspersores que alfombran de verde

las superficies geométricas menos frondosas.

Al fondo permanece azul-cielo

el intrincado perímetro del acopio artificial de agua.

Poema 290: Deformación profesional

Deformación profesional

No puedo evitar el conteo de aves migratorias

en formación sagital,

ni estimar el número de ovejas de un rebaño

o el peso de una enorme paca de paja.

Me maravilla la altura de la torre de una iglesia,

la copa de un pino de quince metros de altura,

puedo abarcar los números y explicármelos,

mostrar a otros los pequeños saberes adquiridos.

El vórtice que deja en el agua un pato

es un ángulo que rompe el curso del río,

¿cuánto pesa la masa verde del árbol, cuánta madera,

qué geometría tienen sus hojas?

Puedo medir la pasarela de forma indirecta,

intuir la longitud de un paso,

cambiar la forma de un metro cuadrado

o aquilatar la lluvia precipitada en un día.

A veces valoras personas por sus notas numéricas,

etiquetas un objeto con un guarismo,

clasificas y seleccionas y decides

por el peso que has otorgado a distintos indicadores.

Vuelves otra vez a las aves migratorias,

te gustaría seguirlas en su vuelo en escuadrillas,

aprovechar las corrientes de aire

y alejarte del invierno de campos yermos y terrosos.

Poema 267: Los cielos del confinamiento

Los cielos del confinamientoIMG_5280 (1)

Los cielos del confinamiento alojan belleza

luz inesperada, una geometría azarosa

llena de fractales, suaves transiciones,

exabruptos acolchados por el algodón sedoso de las nubes.

 

Reflejan esos cielos la ausencia de movimiento

en las otrora atestadas calles,

algunas luces de alarma refractadas

por el tránsito acuoso hacia la altura.

 

Formas caprichosas, colores extintos,

un huerto de verduras para comer con los ojos,

todo en el cielo es inhumano, inconmensurable,

los residuos de una guerra verbal en redes sociales.

 

La convergencia solar regia se retuerce

en escorzos republicanos, tricolores, maduros,

en fuga de beneficios de muchas empresas,

en tierra baldía a la manera de Eliot.

 

Nadie puede quitar la vista del vórtice cenital,

a la espera de un azul inmaculado

en el que el contagio se haya diluido

cual pastilla efervescente en agua de limones.

 

Será el mismo cielo con distintos pesos en cada balanza,

la misma miseria moral escondida en verdes

o en azules volanderos de gaviotas alteradas,

el contrapeso de la inteligencia valiente y combativa.

 

El cielo se puede condensar en un arcoíris semicírculo

o se puede rasgar en truenos y relámpagos,

en la cólera de dioses que no acuden

a rescatar a los heroicos sanitarios.

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Poema 265: Geometrías del confinamiento

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La línea del renglón se inclina hacia abajo

como lo hace la señora que camina por la calle

con su bolsa de la compra repleta de alimentos.

 

Se cruza con una encapuchada de un azul tenue

que marcha veloz y silenciosa, en línea recta.

 

El perro zigzaguea aleatoriamente,

los ojos envidiosos del observador trazan un camino,

seco y anguloso

el que une su balcón con el cono de luz del movimiento animal.

 

Los palomos se esparcen a sus anchas en la enredadera

planean siguiendo una curva suave de aterrizaje en el césped

plagado de margaritas.

 

Las ondas musicales tras el aplauso a las ocho de la tarde

reverberan en los edificios hasta extinguirse

se acoplan con otros reproductores en curva sinuidal.

 

Enfila recto el vehículo de la policía tan alborotada

por el estado de alarma tras veintisiete días.

 

Subo y bajo escaleras una y otra vez en un circuito helicoide

procurando no tocar las barandas,

concentrado en pulsaciones y tiempo de ascensión.

 

Las pelotas de ping-pong sobre la mesa del salón

describen parábolas invertidas

antes de chocar con los botes de tomate en conserva

que hemos colocado como red.

 

Las piezas del puzzle que hacen mis hijos forman un mapa

de fronteras coloreadas, cabos y golfos que se unen

en un rectángulo final de gran belleza.

 

Mi vista traza diagonales en la lectura de artículos de prensa,

a veces traza círculos en la difícil concentración de un párrafo

del tercer libro de lectura sofisticada.

 

El sol y las nubes diseñan formas caprichosas

vórtices de viento, conos invertidos,

un sumidero que parece absorber todas las almas encerradas.

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Poema 232: Cada día

Cada díaIMG_20190821_181922

Cada día existe un tobogán en tu vida,

cada día te vuelves loco un rato,

alcanzas cimas vitales y te desesperas

por tu perra suerte que es la de siempre.

 

Naufragas en la imagen que recibes del espejo,

te emocionas cuando alguien te abraza,

dedicas medio día al mundo virtual,

acechas al tiempo para ver como estirarlo.

 

Cada día tienes un rato de lucidez:

miras la magnífica geometría de las nubes,

descubres una luz o un instante de silencio,

te emocionas con una canción antigua.

 

La coraza que te pones puede durar unas horas,

luego empieza a resquebrajarse,

te deja indefenso y vulnerable:

un solo recuerdo puede trastornarte.

 

Cada día llegas a dudar de todo,

a bosquejar el vórtice de tu vitalidad,

sopesas los hilos invisibles que te unen

a tu centro de gravedad permanente.

 

El juego de luces y espejos venecianos

te desampara o eleva, te derrota,

te hace fuerte y escéptico

para volver a sonreír a borbotones.

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Poema 117: En la corriente

En la corriente

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Busco sin prisa colocarme en la corriente,

la protección social, vital y de pensamiento,

el camino que debes seguir:

todo el mundo te sabe allí, nadie se inquieta.

 

Nada esperes, subsúmete, vegetal

de hoja amplia capaz de captar la brisa de la mañana;

en la velocidad se diluye tu ánimo oscuro,

toda tu atención pendiente de pequeñas oscilaciones.

 

Aquiescencia, el camino sencillo para no fluctuar,

asientes, corroboras, te rebelas en intrascendencias,

desgastas tu cuerpo y tu mente por el rozamiento,

cómodo, te diriges al abismo que siempre percibes lejano.

 

Un brillo de luna, una iridiscencia,

un cambio de temperatura, el embobamiento

de una sonrisa paralela que te atrapa y enceguece,

o la corriente central preeminente, te colman.

 

Solo aprecias la corriente desde otra corriente,

la que te llevará, tal vez, si consigues salir de la tuya,

todas confluyentes, algunas menos atestadas,

más lentas o de agua más cálida.

 

Diagonales o espirales o toda la geometría

que eres capaz de imaginar, todas derivan y convergen,

se concentran y te absorben cuando tu energía

disminuye y entonces de nada sirve tu experiencia.

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Poema 99: Caleidoscopio

Caleidoscopio

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La luz dibuja formas geométricas y colores,

movimiento matemático inaprehensible,

hace dudar la vista, descompone

tu campo visual en polígonos estrellados.


El adulto crítico se metamorfosea en niño,

maravillado por espejos, luces, convergencias,

consciente del engaño y de la razón superior

se abandona a esa belleza singular.


Te sientes mosca

seducida por la armonía dinámica,

atrapado en una red infinita de imágenes

en el interior de una semiesfera.

 

Te sientes espejo, viajas por la frontera

de hexágonos, triple simetría inquieta,

sensación de volumen, embeleco

generador de fantasía animada en la luz.


Mezclas la mirada a través del obturador

con libros, luces, puertas y ventanas,

desmesura de colores, el pensamiento

atrapado en una red infinita de láminas.


Podrías vivir atrapado en esa perfección

recurrente, en esa mirada distorsionadora,

dueño y señor de la belleza mosaica,

geómetra elevado a la esencia del cosmos.

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Poema 72: Nubes

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En las entrañas del cielo
confluyen miradas principescas,
anhelos, plegarias,
el reflejo de una luna oronda.

Un efebo que no soporta
su hermosura,
una adolescente captada
por el lado oscuro.

En el paisaje celeste, las nubes
modelan la luz, la filtran
la pervierten, consienten
sus caprichos alabeados.

Las miradas del siglo dieciséis
aún vagan por el espacio
en forma de ondas huérfanas,
Cervantes o Shakespere nos observan.

La geometría del tetradimensional
permite los atajos de la luz,
circunvoluciones, pliegues,
la locura no euclidiana en su esplendor.

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