Poema 614: Márgenes

Márgenes

Escribo desde la centralidad del sistema,

no en los márgenes ni en la periferia,

lejos de la montaña y la llanura,

esas que a veces me llaman

y a las que acudo desde mi privilegio

de hombre blanco hetero con estudios.

Acomodado en mi sofá se infiltran noticias de magnates

o desdichados paganos de la avaricia;

se entrelazan con avances científicos

o pequeñas joyas culturales no para cualquiera.

Fotografío la luna creciente o la puesta de sol abrileña

preludio de las mil lluvias del refrán,

escucho Pulchinella potenciando los graves,

mientras paseo la vista por docenas de libros

a cuál más fascinante y prometedor.

Casi en los márgenes he debatido sobre el miedo,

el temor, la preocupación, el efecto subjetivo

que las palabras producen en quien las recibe.

Mi subconsciente ha evaluado a un sospechoso:

forma, tamaño, volumen, actitud al caminar;

lo he ignorado al no considerarlo peligroso.

Hoy no he paseado ningún libro en la tarde calurosa,

he leído una inscripción en la Fuente de la Salud

sobre unas tropas francesas acantonadas allí

hace dos siglos y medio largos, sin continuidad de días,

y he caminado de vuelta a mi referencia hogareña.

Un cierre cíclico del deambular centrífugo,

el placer de estar clausurando la tarde poética.

Poema 593: Gatos tomando el sol

Gatos tomando el sol

Perviven aún entre nosotros vestigios

de casas molineras, tejados abandonados,

pueblos dentro de la ciudad

antiguo extrarradio hoy solares cotizados.

Los gatos se reúnen sobre la viga del caballete,

alcanzan a atisbar el sol tras días húmedos,

se secan contemplando la hora mágica.

El encuadre permite aislarlos, enfocarlos:

gatos henchidos tomando el sol,

ajenos a las vicisitudes nimias de quienes vocean

en ondas o en redes o en conversaciones pareadas.

Hace meses explotó cerca una vivienda,

todos los gatos anduvieron días alborotados,

hubo desaparecidos, felinos volanderos,

el efímero transitar por entre gigantes,

ora violentos, ora protectores aleatorios.

La sinfonía del tejado va a comenzar:

cantan los niños el lenguaje minino

dirigidos por Rossini desde el más allá.

Poema 571: Hotel Mercurio

Hotel Mercurio

“Cuando vayáis de vacaciones a Mercurio

buscad un hotel en el meridiano 90”

                         Esteban Esteban, “Una extraña puesta de sol”             

Hubo momentos estelares,

universos posibles y experimentos,

el asunto de la longevidad en las zonas azules,

palabras mágicas que evocaban juventud.

Ecuaciones, reacciones, puestas de sol,

–alguien lanzaba objetos fosforescentes–,

erudición, ciencia, divulgación

para llenar unas jornadas magníficas.

Cuando menos lo esperaba apareció un hiperboloide,

antes, una ecuación fractal que anunciaba el caos,

cálculos sobre el origen del Universo actual,

el sol bailando desde la superficie de Mercurio.

Me perdí el carbono catorce porque estaba corriendo,

pero llegué a tiempo de mis mates electorales.

Divulgar por placer, la diversión de la pedagogía,

extraños con ideas que se reúnen desinteresadamente,

la diversión del lugar, la circunstancia y el conocimiento.

Poema 532: Volcánica

Volcánica

El disco opaco lucha con la calima,

aparece tras unas palmeras en la playa negra,

se eleva suavemente cual Atlántico golpeando

sobre los restos volcánicos insulares.

Deportistas de todo aspecto y condición

trotan o marchan sobre el paseo marítimo;

huele a café y a tostadas en los chiringuitos,

se desperezan algunos yoguis saludando al sol,

es aún la hora mágica de los madrugadores.

Al suroeste, siguiendo la línea de la costa,

las montañas volcánicas se vuelven doradas,

todo el paisaje africano tiene algo de irreal.

Me he sentado en la arena negrísima frente al mar,

unas gaviotas planean sin esfuerzo aparente,

se introducen en la espuma de las olas,

picotean aquí y allá en busca de alimento matinal.

Mis reflexiones son contradictorias,

absorben la línea costera, el lugar y el instante,

se llenan de júbilo por la belleza y la calma

añoran una juventud que se me escapa.

Poema 395: Las nubes en el cañón

Las nubes en el cañón

Tumbado en el cañón horadado por el agua,

tras el baño en la poza helada,

absorbo con presteza la energía de la piedra,

me lleno de su calor.

Las nubes del cielo bailan un vals lento,

no puedo dejar de mirarlas:

descubro formas de animales, de países,

fantasmas, ataques, mordiscos.

De repente me pregunto:

¿de dónde sale mi imaginación?

¿Qué soy capaz de vislumbrar?

Entiendo mis limitaciones sobre las formas,

estas cambian al ritmo que mi cerebro adivina,

como si estuviera estipulada la velocidad.

El vals lento semeja al de los cuerpos que se juntan,

nubes amorosas hacia otras nubes,

todas de riguroso blanco inmaculado,

se acercan y se alejan, desvaneciéndose con ceremonia.

Un dragón humeante ataca una oveja,

el mapa de la península se convierte en un fiordo,

siento algo de felicidad en la contemplación,

algo tan sencillo y al tiempo tan espectacular.

Una corona o un continente, busco y encuentro,

cada imagen es contrastada con una base de datos

alojada en mi cerebro después de tantos años;

reconozco la presteza mental en ese instante.

Siento el placer del sol, el ruido uniforme del agua

que desciende en cascadas entre las grandes piedras,

la luz, la brisa, el azul tras las nubes blanquísimas,

ese bienestar profundo lo asimilo a la felicidad.

Poema 340: Paraísos

Paraísos

Algunos paraísos duran un instante,

son efímeros

y esa es su gracia y consistencia:

un rayo de sol a principio del otoño,

una ola que te voltea desnudo

en una playa desierta,

el momento exacto en que amanece

con una luz sepia aún contenida

el espectáculo mate de las nubes en el cielo

o el encuentro de una mirada.

A veces una fotografía prolonga

y rememora,

estira y narra o voltea,

recrea, modeliza o idealiza;

otras veces es una conversación

la que te lleva a un punto cumbre,

un máximo local de felicidad.

A veces la pérdida ensalza

aquellas imágenes que has filtrado

convierte en melancolía y deseo

aquello que fue sucinto y prosaico.

Otras veces ignoras la fuerza de la plenitud,

niegas haberte sentido desbordado

por aquel trampantojo vital,

ese gatito que te mira con cautela

esperando tu compasión y caricia.

El paraíso está en ti y volverá cuando tú lo desees,

solo con la condición del olvido

de cuanto ha pasado y pasará.

Poema 278: Un día idílico

Un día idílico 

Acontece que todo lo quieres realizar,

el agua pura y cristalina

la marea baja y el fondo arenoso

verde, verde, verde de toda tonalidad,

cuerpos desnudos,

ansia de aire, luz, sol,

capturas fotografías sin medida,

no haces prisioneros,

simulas libertad durante unos minutos,

un baño con prisa entre las algas al anochecer,

la mirada perpleja de los confinados,

el libro en el que posas los ojos

pero no procesas más allá de unas líneas,

todo es provisional y nada te pertenece,

rozas la maravilla sin penetrar en ella.

Dulce día de julio,

sed de la ebriedad de la brisa,

de la mecánica del paseo y el olor

a ráfagas fugaces de polen y hierba de los prados,

arena y sal en la piel,

terapia y placer, 

el conocimiento y la pausa 

en días de madurez que evocan tu infancia.

Poema 262: Desesperanza

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Cunde la desesperanza, el viento

ha cambiado de dirección

sigue el silencio

las acciones de los vecinos son más lentas

las rutinas del confinamiento se han asentado.

 

Los datos son agotadores en la cabeza del matemático

tendencias y análisis, curvas predictivas

nadie garantiza nada aún

por más que sepas el destino y el final lejano

de la restricción de movimientos.

 

Cada cual encuentra su lugar en sus tareas

el placer en cada pequeño acto diario

la poesía de amasar el pan autosuficiente

los rayos de sol buscados con ahínco en la ventana.

 

Hay menos llamadas, más interiorización del encierro

demasiados caminos por recorrer dentro de cada cual

mundos que manteníamos ocultos

o enterrados por la vorágine aleve de la vida.

 

La curva de la esperanza obedece ciega

a los canales de comunicación mediáticos

a las estrategias políticas diseñadas por psicólogos

a las luces que puedan aparecer lejanas en el túnel.

 

La crueldad poética del mes de abril

pondrá a prueba la resistencia cómoda del hogar

del que quizás no querremos salir en un tiempo

descubiertas las musas del bello reposar.

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Poema 199: Sol de enero

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El sol de enero es frío y agradecido,

como un cuerpo blanco,

como una edad en declive.

 

Caminas por un surco, hollando la tierra,

no te sales de él,

aguantas sin ver el final que conoces de sobra.

 

Tienes una sonrisa automática de protección,

quizás lo sabes desde siempre

pero ahora has comprendido su poder.

 

Pospones o desvirtúas:

la fuerza mental del medio siglo

te llevan al escepticismo y la sobriedad.

 

Vacío en medio de tu propio asombro,

infundada esperanza,

ascuas sin combustible, sin prisa para morir.

 

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Poema 195: El poema más bello del mundo

El poema más bello del mundo

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El poema más bello del mundo

debería contener bellas palabras,

aquellas escritas en los márgenes

cuya sonoridad te evoque colores hermosos.

 

En el poema más bello del mundo,

caben, pues, palabras bellas,

por ejemplo, arcoíris o solidaridad;

caben historias hermosas:

una aparición inesperada

o una resurrección.

 

En el poema más bello del mundo

hay márgenes anotados

que ya corrigieron el poema

mas permanecen cual testigo arqueológico.

 

Caben enjundia o sustancia o levedad

o placer y euforia mientras destierras

traidor y advenedizo e incluso lealtad.

 

Caben recuerdos: metempsicósis,

sierpes de deseo,

cabe todo el lujo Rococó de un palacio real,

la imagen nítida de esa cama con baldaquino

en la que una amante regia

retoza impresionada por el decorado

y sucumbe, carnal, al hombre antojadizo.

 

En el poema más bello del mundo

cabe una sonrisa o unos ojos divertidos,

cabe la mano de un niño aferrado a su padre,

la puesta de sol violácea de un día de diciembre

o a esperanza de nuevos días largos de primavera.

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