Poema 761: El sol de acero se refracta en nubes metálicas

El sol de acero se refracta en nubes metálicas

A lo lejos, desde un punto de fuga único

descienden en cascada sobre los pinos míticos

rayos solares escapados de alguna tormenta.

Diríase un ataque desproporcionado sobre población indefensa

inútil denunciar la tremenda injusticia

por el escudo político-patriota intimidatorio.

En la noche festiva los fuegos artificiales se derraman

en otro fúlgido embate simulado e irreal

un espectáculo maligno digno de la contemplación final.

Un instante después el ojo avizor descubre dos soles

tan ficticios como los fuegos o la lluvia en racimo,

una utópica referencia al universo de Murakami.

Minutos más tarde, todo lo expansivo se convierte en vórtice

absorción desesperada de la atención,

todas las luces concentradas en otro orbe ilusorio.

La fuerza central depresiva atrae cualquier disidencia

la convierte en materia combustible

antes de hacerla desaparecer en la retícula de neuronas.

Hacia el mediodía, el episodio meteórico ha concluido,

deja tras de sí una inmensa resaca emocional

y el quebranto indefinido del optimismo secular.

Poema 651: Fuego

Fuego

El sufrimiento de los vecinos es indescriptible,

la tierra tan amada, los árboles, el paisaje

todo lo que parecía estable y nos sobreviviría

queda herido de muerte.

Dramas, animales, personas, casas,

todo lo que era sólido puede ser devorado

incluso la propia vida.

Las noticias descontrolan y amplifican los fuegos

la sensación de que un paraje conocido puede arder,

la concatenación de lenguas flamígeras,

la evocación ancestral de los rayos prehistóricos.

El cerebro reptiliano atesora fuegos antepasados,

establece alertas, miedos, horrores imparables:

nada ni nadie es ignífugo y llega la noche

entonces las llamas se vuelven colosales,

crean sombras dantescas, expresionistas,

y el crepitar destructivo impregna el silencio.

Siempre hay culpables, gobernantes, ingenuos pasivos,

motivos múltiples: pirómanos, despoblación, abandono.

La destrucción del espacio que has habitado

es un infortunio psicológico terrible,

una pérdida sensorial irreparable.

Mueren las aves alcanzadas por el humo,

mueren animales atrapados por las llamas,

mueren las esperanzas y los días futuros.

Poema 615: Domingo de Ramos

Domingo de Ramos

Rayos de sol tras la tormenta de anoche,

una borrasca con gran aparato mediático:

nombre masculino.

Anhelo la orfandad de las borrascas.

Los rayos de sol contrastan con el fondo de niebla

en la colina del Barrio Grande.

Los rayos no tienen nombre todavía.

Un coro de pájaros saluda alborozado

la quietud y los reflejos del alba.

Píldoras mínimas de arte o de poesía banal,

en esta quietud de Domingo de Ramos.

Resquicios meteóricos y silencio,

golpes de compás y de mando. Pasos.

Alborozo simbolizado en la borriquilla de cartón piedra,

un recuerdo inmortalizado por una fotografía,

otra luz, otra edad, otras esperanzas.