Poema 204: Noctem

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Cae la tarde y llueve.

No es verdad que llueva,

puedo visualizar esa lluvia

pero hoy ha hecho una tarde espléndida

y el ocaso es lento y sereno,

desgrana naranjas sobre los tirantes del puente,

hiela el rostro de los ciclistas que regresan

de esos caminos de la tarde.

 

No llueve, no hay lágrimas,

las oculta el deseo y el verbo,

las luces de los coches restringidos

por la contaminación invisible,

hacen vibrar levemente los cristales.

 

Desde mi atalaya en penumbra

atisbo peatones de invierno,

aves sueltas en la curva del Pisuerga,

quietud de la ciudad que se dispone

a la fiesta del sábado noche.

 

Lloverá y los reflejos de los semáforos

en el asfalto producirán destellos,

encogidos los transeúntes caminaran erráticos,

las palabras llevarán el ritmo de la lluvia

y se escuchará el cántico de árboles

alimentándose del agua celeste.

 

La ciudad se abre a la noche,

enciende sus luces, se enniebla

se traviste de gasa y rocío

cierra a cal y canto sus calles

a la música atronadora de locales subterráneos.

 

No hay lluvia ni viento, ni las nubes caprichosas,

es la noche de los focos y el alcohol,

de cuerpos girando en busca de trance,

permuta de noche por día,

destellos de verdad y de dolor,

la soledad interior de quien se despoja de todo.

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Poema 189: Hojas en la calle

Hojas en la calleIMG_20181107_090250

Las hojas estrelladas tras la lluvia

son una anormalidad en las calles asépticas,

el asfalto no tolera intrusos,

son cicatriz en un cuerpo desnudo,

color indescriptible en la vida gris.

 

El escape visual desata imágenes,

el color de las playas atestadas en movimiento,

un centro comercial abigarrado y ruidoso,

una desconexión ancestral con la tierra.

 

La costumbre de pulcritud cromática

hace llamar sordamente al barrendero,

al meteorólogo para que no permita la lluvia,

a convertir las frondas arbóreas en muñones.

 

Una invasión así de formas y humedad

puede llevar a éxtasis indeseados,

abrir las compuertas del sueño y el deseo,

despertar los sentidos abotargados,

desencadenar una revolución de masas.

 

Quizás haya regresiones a la infancia,

el deseo potente de chapotear en un charco,

miradas de nuevo atraídas por el color

o el potente caminar ensayado de una mujer

en el espejo infalible de los ojos de un hombre.

 

La locura colectiva se desatará en las calles

en un ensayo sobre la fealdad reinante:

¡Retiren con premura la materia orgánica,

devuelvan la neutralidad al asfalto anodino!

 

Los ojos de los viandantes seguirán sometidos

a los férreos patrones cuadriculados de las aceras,

al mobiliario urbano que apenas se despeina

cada día en un ejercicio de supremo inmovilismo.

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Poema 188: Memoria, concepto

Memoria, conceptoIMG_20181102_124318

 

En el silencio del frío está la fortaleza de tu ser.

 

El vórtice o la atmósfera de autoestima,

esa sonrisa que aflora sin procedencia,

el cúmulo de imágenes hermosas,

aún perduran en tu retina.

 

La memoria de presencia y voz y concepto.

 

Ahí valoras la lluvia (pensamiento contra corriente),

valoras el calor molesto del verano,

la sencillez de un erizo bajo el castaño,

el filtro verde de la luz.

 

Resides en una forma de vida que no te pertenece.

 

Ahora concéntrate en la tortilla que vas a cocinar,

sal del poema o de las voces que te piden escribirlo.

Condensa, memoriza y aparta.

Tú eres ahora el cuchillo que pela y corta la patata.

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Poema 160: Apuntes naturales de cambio

Apuntes naturales de cambioIMG_8553

El cielo se ha aliado forzando dibujos

en esta mañana fría de marzo;

magnético atrapa las miradas,

siluetas hermosas, deseos prohibidos.

 

La forma del agua del río,

caprichosa y saltarina, turbia,

energía pura liberada y desbocada

emerge en la mente sin compuertas.

 

La masa de gente parece retraída,

aparece solo en los telediarios:

cúmulos de protestas democráticas,

personas dispersas en la vida diaria.

 

Ves pasar bajo la lluvia

veloces paraguas cargados de ego,

zapatos encerados llenos de prisa,

los deseos de cada cuál enfrentados.

 

Un rayo de sol frío anuncia la primavera,

esa que no existe ya en tu recuerdo

absorbido por el gris de la sequía pasada,

nota de color, nota desprendida del cuaderno.

 

La llama del bidón encendido

ralea antes de extinguirse,

ha sobrevivido un año más

a los tiempos modernos y la tecnología.

 

 

Bandadas de pájaros migratorios

desaparecen en el amanecer elongado,

aún persiste el misterio de las aves guía,

el desconocimiento de la gran belleza.IMG_8387

 

Poema 159: Idus de marzo

Idus de marzoIMG_20180309_202920

Llueve, hace viento,

nada te afecta ni distrae,

la lluvia externa complementa

tu inundación interior.

 

El parque está mojado,

huele a brotes de primavera,

a aire limpio y frío,

charcos enormes, quietud.

 

Dolor, impotencia,

un puñal afilado en las vísceras,

levantas la vista, ya nublada,

empiezas a confundir las sombras.

 

Mañana no estarás y pasado mañana

ya no serás recordado,

vagas luces,

animula, vagula, blandula…

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Poema 156: El árbol recibe

El árbol recibeIMG_8341

El árbol recibe las gotas impetuosas de lluvia

cuál semen germinativo,

absorbe, filtra, succiona,

hace reventar la savia,

florece en una sonrisa de hojas,

ya risa de blancos dientes,

alegría bajo el arcoíris sinóptico;

se nutre de elementos químicos,

devenidos en palabras,

formulados en un ocurrente idioma,

sintaxis oculta a entendimientos no iniciados;

escamotea la basura exterior

o las múltiples noticias catastróficas,

para reverdecer en cada primavera

e hibernar en posición fetal

cuando el aliento se torna gélido

y aquellas palabras formuladas son ya ácidos

elocuentes, gritos de las Furias desatadas.

El árbol recibe las gotas de lluvia y llora

de alegría en un abrazo íntimo y consolador,

se despereza y sus brotes son tiernos susurros,

presagio ya de la fuerza renovada.

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Poema 107: Presente añorado

Presente añorado

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Añoro ya las zapatillas perfectamente alineadas

de mi hija a los pies de su cama,

el amanecer rosado entrevisto a través

de los árboles que flanquean el Duero,

las hermosas llamas ondulantes

en el bidón encendido de la fábrica de madera.


Cuando escribo un recuerdo ya no está,

el caballo de nubes fotografiado por casualidad

al entrar una tarde en el centro comercial,

el programa de viajes por la baja California

entrevisto en el televisor mientras trabajo,

la lectura humorística de un relato erótico.


El libro que abro con devoción fetichista,

la fresa que desvela todo su sabor en mi boca,

un olor de velas cuya luz anaranjada imagino,

añoro la lluvia en mi rostro de corredor inconexo,

el tiempo afable en el que no existe la prisa,

consciente del fulgor de cada instante.

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Poema 96: Poesía

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Un sonido, un instante

olvidado bajo la niebla, la lluvia,

la carrera,

una chispa del azar,

una deformación estética,

miope encuadre aislado

un detalle evocador

una luz, otro poema.


Un razonamiento matemático

unas hojas que caen con suavidad

la estela leve de un avión en el cielo,

el rumor

sencillo de una fuente,

quietud, una silueta anciana

recortada contra la niebla.


Un juego de nubes cambiantes

en una tarde inesperada de otoño,

agujas de pino casi transparentes,

blanco y azul,

nostalgia, melancolía,

la sonrisa inmediata:

contrapunto estético de quien escribió un poema

y no puede repetirlo.

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Poema 95: Personaje feminista en busca de relato

Personaje feminista en busca de relato img_20161104_160458

Miasmas, escorrentías, llueve

hojitas amarillas bajo el árbol mágico,

se ha renovado el aire

y el personaje crece y busca su salida.


Rueda como una bola de nieve,

se enriquece, absorbe aquí y allá,

se nutre de cada conversación

de cada idea filtrada por la razón.


Ella tendrá su visión del mundo,

sus expectativas, sus miedos,

caminará sola sufriendo miradas

machistas humillantes.


Despreciará la cómoda insensibilidad

ignorante o la tolerancia pasiva

de sus congéneres, luchará por su libertad

social y su idea de sí misma.


Deseará y será deseada en igualdad,

leerá e investigará los motivos seculares

de su yugo religioso y comunitario,

florecerá su sexualidad sin límites.


Ella continúa definiéndose cada hora,

en paralelo decenas de relatos la rozan

o llaman con insistencia: amante, asesina,

guardiana o directora de orquesta.


Llueve, todo se renueva, el peso

de las hojas de los árboles es incalculable,

camino sin paraguas, sostenido por la imagen

de mi personaje en busca de su relato.

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Poema 90: Al fin la lluvia

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Al fin la lluvia de gotas enormes,

tormenta, viento, furias desatadas,

erinias en busca de víctimas,

un relámpago de ángulos agudos,

el castigo de un trueno tras otro,

petricor, brilla el suelo agradecido,

se serenan los elementos, hueco cenital

para la mansa lluvia de sonido monótono.


Mi hueco vital no deja seco el suelo,

quizás ya no estoy, solo soy el fantasma

de mí mismo, las gotas no empapan mis gafas,

ninguna ropa se ciñe húmeda al contorno

de mi pecho, no siento frío,

pero sí el olor, sí la luz mortecina y gris,

sí las miles de gotas fundiéndose

en pequeñas torrenteras calle abajo,

un perro que ladra y el piar alborotado

de los pájaros refugiados en los árboles.


Esta lluvia penetrará un centímetro,

dos quizás, en la tierra, me llevará con ella

un instante, licuado, permeable

fundido en ella, lejos de cualquier cita física,

de trabajos y proyectos; seré luz

débil y monotonía cíclica y eterna,

no tendré ropa, ni olor, ni voz,

seré puro deseo, pura antimateria

de sensibilidad excepcional intrínseca.


Arrecia, el olor y la humedad marean,

mi rostro imperturbable languidece,

solo las manos teclean ajenas

algunas palabras enlazadas por hilos

invisibles, por cadenetas tejidas

en las sinapsis potenciales de otros lectores,

quietud, inspiraciones rítmicas:

una caricia deseada me llevaría al paraíso.

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