Poema 758: Balance, intensidad y final

Balance, intensidad y final

Las fotografías permiten la escritura continua,

el florecer los recuerdos vívidos,

casi la luz y el olor y el estado de ánimo.

Escribir y describir sensaciones y situaciones

resulta imposible unos días después

cuando ya solo quedan impresiones y nubes.

En la recolocación mental hay olvidos

y momentos sobresalientes y memorables,

instantes de permanencia evocables

y tiempos soslayables de resiliencia.

Paisajes, puestas de sol, conversaciones,

esfuerzo físico, soledad deseada,

la piel erizada en momentos insospechados,

el Mundial de fútbol y sus asociaciones,

mucha comunicación, algún horror,

fuegos, enfermedad, desánimo y elevación.

El eclipse fue un punto de inflexión de la emoción:

aún quedaban montañas y festejos imprevistos,

una marcha poniente en bicicleta,

y días previos a la fiesta, siempre increíbles.

El descenso también fue térmico y lluvioso,

y sumó energía cuando la caída parecía libre:

gritos privados en una estabilización armónica,

y un descanso de las vacaciones inevitable.

Recuerdos de la tremenda ola de calor,

de las noches sudorosas y los días de agua,

de marchas por valles alpinos y montañas enormes,

de los restos de incendios espeluznantes

y de reencuentros gloriosos e inexplicables.

Un verano más de ese número finito de veranos

en el que la luz y la diversidad jugaron sus cartas,

y la vitalidad acomodada brilló cada día

en este juego de espejos de la conformidad humana.