Poema 279: Campo de julio

Campo de julio

El campo en julio es de una belleza inusitada,

los labradores se afanan

 en extraer todo el producto posible de la tierra:

hay pacas de paja, patatas a punto de florecer,

girasoles hermosos y amarillos,

un lavajo lleno por las últimas tormentas;

incluso el río Trabancos lleva algo de agua.

Desde la bicicleta se observa todo con detalle,

rastrojos, viñedos, pinares,

algunos centenos aún no cosechados,

nunca he visto tantas aves como este año,

en el camino apenas hollado no hay rastro del virus.

Algunas cosechadoras levantan nubes de polvo,

hay cultivos que no identifico,

plantaciones de almendros y otros frutales,

remolacha, maíz, garbanzos,

mecanización y riego, una cierta normalidad.

Las tormentas alteran el ritmo del trabajo,

nada que ver con otros tiempos:

ya no hay hoces ni levantarse a las cinco de la mañana,

no se trilla ni aventa la parva,

no hay bueyes ni mulas, ni cuadrillas de sol a sol.

Huele a manzanilla y a la paja recién cortada,

busco en la soledad de los caminos

no encontrarme con otros humanos;

miro al cielo y veo la revolución de las nubes,

al menos tanta belleza como la reproducida en el campo.

Poema 269: El mundo después de estos días

El mundo después de estos díasIMG_6358

Lo que estaba muerto estará vivo y verde

cuando salgamos al campo,

algunas flores ya se habrán desbaratado,

ríos que se han desbordado

siluetas que ya no recordamos.

 

Las drogas que nos sustentan cada día,

oxígeno, engaños mentales con forma humana,

ángeles olvidados desde hace eones,

píldoras amorosas como gotas de lluvia,

ahora ya no son necesarias en el retiro.

 

Sumergirse en una historia, serie, película,

libro, narración oral o vínculo de Youtube,

un olvidar el presente y sus consecuencias,

no anticipar, ni sopesar, ni presuponer,

es la única forma de salir del círculo vicioso.

 

No habrá apoteosis, ni vivas, ni alegría desbordada,

seremos predicadores de Twitter,

o ínsulas táctiles en medio de una masa ingente

de personas desbordadas y egoístas,

antes de ser arrastrados por los ríos antiguos.

 

A lo sumo quedará un poema, el recuerdo

filtrado de las semanas confinados, las cervezas,

las partidas de ping-pong en la mesa de la cocina,

todas las borrascas que dejaron un mapa

en medio de tu cabeza inhabitable esos días.

 

El tiempo en el que te lamentarás

de solo haber leído tres libros extraños,

de haber publicado una docena de poemas,

cuando el tiempo muerto se abría en esplendor

solo para ti, gran falacia de egoísmo profético incumplido.

 

Comprimidos poéticos, música de la Filarmónica de Berlín,

algunos retazos entrevistos de ópera,

subir escaleras corriendo para obtener

las necesarias sustancias neuronales de alegría,

todos esos gestos condensados en un aplauso al atardecer,

han conseguido mantenerte con vida cada día.

IMG_6339

 

 

 

Poema 123: Paseo en bicicleta

Paseo en bicicletaIMG_20170531_124425

El campo está precioso en primavera:

huele a cereal aventado, sopla la brisa

y hace ondear las amapolas;

las margaritas de las cunetas

bailan su danza en las semanas previas al solsticio.

 

Recuperas la vista y el olfato,

en unos minutos comienzas a oír los pájaros,

te detienes sin resuello en lo alto del páramo:

dejas la bicicleta sobre el costado sin mecánica,

ensanchas la vista y los pulmones.

 

Sientes que tu espíritu se reconcilia

con el de tus antepasados,

integrados en laderas, colinas, tierras altas,

conocedores de fuentes y frutales,

ellos mismos del color del sendero.

 

Observas el contraste desmesurado con la urbe,

manchas rojas y amarillas, verde por doquier

frente al gris contaminado, aceras y ruido,

asfalto, caminar errático de individuos

con la mirada desnortada y abúlica.

 

A la sombra del pino crece la avena loca,

te sientas e imaginas un picnic,

la mirada lúcida, el timbre afable,

una atmósfera protectora y relajante,

el insecto amarillo en el centro del orbe.

IMG_20170601_160815

Poema 77: La vida en mayo

  La vida en mayo
IMG_20160515_163013
Lentitud. Los ojos mínimos
perturbados por algún polen.

Belleza, tanta, tan inasible,
un ondulante mecer
de un centeno allí donde lo esperas.

En el cruce del camino pinariego
no hay sembrados este año.

Corre cantarina el agua del río,
entre juncos y sauces,
allí hubo un pueblo
antes de que la riada lo arrastrase.

Mirlos y grillos se disputan
el registro sonoro.

Cardos verdes; allá en el abandono
nadie los erradica.

Aún el calor no ha despertado
los aromas tan intensos,
la embriaguez olfativa.

El viaje ideal, detener el tiempo
en una isla griega,
flores y brisa marina,
las altas cumbres todavía blancas,
sin nubes en la mente lúcida,
sin pensamientos de soledad
frente a una fortaleza veneciana.

Ese momento vital de pensamiento,
ora recuerdo, ora futuro perfecto,
se funde con tu yo esencial
lo abraza y lo confunde,
forma parte ya de tu sustancia íntima,
te nutre y te sustenta,
fortalece cada una de tus partículas,
elonga tu espíritu,
lo funde con la belleza primigenia.
IMG_20160515_151957