Poema 39: ¿Dónde habitan los poetas?

¿Dónde habitan los poetas?

IMG-20150517-WA0006

Donde habitan los poetas hay luz.

El espacio y el color no cuentan,

eso es prosa, es linimento, yeso

con molde, colección de risas enlatadas.


El poeta vive en ciento cuarenta caracteres,

en el banco de un parque urbano en primavera,

desayuna una porra combada, observa,

vuelve a observar y depura palabras y gestos.


El poeta mezcla y desordena, se enseñorea

de una agencia de publicidad, es un medio-centro

que reparte y elige y perturba y enmascara,

semidiós altivo rodeado de conseguidores.


El poeta vive en un sexo henchido,

colma su deseo y lo encumbra, suspende el tiempo,

medita acerca de la nada y sus derivas,

convierte tu piel en una espiral de vida.


El poeta desbarata el ático en el que vive,

ignora la estética ordenada del vecino,

atisba un tatuaje y lo convierte en arte,

a un pájaro negro, lo convierte en mirlo.


El poeta escribe los discursos políticos,

transgrede los límites de los manuales,

pernocta en una iglesia visigótica,

contempla los contrafuertes tan propicios.


El poeta sigue la estela del caracol,

añora su baba cicatrizante, inhala

el perfume de una rosa decadente,

se deja engañar por el brillo de un dorado.


El poeta detesta las palomas carroñeras,

visita los elefantes enjaulados, lejos

de su selva, confunde las cebras con leones,

se hospeda en el hábitat del gorila humano.


El poeta vive en la volatilidad de un verso,

cabalga desaforado en una carga ligera,

cuando llega a su casa, armoniza una cena,

quizás después hará llover sobre su alma gemela.


IMAG1428


Poema 38: Azul

                    Azul2015-03-16-1969

Busco mi sombra sensual, en azul

protegido por un primer plano de nubes,

desórdenes, voces de un anverso desvaído,

filtros, hechizos, palabras enfebrecidas…


La mirada poética es agotadora,

la expongo a un día claro de primavera:

un naufragio en el mar interior,

una muerte inesperada se pasea por mi mente.


Sonrisas cotidianas al filo de ecuaciones,

voluntades débiles, flancos desprotegidos,

anuencia en la suerte, oficio de débiles,

un vestido y una voz limpia que desbroza el aire.


Levanto la vista una vez más, un instante más,

convencido de la hermosura de cuanto me rodea,

persuadido de la estética extraída de la avaricia

de cuantos deforman, alteran, arruinan, desbaratan.


Una voz suave, dulce, un ukelele, inesperada

belleza sensual, bienestar feliz entre mis hijos,

deleite de los sentidos, imágenes de dicha:

un alto azul de maravilloso contraste fotográfico.


IMG_20141229_171018

Poema 37: En esta nación

            En esta naciónIMG_20150418_191940

En esta nación los hombres son todos camioneros,

pernoctan en gasolineras con mujeres solitarias.

En esta nación, todos los cultivos son de garbanzos,

y los pájaros levantan el vuelo al unísono.


En esta nación no hay trigales de regadío,

arracimados, de un verde intenso al atardecer.

En esta nación los ríos permanecen estáticos,

y el viento no hace mover las aspas de los molinos.


En esta nación las miradas terminan siempre en peleas,

la palabra apenas tiene valor y no hay poesía.

En esta nación, las gallinas se alejan de los gallos,

y las flores no son polinizadas por abejorros.


En esta nación no existe el mar y uno tiene que imaginarlo,

las olas son pensamientos extraídos con dolor.

En esta nación nadie levanta demasiado la voz

y en los entierros predominan las sonrisas.


En esta nación no existe el malhumor,

ni la prisa, ni el agotamiento, ni el llanto.

En esta nación los cuadros se exponen en los hospitales,

y los enfermos sanan por imposición de las manos doctas.


En esta nación los locos no viajan en segunda clase,

ni los amantes se miran nunca a los ojos.

En esta nación las palabras tienen todas un color,

y en los alféizares de las ventanas se acodan los enanos.


En esta nación nadie comparte el botín de sus rapiñas,

ni disfruta de la agonía de una puesta de sol.

En esta nación huele siempre a naturaleza virgen,

y los besos abren las puertas a mundos incógnitos.


IMG_20150426_172301

Poema 36: Desorden

                  Desorden                                        IMG_20150321_174220

Los niños han encontrado un hueco en el murete

y lo han excavado a fondo; un buen trabajo de equipo.

La muerte no tiene ningún glamour.

Tras el golpe, queda en la carretera la pura mecánica:

huesos astillados, hierros retorcidos, sangre,

un líquido verde, fragmentos minúsculos de cristal,

olor a quemado, humo y polvo. Desorden.


Al imaginar la escena, me duelen los dientes,

escucho el ruido agudo de los frenos, un no, despavorido,

el abandono al sufrimiento o a la nada.

Durante un instante, unos pequeños músculos

cambiaron la trayectoria del volante, violentaron

la línea recta trazada por un cerebro entrenado.


La brecha en el muro bajo del colegio es un síntoma.

Disputan las urracas y las palomas los pinos urbanos,

sus excrementos afean el suelo feo de la ciudad.

Un coche tremendamente usado descansa en la acera,

su palanca de cambios termina en una bola de papel.

Conducir no es un placer, es una inseguridad aleatoria.


Bajo el cielo gris, todo es gris antes de la lluvia.

El propósito no se ha mostrado todavía.

Horas y horas de aprendizaje hacia la nada,

maravilla de las maravillas, amor inútil al saber.

El agua todo renueva, limpia, perturba,

desborda la grama en las cunetas y la colza

salvaje en los parques olvidados de los suburbios.


El contraste en el resquicio insoportable de la luz

filtrada, de abril, contrae mis músculos faciales

en una sonrisa inabarcable e inexplicable:

el golpe fue un mal pensamiento; los colores

extremos están explotando en un campo antes disforme,

uno alcanza cimas de placer intelectual ,

ajeno al pensamiento finalista o espurio,

la vida renace en sí misma de forma imprevisible y compacta.

IMG_20150419_195741




Poema 35: En el cielo de mi infancia

   En el cielo de mi infanciaIMG_20150411_161013

En el cielo de mi infancia hay azul

el anaranjado de los ladrillos del colegio,

la tierra sobre la que jugamos a las chapas,

a las canicas, a las peonzas, geometría

dibujada en cuadros, astroides

cuyo nombre ignoramos, terrajas

limadas contra el cemento de las aceras.


En el cielo de mi infancia hay jolgorio,

la alegría de muchos niños corriendo,

agarrándose, rodando por el suelo,

un incipiente deseo por alguna niña,

pequeños instantes de soledad,

libros leídos y releídos y el humor

de los cómics, cambiados, intercambiados,

heredados, libélulas de libertad.


En el cielo de mi infancia hay miedos,

hay una oscuridad a un lado de la cama,

hay muertes no explicadas, ritos,

el luto oscuro sin televisión ni radio,

monstruos de la imaginación de un niño,

personajes de Julio Verne redivivos,

fémures desenterrados en el patio del colegio.


En el cielo de mi infancia hay tardes de sábado

de películas del oeste en blanco y negro,

émulos de sherifs y bandoleros en las cárcavas

de la cantera de un pueblo, muladar perfecto

de escondrijos y tesoros, amigos perdurables,

la familia intacta aún, inocencia y sol en el recuerdo.


En el cielo de mi infancia apenas llueve,

las bicicletas son nuestra libertad, carreras,

el sabor de la tierra tras una caída, un balón,

sudor agotados sobre las piedras con musgo

de una era inclinada, fútbol y más fútbol

sin obligaciones ni apenas responsabilidad.


En el cielo de mi infancia hay un orgullo secreto

una aceptación de la ética familiar,

hay palabras rescatadas de los libros,

hay cariño, pertenencia voluntaria, juegos,

risas y besos, el brillo en los ojos tras la tormenta.


IMG_20150404_202355

Poema 34: El vuelo de una lechuza

   El vuelo de una lechuzaIMG_20150330_194358

El vuelo de una lechuza en el puente romano,

levanta el velo de la noche,

deseo, deseo, deseo, esencia de mujer,

la fuerza de las costaleras en la oscuridad.


Luz blanca, luz del sur,

lechuza cegada, soledad bajo los tambores.

Frío, cae la marea de la madrugada,

mezquita desierta, piernas cansadas.


El muecín se ha quedado afónico,

bellas mujeres penetran en los naranjos,

desafían la autoridad califal,

diáfanos cuerpos dispuestos al amor.


En el pequeño cuarto privado,

aquellos hermosos ojos se han despojado

de toda vestimenta; las caderas perfectas

atraen a su hombre como un imán.


Él recita calmosamente los versos de Ibn Hazm,

parece depositarlos con sus labios

en el cuerpo yacente de su amada,

ella se estremece al sentir el hálito en su espalda.


En el amor, brillan ojos en la penumbra,

se desvanecen tambores, ritmos, bullicio,

la piel acata el místico quehacer volitivo,

se afana en el arte del supremo placer.


El vuelo de una lechuza en el puente romano,

oculta el velo de la noche,

susurros, susurros, susurros, luz de los hachones,

el poder síncrono de la unción sexual.


IMG_20150331_095745

Poema 33: El eclipse verde

                El eclipse verdeIMG_20150320_095146

El eclipse verde nos miraba hambriento,

pavor solar ante el apetito desmesurado

de la luna, hordas de miradas, temor

genético a la luz filtrada, a la oscuridad diurna.


Clichés, lugares comunes, un perro que aúlla

en la luz menguante, miedo de las criaturas,

atmósfera y gravedad perturbadas, dolor

premonitorio de cabeza, sensor orbis terrae.


Uno contempla el eclipse en verde, sintiéndose

afortunado y mínimo; ancla sus ojos a esa luz

rebosante y mortecina, luz fugada, luz de sombras

lunares, epíteto complejo de órbitas entrelazadas.


En la mirada sorprendida de un niño,

la luz es una excusa de un dibujo animado,

demasiado lento en su avance, excitación

ante la imposibilidad adulta de una explicación.


Imaginación libre, de predicadores harapientos,

capuchas protectoras de tela áspera,

hambruna y fin del mundo, un ágape

espiritual, dominio y prédica del bardo ciego.


En las cuencas vacías de los ojos se acumula

el miedo cerval, la sucesión de injusticias

terrenales, el hábito y el báculo otorgan

poderes taumatúrgicos a la palabra volandera.


El eclipse derrota a la forma perfecta,

el círculo sin aristas vencido por la masa

ochenta y una veces menor, asombro

en ojos diminutos, alegría del astrónomo.


El juez solar no permanece impasible,

se deja anular un instante para recobrar

su cetro, su color, su señorío sobre las formas,

ya sombras de insignificancia humana.


La luz verde imposible de fotografiar,

me acompaña hoy en mi penitencia insomne

alejado del oro infinito, de voces poéticas,

pegado a la sustancia lujuriosa de la tierra.

IMG_20150320_101116


Poema 32: La primavera es un perro vestido

La primavera es un perrito vestidoIMG_20150221_131734

La primavera es un perrito vestido

acariciado por su dueña en una terraza,

el anciano que encorvado arrastra los pies

en un paso de cebra, bien abrigado pese al calor.


Es una imagen de niñez, una tarde soleada

perdido en un cúmulo de bodegas horadadas,

desorientación y transgresión, búsqueda

y la alegría infinita de varios adultos al encontrarte.


La primavera es un vestido que ondea,

unas caderas que perturban el aire,

cuerpos que se destapan, cuellos esbeltos

que florecen, aún níveos, no besados.


Son lágrimas de emoción, lluvia en un mar

impostado, sueños de un barco blanco y elíptico,

un poema en monólogo abrasador,

la mirada que levita un instante y fija y memoriza.


La primavera son las palomitas blancas

en los almendros florecidos, el olor intenso

de una planta en la verticalidad del sol,

la invitación de la piel al roce sensual de la luz.


Es el cielo invidente vestido de azul,

un azar de ojos coincidentes en brillo,

la verde pelusa imaginada en un campo,

el quehacer desesperado de una cigüeña.


La primavera es un beso volátil desdibujado,

un encuentro simétrico en horas prohibidas,

una mirada triste de dulce despedida,

un crepúsculo rojo de inmenso esplendor.

IMG_20150301_190743


Poema 31: Lorca, Poeta en Nueva York

1eM2bKVb3Mb2bNTbb0UUFXgD    Lorca, Poeta en Nueva York

La música sorda sobrevuela una mezcla

de presagios, cenizas de la civilización,

el despertar a la consciencia surrealista,

voz del caballo, de la iguana, simbolismo.


Los automatismos aparentes no existen:

el autor soterra la percepción de una ciudad

presa de la Gran Crisis, cieno, drama social,

el dinero o la negritud, la alienación de la urbe.


Colorista, hurga en sí mismo, preconiza,

alterna la técnica de fondo con el impresionismo,

cada verso es una incitación a la locura poética,

sangre, lujuria colectiva de vísceras.


Lorca corrector, Lorca preciosista,

Lorca solo en medio de una vastedad terrible,

vómitos y orines, desgracias infantiles,

teléfonos diamantinos, desmitificación del paraíso.


El Hudson emborrachándose de aceite,

¡dios mío! Hilillos de aceite brillan en el agua,

Muchachos en la arena, cuerpos, mariposas

en la barba del viejo Walt Whitman.


Escucho cantar un vals a Leonard Cohen,

¡ay, ay, ay! Take this waltz, el pequeño vals

vienés de Lorca, la música otra vez, la adoración,

el impulso creativo irrefrenable en la lectura.


Él ha condensado el mundo, el de aquí,

el de allá, el de todas partes, todas las pulsiones,

la vida por encima de todo, la muerte al acecho,

y una vorágine de metáforas que te engulle.


IMG_20150306_160923

Poema 30: El profesor

                     El profesorIMG_20141019_133638

El profesor desgrana símbolos aquí y allá,

un vector, una curva ininteligible,

un verso suelto o el inicio de una canción.


En medio del caos, unos ojos interrogan,

él se sienta treinta años atrás en un pupitre verde,

contempla el vuelo torpe de un avión de papel.


Lejos, a una curva sinuidal de distancia,

escucha el rumor leve de la comprensión leve,

sumisión sin orden, desparpajo, gracia y tiniebla.


La imagen segura y firme que proyecta

contrasta con sus dudas y vértices apocalípticos,

paisajes en oleadas cromáticas, sincretismo.


Una voz abúlica, consigue abrirse hueco entre sonrisas,

modelo de trato irreverente, espejo de fama,

un nicho local del que apenas puede salir a pasear.


La luz del sol respeta su aura apolínea, su versatilidad,

flor y universo, concepto dinámico, sutil estrella,

pieza sobre pieza desgrana mecanismos masones.


La mente del profesor regresa al origen de coordenadas,

desordena el puzle gnómico, atrapa ideas,

fluye su mano verde sobre la pizarra verde.


La técnica reorienta su improvisación,

modula tendencias, captura el vuelo imaginario

de una luciérnaga cegada por el sol.


Apenas la luz abstracta ilumina neuronas,

un día tras otro acumula sedimentos, crece,

magnetiza el espacio de forma sutil.


Una sonrisa franca años después ilumina

su rostro, leve recuerdo del olvido selecto,

limusina de gloria entre números dorados.


IMG_20150301_183716