Miradas intensas
La mirada del poeta, al igual que la del fotógrafo,
es agotadora,
insiste en buscar detalles estéticos
en medio de un solar urbano,
encuadra y desenfoca, rescata el detalle,
eleva a arte el desconchado de una pared.
Cansada pero extremadamente placentera,
puedes pasarte la vida educando tu mirada,
cultivar el conocimiento y la luz,
atisbar un verso en el contraste o la continuidad.
Una gaviota posada en el letrero desfasado
de una ciudad que visitaste,
el musgo amarillo intenso en la corteza de un árbol,
la escorrentía oxidada sobre una pared
o una mezcla de colores que penetra en tu mente.
El poeta descansa a veces y la vida parece más gris,
encuentra motivación en la complicidad lectora,
o en una conversación sobre ideas, conceptos o intensidades,
intuye caminos, usa todos sus sentidos,
recrea, disfruta u olvida para poder seguir creando.











