Poema 388: Vértigo

Vértigo

Cada día es veloz en la suma de ideas,

esas que no reposan ni permanecen.

Se suceden las fechas marcadas en el calendario,

fastos, alegrías, reencuentros,

libres al fin de mascarillas y precauciones:

una Consagración de la Primavera sublime

pasó de largo en mi letargo,

una visita a un lugar mágico en el solsticio

apenas dejó un poso poético,

el fin de las rutinas matinales con los niños

no hizo mella en mis lágrimas no derramadas.

Todo pasa a una velocidad no deseada,

se acumulan fotografías y levedad,

apenas aparecen sueños que fijen la irrealidad,

y aunque las formas puedan mantenerse,

me siento como un defensa central que despeja

cuantos balones le llegan constantemente.

En medio de todo ese vértigo hay momentos estelares,

instantes en los que un detalle se elonga inesperadamente:

un olor, una luna, el vuelo de unas rapaces,

el dolor o la secuencia orquestada de sonidos,

un rostro, una frase en medio de la banalidad.

Todo suma y avanza en esta velocidad.

Confío en el poso y en el conjunto de percepciones,

en un resultado final que aún no vislumbro

tras la suma de esfuerzos de contención

en este renacer a la vida pasada y futura.

Poema 157: Velocidad

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La velocidad impide disfrutar del viaje:

atisbo a ver la hoguera,

el cauce marrón del río,

mas ignoro la forma de las nubes

o la silueta de los pinos solitarios,

no veo a los mirlos picoteando el sembrado,

ni los dibujos de los charcos en los caminos.

 

La pelusa verde de los campos

se convierte en cereal sin apenas darme cuenta,

las tierras altas cambian de color,

la prisa desbarata el placer

de apreciar la intensidad de la luz.

 

No observo la suciedad en las laderas

del polígono industrial,

ni las naves abandonadas o la casa okupa,

tampoco los tocones aún naranjas

de los pinos cortados en la última poda.

 

He pasado al lado de los extraterrestres

de mono naranja con luces estroboscópicas,

adelanto a varios camiones cargados

de papel prensado, pesados y volátiles,

veo al grajo que come despojos destripados

levantar su vuelo al acercarme.

 

La velocidad se confunde con el blues de Norah Jones,

puedo sentir la tensión de mis manos

crispadas en el volante,

y el avance rápido de los minutos en el reloj,

la adrenalina para tomar decisiones rápidas

la levedad del desplazamiento fugaz.

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Poema 113: Velocidad de la luz

Velocidad de la luz

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Viajar,

¿tú dónde irías?

¿Dónde te ha gustado más?

¿Un paisaje o una catedral,

un objeto de museo,

una emoción subjetiva

o el reconocimiento universal

de la belleza y la magnitud?


Viajas a la velocidad de la luz

en tu mente, en mi mente,

viajo a una emoción en un instante,

a una sensación o un olor,

a las puestas de sol

en el perfil rocoso de Creta

desde la fortaleza veneciana.


Viajas a los ojos de jade

de una figura animal,

a una playa pedregosa y solitaria,

quizás nudista, sol y calor,

un mundo predispuesto

a aparecer en tu sueño.


Viajas en la lentitud enorme

de tus reflejos y reflexiones,

vórtice en el tiempo,

desde isla Mauricio

a las playas cálidas de Puket.


Viajas de un museo a otro,

de una capital atestada de turistas

a la Venecia dieciochesca,

del deseo de visitar Samarkanda

a la luz de Cacilhas frente a Lisboa,

de los Jerónimos a Lanzarote.


Highlands, fiordos, auroras boreales

en el norte,

calor y luz en el sur,

playas y mar,

cultura, una maravilla de la antigüedad,

sal y cocina mediterránea,

todo cabe en el ansia imaginativa.


Eres tú el viaje y tú la velocidad,

versos de La Ciudad de Cavafis,

en ti está la esperanza y la ilusión,

nada existe más allá de tu imagen mental,

ora recuerdo, ora deseo,

eres tú y tu poderosa mente viajera en fusión.

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Poema 86: Luz

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La luz produce esperanza o la arrebata,

ciega o ilumina, altera o seda,

con la luz llega el calor

pura geometría de incidencia solar.


En la luz se transportan miradas

difíciles de sobrellevar,

ojos cautivos viajan bailando,

alegría vital en la Galaxia.


Con la luz diáfana todo se ordena,

una cierta vergüenza de ser contemplado

cubre rostros, cuerpos, actos,

la noche todo lo pervierte y perturba.


Por la luz, llegas en innumerables vueltas,

a lo más recóndito de otros corazones,

pervives o desapareces, deslumbras

o continúas errante sin descanso.


Luz, placer de los dioses, color,

bruma potente en la que desenfocas,

sigilo frente a desnudez, aire impregnado

de volutas incomprensibles.


Fotones polarizados, velocidad acotada,

un día desapareces de tu realidad

mas continúas viajando por el espacio

en ondas lumínicas de amor.

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