Poema 656: La vida teje su telaraña pacientemente

La vida teje su telaraña pacientemente

La vida teje su telaraña pacientemente,

nubes de humo, trampantojos,

la sensación estética de una alegría efímera,

un proyecto que dura el instante de la sinapsis,

el tiempo necesario para activar alertas ancestrales.

La masa se reúne expectante entre las sombras

de un parque nominalmente desfasado

para observar el enderezamiento del aerostato.

Máxima expectación en el acontecimiento infantil

retardado por la foto del político populista

inflado por el mismo aire caliente

que emana de la barquilla y asciende por la vela.

El cuerpo aún responde y coopera en la resistencia,

fenómenos meteorológicos adversos, fuegos,

esa lluvia ausente en verano apenas atisbada,

un caminar que era placentero y parlanchín

hasta la llegada del silencio y el acecho de la duda.

Aparece la nada para la que no estaba preparado

tras el trasiego generoso de las vacaciones:

océanos y volcanes y todos los paisajes hermosos

y los días en que me ausenté de mí mismo.

Por debajo de la puerta se atisba la sombra del tiempo

predecesores y otras imágenes especulares

otros mundos ocultos e historias ya olvidadas

antes de contemplar la curvatura exacta

de esa carretera por la que conduces.

Poema 650: Los cielos imperfectos

Los cielos imperfectos

Estás aquí en medio del mes de agosto

tirado en la playa nudista de difícil acceso.

En el cielo hay un águila o un escorpión,

según el viento marino que en la bajamar 

se desordena en el itsmo, aquí llamado tómbolo.

Placidez, soledad, cuerpos desnudos 

de la forma más natural posible.

Ruido de olas, un libro, unos frutos secos,

un poema recitado en voz alta,

contrapesos para una felicidad al sol,

equilibrios en los que buscas cada día 

un resquicio elocuente, una fantasía.

No fui consciente del komorebi en la tormenta,

hasta que el relato construyó un poema.

El cielo es la medida de mi insignificancia,

la caída en las márgenes del río casi fue alivio,

dejarme ir como si eso amortiguase mi peso 

la expiación de todas mis faltas.

Falto donde tengo que estar y estoy donde no debo,

entre rocas y desconocidos iconoclastas desnudos.

La periferia alejada del fuego, los días imperfectos.

Poema 648: Vacaciones

Vacaciones

Los días se suceden en una rutina placentera

en la que los sobresaltos son mínimas alteraciones

de la meseta rodeada de lagos y montañas.

Los estados de ánimo son cambiantes

dentro de una onda sinusoidal bastante aplanada,

cumbres lectoras, conversaciones,

un baño helado solitario desnudo en un paraje recóndito,

la canción oportuna en un momento de reposo.

Los valles mínimos anímicos llegan como contrapunto

a esos momentos sensoriales en los que nada sucede.

El calor soslayable con agua fría y sombras centenarias

aplana toda disidencia discursiva

en el interior de este mundo natural de cantos de gallo

de grillos y chicharras, de aves que se conciertan en el ocaso.

Al levantar la vista todo es verde, oloroso, inalcanzable;

los habitantes-hormiga domeñan frutales y huertos,

dan de comer a sus cabras para después ordeñarlas,

comercian con el fruto de su esfuerzo ancestral.

En este silencio lleno de ruidos apenas hay vehículos,

los pensamientos de intendencia nivelan ancianos volcanes,

vacuidades pasadas o futuras, proyectos más o menos arriesgados.

Los círculos concéntricos se completan con cierta tolerancia,

con la mirada miope y olvidadiza que desenfoca el deseo

de otros parajes, otras latitudes y otros azules yodados.

Permanecer durante un tiempo indefinido y ateo

es la única misión de las circunvoluciones cerebrales.

Poema 529: Días de calma

Días de calma

Mis hijos están disfrutando de vacaciones

lejos de sus padres,

un pequeño vacío y mucha comodidad

en estos días de gran carga laboral.

A veces me alejo de la mirada poética

otros días enfoco en ciertos problemas matemáticos,

una novela leída en sus tres cuartas partes,

el asunto de un libro melancólico sobre el trance

o los patrones musicales de Arvo Pärt.

La vida es también estos momentos no estelares,

los intersticios entre eventos planificados

de gran resonancia mental y alto prestigio,

el paseo en bicicleta bajo el calor que ignoro.

Cuando nada pasa, al fin llega a mi mente

la óptima solución que oscilaba incierta,

el anhelo oculto, los recuerdos más rutilantes

de este año veinticuatro que hemos mediado.

Sentarme en un banco a leer o conversar

es un placer que se fija en la memoria,

el sólido afianzar de los momentos despreocupados,

la mitificación de los días en calma.

Poema 528: Fin de curso

Fin de Curso

Tras la vorágine de las evaluaciones

aparece de repente un día con un cambio de ritmo,

horarios y rostros conocidos se alejan en la bruma

del dolce far niente.

Las voces de cada día se apagan,

algunas, no volverás a escucharlas;

también se apagan los paisajes llenos de pinos,

el barullo juvenil regulado por la música,

la afabilidad de algunos compañeros.

Las despedidas son heterogéneas:

a la francesa, con suma discreción,

emocionadas e intensas, no exentas de lágrimas,

fugaces o eternas.

Mucho trabajo conjunto, horas, problemas,

esa pequeña amistad del día a día

desaparecen en una neblina tragicómica

tras la que emerge el vacío vacacional

que no tarda en llenarse de aventuras.

Cada curso mide el paso del tiempo,

un descuento de experiencias, de fraternidades,

una cúspide de agotamiento,

el merecido descanso también cíclico e intenso.

En el río de la vida, nada volverá a ser idéntico,

quizás nada cambiará en la asunción personal

de nuevas ideas, personas, momentos,

y sin embargo ese instante último

 perseverará en el recuerdo,

en los episodios únicos de cada vida.

Poema 461: El cielo, los cielos, septiembre

El cielo, los cielos, septiembre

La puesta de sol detrás de la ventana abierta

es un escándalo naranja, violeta, azul,

el final de un día anodino

en el que la vuelta ciclista lo impregnó todo.

Hay imágenes que ruedan y ruedan

que aparecen de repente en un texto poético

y te recuerdan que una vez las absorbiste:

una pradera en un día de primavera

por la que corretean perros y niños,

incluso tu hijo pequeño corría por allí.

Una playa de cuerpos desnudos,

podría ser un cuadro de Sorolla

pero es un recuerdo de un verano en Cantabria,

días efímeros en los que no fijaste el tiempo,

no lo pudiste clavar en tu recuerdo

y lo mitificaste para poder vislumbrarlo.

Los cielos transmiten paz y ganas de vivir,

también dolor:

el sol que parece morir y se resiste en sus reflejos,

la noche baldía,

el inicio del declive horario que nos llevará al invierno.

Pasan los veranos, –el número finito de veranos–

que escribió Aurora Luque,

todas las posibilidades que dejaste escapar,

también las que conseguiste coleccionar en tu piel,

imágenes que aún no has asimilado,

días hermosos, amaneceres, caminatas, bicicletas,

algunos poemas que surgieron por necesidad,

palabras que alguien te dirigió,

los libros que has leído y dejaron una impronta triste

o deliberativa.

Vislumbras personas bronceadas por la calle

de las que imaginas otros veranos diferentes,

esos que no has conocido y fantaseas con que existen.

No caben todos los detalles que querrías recordar,

traer al primer plano de tu pensamiento:

momentos captados en fotos o en aquella frase

que escribiste en un cuaderno que no vas a mirar.

El cielo, los cielos, señalan toda la belleza aleatoria

de nubes vulgares iluminadas por el sol cautivador,

de momentos estelares en días insustanciales.

La nada aparece cuando menos te lo esperas

y tienes que llenarla con los cielos de septiembre.

Poema 149: Vacaciones

VacacionesIMG_7840

Las bandadas de palomas recorren el sembrado,

se alborotan al mínimo movimiento,

simulan una coreografía estudiada,

un ritmo imprevisible y estético.

 

Desaseado y familiar, vivo entre fantasmas,

amortizado mi tiempo, tan inseguro

como cuando era adolescente,

ha pasado un periodo que ya no reconozco.

 

Camino con fuerza lleno de contradicciones:

disfruto del ejercicio físico

pero quiero llegar ya, detenerme,

cuál parábola vital de deseos contrapuestos.

 

Los niños son un espectáculo hermoso y agotador,

energía en movimiento, luz y ruido

aletean incansables en cualquier entorno,

son alegría y cansancio y sostén.

 

Liquen de un amarillo intenso, yemas

a pesar del frío agudo, naturaleza y espectáculo

en las nubes y en los incipientes sembrados,

o en la niebla y los espectros del pasado.IMG_7839