Poema 513: Corren tiempos que vuelan

Corren tiempos que vuelan

Corren tiempos que vuelan,

verdean las hojas,

feminismo a flor de piel

en lecturas con poso reflexivo instantáneo.

Justificaciones varias en asuntos banales,

ir quitándonos cosas de encima

muy placenteras o a veces no tanto

como quien sella o firma automáticamente:

un concierto excepcional o una comida deliciosa,

una compañía en un instante que no volverá,

la intensidad que solo aparece un momento

y se disipa por pura avaricia de los sentidos

o por el pragmatismo de aprovechar los recursos

con el mínimo esfuerzo posible.

La secuencia de los patos en un estanque turbio

es una metáfora de la fascinación

de cualquier detalle cuando se potencia

cuando hay una suma de fuerzas mentales.

Somos débiles en una sociedad encarrilada

por siglos de costumbres y de imposiciones

de fuerza muscular y colectiva.

La palabra y el pensamiento son difíciles de encajar

en discursos rítmicos y simples,

en formas destructoras de toda inteligencia sutil.

La primavera frondosa por la lluvia

dejará paso a un calor insoportable y a una sequía

en la que la memoria impondrá su peso agónico.

Solo una comunión de pensamiento y sentimiento

crea una burbuja de luz y de placer emocional,

lector, observador, analista,

una escala helicoidal y compleja

por la que acceder a una luz única y preciosa.

Poema 351: Sospecha

Sospecha

Una mujer hermosa en el mirador del río

cabecea negando algo en su interior

aunque bien pudiera estar hablando por teléfono.

Duda, mira la corriente. No me ve,

atento y sospechando de sus intenciones.

Hace mucho frío en la ciudad y la escarcha

cubre el césped que rodea este magnífico entorno.

El hombre en el que apenas había reparado

ya no está.

Los patos nadan ajenos a los humanos,

dejan tras de sí otra estela de agua.

El ruido de los coches amortigua cualquier sonido.

Poema 343: El pruno

El pruno

El otoño del pruno es una maravilla,

el gran chopo se alza por encima y lo protege.

Sin embargo el sauce joven se entremezcla

entre sus ramas y lo asfixia.

El sauce, vigoroso ahora, morirá pronto

y el pruno huésped vivirá una viudez intensa

llena de mirlos juguetones.

Los colores cíclicos denotan su estado de ánimo.

En el canal, los patos violadores

trazan sus flechas acuáticas en la sombra

mientras llueven hojas coloradas.

El sufrimiento del pruno al perder sus hojas

parece tan intenso como un cambio hormonal.

Los runners del camino de sirga junto al canal

admiramos la belleza madura,

la decoloración progresiva de su estructura externa,

el aroma que deja en el aire tras la lluvia nocturna.

Libarán abejas en la primavera,

soportará podas y desnudez

para seguir floreciendo con tanta intensidad

y fragancia

que hará que todas las miradas se posen en él.

Poema 293: Corriendo por el canal

Corriendo por el canal

Las zancadas se suceden por el canal de Castilla,

apenas me alcanza el resuello para hablar con mi amigo,

para rememorar hace treinta años

cuando el catedrático de análisis matemático

nos narraba sus paseos por ese mismo camino.

Hace una mañana espléndida de otoño,

los chopos de la orilla amarillean sin pudor;

una familia de patos viaja en el vórtice en forma de uve

que uno de los progenitores dibuja en el agua,

huele a higos maduros y a las hojas marchitas en el suelo.

Aquel hombre nos hablaba de Benito Pérez Galdós,

de la lectura de su obra completa,

de novelas que no habíamos leído y de Episodios Nacionales,

lo comparaba con Cervantes y le confería un aura de erudito.

Descubrí a Galdós a través de Emilia Pardo Bazán,

de las cartas que ella le enviaba

desparecidas las de Don Benito en el pazo de Meirás

durante la dictadura gris aciaga para la cultura.

El apetito del catedrático por Galdós era insaciable,

casi tan inflamado como las “Cartas a Miquiño”,

como la abundancia de sensaciones en el curso del agua.

Aquel hombre falleció hace años pero perdura su memoria

al trotar por el paseo que él frecuentaba.

En la mañana de octubre se activan resortes del ayer,

el lujo de una conversación entrecortada al aire libre

mientras los pulmones administran el aire

necesario para el esfuerzo enorme que estamos realizando.

Poema 290: Deformación profesional

Deformación profesional

No puedo evitar el conteo de aves migratorias

en formación sagital,

ni estimar el número de ovejas de un rebaño

o el peso de una enorme paca de paja.

Me maravilla la altura de la torre de una iglesia,

la copa de un pino de quince metros de altura,

puedo abarcar los números y explicármelos,

mostrar a otros los pequeños saberes adquiridos.

El vórtice que deja en el agua un pato

es un ángulo que rompe el curso del río,

¿cuánto pesa la masa verde del árbol, cuánta madera,

qué geometría tienen sus hojas?

Puedo medir la pasarela de forma indirecta,

intuir la longitud de un paso,

cambiar la forma de un metro cuadrado

o aquilatar la lluvia precipitada en un día.

A veces valoras personas por sus notas numéricas,

etiquetas un objeto con un guarismo,

clasificas y seleccionas y decides

por el peso que has otorgado a distintos indicadores.

Vuelves otra vez a las aves migratorias,

te gustaría seguirlas en su vuelo en escuadrillas,

aprovechar las corrientes de aire

y alejarte del invierno de campos yermos y terrosos.

Poema 172: Palabras en la pared

Palabras en la paredIMG_9211

Unas palabras en la pared, cuatro versos,

el poema en el poema,

el río y la pequeña muchedumbre

que se acerca a mirar o a leer,

sin devoción ninguna.

 

Palabras insignificantes, lectura;

el carrizo quebrado por la crecida

silabea en la corriente del Duero.

 

Un violín desgrana notas mozárabes,

de cantiga o de canción de ausencia.

 

La fuerza del deseo en la pared blanqueada,

autor y lector, apenas una sombra:

has visto el sexo del pato salvaje

y ahora desprecias la geometría de su avance.

 

¿Qué importa el ángulo, el color del agua

o el vórtice de su nado?

 

Una señora se acerca y susurra escéptica

el hermetismo de tu poema,

el abrupto final se prolonga en su mente

como un microrrelato abierto.

 

No asimilas todos los versos que son leídos,

voces magníficas, arte y oficio;

más tarde, en alguna fotografía, descifraras

los pequeños detalles poéticos.IMG_20180427_181843 (1)

 

 

 

 

 

Poema 171: Miedo y violencia

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Una violencia innata, natural y abusiva:

dos patos en la orilla del río

someten con sus picos a una hembra,

una escena sexual terrible

en un día negro para cualquier feminista.

 

La rueda pesada del patriarcado

apisona cuanto encuentra a su paso,

ignora e interpreta,

estira la ley como una goma elástica

hasta deformar su objeto último.

 

Una lluvia social, una marea imparable

ese es el auténtico cambio

aún no acaecido en los políticos

ni en las listas machistas de los partidos,

gritos, consignas y pancartas ya visibles.

 

He sentido asco y rabia,

miedo ya desterrado y actitudes ufanas

de fulanos envalentonados;

tibias reacciones legisladoras,

y poco a poco el ruido de la revolución.

 

Es un tiempo de revisión histórica y social,

de preguntas y búsqueda

de solidaridad y cohesión liberadora,

de protesta y fuerza y voces

en aras de un mundo igualitario.

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