Poema 743: Plaza Sinfónica

Plaza Sinfónica

Las últimas luces del día sobre la fachada de San Pablo

son un regalo adicional para los melómanos

asentados desde horas antes en la plaza.

Revolotean golondrinas y cigüeñas alteradas

por el sonido discordante del afinado instrumental.

La OSCYL luce majestuosa, levemente amplificada,

imperturbable al viento o a la luz declinante:

rostros conocidos apiñados en un escenario portátil.

El director, didáctico, improvisa y resume maravillas,

deja al público expectante y abre hilos de conocimiento.

La concatenación sublime de pequeñas piezas

enardece al público, dibuja sonrisas de placer,

eleva el espíritu a cotas inimaginables

en la alfombra mágica de las melodías operísticas.

Todo se difumina al escuchar el Intermezzo de Mascagni:

diríase que cada nota llega al cerebro sin filtro

esperando con ansia la continuación melódica,

alma esponjada, inmersión profunda y significativa.

Rostros y aplausos, momento estelar y singular

La Vida Breve, culmen y apoteosis de una noche

magnífica de junio, abierta y porosa, plena de ilusión.