Poema 690: Geometría helada

Geometría helada

Geometría del hielo cencellada

cortado el paisaje talud carretera

ahí incide el frío extremo

parpadea en el salpicadero el signo negativo

plantas inútiles como tantas vidas

se embellecen en tensiones mínimas

-flota el hielo en el agua- dijo el hijo

la densidad siempre la densidad

el mar de placas solares triste en la niebla

Debussy el fauno mínimos destellos

mi padre como excusa para el vino

estrellas fractales invisibles sé que estáis ahí

curvas de Von Koch

pájaros ahuecados orondos pesan en el cable

ya catenaria eléctrica densa

se cuela en los huesos esa humedad subrepticia

otros fríos imaginarios de antaño

chuzos y sabañones dijo mi padre

el lavajo helado dejaba sin abrevar a las bestias

y todos los damnificados del invierno

ninguna geometría es como parece

ni como fue.

Poema 678: El tiempo del unicornio

El tiempo del unicornio

El tiempo del unicornio trae la lluvia

momentos de máxima alerta

un recordatorio de ardor guerrero

preocupaciones inútiles antes del sosiego.

Multitarea repartida sin piedad

en días enfebrecidos de Navidad latente,

capitalismo desatado, noticias tremendas

de abusadores machistas impunes.

Toda la atención enfocada en etéreas noticias

víctimas y consumidores del vértigo

de editoriales cargados de epítetos

de la prisa vital por alcanzar el absoluto.

La belleza del invierno que amanece

es gris, llena de niebla y de siluetas,

es un tiempo de imaginación y memoria,

reminiscencias de un pasado de laúdes

de cánticos desafinados en una cocina

en la que chisporroteaba la lumbre materna.

El tiempo vuela y la memoria se renueva

en aras de esa cierta resiliencia mítica

cuando las siluetas se difuminan

y uno explota de alegría efímera y exultante.

Poema 615: Domingo de Ramos

Domingo de Ramos

Rayos de sol tras la tormenta de anoche,

una borrasca con gran aparato mediático:

nombre masculino.

Anhelo la orfandad de las borrascas.

Los rayos de sol contrastan con el fondo de niebla

en la colina del Barrio Grande.

Los rayos no tienen nombre todavía.

Un coro de pájaros saluda alborozado

la quietud y los reflejos del alba.

Píldoras mínimas de arte o de poesía banal,

en esta quietud de Domingo de Ramos.

Resquicios meteóricos y silencio,

golpes de compás y de mando. Pasos.

Alborozo simbolizado en la borriquilla de cartón piedra,

un recuerdo inmortalizado por una fotografía,

otra luz, otra edad, otras esperanzas.

Poema 584: Una luz azul

Una luz azul

Envuelve la niebla los caminos, los sembrados,

el terreno trazado de líneas rectas,

los surcos terrosos, algunas vides deshojadas.

Me persigue la noche como me persigue la historia.

¡Aquel bisabuelo llegó como un juglar,

joven, lleno de fiesta, levantando mesas con los dientes!

La luz oprime y aprisiona, desorienta,

la llanura se difumina en la ausencia de formas.

La viuda le hizo una fiesta especial al sanabrés,

le colmó de rimas y de la belleza de sus ojos.

Aún el pueblo existía: oficios, lavajos, artesanos,

la niebla no lo había condenado a la luz azul.

Cae la noche húmeda de Navidad.

El descendiente nació tras la muerte del padre.

Los animales abrevaban el en el lavajo grande;

en las noches eternas del invierno

se contaban historias en el corro de la lumbre.

Contra todo pronóstico el hijo dejó una estirpe,

moradores ocasionales de la cúpula bajo la niebla.

La luz azul engulle las casas deshabitadas,

la vasta llanura castellana escasamente poblada.

Poema 575: La niebla es un estado mental

La niebla es un estado mental

La niebla es un estado mental

presupone el mes de noviembre,

un déficit de luz que encapsula

el entorno y el contorno percibidos,

quietud sonora húmeda y eléctrica

dispersión de luminarias en la bóveda

personal, ampliamente labrada.

Llega con retraso en su endemismo

en el Vallis Oletum,

perturba o emociona a los nativos,

proyecta un frío relente óseo,

establece una cierta identidad pucelana.

Conducir bajo la música de Malher,

–quizás la Canción de la Tierra con barítono–,

inyecta el paisaje difuso en el pensamiento,

difumina la banalidad periférica

en aras de una construcción intrínseca fuerte.

La imaginación viaja en el tiempo

hacia el machismo donjuanesco de espadas,

capas, bravuconerías hueras,

la banalidad rimada de la existencia viril,

un mundo ya indeseado por mi mirada,

cénit de la desigualdad entre mujeres y hombres,

esencia del arcaísmo patriarcal.

El otoño se ha vestido de noviembre

en recuerdos trenzados con jirones de niebla.

Poema 496: Ruta inaugural

Ruta inaugural

Refulge el amanecer a mi espalda

camino del occidente:

jirones de niebla siguen la senda del Pisuerga

en una mañana de gran hermosura.

Las bicicletas están esperando junto al templo;

pugna el sol con la bruma en los primeros kilómetros,

hay corriente en el cauce fluvial del Trabancos,

gran arenera desde hace medio siglo al menos.

Maravillados por el agua cantarina en su correr

asistimos atónitos al vuelco del ciclista guía

en el trance de atravesar el curso fluvial:

emerge cual Neptuno dominador de las aguas.

El barro y el sol nos acompañarán ya

hasta completar la ruta circular tan preparada,

habrá un buey que se cruce en el camino,

y un pastor de ovejas churras que precede a su jumento.

Las risas y la confraternidad se prolongan

hasta bien entrada la tarde:

comida opípara y paseo ermitaño,

conversaciones amenas en la hora del ocaso.

Poema 488: Concatenaciones

Concatenaciones

Los conos de la niebla son incontables,

efímeros, no existen.

Existe la luz, el polvo cósmico, la oscuridad.

No hay tiempo para observar,

apenas para meditar, salvo prescripción psicológica.

Más efímera aún es la agenda comunicativa:

se enfoca en un tema que a nadie importa

hasta que importe, hasta que incomode y perturbe.

El desasosiego domeña la risa, el humor,

aumenta la velocidad vital, la insignificancia que somos.

Trato de identificar, de adivinar la nimiedad

que una lectora avezada extraerá del poema,

–de la pretenciosidad con la que llamo poema al texto–,

quizás estará aquí, en la ostentación cursiva…

Existe el día que se abre paso en la tiniebla

entre sopladores de hojas y paseantes de perros

y sus conversaciones trascendentes y emotivas.

Existe la luz diáfana, las horas productivas,

el trabajo rutinario que nadie mira.

Poema 480: Las formas del hielo

Las formas del hielo

Las formas caprichosas del hielo

dejan entrever las estructuras invisibles

de plantas que pasan desapercibidas.

La niebla, persistente durante días

cubre con una cúpula protectora

las casas ya ralas y a menudo en ruinas,

predispone a la estadía hogareña

a los graves estudios invernizos

o a los juegos comunales familiares.

Todos los inviernos de mi infancia

son evocados en capas difusas,

entreveradas de risa y de melancolía.

La cámara no puede captar la belleza difusa

de las estructuras cubiertas por la niebla;

tampoco el frío intrínseco en la bicicleta.

La estructura fractal del hielo

trasciende el límite del ojo humano,

permite acudir en busca de ecuaciones,

de recurrencias lógicas, de diseños inverosímiles.

Aquellos sabañones y la piel curtida por el frío

pocas veces acuden a la memoria,

ausentes las preocupaciones y la vida,

el tiempo indemne del deshielo alegre de la infancia.

Poema 478: Bruma y desaparición

Bruma y desaparición

La niebla lo envuelve todo

convierte los haces de luz en cónicas imágenes

deja el paisaje tan desolado como las conciencias.

Los sonidos se amplifican,

hay un cierto aire de ficción, de espadas

de absurdos figurativos e imaginados.

Las ciudades del Tenorio resurgen en invierno,

se elevan, se desdibujan y se ensanchan

son urbes de cómic, imaginadas y borradas,

lugares que existieron durante unos instantes

-Saga/fuga de J.B.-, conciencia colectiva,

edificios distorsionados y emboscadas posibles.

Resuenan potentes los zapatos contra el pavimento,

noches elongadas desde el temprano crepúsculo

hasta un amanecer doloroso igual de oscuro.

Ciudad gótica en estos días prenavideños,

formas embozadas y ruidos multiplicados,

nadie acecha, pero todo se esconde

y de repente han pasado cuarenta años.

Cuarenta años antes hubo otra ciudad,

otras callejas y otras tascas,

otros elegantes transeúntes con capa y sombrero.

Hoy la niebla es un anacronismo medieval

en la que las conciencias ordenadas se extravían,

y el fuego de los hogares, ya inexistente

es recordado en las múltiples pantallas personales.

Poema 410: Miradas en la niebla

Miradas en la niebla

Veo imágenes en la niebla,

clásica en estas tierras en estas fechas,

color rojo sobre fondo gris,

luces que se expanden y deforman

esa pesadilla de película de terror.

Pasó el Tenorio, el culto a los difuntos,

la alegría importada del disfraz en esos días;

noviembre es un mes violáceo y húmedo,

la puerta del invierno que aún no llega.

Las luces del semáforo colorean la escena,

más allá del hipermercado no hay nada

solo la cúpula neblinosa y semiesférica

distorsionadas las formas y las presencias.

Persiste la sensación de locura

cuando se obstina la calígine,

un fin del mundo inmediato y devastador,

una pérdida de elementos de referencia.

En algunas estrechas callejuelas del centro,

aquellas que milagrosamente sobrevivieron

a la especulación de los años setenta,

aún es sencillo imaginar espadas y embozados,

un ajuste de cuentas por un lance amoroso.

Hay refranes y entusiastas de la niebla,

también detractores acérrimos,

sonidos que resuenan a distancia

y una belleza no para cualquiera,

no para cualquiera.