Poema 496: Ruta inaugural

Ruta inaugural

Refulge el amanecer a mi espalda

camino del occidente:

jirones de niebla siguen la senda del Pisuerga

en una mañana de gran hermosura.

Las bicicletas están esperando junto al templo;

pugna el sol con la bruma en los primeros kilómetros,

hay corriente en el cauce fluvial del Trabancos,

gran arenera desde hace medio siglo al menos.

Maravillados por el agua cantarina en su correr

asistimos atónitos al vuelco del ciclista guía

en el trance de atravesar el curso fluvial:

emerge cual Neptuno dominador de las aguas.

El barro y el sol nos acompañarán ya

hasta completar la ruta circular tan preparada,

habrá un buey que se cruce en el camino,

y un pastor de ovejas churras que precede a su jumento.

Las risas y la confraternidad se prolongan

hasta bien entrada la tarde:

comida opípara y paseo ermitaño,

conversaciones amenas en la hora del ocaso.

Poema 495: Estatuario

Estatuario

Las estatuas se arrumban en un museo inexistente

fondos heredados para un espacio eclesiástico,

dos milenios después, las estatuas vuelven a sus templos.

Blanco el orbe, blanca la escayola de la copia;

un vídeo muestra una visita nocturna llena de música,

la magia de los cuerpos plasmados,

la insólita belleza de los cánones y la desnudez.

Filigranas en los vellos púbicos, hojas de acanto,

alas de ángel, diseños creados para ser esculpidos,

la hermosura de una hermafrodita tumbada

o la venus mutilada y en torsión agachada.

Leo las historias de supervivencia o no de los originales;

estas copias son una maravilla, ya obras de arte

por el paso del tiempo y sus vicisitudes.

Una tarde de paz y estímulos visuales

dominada el ansia de acariciar tanta hermosura,

volúmenes equilibrados y una cierta verdad

en la juventud representada.

Poema 494: La hermética belleza

La hermética belleza

La hermética belleza es el estado de ánimo

al contemplar una flor,

el deseo de vivir en un lugar por el que transitas,

una silla vacía en una terraza con vistas,

poder mirar al mar o a la montaña

(paisajes siempre cambiantes, siempre hermosos).

Llueve en estos días de transición

aún el invierno resistiéndose,

el dios Marte campando a sus anchas por el mundo.

Ese ladrillo no me gusta y ahí habrá mosquitos,

las ventanas son estrechas y oscurece pronto,

el ruido de los automóviles en la autopista,

lejos de todo, lejos de todo.

Solo hay un banco no recién pintado;

ahí leo el poder colectivo de los sueños,

la función social en los clanes y tribus,

la belleza imaginada, soñada, compartida,

el proceloso proceso de abstracción

y la incansable búsqueda de lo sublime

plasmado esquemáticamente en un santuario.

Capturo la imagen de la flor, la edito levemente,

desaparecen los contornos,

deja de existir el mundo y solo quedan palabras

la voz que expresa ese sueño oscuro,

la mente inteligente que lo analiza y exprime,

esa tarde diáfana y cálida ya memorable.

Poema 493: Cerrar los ojos

Cerrar los ojos

Lentitud, arte, tiempo, la vida

salir de cada asunto penoso en el que vivimos,

encontrar un motivo diferente,

música, miradas, emociones, recuerdos,

recuperar un instante, una figura,

una fotografía, una o varias decisiones,

el paso fugaz o el tránsito por una mirada.

Una escena con sábanas jalbegando,

diríase un templo de Le Corbusier

en el dominio de las monjas almidonadas,

mirada al mar, la naturaleza que conmueve:

tomates, perro, barca, azul.

El refinamiento de otra época y la libertad,

de vivir, de malvivir, de viajar, de olvidar.

La vida se concentra en pocos instantes,

en unas notas, en unas personas que están

y se van, abandonan tu consciencia,

en el impulso que te obsesionó esos días,

en lo que fuiste capaz de atesorar avaramente.

El encuadre es protagonista y talento,

el primor y la maestría de una secuencia,

el montaje capaz de engañar,

de crear una atmósfera íntima y exclusiva

como un poema concentrado en una mirada.

Nos vamos y nadie se quedará con nada,

el vacío, el lugar regenerado que ocupaste,

ni siquiera el bien o el mal que hiciste.

Poema 492: Abrimos las nubes

Abrimos las nubes

Abrimos las nubes

en la mañana disfrazada de rock,

en el antro-centro del saber,

aún resonando Kant en los oídos adolescentes.

Hordas de coreógrafos, de cuerpo de baile,

atenta la mirada al cielo, risa y diversión,

redes sociales afilando sus colmillos,

y la letra acompasada al dinero para nada.

Llueve a mares y la lluvia es una forma de memoria.

Tres edades saltan al unísono en ritmos y letras

que solo ellos entienden.

El diluvio opaca las olimpiadas y el billar,

riega los claveles y churretea los rostros

enmarcados en tanto trabajo.

Las miradas se cruzan ya satisfechas:

recordaremos el carnaval pasado por la lluvia.

Poema 491: Zorra, Vulpes, feminismo

Zorra, Vulpes, feminismo

Y aunque me esté comiendo el mundo
no se valora ni un segundo.
De la canción Zorra de Mery Bas y Mark Dasousa

Hay alegría y hay euforia desatada,

un ritmo pegadizo que puede ser un himno,

una letra afinada o no tanto

que visualiza la polarización de un país

la tolerancia y la extravagancia,

un juego poético y visual,

una performance moderna y llamativa.

Hay símbolos, mensajes ocultos,

idiosincrasia y mucho humor,

un desengrasante necesario

tras toda la carcunda acumulada en decenios.

Libertad y sensación de poder en la vocalista,

la reivindicación de la edad y la fama,

y el salto a la esfera pública del placer:

voy a pasármelo bien.

Honra y discriminación diferencial en sexos,

la reivindicación de la igualdad,

del empoderamiento y el respeto máximo,

con históricas referencias a la lapidación,

a la fama y a la autoafirmación femenina.

Una visualización aún necesaria,

la vitalidad de Mery Bas llevada en volandas

por una juventud disfrutona y concienciada.

Poema 490: La edad de cabalgar

La edad de cabalgar

    Su torso es un junco dorado

    Y tú te enredarás en él.

       Cristina Rosenvinge. Canción de Boda

La edad de cabalgar, que nada te detenga,

que los músculos sigan siendo flexibles

y las dudas por el futuro se disipen,

que la escalera vital no sea tan ardua

justo en el cénit de tu energía física y mental.

Que la inconsciencia no te la juegue,

atesora una Odisea de experiencias

al modo de Cavafis en Ítaca,

que te sea dado atisbar un puerto griego al amanecer.

Que antes de las graves obligaciones

aprendas a amoldar tu espíritu,

a respetar la debilidad y también la inteligencia.

Que en esa edad de cabalgar disfrutes

como ese dios que oye la risa y la voz

de quien solo para él abre su manto de intimidad.

La edad de cabalgar es atropellada y veloz,

inconsciente y etérea,

crearás en ella la fuerza y la habilidad

para estirar el arco y atravesar las hachas.

Poema 489: Aprendiz de poeta

Aprendiz de poeta

Entonces, de repente, se abrieron los recuerdos

y accedí a mi vida pasada,

a quién era y cómo me comportaba,

al acomplejado y taciturno, siempre testigo,

narrador exagerado y fiel solo en la esencia:

aprendiz de poeta.

Los rostros han cambiado, pero no la voz,

la risa tras las palabras banales de él,

el tono profesoral de ella, tan Rotenmeyer,

ese orden de su universo en equilibrio dinámico.

Aprendí a canalizar y transformar,

a enriquecer cada una de mis experiencias,

a darle una voz precisa y elocuente y también épica

hasta que fui moderado por las safos del veintiuno.

Aprendo cada día y abro y cierro la puerta del recuerdo,

no siempre contento, no siempre satisfecho.

Poema 488: Concatenaciones

Concatenaciones

Los conos de la niebla son incontables,

efímeros, no existen.

Existe la luz, el polvo cósmico, la oscuridad.

No hay tiempo para observar,

apenas para meditar, salvo prescripción psicológica.

Más efímera aún es la agenda comunicativa:

se enfoca en un tema que a nadie importa

hasta que importe, hasta que incomode y perturbe.

El desasosiego domeña la risa, el humor,

aumenta la velocidad vital, la insignificancia que somos.

Trato de identificar, de adivinar la nimiedad

que una lectora avezada extraerá del poema,

–de la pretenciosidad con la que llamo poema al texto–,

quizás estará aquí, en la ostentación cursiva…

Existe el día que se abre paso en la tiniebla

entre sopladores de hojas y paseantes de perros

y sus conversaciones trascendentes y emotivas.

Existe la luz diáfana, las horas productivas,

el trabajo rutinario que nadie mira.

Poema 487: En el avispero del mundo

En el avispero del mundo

Nadie parece poder detener el abuso,

el uso desproporcionado de la fuerza

la terrible injusticia sobre los indefensos.

La solución, como en el caso de la limpieza,

es mirar a otro lado,

concentrarnos en las minucias de cada día.

Y sin embargo algo sigue resonando por ahí,

en alguna circunvolución cerebral que ignoras,

que resta tu risa en todas las circunstancias.

En el avispero del mundo

los mentecatos radicales encienden candelabros,

asesinan de forma selectiva o no, según convenga.

Los señores de la guerra y de la energía hacen caja,

pasean sus cuentas bancarias por Davos,

publicitando su inexistente filantropía.

Las voces críticas son inmediatamente acalladas,

gestos, embajadas, todo lo que el dinero compra,

la venda individual que tratan de imponernos.

Ya hay más ojos que ojos, ojos de niños muertos,

ojos de drones que se expanden,

que matan más allá de las fronteras permitidas.

Persiste el control, las masas silenciadas,

los políticos acallando las voces discrepantes,

oriente más lejos y más cerca cada día.