Poema 527: En el aire

En el aire

En el aire estuvieron las acrobacias,

llegaron a toda velocidad tras una tarde de lectura,

las cervicales, el esfuerzo por no tener gafas de cerca,

el orgullo de atravesar raudo la ciudad en bicicleta.

Pasan los acontecimientos apresurados,

con una leve percepción de la intensidad,

del momento tan especial que supone cada acto.

Me demoro en la escritura de algunos detalles,

un paseo soleado por el canal, una piña verde,

el final del curso sostenido durante varias semanas,

celebraciones, conciertos, lecturas, palabras,

un diálogo de vital importancia en una minúscula vida,

la nimiedad de la propia existencia.

El equilibrio de la mente, del peso de cada acontecimiento,

quitarte los asuntos de encima como piezas de un tetris,

encajar absurdos y huecos lo mejor posible

aquellos hechos sobrevenidos, veloces, imparables.

En el aire comprendes el riesgo, la habilidad extrema,

el peso psicológico de cuanto sujetas en tierra,

te esfuerzas por la estética y el ritmo y la música,

despejas todo lo accesorio, te encuentras a ti misma.

Entrevés las nubes extrañas en el cuasi solsticio,

te preparas para captar ese instante de belleza fotográfica,

e inmediatamente incorporarte a la corriente cotidiana:

cenas, logística, aprovisionamiento;

desearías estar en el círculo del arcaico sepulcro de corredor

apenas marcado ya con unas piedras,

visible desde el valle, olor a cereal y a tierra húmeda,

sentir la luz, la caída de la tarde, la noche, la soledad

e incluso el miedo atávico a cualquier alimaña.

Poema 526: Bruce

Bruce

Varias horas antes del concierto

en los alrededores del Metropolitano

el ambiente era de fiesta en los bares:

cervezas y camisetas de la gira de Bruce

coexistían con animadas conversaciones

y la euforia expectante de los auténticos fans.

Un azar de ínfima probabilidad

nos hizo coincidir en la pista con viejos rockeros,

antiguos amigos, rostros conocidos,

un ápice más de la felicidad colectiva inminente.

El espectáculo de luz, pantallas y sonido

ha evolucionado mucho desde el dieciséis:

menos volumen distorsionado, más nitidez,

la comprensión de que al éxtasis colectivo

se llega por la sencillez de conceptos y música,

con un ídolo inmaculado, ya mito, ya humano.

Deambulé perdido entre la masa en movimiento,

observé el trance surgido del baile y de la música,

el creciente ritmo estudiado de los himnos,

la incorporación lenta de individuos a la comunión.

No accedí a la elevación mística,

quizás por falta de ritmo, o por ignorancia suma

de letras, sonidos, leyendas del sumo sacerdote;

sí percibí la dicha integral en la atmósfera,

la belleza de la luz, del templo, del baile,

el cúmulo de ritos de la modernidad compartida.

Poema 525: En el fútbol

En el fútbol

El futbito es un ejercicio de amistad,

de fraternidad, de un compañerismo sin daño,

la rutina de un martes al que llegas agotado

y te embadurnas de una crema muscular

cuyo olor te retrotrae a otros vestuarios de juventud.

Casi siempre se repiten las secuencias:

optimismo colectivo en los saludos,

calentamiento impaciente y poco útil,

deambular por el campo más andando que corriendo,

celebrar cada pase elegante o cada gol

con el ánimo de aquellos que militan en tu equipo.

Envejecemos y la fauna de jugadores es cambiante,

y sin embargo soñamos con una continuidad inexistente.

El dolor al enfriarse los músculos es mítico,

como lo es la ducha posterior o los comentarios

ante unas cañas y unas tapas que a veces se prolongan.

Recuerdo aún la vuelta tras el confinamiento,

la sensación de ver solo a hombres en esta actividad,

un arcaísmo en medio de una arquitectura social

tendente a la igualdad y la integración de los sexos.

El hito semanal que supone darle al balón,

conseguir una buena jugada

en medio de la oposición de tus congéneres,

es una pequeña alegría que sirve de estímulo alimenticio.

Cada martes pienso que no habrá más fútbol

y disfruto como el condenado de su última voluntad,

con el escepticismo de toda una vida jugando.

Poema 524: Contrastes antropológicos

Contrastes antropológicos

Al caer la tarde el cereal exhala su perfume,

colma el espacio de un aroma de infancia

que invade la ciudad rodeada de campos de labor.

Salir en bicicleta al declinar el sol

es un embeleso de los sentidos,

el color, el aroma, la luz, el sonido calmo

de las espigas mecidas por el viento.

Allá donde la ciudad penetra en los cultivos

en los márgenes del asfalto invasivo,

desalmados, inútiles e ignorantes

sueltan sus miasmas con nocturnidad:

escombros, plásticos, residuos insoportables

para la vista educada en la sostenibilidad.

Todo el trabajo de décadas de educación

de la búsqueda ilimitada del bien común

se destruye en poco tiempo egoístamente,

en una regresión cívica, estética y pragmática.

Me invade una súbita cólera, enojo, abatimiento,

la fealdad del mundo en toda su amplitud,

el desprecio de los avances colectivos.

El optimismo antropológico cultivado

se enfrenta a la irracionalidad ignorante

de quienes desprecian el futuro colectivo.

Solo las amapolas atenúan la frustración

hiriente de un cierto pensamiento ilustrado.

Poema 523: El juego de la música

El juego de la música

Nada estaba en su lugar en la orquesta:

una percusión integrada en los metales,

dos flautistas como extremos percutores,

un generador de viento entre los contrabajos

y el compositor vivo de la obra a estrenar

disimulado entre el público.

Había alegría en el ambiente,

por la novedad, por los instrumentos insólitos,

por el cuarteto de flautas mágicas de la propina

en las que estaba integrado el gran director:

un juego imaginativo y hermoso

antes de atacar, con más de cien músicos en la tarima,

la gran batalla de Stalingrado.

La séptima sinfonía de Shostakovich,

fue monumental, apoteósica:

diría JM que le habían dado ganas de invadir algo.

Imagino como debió sonar en el cuarenta y dos

la exhausta Orquesta de la Radio de Leningrado,

silenciadas las bombas por la operación Borrasca,

y el efecto psicológico que causó en el ejército nazi.

Orgullo, juego, pasión, sonido divertido,

una tarde hermosa sonriendo en el auditorio.

Poema 522: Máquinas de guerra

Máquinas de guerra

Vivimos dos conflictos bélicos mediáticos

en un cul de sac europeo,

noticias, nunca buenas, de avances y destrucción

conflagraciones en las que nadie gana

salvo quienes producen y venden armas

u obtienen réditos políticos.

La obsesión por ignorar las noticias es grande;

aun así, hay en mi subconsciente imágenes,

sonidos, sospechas, precauciones,

la destrucción invisible desde el cielo,

la barbarie de los soldados, ya fieras

sin sujeción ética ni estética, ni normas:

destruir e intimidar, desalojar cruelmente,

dañar, castigar e infligir sufrimiento.

Veo los campos fértiles repletos de cereal y amapolas

e imagino las llanuras ucranias:

las placas solares iguales y móviles

recrean en mi imaginación el Ataque de los Clones.

Los adosados entrevistos al final de un cultivo

simulan un campo de refugiados gazatí

seguramente ya en ruinas, humeante y masacrado

por la abrumadora superioridad tecnológica

del capital sionista-americano.

La belleza de la campiña no oculta el horror bélico

simbolizado por la subcentral eléctrica

y el continuo ruido de fondo del tendido,

superpuesto al canto de los grillos.

Poema 521: Noche de primavera urbana

Noche de primavera urbana

Circulo en bicicleta urbana

entre hordas de la especie humana,

–mis congéneres–, otrora agresivos,

nerviosos, celosos, supervivientes.

La convivencia se ha logrado al satisfacer

las necesidades básicas de alimento y techo.

Circulan los patines en la noche,

se distribuye comida a cambio de dinero,

hay diversión y tiempo libre.

Me cruzo con raiders en la penumbra

de una noche hermosa de primavera;

huele al campo que se filtra en la ciudad

y apenas nadie camina al filo de la medianoche.

¡Cuánta evolución ha sido necesaria para llegar aquí!

Los jardines están cuidados y los ciudadanos

continúan abducidos por sus dispositivos;

He salido pensativo del teatro:

el paso del tiempo y la repetición de los errores,

la nimiedad de nuestra presencia en la escalera

y los sacrificios de todos los que nos precedieron.

El sistema educativo aporta sus frutos

y modela una sociedad con un cierto equilibrio

sobre la que actúan fuerzas terribles:

codicia, orgullo, desprecio, jerarquía y rango.

La luz llega desde la insignificancia y la humildad,

desde el pedaleo en una noche cálida de primavera.

Poema 520: Graduación

Graduación

Mucho trabajo de fondo, contactos,

buena voluntad y recursos locales

para un lucimiento efímero y necesario:

se encienden las luces en el escenario

y en los rostros aderezados para la ocasión;

por un día celebramos el esfuerzo, el tesón,

la voluntad inculcada y asumida,

el triunfo del trabajo de los supervivientes.

No hemos dejado por escrito la intrahistoria

de cada pequeño avance en el protocolo:

¿Cuándo llegamos al auditorio?

¿Cuántas generaciones?

¿Cuántas personas se graduaron?

Hay memoria local en cada cabecita,

en cada familia, en cada mirada conocida

años después, lustros más tarde.

Si contemplásemos el salto histórico

seríamos capaces de comprender la evolución,

la tecnología, lo anacrónico de algunos discursos

y el arte que permanece en la poesía y en la música.

Personas invariantes y otras efímeras,

una celebración necesaria y transversal

en un mundo próspero y lleno aún

del optimismo de la juventud.

Poema 519: La Pascua en Torrecilla

La Pascua en Torrecilla

Un ritual mariano en Torrecilla de la Orden,
como en tantos pueblos de Castilla
.

Qué maravilla levantarse una mañana de primavera,

pedalear durante quince minutos

y bajar por el Regato del Artillero

contemplando ambas orillas del río Guareña.

Ha pasado Pentecostés, un hito en el calendario

un ritual de la vida cristiana, una tradición,

una celebración remota que nadie recuerda.

Toda la vida dirán los nonagenarios del lugar,

y, sin embargo, alguien compró, renovó, vistió,

estableció una primera fecha original.

Una guerra o una pandemia interrumpirían los ritos,

el culto, el baile popular y esa música.

¿Quién la compuso?

Dulzaina y tambor dicen de nuevo los ancianos:

Timoteo y Valeriano, o fueron quizás otros nombres.

Cada época ha dejado su impronta en la pradera

Kioscos, almuerzos, una barra de bar con cañizos,

la casa de la ermitaña acondicionada, un coro,

hombres que portan las andas y mujeres que bailan:

un anacronismo machista del que cuesta prescindir.

Todo finaliza en una Salve mística a capela,

una despedida y un trance fugaz y popular

con la Virgen vigilante hasta el final de la cosecha.

Poema 518: Delhy viaja por el mundo

Delhy viaja por el mundo

Tras una exposición de Delhy Tejero en Valladolid

Me encontré inesperadamente con ella

en el museo Patio Herreriano:

maravilla, color, amplitud, conmoción.

Un guía experto detallaba pinceladas,

ideas, generosidad biográfica,

una mujer espléndida en su unicidad:

atravesó corrientes pictóricas, experimentó,

viajó, sorteó la guerra, se impregnó de cuanto observaba

desdibujó los horrores difuminados,

transitó entre el surrealismo y el cubismo,

llegó a la isla de Capri para dibujar las sirenas odiseicas.

La luz y el color estaban en sus viajes,

en los tipos marroquíes, en las callejas y el barro

de un paisaje que no ha cambiado tanto.

Delhy elegante y libre fue una flor de Castilla

una artista sublime en un tiempo incómodo,

inmortal viajera que habitó en los detalles.