Poema 433: Escenas de vida y muerte

Escenas de vida y muerte

No podría vivir ahí, en la casa cuya entrada

tiene forma de ataúd.

¿Quién pensaría esas escaleras, esa perspectiva,

ese ángulo de inclinación?

Falta el cadáver y la cruz, eso sí.

Lo observan varios burros que pacen en altura,

una farola y un poste telefónico.

Se puede mirar con suspicacia,

igual que se puede amar con suspicacia.

Todos los humanos son enemigos,

aún los allegados, los domesticados, los ungidos.

Alguien ha diseñado la casa del terror:

enorme mole llena de aguas y alturas,

soledad fantasmagórica con vistas al romanticismo,

a un cementerio en el que el ángel blanco

avisa de que allí terminarán tus días

en caso de ser rico de familia,

bajo arcos de una iglesia que no se sostuvo.

Una mujer rechoncha pasea a tres perros por el prado,

ella no se mueve, sus cánidos parecen satélites,

anda unos pasos y se detiene agotada, contemplativa.

La cooperativa que trabajó con las algas

ha sido colonizada por zarzas e higueras;

el lugar es un altar secreto de misas negras,

de pecados nefandos u otras profanaciones

en la vera misma del antiguo seminario.

Los mirlos despegan al paso aventurero

de una familia hambrienta y cansada,

oscurecen el cielo durante un instante

y avisan con graznidos de su superioridad aérea.

Poema 399: God Save The Queen

God Save The Queen

El roce mediático convierte en lugar común

cada acontecimiento extraordinario,

rebaja el sentido auténtico, lo envilece,

la fiesta la organiza el menos capacitado.

Poder judicial, aceleradores de partículas

o agujeros negros,

todo está al alcance de un comentarista:

bastan unas páginas leídas en diagonal

tras una búsqueda de pocas palabras.

La serie de Netflix está a un click del mando,

lo que dice el guion es una verdad histórica

mucho más importante que un tratado

o el análisis sesudo de un historiador.

Las anécdotas suplen a los severos aconteceres,

un opinador profesional cobra por picos de audiencia,

levanta polvaredas en connivencia con un homólogo,

descalifica o alaba según pacto previo.

El circo mediático es de gran belleza visual,

imágenes icónicas, tres cuartos de siglo

desfilan en todas las pantallas

nadie quiere perder la instantánea de Buckingham Palace:

yo estuve allí en ese acontecimiento.

La fantasía y los privilegios familiares

hacen comulgar a las mentes más gregarias,

despiertan la imaginación y los sueños o deseos

administrados con astucia por el poder establecido.

La reina ha muerto, cuándo o cómo

es objeto de especulación mediático-popular,

el baile del lujo y el boato acaba de comenzar:

un réquiem, un castillo, una abadía histórica,

una útil distracción para la vida cotidiana al alza.

Poema 357: El árbol al lado de la iglesia

El árbol al lado de la iglesia

El árbol al lado de la iglesia tiene más años

que la persona más longeva del pueblo:

mi bisabuelo dijo que cuando él nació ya existía.

Hay más árboles así en el camino a la ermita;

quizás alguna bala o cuchillo se alojó en su tronco

en días remotos que ya nadie recuerda.

Las injusticias se han silenciado y olvidado,

también el frío, el hambre y el miedo.

Alguien que camina muere de frío

y ese hecho ahora parece ciencia ficción

mas existió y lo narran sus descendientes.

En la casa del ermitaño habitaba una mujer;

se obvian todas las circunstancias

como en los telediarios de cada día.

Sobre los lugares que habitas hubo sangre derramada,

espíritus silentes o juguetones,

un soplo de viento desordena las ramas

o acompaña el vuelo gregario de una bandada de palomas.

Consulto un almanaque de mil novecientos quince,

está impoluto, sin anotaciones,

el santoral expandido al lado derecho.

Navidad cayó en sábado como este año.

Casi todos los asuntos se diluyen en el tiempo,

mueren sin ser narrados o fijados

son los árboles testigos mudos de la ignominia

y también del heroísmo anónimo.

La tarea del escritor es rellenar los huecos

adivinar las pulsiones terribles de la mente humana.

Poema 194: El fuego

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El fuego bello que en la mañana

ilumina mi rostro, transmuta

la orientación del pensamiento.

Llega la llama tras el verde incógnito

los charcos sobre la arcilla,

la maravilla de producción infinita.

 

El fuego me produce sosiego,

anticipa el curso escondido del Duero,

el desvío ya inevitable hacia las Maricas.

Deshago el camino, el físico

para instalarme en un mundo de ideas,

voz, imagen o relato.

 

El fuego es la alegría y el júbilo,

es calor en medio de la niebla o la helada,

una llama maderera,

también es ya la Tenoria de mi relato,

un día corriendo bajo la niebla,

es noviembre y la luz violácea de la mañana.

 

Cuando muera, el fuego seguirá tal vez,

unas manos ateridas lo alimentarán;

será la señal de vida y humanidad

en un mundo aséptico de futuro.

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Poema 192: Una luz azul en la mañana de noviembre

Una luz azul en la mañana de noviembreIMG_20181116_194112

Una luz azul en la mañana de noviembre

tras la lluvia, tras la muerte.

Me asusta la humedad, los huesos fríos,

el silencio del que ya no regresa.

 

Queda una construcción mental,

individual y colectiva del desaparecido,

una sombra de vivos colores aún,

un reflejo y una voz disueltos en el aire.

 

Ciertas palabras, ideas, seguridad,

las barbas de tu vecino,

un charco al que no habías prestado atención,

abrazos cotidianos ahora ya singulares.

 

Inacabado, el tiempo, el paseo,

el momento de belleza sublime,

esa página que estabas escribiendo,

esa despedida ensayada con las palabras exactas.

 

El vórtice o la estela de su paso vital

se cerrará con los problemas cotidianos,

una cicatriz hermosa, de cirujano plástico,

un aviso licuado en pequeños sorbos vitales.

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Poema 159: Idus de marzo

Idus de marzoIMG_20180309_202920

Llueve, hace viento,

nada te afecta ni distrae,

la lluvia externa complementa

tu inundación interior.

 

El parque está mojado,

huele a brotes de primavera,

a aire limpio y frío,

charcos enormes, quietud.

 

Dolor, impotencia,

un puñal afilado en las vísceras,

levantas la vista, ya nublada,

empiezas a confundir las sombras.

 

Mañana no estarás y pasado mañana

ya no serás recordado,

vagas luces,

animula, vagula, blandula…

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Poema 79: Difuntos

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Escucho el terrible testimonio

de su propia muerte,

-que esta vez no fue-

cucarachas y arácnidos

en la pared impoluta de la UVI,

el sonido de la tapa del ataúd,

el hombre lo cuenta con humor

y resignación impotente.

 

El recuerdo de las voces de los muertos,

me persigue más allá del cementerio,

voces sarcásticas o animosas,

la voz suficiente de los mayores,

el pitillo en la mano, que los fulminó,

las historias desgranadas entre risas,

sus ganas enormes de abrazar la vida.

 

Pedaleo con fuerza entre las flores,

me alejo de los difuntos,

mas los llevo conmigo en el magín:

uno porta a sus muertos con indiferencia,

conocedor de futuras lágrima internas,

de la lucha desigual de la creatividad

contra una muerte cierta y aplazada.

 

La ilusión de la savia joven,

el cíclico renacer de los campos,

el trampantojo de la fuerza muscular,

la pátina costante de olvido,

todo me insufla energía, risa,

Carpe Diem, voluntad de disfrute,

la maravilla aparente de la belleza.

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Poema 78: voces

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Locura transitoria, indistinguible

en medio de la belleza.

Voces onomatopéyicas, agua y más agua,

degradación moral y miedo

interno a tus propios actos.

 

Voces impostadas de actor

cuando ya apenas hay público,

nubes de desorden,

danza ejecutada ante la cámara

potencia muscular de apariencia sexual,

ritmo y golpeteo, los ojos

concentrados en la vida interior.

 

Voces exhaladas con apenas ya

un hálito de vida, la barba

no se resiste a crecer en el rostro moribundo,

los ojos no saben donde posarse.

 

Voces a la deriva, desesperadas

surgen de una niebla marina,

encogen tu corazón,

miedo a los límites

incógnitas de la moral superviviente.

 

Voces rítmicas, la repetición inane

de una casette,

el aullido degenerado en ronquera.

 

Voces sedientas de otras voces,

voces nutricias, una inflexión familiar

en medio de la distorsión turbulenta,

conoces e ignoras, el extraño

tan conocido no es tu alter ego,

es una entidad capaz de fantasmas,

es una otredad reptiliana

repleta de fuerza y deseo.

 

Voces del inframundo en tu sueño,

puertas y puertas que te llaman

por tu nombre, todas terribles

iguales en blancura grisácea.

 

La voz animal dicta sentencia,

produce una perturbación

en la superficie de la piel,

eriza el vello, contrae todo tu cuerpo.

 

Voz del averno, voz dramática,

la voz que atrae al suicida,

todos los vicios y todos los pecados

en la voz inflexionada,

en la puerta del cuerpo y del alma.

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Poema 36: Desorden

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Los niños han encontrado un hueco en el murete

y lo han excavado a fondo; un buen trabajo de equipo.

La muerte no tiene ningún glamour.

Tras el golpe, queda en la carretera la pura mecánica:

huesos astillados, hierros retorcidos, sangre,

un líquido verde, fragmentos minúsculos de cristal,

olor a quemado, humo y polvo. Desorden.


Al imaginar la escena, me duelen los dientes,

escucho el ruido agudo de los frenos, un no, despavorido,

el abandono al sufrimiento o a la nada.

Durante un instante, unos pequeños músculos

cambiaron la trayectoria del volante, violentaron

la línea recta trazada por un cerebro entrenado.


La brecha en el muro bajo del colegio es un síntoma.

Disputan las urracas y las palomas los pinos urbanos,

sus excrementos afean el suelo feo de la ciudad.

Un coche tremendamente usado descansa en la acera,

su palanca de cambios termina en una bola de papel.

Conducir no es un placer, es una inseguridad aleatoria.


Bajo el cielo gris, todo es gris antes de la lluvia.

El propósito no se ha mostrado todavía.

Horas y horas de aprendizaje hacia la nada,

maravilla de las maravillas, amor inútil al saber.

El agua todo renueva, limpia, perturba,

desborda la grama en las cunetas y la colza

salvaje en los parques olvidados de los suburbios.


El contraste en el resquicio insoportable de la luz

filtrada, de abril, contrae mis músculos faciales

en una sonrisa inabarcable e inexplicable:

el golpe fue un mal pensamiento; los colores

extremos están explotando en un campo antes disforme,

uno alcanza cimas de placer intelectual ,

ajeno al pensamiento finalista o espurio,

la vida renace en sí misma de forma imprevisible y compacta.

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