Poema 619: La panera de la tía Fernanda

La panera de la tía Fernanda

Los rostros han sufrido trabajos y desgracias,

nadie está indemne, pero hacen bromas,

algunos cuentan chascarrillos novedosos

mientras en el horno de Pereruela hierve el pote.

Nos conocemos desde la infancia,

esa que rememoran unos y otros entre ruinas,

cárcavas, tirachinas, juegos de toda índole,

casas abiertas, familias, genealogía,

ubicación precisa en el espacio-tiempo.

Existe un espacio común y un personaje aglutinante,

trabajo, planificación-improvisación y recursos,

mucha cooperación y la voluntad continuada

de permanecer ajenos al tiempo.

El lugar, antigua panera de la tía Fernanda,

es un habitáculo singular y mágico,

conservado y mejorado,

lleno de recuerdos y novedades.

El éxito es el acudir presuroso desde los extremos,

la cordial acogida de quien aparece con discontinuidad,

la risa franca, generosa, hospitalaria y descomunal.

Los lazos que unen a unos y a otros son enrevesados,

diversos, a veces difusos, pero siempre vitalicios y definitivos:

parentesco, amistad, deporte, afinidad electiva,

la integración amalgamada de comer juntos

cada cual con sus costumbres ancestrales y caprichosas.

El oasis permanece en la memoria esencial colectiva

bajo la apariencia de la despoblación y la ruina,

el empeño de los puntos cumbre de felicidad activa.

Poema 524: Contrastes antropológicos

Contrastes antropológicos

Al caer la tarde el cereal exhala su perfume,

colma el espacio de un aroma de infancia

que invade la ciudad rodeada de campos de labor.

Salir en bicicleta al declinar el sol

es un embeleso de los sentidos,

el color, el aroma, la luz, el sonido calmo

de las espigas mecidas por el viento.

Allá donde la ciudad penetra en los cultivos

en los márgenes del asfalto invasivo,

desalmados, inútiles e ignorantes

sueltan sus miasmas con nocturnidad:

escombros, plásticos, residuos insoportables

para la vista educada en la sostenibilidad.

Todo el trabajo de décadas de educación

de la búsqueda ilimitada del bien común

se destruye en poco tiempo egoístamente,

en una regresión cívica, estética y pragmática.

Me invade una súbita cólera, enojo, abatimiento,

la fealdad del mundo en toda su amplitud,

el desprecio de los avances colectivos.

El optimismo antropológico cultivado

se enfrenta a la irracionalidad ignorante

de quienes desprecian el futuro colectivo.

Solo las amapolas atenúan la frustración

hiriente de un cierto pensamiento ilustrado.

Poema 480: Las formas del hielo

Las formas del hielo

Las formas caprichosas del hielo

dejan entrever las estructuras invisibles

de plantas que pasan desapercibidas.

La niebla, persistente durante días

cubre con una cúpula protectora

las casas ya ralas y a menudo en ruinas,

predispone a la estadía hogareña

a los graves estudios invernizos

o a los juegos comunales familiares.

Todos los inviernos de mi infancia

son evocados en capas difusas,

entreveradas de risa y de melancolía.

La cámara no puede captar la belleza difusa

de las estructuras cubiertas por la niebla;

tampoco el frío intrínseco en la bicicleta.

La estructura fractal del hielo

trasciende el límite del ojo humano,

permite acudir en busca de ecuaciones,

de recurrencias lógicas, de diseños inverosímiles.

Aquellos sabañones y la piel curtida por el frío

pocas veces acuden a la memoria,

ausentes las preocupaciones y la vida,

el tiempo indemne del deshielo alegre de la infancia.

Poema 302: Funeral

Funeral

La muerte me conectó de nuevo con mi infancia,

con mi adolescencia,

con mis raíces.

El cielo parecía transmitir el desgarro y el frío

que la pérdida dejaba en los presentes.

Nubes deformes, colores de una agonía solar

sobre campos recién sembrados frente al cementerio.

El viaje a mis orígenes me regaló un disco:

Carestini el castrati,

la voz de Jaroussky, pura técnica vocal y bondad.

Mientras conducía por serpenteantes carreteras

evocaba otros viajes en soledad hacia la muerte,

la belleza del contraste con la tristeza,

los meses húmedos de campos baldíos y desiertos.

Fui consciente del regalo que deja en los vivos un funeral:

aprehender cada hierba, cada color, cada sonido,

la consciencia de lo efímero que será todo eso;

y al mismo tiempo, un homenaje al difunto,

el recuerdo amplificado y la desolación y el vórtice

que deja en sus seres más queridos.

La sustancia del funeral es la compañía,

fuerza de unción de voluntades, presencias silentes

capaces de unirse en atmósfera protectora.

Después esa energía se canalizará como consuelo.

Poema 100: Sensaciones

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Algunos detalles, imágenes, se introducen

con fuerza entre mis circunvoluciones cerebrales.

Ya no son las mismas,

las he reelaborado y mitificado,

he difuminado ciertos fragmentos y ensalzado otros.


Si buceo con intensidad en el recuerdo

aparecen ellas, las sensaciones,

la angustia del abandono o la soledad,

la alegría infinita del sol y el mar,

la libertad de pedalear en tierra extraña.


Ante esos recuerdos sonrío

o me encojo aún temeroso y mínimo,

el olor de la cebada en la era,

vagar desorientado por lugares conocidos,

el dolor intenso de una luxación.

 

La experiencia me dicta, en medio del recuerdo

inspirar profundamente y detener el tiempo,

registrar ese instante de plenitud,

ojos, cara, sonrisa, el viento cargado de aromas,

el último beso que le di a mi abuela.


Muerte, sudor, infinito cansancio en la media maratón,

la película mejicana en el cine una noche lejana,

un roce de labios, unas manos enlazadas,

el llanto de un niño recién nacido,

un viaje en tren tras un día espléndido.


Recuerdo una multitud especiada

en el zoco de fez, laberinto y mercado,

un juego de escondite infantil temblando

bajo un abrigo con la niña que te gustaba,

el ciervo de Font de Gaume que lame a su hembra herida.


Hierba recién cortada en un minifundio,

un río helado y los tojos que pinchan,

el fútbol en el cruceiro,

el mazazo del anuncio de la muerte,

mi hija llena de cables en una incubadora.


Podría evocar versos tristes y alegres noticias,

infancia y adolescencia,

la madurez magnífica o el dolor insoportable,

pero me quedo en la repetición constante

de mi sonrisa en el espejo cada mañana.

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